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Velada Literaria en el Parador con Javier Marías. Carta a una amiga

Hola. Sé que el formato de las Veladas Literarias del Parador te parece anticuado, porque los asistentes, sin derecho a voz, son, desde las tinieblas de la sala, consumidores pasivos del espectáculo, en este caso una entrevista a un escritor, que se desarrolla bajo los focos del escenario. Tampoco es imprescindible haber leído los libros del autor en cuestión, se supone que la conversación con él o ella, o a veces su monólogo, tiene interés por sí mismo. A Javier Marías sí que le habían leído muchos de los que vinieron; incluso para algunos (igual les conoces) es su escritor favorito, aunque más bien por sus columnas en El País Semanal. Me pareció una curiosa coincidencia que varias personas con las que hablé habían leído solo un libro suyo (esto es normal) y era “Corazón tan blanco” (esa es la coincidencia), hasta una profesora de español de Berlín que pasaba por allí. 

Escucharle también era como leer un libro, quiero decir que en ningún momento pareció ni un ejercicio de “autobombo” ni una “cháchara” insustancial, sino fue una narración amena, bien planteada sobre el tema de cómo se conduce uno por el camino de crear un mundo imaginario. Sobre las trampas y asombros de ese camino. Estuvo bien porque parecía que pensaba y dudaba allí mismo, aunque me imagino el gran número de “encuentros” de este tipo que tiene… No, no habló de política, aunque alguna broma se le escapó (al fin y al cabo fue el día del cambio de Gobierno, ni más ni menos). 

Empezó, contestando a las preguntas de su interlocutor, hablando de su último libro “Berta Isla” (2017). De las consecuencias de escribir una novela en primera persona. Una de las primeras preguntas fue: “¿Te resultó difícil escribir en nombre de una mujer?” (el entrevistador se empeñaba en tutearle) ...¡No, no, no te tapes los oídos! No dijo ninguna cosa barbaridad; al fín y al cabo es Javier Marías. Dijo que antes de “Berta Isla” lo había ya hecho en “Los enamoramientos” (2011) y que aquella primera vez sí que tuvo dudas pero al final pensó que “los hombres y las mujeres tampoco tienen muchas diferencias, por lo menos en la cabeza” y se atrevió. Sin embargo alguna vez sí que le pasó lo que había temido, a saber, una conocida le reprochó: “¡Las mujeres no piensan así!” “¡Pero cómo puede hablar por todas las mujeres! —comenta el escritor —: Eso lo podemos decir sobre los gatos, los gatos hacen eso o no hacen aquello, pero ¡cómo puedes hablar de esta manera sobre las mujeres!”.  Desde luego, no es un caso muy frecuente que un hombre escritor escriba en primera persona en nombre de una mujer. Incluso Flaubert que dijo “Madame Bovary soy yo”, no escribía en primera persona. ...Te lo cuento porque te interesan esos temas.

Firmando ejemplares de sus libros en el Parador.

Habló de que él dividía a los escritores en los “del mapa” y los “de la brújula”. Los primeros tienen antes de ponerse a escribir un plan detallado de su novela. Para él, si trabajara así, el escribir hubiera perdido todo su encanto, “hubiera sido algo como una redacción”. Se define a sí mismo como un escritor “de brújula”, es decir, sabe dónde está el norte pero no tiene ni idea del camino que tiene por hacer. Y nunca vuelve para cambiar algo de lo ya escrito. Para él, escribir una novela es “averiguarla”. 

No te voy a contar todo; te lo has perdido :). Solo una cosa más. Dijo que antes sus novelas siempre se desarrollaban en la actualidad más inmediata. Pero desde hace cierto tiempo se ha “pillado” a sí mismo en que no le apetece escribir sobre la gente de ahora. No le interesa la gente del siglo XXI. Dice que ha perdido (¿hemos perdido?) profundidad, ambigüedad, complejidad… “Y no solo los jóvenes, toda la sociedad está contagiada de infantilismo”. Nos hemos vuelto muy planos.

No escribe en ordenador. Escribe en máquina de escribir eléctrica (yo, la verdad, no sé lo qué es). Escribe una hoja, luego la corrige a mano, vuelve a escribir en la maquinilla esa. Así consigue como más intimidad con el texto, lo siente mejor. Todo el mundo le dice: ¡pero así pierdes mucho tiempo! “Pero no escribo para ganar tiempo… Ni para perderlo… Escribo para notarlo…” Esta frase me gustó muchísimo.

 

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