Vie10192018

Last updateVie, 01 Feb 2019 5pm

Back Está aquí: Home dciencia

Peligro para las mascotas: procesionarias

Un año más queremos hacer un llamamiento a los dueños de mascotas en relación al peligro que suponen las orugas de procesionaria del pino. Aunque ya se ha producido algún descenso en masa de estas orugas desde sus capullos, para enterarse en la tierra y formar la crisálida que eclosionará a finales del verano, es seguro que se producirán nuevos descensos con la llegada del buen tiempo. Recordad que los pelos de estas orugas poseen una sustancia muy urticante, histamina, y pueden producir graves reacciones alérgicas solo con tocarlas u olerlas. La reacción tras el contacto es inmediata y a los animales puede producirles desde un cuadro alérgico como si fuera una urticaria, sufrir eritemas y angioedemas, necrosis en la lengua e incluso la muerte si el animal las ingiere.

Un año más queremos hacer un llamamiento a los dueños de mascotas en relación al peligro que suponen las orugas de procesionaria del pino. Aunque ya se ha producido algún descenso en masa de estas orugas desde sus capullos, para enterarse en la tierra y formar la crisálida que eclosionará a finales del verano, es seguro que se producirán nuevos descensos con la llegada del buen tiempo. Recordad que los pelos de estas orugas poseen una sustancia muy urticante, histamina, y pueden producir graves reacciones alérgicas solo con tocarlas u olerlas. La reacción tras el contacto es inmediata y a los animales puede producirles desde un cuadro alérgico como si fuera una urticaria, sufrir eritemas y angioedemas, necrosis en la lengua e incluso la muerte si el animal las ingiere.

ADAS recoge en cinco días tres perros abandonados

TIR, TRASTO Y VERA. Estos son los nombres de los 3 perros abandonados que ADAS recogió en 5 días el pasado marzo (en las fotos). Todos  vagaban por Sigüenza, uno desde hacía más de un mes. Fueron trasladados por ADAS a nuestras casas de acogida, a las que no podemos dejar de dar las gracias desde aquí. Los peludos están listos para ser adoptados, excepto Tir que ya ha encontrado una familia de adopción y un hogar definitivo donde, nos consta, será muy feliz. Todos han pasado por el veterinario, implantado chip, vacunado, desparasitado y se encuentran en perfectas condiciones para encontrar un hogar.

Calendario de festejos con maltrato animal

Las Luminarias

Se celebra cada año, desde el siglo XVIII, el 16 de enero en San Bartolomé de Pinares, Ávila. Los caballos son obligados a cruzar hogueras en la fiesta conocida como las Luminarias. Esta “tradición”, persigue purificar a los animales con el fuego de las hogueras y protegerlos. Tras ser bendecidos, comienza el “infierno” al que según los animalistas son sometidos los animales, caballos, yeguas y burros, que van en procesión para después atravesar las hogueras durante unas dos horas.

El partido animalista denuncia en un vídeo que los caballos son golpeados “con fustas”, “les dan patadas” y son obligados a cruzar el fuego é incluso algunos, denuncia la formación, “tropiezan y caen en la hoguera” produciéndoles quemaduras.
A pesar de que un año más la Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales (ANPBA) solicitó al Ayuntamiento que hiciese cumplir con la tradición sin que los animales pasaran por encima de las hogueras, sino junto a ellas, un año más los caballos han vuelto a tener que caminar sobre las llamas.

Concienciar a la sociedad sobre la necesidad de respetar a los animales es algo por lo que no debemos dejar de luchar, es el mensaje que enviamos desde ADAS.

Nuevos establecimientos colaboradores
Aquellos establecimientos que deseen unirse a ADAS, pueden dirigirse a nuestra dirección de mail. Son muchas las ventajas que ofrecemos y muy poco lo que pedimos. Ser establecimiento colaborador de ADAS cuesta sólo 1 € al mes....
Damos la bienvenida al Supermercado Merce – Mercedes del Olmo; Frutas y verduras selectas - Sara Cabra; Gustos de Antes - Pastelería, Panadería y Cafetería – Irene Gómez Perdigón  ¡Gracias y Bienvenidos...!

ADAS (Asociación para la Defensa Animal Sigüenza) Tel. 647965189/686950233,e-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

El Cinturón Fernández

En artículos anteriores sobre Plutón hemos mencionado varias veces al Cinturón de Kuiper (pronúnciese Káiper, en inglés, o Kóyper, en neerlandés) y no quiero pasar página sin que nos preguntemos qué es y por qué lleva ese nombre.

En el año 30 del siglo pasado, el Sistema Solar conocido estaba formado por el Sol, nueve planetas (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón), la estructura denominada Cinturón de Asteroides (Ceres, Vesta, etc.) y… los cometas.

Para las escalas de tiempo de la astronomía, los cometas son fenómenos efímeros: se evaporan al acercarse al Sol, a veces chocan con los planetas o el Sol… y desaparecen. Pero el sistema solar se formó hace 4.600 millones de años y, sin embargo, podemos observar cometas hoy, luego algo los está reponiendo. Entonces ¿de dónde vienen los cometas?

Ernst Öpik pensó en 1932 que los comentas podrían venir de una nube esférica de objetos mucho más allá de Plutón. En 1950 Jan Oort se ocupó del asunto, lo que hizo que a esta estructura teórica se la llamara Nube de Oort.

Por otra parte, en 1943 Kenet Edgeworth predijo la existencia de objetos individuales más allá de Plutón. A este le siguió Gerard Kuiper, astrónomo neerlandés-estadounidense, quien en 1951 supuso que dada la masa de Plutón (entonces se suponía que equivalía a la de la Tierra), habría limpiado su órbita de planetesimales, enviándolos a la Nube de Oort.

Pero, quien se ocupó de este asunto científicamente fue el astrónomo uruguayo Julio Ángel Fernández Alves. En 1980, cuando trabajaba en el Real Observatorio de Madrid, escribió un artículo en el que defendía que los cometas de periodo corto no podían venir de la teórica Nube de Oort, porque, de existir, estaría demasiado lejos. De modo que propuso un modelo físico basado en la existencia de un cinturón de objetos que se encontraría entre Neptuno y la Nube de Oort, más o menos entre 40 y 50 ua (unidad astronómica, la distancia media de la Tierra al Sol).

David Jewitt desde 1982 se dedicó a buscar estos objetos, en 1986 se le unió Jane Luu, y ambos en 1992 desde el Observatorio de Hawái lograron fotografiar los primeros objetos que confirmaban los cálculos y suposiciones de Fernández.

Julio “cometió” la cortesía de citar a Kuiper en su artículo, de modo que se asumió que éste era un precedente de su modelo, por lo que a la estructura descubierta se la llamó Cinturón de Kuiper o Cinturón Edgeworth-Kuiper.

Hoy muchos astrónomos, como el propio Jewitt, dudan de si debería llamarse así, ya que Edgeworth no habló de ninguna estructura y lo que en realidad dijo Kuiper fue que esta no podría existir.

Para mí debería llamarse Cinturón Fernández-Jewitt (teórico y primer observador). El propio Jewitt cita la ley de Stigler que dice que “ningún descubrimiento científico lleva el nombre de su descubridor original” (puede que ni siquiera la propia ley de Stigler).

Como puede verse, las atribuciones falsas (Nube de Oort, Cinturón de Kuiper…) son muy comunes, difíciles de demostrar y de erradicar una vez que se difunden.

Por cierto, Julio Fernández es muy conocido por ser quien propuso, en el congreso de 2016 de la Unión Astronómica Internacional, la definición de planeta clásico que excluyó a Plutón de esta categoría relegándolo a la de planeta enano, precisamente por no haber limpiado su órbita de planetesimales.

¡Qué enano eres, Plutón!

Curiosa la polémica sobre Plutón: ¿planeta?, ¿planeta enano? Incluso dicen que si es planeta se estudia en Primaria y si no, no... ¡Pobrecillo!

“Plutón ha dejado de ser Planeta por puro capricho de los científicos, que no saben qué inventar para que se les haga caso”, me dijo una vez un amigo.

Cuando se pensó en la existencia de Plutón para explicar las irregularidades residuales de la órbita de Urano (ver artículo del mes pasado, El Planeta X) se consideró que este debería de ser un planeta gigante de unas 12 veces la masa de la Tierra.

Muchos fueron los astrónomos que buscaron al noveno planeta, e incluso a un décimo. Cuando Percival Lowell inició su búsqueda en 1894 los cálculos ya habían bajado a 7 masas terrestres.

Clyde Tombaugh, descubridor de Plutón en 1930, no pudo observar su forma como un disco visible, lo que rebajó a Plutón hasta un máximo de 1 masa terrestre. Su órbita era mucho más excéntrica que la del resto de planetas y su bajo albedo (la proporción de luz que se refleja en la superficiede un objeto respecto de la recibida) de 0,07 solamente, le hacían mucho más parecido a un asteroide o un cometa.Ya entonces varios astrónomos pidieron que no se clasificara como planeta.

Los diversos estudios posteriores han ido rebajando su masa progresivamente: 0,91 masas terrestres en 1942; 0,1 en 1948; 0,025 en 1973; 0,01 en 1976…
En 1978 el estadunidense James W. Christy descubrió su luna, Caronte. Ayudado por su compatriota Robert Sutton Harrington pudieron determinar matemáticamente la masa de Plutón como 0,002 la masa terrestre.

Es decir, la masa calculada de Plutón ha menguando desde 12 masas terrestreshasta 0,002. ¡6.000 veces menor! Es lógico que no pudiera permanecer en la categoría que se le asignó en un principio.

Además, a partir de1993 se empezaron a descubrir otros objetos esféricos o casiesféricos en órbitas cercanas a la de Plutón, como Sedna, Eris, Makemake, Haumea, 2007 OR10, Quaoar, Orcus, 2002 TC302,  Varuna, 2002 TX300, 2002 AW197, 2002 UX25, Ixión… y se piensa que debe de haber miles de ellos en el Cinturón de Kuiper.

La situación parecía que iba a descontrolarse. Había que tomar una definición de planeta que resolviera la situación de Plutón y sus nuevos primos, y que considerara a los asteroides esféricos Ceres, Vesta, Pallas e Hygiea en la solución.

La Unión Astronómica Internacional definió en 2006 como planeta clásico al “astro que orbita alrededor de una estrella (o remanente de ella), que tiene suficiente masa como para ser casi esférica (su gravedad supera a las fuerzas de cohesión de los sólidos) y ha limpiado la vecindad de su órbita de planetesimales”.

Esta definición excluye, tanto a los cuerpos esféricos del Cinturón de Asteroides, como a los del Cinturón de Kuiper y pone orden en el maremágnum de objetos que componen el Sistema Solar,  que hoy en día son nada menos que: Sol, planetas (rocosos, gigantes gaseosos, gigantes helados y enanos) de distintos tipos (planetas clásicos, plutoides y plutinos), satélites, asteroides, asteroides troyanos, asteroides cercanos a la Tierra, cometas, centauros, meteroides, polvo estelar, viento solar… así como algunas estructuras: los

Cinturones de Asteroides y de Kuiper,  y las probables Nubes de Oort y de Hills.

Es decir, Plutón no ha dejado de ser planeta, si no que ha cambiado de subcategoría porque su tamaño y masa es mucho menor de lo que se pensó cuando se descubrió y sus características encajan mejor en la categoría de planeta enano que en la de planeta clásico.

En cuanto a que se estudie o no en los colegios…estos son malos tiempos, tanto para Plutón, como para Platón.

Eppur si muove

Muchas son las falsas creencias sobre la figura de Galileo Galilei, una de las más conocidas dice que, tras ser obligado por la Inquisición a adjurar de la idea de que la Tierra se mueve alrededor del Sol, murmuró “y, sin embargo, se mueve”. Veamos qué hay de cierto.

Galileo descubrió los satélites de Júpiter, de donde se deducía fácilmente que la Tierra era un planeta más. Esto era un argumento en favor de la teoría de Copérnico. Los fundamentalistas siguieron una estrategia indirecta y, en vez de denunciarle a él, denunciaron ante la Inquisición las bases del Copernicanismo: la inmovilidad del Sol y el movimiento de la Tierra, por estar en contra de varios pasajes de la Biblia.

La Inquisición encargó a un grupo de teólogos que estudiaría el asunto y concluyeron que esas afirmaciones eran “estúpidas y absurdas” y “formalmente heréticas”.
Galileo era el científico más conocido de Europa, y estaba protegido por el Gran Duque de Toscana, por lo que no se podía proceder contra él así, sin más; de modo que el papa Pablo V, encargó al inquisidor cardenal Roberto Bellarmino que amonestara privadamente a Galileo para que dejara de creer en esas ideas; y si se negase, que el comisario de la Inquisición, ante notario y testigos, le prohibiera judicialmente enseñar o defender estas opiniones. 

El día 26 de febrero de 1616 (se cumplen ahora 400 años), Bellarmino consumó la misión. Galileo estuvo muy humilde y aceptó la amonestación; por lo que no hizo falta ejecutar la orden judicial; y aquí fue donde se lio todo.

En el año 1630, ya fallecidos el Pablo V y Bellarmino, regía la iglesia el papa Urbano VIII, amigo de Galileo. Nuestro hombre pensó que eran tiempos más favorables y decidió escribir un libro en el que tres personajes dialogaran sobre el copernicanismo. Este libro no violaba su compromiso, ya que en el libro no trataba de sus propias creencias, sino de las de los personajes.

El libro fue revisado y aprobado por el Vaticano y se publicó en 1632. Inmediatamente sus enemigos se pusieron en marcha convencidos de que había violado las órdenes recibidas en 1616.

En el expediente particular del caso Galileo en el Santo Oficio encontraron que en 1616 solo figuraban las instrucciones del papa sobre la amonestación y que, sin embargo, “se les había olvidado” prohibir la enseñanza y defensa de la teoría; por lo que “alguien” enmendó el olvido escribiendo un añadido en el que se decía que, tras la amonestación del Cardenal, el comisario de la Inquisición había notificado a Galileo la orden de que no “sostenga, enseñe o difunda” las ideas, y lo fechó el mismo 26 de febrero de 1616. Todo parece indicar que esta inscripción data de 1632.

Con los “registros en orden” se procedió a denunciar a Galileo en 1633. El pobre afirmó en el juicio que nunca le habían prohibido escribir sobre el asunto y mostró una carta del propio Bellarmino en la que decía que solo se le había notificado el decreto sobre las ideas copernicanas y se la había informado de que esta teoría no se podía defender o sostener, y nada más.

Como se ve, el juicio no trataba del movimiento de la Tierra, sino de la desobediencia de Galileo a la “supuesta orden judicial recibida” 17 años antes. Por esa razón, ni siquiera tenía sentido la frase de marras en aquel juicio.

El “documento espurio” cumplió su cometido y, con 69 años, Galileo Galilei fue condenado a cárcel perpetua, que con el tiempo se suavizó en arresto domiciliario. A la Inquisición se le solicitó varias veces que le perdonara, dada su edad y su mala salud; pero nunca lo concedió. Galileo murió el 8 de enero de 1641, cuando le faltaba un mes para cumplir 77 años, tras haber cumplido, viejo, ciego y muy enfermo, 8 años de reclusión.

Para saber más: Talento y Poder. Antonio Beltrán Marí. Editorial Laetoli, 2007.

El Planeta X

En 2015, el logro de la nave Nuevos Horizontes al alcanzar el último de los llamados “nueve planetas del Sistema Solar”, enviarnos imágenes y datos de él y de sus lunas (Caronte, Nix, Hidra, Cerbero y Estigia), ha hecho que se hable de Plutón incluso en las tabernas; sin embargo, Plutón ha estado siempre envuelto en malentendidos.

Falsa creencia. Las irregularidades en la órbita del planeta Urano se explicaron al descubrirse la existencia de Neptuno, y las de Neptuno al descubrirse Plutón.

En 1840 el matemático francés Urbain Le Verrier calculó la órbita de Urano, el séptimo planeta, y descubrió que sus posiciones en el cielo no se ajustaban a las predichas por las ecuaciones, por lo que pensó que debería de haber un planeta más allá que tirara ligeramente de Urano cuando se cruzaba con él.

Le Verrier pidió por carta al astrónomo alemán Johann Gottfried Galle que buscara “su planeta”. La misma noche del día en que recibió la carta, 23 de septiembre de 1846, apuntó su telescopio al lugar que indicaba Le Verrier, y un grado más allá encontró un pequeño disco en el cielo. El octavo planeta fue bautizado como Neptuno.

Sin embargo, las irregularidades de la órbita de Urano no se explicaban completamente con la introducción en las ecuaciones de la masa, el periodo y la distancia al Sol de Neptuno, por lo que varios astrónomos pensaron en la existencia de otro planeta gigante, el noveno, responsable de esas variaciones residuales.

El más conocido de estos astrónomos fue Percival Lowell, rico industrial estadounidense y astrónomo aficionado, famosísimo por defender la existencia de canales en Marte obra de una civilización marciana.

Lowell necesitaba un planeta de 7 masas terrestres, al que llamó El Planeta X, y creó el Observatorio Lowell (1894) solo para buscar al escurridizo planeta.

Lowell falleció sin ver el resultado de sus esfuerzos, pero su hermano George revivió el observatorio unos años después. El 18 de febrero de 1930 ClydeTombaugh, astrónomo aficionado que pasó de peón de granja en Texas a astrónomo de plantilla del observatorio, con solo 22 años de edad descubrió, comparando cientos de fotografías, un puntito luminoso que se deslizaba entre las estrellas del fondo.

Los astrónomos objetaron que era demasiado pequeño para ser el responsable de las irregularidades restantes de la órbita de Urano, ya que por su luminosidad y distancia al Sol se consideró que tenía una masa equivalente a la de la Tierra. Esta masa era incapaz de producir las irregularidades que no explicaba la presencia de Neptuno.

Pero entonces ¿qué produce el resto de las irregularidades de la órbita de Neptuno?

El Voyager 2, esa nave que ya se encuentra fuera del sistema solar, no pasó cerca de Plutón, pero sí de Neptuno, y los datos de su trayectoria permitieron recalcular con gigantesca exactitud la masa de Neptuno como unas 17 veces la masa terrestre.

Al introducir los nuevos datos en las viejas ecuaciones resultó que las misteriosas discrepancias desaparecieron, haciendo irrelevante la influencia de Plutón e imposible la existencia de un décimo planeta gigante.

Es decir, el descubrimiento de Plutón no se debe a un éxito de la matemática (como el descubrimiento de Neptuno), sino precisamente a un error matemático generado por un dato inexacto, lo que demuestra que la ciencia avanza incluso con los errores, porque espolean la investigación y la observación.

Luis Montalvo Guitart

Consola de depuración de Joomla!

Sesión

Información del perfil

Uso de la memoria

Consultas de la base de datos