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Yo aun diría más

Etimologías molongas

Hoy traemos cuatro palabras de sorprendente etimología, algunas de las más curiosas que hay en nuestra lengua. Concretamente“encinta”, “grifo”, “zascandil” y “mamotreto”.

Para empezar, “encinta” (embarazada) procede del latín incincta, y no resulta difícil detectar la similitud con la palabra “cinto” (cinturón). En efecto, “encinta” significa “desceñida” (es decir, “que no lleva cinturón”), y esto hace referencia a la costumbre de las embarazadas de llevar la ropa suelta y holgada, de no ceñirse el vestido.

A continuación, “grifo”. Del griego grypós (pasando por el latín gryphis y el latín tardío gryphus), se trata de un animal fabuloso con medio cuerpo de águila y medio de león. ¿Cómo surge, entonces, el uso que hoy en día es más frecuente para esta palabra, el de la llave que regula el paso de los líquidos en cañerías y recipientes? Muy sencillo: debido a la costumbre de adornar las bocas de las fuentes con cabezas de animales o personas. Como más adelante se llamó “grifo” a cualquier animal mitológico, no se tardó demasiado en denominar también “grifo” a la llave de las fuentes en general, estuvieran adornadas o no. Es interesante indicar que en francés el grifo (robinet) viene de robin, nombre con el que se designaba a los animales ovinos, ya que allí los grifos se solían adornar con una cabeza de carnero.

El origen de “zascandil” es uno de los mejores. Aunque el significado habitual de esta palabra es el de “persona despreciable y enredadora”, tiene otros dos significados ya en desuso: “hombre engañador y astuto” y “golpe repentino o acción pronta e impensada”.  ¿A qué se puede deber esto? La palabra se crea por composición mediante la unión de “zas” (la onomatopeya de un golpe) y “candil”. La imagen que se evoca es la de derribar y apagar una vela de un golpe. En efecto, los maleantes y los reñidores solían hacer esto antes de robar, agredir o huir, para dejar la habitación a oscuras, y la costumbre pasó a denominar al que la ejercía.

Hemos guardado lo mejor para el final: “mamotreto” (objeto grande, abultado y deforme). Su origen se puede rastrear no solo hasta el latín tardío mammothreptus, sino incluso hasta el griego tardío μαμμόθρεπτος, que literalmente significa “criado por su abuela” (mammi sería “abuela” y threptós sería “pupilo”, “instruido” o “criado”). Mucha atención, que aquí viene lo bueno: el uso de “mamotreto” para designar algo exageradamente grande se debe a la creencia popular de que las abuelas crían niños gordos (“hermosotes”, como se suele decir). Si esto es verdad, significaría que ya en la antigua Grecia los chavales iban a casa de las abuelas a ponerse finos a comer.

La etimología no solamente ayuda a comprender la evolución de la lengua, sino que es una ventana a la naturaleza humana. Te permite sentir una maravillosa conexión con las personas de otras épocas, te hace ver el desarrollo de la cultura y te demuestra que no somos tan distintos a como éramos hace siglos.

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