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Salud

Y en esto llegó el tabaco. Una historia de amor y odio

El tabaco es una planta herbácea y perenne de la familia de las solanáceas, a la que también pertenecen la patata, el pimiento y el tomate. Existen más de 60 especies diferente del género Nicotiana, siendo la Nicotiana tabacum la más conocida. Era cultivada y consumida por los indígenas americanos miles de años antes de la llegada de los conquistadores. Fumar (inhalar y exhalar el humo del tabaco) era una de las muchas variedades de su consumo en América del Sur cuando Colón arribó al Nuevo Mundo. Además se aspiraba por la nariz, se masticaba, se comía, se bebía, se untaba sobre el cuerpo y también se usaba en gotas  para los ojos y  en forma de enema para limpieza intestinal. Su uso era frecuente en rituales religiosos o sociales, en grandes celebraciones o para sellar alianzas bélicas y acuerdos de paz después de una guerra. También se soplaba sobre el rostro de guerreros antes de la lucha, se esparcía en los campos antes de la siembra y se depositaba como ofrenda a los dioses protectores. A las hojas del tabaco se le atribuían propiedades medicinales contra el asma, la fiebre, los problemas digestivos o de la piel, y también era utilizado por los indígenas para combatir el hambre, la sed, la fatiga o para calmar el dolor. 

El tabaco contiene una sustancia que produce adicción en quien la consume, es la nicotina, una sustancia que produce un efecto estimulante y sedante a la vez. Es muy adictiva porque produce una sensación placentera en algunos receptores del sistema nervioso central que engancha al consumidor en sus redes. La forma más rápida de absorción de la nicotina es la vía inhalada, siendo absorbida a través de las mucosas de la boca y de las vías aéreas, pasando a la sangre y al cerebro en pocos segundos, proporcionando al fumador una sensación de alerta, de relajación muscular y sensación  de placer.

El término tabaco comenzó a utilizarse de forma frecuente alrededor de 1535. Algunos autores sostienen que es originario del idioma de los indígenas de Haití, de la voz tobago, con el que denominaban una especie de pipas o cañas alargadas que utilizaban para fumar. Sin embargo, el diccionario de Corominas señala que puede provenir de las palabras de origen árabe tabacco y atabaca, que se empleaban en España e Italia, antes del siglo XV,  para designar algunas hierbas de efecto somnífero. 

Conquistadores y marineros importaron la costumbre del consumo de tabaco imitando lo que habían visto en las zonas indígenas. Tales fueron las alabanzas y virtudes que se hicieron sobre esta planta desconocida hasta el momento, que la corona española envió a tierras americanas,a finales del siglo XVI, al médico y botánico Francisco Hernández de Boncalo para que realizara el estudio del tabaco y de sus propiedades medicinales. Felipe III decretó que el tabaco podía cultivarse en Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Venezuela, prohibiendo la venta de semillas a extranjeros, cuya transgresión  era castigada con la muerte. En 1614 Sevilla fue designada como la capital del tabaco, estableciéndose en la ciudad la primera gran fábrica a la que llegaba todo el producto recolectado en los dominios del imperio español para su control, manufactura y exportación. Las rentas e impuestos derivadas del comercio del tabaco eran tan importantes que en 1623 las Cortes españolas aprobaron que la hacienda pública fuera la institución que controlara su cultivo y su comercialización, dando lugar a uno de los  monopolios más antiguos que se conocen en nuestro país. Y algo bueno nos aportó el tabaco, pues dichas rentas se destinaron a financiar obras públicas y sociales, como fue la construcción de la Biblioteca Nacional de Madrid y la edición del primer Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española en 1723.

El consumo del tabaco fue adquiriendo cada vez más aceptación en Europa, sobre todo cuando el embajador de Francia en Lisboa, Jean Nicot (y de ahí el nombre de nicotina) recomendó su inhalación en forma de polvo (rapé) a la reina francesa Catalina de Médicis, como un remedio eficaz contra la jaqueca y el mal humor que tenía a menudo. La reina se hizo consumidora habitual de rapé, mejoraron sus síntomas y dicha  costumbre se adoptó como una regla de etiqueta y distinción en los círculos selectos. También en la corte inglesa de Isabel I se popularizó la costumbre de fumar, pasando a considerarse un distintivo de la alta aristocracia. 

Las voces en contra del consumo del tabaco, esnifado o inhalado, fueron constantes y muy variadas, pues se consideraban actividades “propias de salvajes” y por tanto, contrarias a la moral, adoptándose por algunos gobernantes políticas y leyes que penalizaban dichas actividades con gran fanatismo. Juzguen ustedes:

· Ante la costumbre de algunos sacerdotes de consumirlo durante los ritos religiosos algunos Papas dictaron que tal actividad sería penada con la excomunión.

· En el siglo XVII, en la región alemana de Lünenberg, fumar, mascar o aspirar tabaco estaba penado con la muerte.

· El sultán otomano de Constantinopla a principios del mismo siglo, castigaba a los fumadores haciéndoles desfilar por la ciudad con una pipa atravesándoles la nariz, y si eran reincidentes podían ser decapitados, desmembrados o se les mutilaba de pies y manos.

· En Rusia, el Zar dispuso que a los fumadores se les torturara hasta que confesaran el nombre de su proveedor y que luego a ambos se les cortase la nariz, se les castrase y se les deportase a Siberia. Claro que por suerte unos de sus sucesores, el zar Pedro I el Grande, fue un fumador empedernido y anuló todas las disposiciones antitabaco anteriores. 

· En Persia a los fumadores se les cortaba la nariz y las orejas, se les confiscaban sus bienes….y mejor no les cuento el resto. Y a los vendedores se les mandaba quemar vivos.

· En China en 1640, durante la dinastía Ming, quien fuera sorprendido fumando o traficando con tabaco podía ser decapitado. 

Las propiedades medicinales del tabaco se fueron descartando con los años y en el siglo XVIII se pusieron de relieve los desastrosos efectos que su consumo podía acarrear a la salud, estableciéndose la relación entre el tabaquismo y algunos tipos cáncer. Mientras el tabaco fue un producto caro, las clases humildes se mantuvieron alejadas del nuevo vicio, pero todo cambió con la mecanización de su manufactura, y cuando bajaron los precios el proletariado varonil accedió a su consumo en masa. Durante el siglo XIX y principios del XX el consumo de tabaco fue considerado una costumbre inadmisible e inmoral en la mujer, pero cuando en la Segunda Guerra Mundial estas contribuyeron al esfuerzo bélico se “ganaron” el derecho de fumar en público, mostrando de esta manera su independencia e igualdad. El cine, la televisión y la publicidad fueron los grandes vehículos que colaboraron a extender el tabaquismo en las clases humildes, en las mujeres y en los jóvenes. 

Frente a las consecuencias nefastas que acarrea el tabaquismo a largo plazo, el placer de fumar es instantáneo. Y así, el humo del tabaco nos atrapó en una adicción de la que tanto cuesta desprenderse y tanto daño acarrea a nuestra salud, tema para un próximo artículo.

Fumar es un placer, sus consecuencias no tanto

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