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El lucrativo encanto de las fiestas populares

Como parece que el turismo es el destino del mundo rural se trata de conseguir visitantes mediante la creación de una marca diferenciada. Un buen ejemplo de buenas prácticas es la tomatina de Buñols, una tradición surgida de una simple reyerta a tomatazos, que se ha convertido a la postre en una fiesta de interés turístico internacional.

Desgraciadamente hemos perdido ya otras tradiciones como la cabra arrojada desde un campanario, que bien gestionada, podría haber proporcionado sustanciosos ingresos e ingentes cifras de visitantes. De manera que hay que cuidar como oro en paño tradiciones tan nuestras como prender fuego a astas de toros como hacen en Medinaceli o torear vacas medio ahogadas en el Tajo, a su paso por Trillo. Por eso hay también que felicitarse de la recuperación de las becerradas en Sigüenza, en las que ahora, para no herir ñoñas susceptibilidades, se degüella al becerro en la intimidad, tras haberle antes mareado para solaz de los mozos de la localidad.

Además de la utilización sostenible de cabras voladoras y de vacas sumergibles, proponemos la puesta en valor de las picotas situadas en los pueblos ya que los ajusticiamientos y autos de fe siempre han gozado de un gran fervor popular y podrían recuperarse de cara a su explotación turística. Para adaptar estas tradiciones a la legislación vigente se deberían organizar en la modalidad de ajusticiamientos sin muerte y que se quemara al hereje o se agarrotara al malhechor en efigie.

Una de las iniciativas más loables de los últimos tiempos es la recuperación, en un pueblo de Granada de una simpática tradición consistente en una puja de dinero para conseguir bailar con las mujeres de la localidad. Contra lo que pudiera parecer no se trata de una tradición islámica perdida en la noche de los tiempos, sino que la rifa de mujeres se instituyó hace más de cien años con el loable fin de recaudar dinero para reparar una iglesia. Los artífices de la recuperación además, para limar aristas, señalan que la fiesta se adaptará a los tiempos actuales, permitiendo que también se subasten hombres, de este modo existirá paridad de género a la hora de comprar pareja de baile.

 A los que se escandalizan por la recuperación de esta tradición hay que recordarles que conecta con unas prácticas habituales hoy en día. Porque comprar a personas con dinero no deja de estar a la vista de todos y cualquiera lo puede comprobar dándose una vuelta por los establecimientos de alterne situados en los lugares más estratégicos de nuestras autovías.

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