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La pertinaz sequía del siglo XXI

En aquellos tiempos los veranos resultaban especialmente calurosos y se prolongaban cada vez más, por entonces se empezó a utilizar el término veranierno cuando el estío se prolongaba hasta diciembre. Pero quizá el punto de inflexión fue aquel año en el que el río desapareció, ni siquiera hizo acto de presencia el escaso hilillo de agua que en los últimos años pasaba por la ciudad. Ese año, en el que el inclemente calor apretó de manera inmisericorde, el río dejó de existir, y no solo fue su cauce el que se secó sino el de todos los ríos de alrededor. Del pantano cercano emergieron llenas de fango las ruinas de un antiguo pueblo sumergido.

Las piscinas y los spas fueron el primer objeto de prohibición, pese a las protestas de los afectados que reivindicaban su derecho al baño; pronto le llegó el turno a las pocas huertas que habían sobrevivido de la burbuja inmobiliaria que se apoderó de la comarca a principios de siglo. Ante la falta de riego algunos avispados recurrieron a la construcción de pozos ilegales pero eso solo hizo empeorar la situación, vaciando los acuíferos de la zona. Los jardines y parques de la ciudad se convirtieron en zonas resecas y polvorientas lo que fue aprovechado de inmediato para cementar sus suelos y construir allí aparcamientos disuasorios.

El tradicional recurso de las rogativas fue lo primero que se tanteó pero ya fuera por la poca fe de aquellos tiempos o por el escaso poder de los santos implicados en la lucha contra los elementos, el intento resultó en vano. Tras el fracaso de la invocación a las alturas, autoridades más terrenales trataron de paliar la sequía mediante camiones cisterna, pero el servicio se tuvo que interrumpir al registrarse motines en los pueblos donde se recogía agua y asaltos de cisternas por grupos de refugiados climáticos que vagaban sin rumbo por las montañas.

Pero lo peor llegó cuando dejó de manar definitivamente agua de los grifos, la población se dirigió en masa a las tiendas para proveerse de botellas de agua acabando pronto con las existencias. Una planta embotelladora cercana fue asaltada y saqueadas sus instalaciones. Muchos pensaron que la situación sería pasajera y un nuevo ciclo de lluvias volvería a llenar los resecos cauces de la comarca. Sin embargo las torrenciales precipitaciones que siguieron a ese fatídico año solo sepultaron con lodo las casas temerariamente construidas en las riberas, pero pronto desapareció el agua, dejando de nuevo los cauces secos.

Las instituciones decidieron poner en valor la sequía y tomar las oportunas medidas para incrementar el número de visitantes de la comarca. Se proclamó la zona afectada como Capital del Desierto Rural y se señalizó de inmediato una Ruta de Fuentes Secas, convertidas ya en objeto de estudio arqueológico. También se aprovecharon los antiguos cauces de los ríos para convertirlos en rutas de aventura para quads y 4x4. Por último se decidió crear un Centro de Interpretación del Agua en la antigua piscina municipal donde, utilizando avanzados medios audiovisuales, se recrearan las corrientes fluviales y la vegetación de la zona antes de que llegara la pertinaz sequía del siglo XXI.

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