Hitchcock: recuerdo breve de un gran cineasta

Sus imágenes, espejo de su condición y de la nuestra.

José María Carreño.

 

UN HOMBRE DE CINE

En 1966 el crítico y director de cine François Truffaut publicó un libro – “Le cinema selon Hitchcock” – sobre el conjunto de la obra del director británico Alfred Hitchcock, cineasta ya famoso. Del citado libro, fruto de una larga conversación entre ambos sobre un cuestionario de más de quinientas preguntas, trabajo indispensable sobre la obra del británico, recogeríamos aquí solo el párrafo final de la edición de 1983 en el que Truffaut resume su valoración: “Hitchcock….no se conformó con practicar un arte, sino que se empeñó en profundizarlo, (de forma que) no sólo intensificó la vida, sino también el cine”.

Alfred Hitchcock (1899-1980) sigue siendo hoy enormemente popular entre el público y ampliamente valorado por la crítica, que le ha colocado hace tiempo en la élite de realizadores mundiales, junto a nombres como Ford, Einsestein, Lubistch, Ophuls, Welles o Kubrick. En este sentido podemos sin duda calificar a Hitchcock, dentro del Séptimo Arte, como un “clásico”: si bien sólo a condición de que este concepto no se entienda únicamente como marchamo de calidad técnica sino asimismo – como sucede con los otros realizadores antes citados - de modo especial como fuente de creación artística de gran calado y profunda repercusión en el arte cinematográfico posterior.

Pues, en efecto, Hitchcock, a lo largo de una dilatada carrera de más de medio siglo, creó una amplia obra plena de narraciones e imágenes artísticas extraordinariamente poderosas, que han marcado de forma indeleble el cine de la segunda mitad del siglo XX y que todavía hoy muestran en ocasiones su huella en el cine, cuando nuestro tiempo es tan diferente, y aún opuesto, en ambiente cultural y manifestaciones artísticas, a aquel en el que Hitchcock realizó sus películas. De ahí precisamente el sentido hoy de este nuestro recuerdo a su obra.

Memorias de un santo. Magritte.

 

EL PERIODO INGLES

La obra de Alfred Hitchcock, comenzada en Inglaterra en pleno auge del cine mudo, abarcó un primer período inglés de aproximadamente tres lustros. En él pasó de ser inicialmente guionista y ayudante de dirección a pleno realizador de una veintena larga de películas, cintas centradas, no de modo único en sus comienzos pero claramente de forma progresiva en historias con temáticas mayoritariamente de acción, crímenes y espionaje, cada vez con mayor calidad, que le hicieron popular entre el público británico. De esta forma a final de los años treinta su fama llegó asimismo a los grandes Estudios de Hollywood, finalmente destino del director a partir de 1939, poco antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

En este período, iniciado en 1926, comienza asimismo la realización de cine sonoro a partir de 1929. De estos años quedan varias películas recomendables todavía hoy, entre las que destacaríamos: El hombre que sabía demasiado (1934), 39 escalones (1935), Sabotaje (1936) y Alarma en el expreso (1938). Todas muestran a Hitchcock como hábil conocedor de los gustos y la psicología del público y ya competente realizador en el plano técnico, y al propio tiempo caracterizado por una constante inquietud creativa. Su cine conectó inicialmente en cierta medida con el expresionismo alemán de entreguerras, pero sobre todo se situó pronto en la estela artística del cine americano de la época, que el realizador muestra ya conocer a fondo. De ahí su popularidad en los ambientes de producción hollywoodense de la época, y también que su madurez esté ya iniciada en alguna medida cuando, a propuesta del productor O`Selznick, Hitchcock se traslada a Estados Unidos. Allí residirá desde final de la década de los años treinta, integrado plenamente en el sistema cinematográfico americano

 

EL PERIODO AMERICANO

Desde 1939 a 1976 Alfred Hitchcock desarrolla su producción norteamericana, con más de treinta películas. Hitchcock trabaja con varios Estudios y, aunque en ocasiones alterna éxitos y fracasos comerciales llega a alcanzar gran fama dentro y fuera del cine norteamericano y, sobre todo muestra su carácter de gran director. La calidad y el tratamiento cinematográfico creativo hacen de su trabajo auténtico cine de autor, prontamente resaltado por la crítica cinematográfica europea, en tanto que la norteamericana incidió en su mayoría en los aspectos más expresamente de comercialidad y adecuación formal al estilo marcado por los Estudios de Hollywood. Hitchcock encargaba sus guiones a profesionales generalmente de gran calidad; pero controlaba de forma estrecha el trabajo de los guionistas y la elección del guión definitivo, lo que hace las películas propiamente suyas, y presentadas habitualmente con ciertos rasgos de planteamiento que le servían bien de expresión de su personalidad o suponían estrategias de manipulación psicológicas de los espectadores.

No solía escoger como base de sus historias obras de autores famosos (Daphne du Maurier y Patricia Highsmith son excepciones). En varios casos sus películas desarrollan ideas ya planteadas en el período inglés, pero las propuestas alcanzaron ahora mayores grados de complejidad y riqueza artística. Su cine muestra temáticamente una gran versatilidad ofreciendo dramas psicológicos, thrillers de acción trepidante, historias de crímenes y asimismo alguna que otra cinta con planteamiento de comedia. También la presentación y la música de sus películas son realmente admirables en numerosos casos (así, por ejemplo, partituras como las creadas por Bernard Herrmann para Vértigo, Con la muerte en los talones o Marnie la ladrona son piezas de primera categoría en la música cinematográfica).

En cuanto a sus actores, Hitchcock trabajaba habitualmente con actores de primera fila como protagonistas (y suele repetirlos en varios casos). Así, en el caso de los caballeros: Cary Grant (cuatro cintas), James Stewart (cuatro), Gregory Peck (dos), Joseph Cotten (dos), Henry Fonda, Lawrence Olivier, Montgomery Clift, Anthony Perkins, Sean Connery, Paul Newman, Charles Laughton, Edmund Gwenn y Farley Granger. Y en cuanto a las damas: Ingrid Bergman (cuatro cintas), Grace Kelly (tres), Vera Miles (tres), Joan Fontaine (dos), Tippi Hedren (dos), Kim Novak, Shirley MacLaine, Ethel Barrymore , Alida Valli, Teresa Wright, Doris Day, Janet Leigh y Julie Andrews. Además, asimismo solían repetir en sus películas una buena parte de los principales actores secundarios. Todo un gran elenco del gran cine norteamericano de la época.

En su largo período americano destacan, en una primera época de adaptación al sistema estadounidense [1939 a 1945]: Rebeca (1940), Enviado especial (1940), Sospecha (1941), Sabotaje (1942), La sombra de una duda (1943) y Recuerda (Spellbound, 1945); en una segunda etapa, ya de progresivo dominio de la realización, Encadenados (Notorious, 1946), El caso Paradine (1947), La soga (1948), Extraños en un tren (1951) y Crimen perfecto (1954). En una tercera etapa, ya plenamente madura y que representa la cima de su obra [1954 -1964] destacan ineludiblemente todas las películas: La ventana indiscreta (Rear Window, 1954), Pero ¿quién mató a Harry? (The Trouble with Harry, 1956), El hombre que sabía demasiado (1956), Falso Culpable (1957), Vértigo (1958), Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959), Psicosis (1960), Los pájaros (1963) y Marnie la ladrona (1964). Por último, la etapa final del período americano y de su carrera [1965-1976], ya con el director convertido en una leyenda del cine, ofrece cuatro obras todavía interesantes – destacaríamos Topaz (1969) y Frenesí (1972) - aunque en conjunto de menor calidad que las mencionadas en la etapa anterior.

Alfred Hitchcock

 

LA MENTE Y EL TRABAJO CREADOR: TEMAS, OBSESIONES, IMÁGENES

Hitchcock, en todo momento excelente profesional, insertó siempre su trabajo dentro de los esquemas de los grandes Estudios cinematográficos de su época buscando conseguir el mayor impacto con sus películas. Pero, también verdadero autor, buscó mantener bajo control los determinantes de su trayectoria artística, la necesaria capacidad económica para abordar sus proyectos, la libertad para elegir a sus colaboradores y, sobre todo, reflejar al máximo su personalidad como director controlando la realización de sus películas.

Temáticamente su obra se orientó de forma mayoritaria en el ámbito genérico del cine de intriga, entendido éste de forma muy personal en su enfoque, para lo cual su cine resaltó tanto la complejidad psicológica de los personajes como la interrelación entre azar y necesidad en el desarrollo de sus historias. Muchos temas interesaron al director pero entre ellos destacan varios. Así:

[1] el sufrimiento del poseedor de un secreto sobre la identidad de un criminal o la muerte de una persona (Recuerda, La sombra de una duda, Yo confieso, El hombre que sabía demasiado).

[2] el drama del inocente perseguido por los auténticos delincuentes a través de un peligroso viaje (39 escalones, Sabotaje, Con la muerte en los talones);

[3] la destrucción de la víctima inocente por un criminal o representantes del mal (Encadenados, Crimen perfecto);

[4] el acuerdo entre asesinos, reales o potenciales, para desarrollar sus crímenes (La soga, Extraños en un tren);

Alfred Hitchcock añade a los anteriores dos planteamientos de pura tragedia:

[5] la confusión entre amor y muerte destruye a quien queda atrapado en la red de un complot criminal (Rebeca, Vértigo) y

[6] el despliegue directo, brutal e inexplicable del puro horror (Psicosis, Los pájaros).

En la realización de estas tramas Hitchcock explora los enigmas humanos, que se manifiestan en contradicciones psicológicas pautadas al hilo del despliegue de la maldad o de la persecución de la inocencia. Y el director introduce a menudo sus obsesiones sobre la integridad, el amor, el sexo, la codicia, la ambición y los sentimientos humanos, jugando además con la actitud y expectativas de los espectadores y manipulando en ocasiones dichas actitudes y expectativas: ahí nace el “suspense”, la intriga que comparte, a veces de forma angustiosa, el público con los personajes de las películas. Hitchcock, el mago del “suspense”, gran psicólogo, creador de grandes intrigas y, al mismo tiempo, revulsivo psicológico del público, de sus propios temores y dramas, en una palabra, manipulador artístico de todos nosotros. Ello, sin embargo, no significa que temáticamente su obra se circunscriba exclusivamente a grandes películas de crímenes y/o de intrigas y tragedias, como las antes reseñadas. Aparte del hecho de que por temperamento Hitchcock poseía un sentido del humor muy británico, caracterizado en buena medida por un uso indirecto de paradojas y sobreentendidos, que surge en ocasiones aquí y allá en sus films, y que algunos de ellos además puedan ser vistos en cierto sentido, parcialmente, en clave de comedia (el caso más significativo es, seguramente, la estupenda Con la muerte en los talones), rodó también alguna comedia pura como es la atractiva y muy personal Pero ¿quién mató a Harry?, inteligente mezcla de ironía, comedia fina y humor negro (y pese a ello - ¿o acaso por ello? - fracaso comercial).

Pero con ser cierto todo lo anterior, ello no nos revelaría realmente la dimensión artística de sus obras si prescindimos de un punto esencial, pues para Hitchcock, como realizador, la expresión artística de personajes e historias no es juego psicológico ni narración literal sino trabajo esencialmente cinematográfico: la expresión fundamental en su cine es siempre la imagen. Como ocurre con todos los grandes creadores cinematográficos, el poder y la manifestación de las imágenes es elemento central que expresa lo que se quiere contar y cómo se quiere contar. La imagen rompe aquí la vieja distinción de forma y fondo pues en ella se funden ambos inextricablemente como clave expresiva e interpretativa de la narración. Y además, a diferencia del cine vulgar de intriga, los supuestos móviles de las tramas se convierten en meros eslabones (llamados por Hitchcock “macguffin”) de la cadena narrativa, cuyo único papel es activar mecánicamente el avance de las historias pero sin ningún papel esencial en la misma.

De esta forma, el cine de Hitchcock adquiere altura artística y creativa a través del poder de la imagen, tanto en su mostración estática como en la dinámica de su movimiento, de forma que sólo la imagen es sustancia específica de su obra: imagenes impactantes, poderosas, sorprendentes a veces, que nos muestran y resumen la expresividad y el arte del director, tal como él lo planea, grabadas de modo indeleble en la memoria del espectador, puro cine.

De ahí el cariño implícito siempre mantenido por Hitchcock hacia el cine mudo, por la fuerza expresiva de sus imágenes frente al predominio de la narración literal propio del cine sonoro. De ahí también su menosprecio del valor final de la técnica cuando se desliga del poder visual. De ahí, por último, su escueto sistema de dirección de actores, que da lugar a que en ocasiones sea considerado equivocadamente como menosprecio del trabajo del intérprete.

 

CODA FINAL

La obra de Hitchcock permanece como una de las cimas del cine porque, más allá del apabullante dominio técnico del director, está la creación de un poderoso lenguaje artístico mediante la utilización admirable de la imagen en la realización de las películas. De entre ellas, como ilustración de lo señalado, cabe recordar finalmente aquellas que quedan para siempre en los anales del mejor cine de todos los tiempos: Vértigo, Con la muerte en los talones, Psicosis y Los pájaros, grandes obras reconocidas como tales unánimemente.

 

 

 

Escribir un comentario
Para hacer un comentario escribe tu nombre y correo elecrónico (este último no se mostrará publicamente). No se pueden incluir enlaces dentro de los comentarios. El mensaje no aparecerá inmediatamente sino después de su aprobación por parte del administrador con objeto de evitar el spam

Back to Top