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Salud

1. Fumar es un placer...

“Y mientras fumo… la vida no consumo, porque flotando el humo… me siento adormecer”. Una hermosa y sensual canción compuesta en 1922 y que alcanzaría su mayor fama en los años 50, con la interpretación de Sara Montiel  en la película “El último cuplé”. Una época en la que fumar era una actividad frecuente en los hombres, y a la que se fueron uniendo también algunas  mujeres. Desde que el tabaco llegó a Europa, tras el descubrimiento de América, el hábito de fumar fue ganando adeptos con gran facilidad y, a principios del siglo XX gran parte de la población se había convertido en adictos a él. Las personas más mayores recordarán como durante las dos Guerras Mundiales y en la Guerra Civil española, el tabaco fue una necesidad tan importante para los soldados como el comer o tener munición. En 1954 se publicó en Inglaterra el primer estudio epidemiológico que relacionaba el tabaquismo con el riesgo de padecer cáncer de pulmón. Más de cincuenta años han pasado desde entonces,  y a pesar de toda la información sobre sus efectos dañinos para la salud, algo de mágico y placentero debe tener el tabaco, pues son muchas las personas que siguen fumando.

Fumar deriva del latín fumare (humear), cuyo significado viene a ser respirar o inspirar el humo que es obtenido de la combustión de alguna sustancia. El ser humano es el único animal que fuma, inhala y utiliza el humo en distintas actividades y rituales. Es necesario hacer una pequeña reseña para comprender una costumbre ancestral que se ha mantenido en muchas culturas a través de los siglos y que va mucho más allá del tabaco.

El hombre fumaba mucho antes que el tabaco llegara desde América a principios del siglo XVI, por motivos y de forma distinta a la actual. La dominación del fuego por el ser humano resultó un gran paso hacia la vida sedentaria, y pudo observar que algunos alimentos expuestos al humo de sus hogares, duraban más tiempo y en ocasiones mejoraban el sabor. Se dio cuenta que al arrojar maderas, semillas, hierbas, raíces o resinas sobre las brasas se producían distintos e intensos olores que a veces producían efectos placenteros, sedantes o terapéuticos. La utilización de humo para limpiar, purificar o perfumar los hogares y los templos fue una tradición en muchas sociedades desde épocas remotas hasta la actualidad.

Inhalar humo sería lo más similar a lo que actualmente denominamos fumar. Gracias a los estudios arqueológicos conocemos algunos datos que hoy nos llaman la atención. Existe un cilindro asirio del siglo VII A.C, en el que aparece una representación de un rey que aspira de un hornillo redondo a través de un tubo. También existen imágenes de mujeres fumando en pipa en las excavaciones de Herculano (la ciudad romana destruida en el año 79 por la erupción del Vesubio). Importantes geógrafos de la antigüedad como Herotodo mencionan ya en el siglo V a. C. que algunas tribus bárbaras arrojaban sustancias sobre piedras calientes, en una especies de saunas, y se embriagaban al inhalar el vapor. También existen referencias de algunos pueblos del norte de Europa que usaban pequeños tubos para fumar, algo similar a lo que siglos más tarde se convertiría en la pipa para tabaco.

Lo que fumaban, también lo conocemos gracias a algunas leyes al respecto, pues en muchas ocasiones  su comercio y abuso producía muchos problemas que nos resultan muy actuales. En Roma, en tiempo de los césares era frecuente fumar flores de cáñamo hembra (marihuana) en las reuniones sociales para incitar el disfrute de los sentidos, una costumbre que debió adoptarse de los griegos y de los pueblos celtas. Debemos tener en cuenta, que el cáñamo es la  fibra vegetal más antigua que se conoce, siendo  obtenida y más tarde cultivada con la finalidad de realizar tejidos y cuerdas. Su utilización en forma de marihuana o hachís, viene de antiguo y estuvo muy difundida en muchas culturas de Europa, África y Asia. Los asirios usaban la marihuana con fines religiosos, colocando trozos de su resina y sus hojas sobre piedras calientes en una especie de brasero abierto, sellando el reciento para aspirar el humo. También el pueblo hindú conocía el uso de la marihuana y la consideraban de origen divino asociada al dios Visnú. Siglos más tarde, en los pueblos árabes la utilización del hachís se convirtió en una práctica muy extendida ante la prohibición religiosa del alcohol. A pesar de lo que pudiéramos pensar, su utilización era puntual en algunas clases sociales y en contextos determinados. Su consumo no supuso un problema de adicción grave, como si lo fue el alcoholismo a través de la historia.

Otras plantas muy  peligrosas que eran utilizadas en rituales religiosos o místicos, fueron el estramonio, el beleño y la belladona por sus efectos alucinógenos, entre otros muchos. No hay referencia a que estas plantas se fumaran, más bien se empleaban en forma de sahumerios (inhalación del humo), estando destinados solamente a las personas encargadas de conectar con el mundo espiritual (druidas, sacerdotes o adivinos).

Una de las sustancias más utilizadas y extendidas desde la antigüedad también fue el opio, sustancia que se extraía de la adormidera. Se utilizaba como fármaco para distintas dolencias, diluido en vino o junto con otras sustancias terapéuticas. Su comercio se encontraba regulado durante el Imperio Romano, con un precio controlado y con el que no se permitía la especulación. Durante cientos de siglos el consumo de opio como medicamento fue una práctica bien considerada y aceptada socialmente. El gran problema con el opio comenzó cuando los europeos introdujeron en Asia, allá por el siglo XVI, la costumbre de fumarlo, haciendo de su producción y de su comercio un monopolio empresarial. El opio fumado producía efectos inmediatos y con ello una gran dependencia física y psicológica. Millones de personas se hicieron adictos al vicio de su consumo como actividad recreativa, y lo que había sido un medicamento para paliar muchas dolencias se convirtió en una droga que trajo consigo la desgracia y la miseria y a muchas familias.

Y en esto llegó el tabaco… ni que decir que sus propiedades terapéuticas fueron publicitadas por doquier tanto por legos como por profanos. El fumar se convirtió en una actividad relacionada con el disfrute, con el puro placer, un hábito cotidiano y un signo de distinción…, pero eso lo contaremos en próximas entregas.

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