Una joya desconocida en el Museo Diocesano de Sigüenza

Se acercan los días de Navidad y mucha gente ha colocado ya el belén en su hogar o piensa hacerlo. Sin embargo, no todo el mundo sabe que los belenes tienen una historia rica y antigua, y que son parte de nuestro patrimonio cultural inmaterial.

¿Qué es, realmente, el belén, llamado también Nacimiento o Pesebre?

La respuesta parece obvia, pero no lo es, pues se trata de una representación escenográfica tridimensional del nacimiento de Jesús, realizada con figuras móviles en un escenario especialmente realizado para ello. Normalmente, se arma en el tiempo de Adviento-Navidad (las fechas tradicionales en España van del día de la Inmaculada, el 8 de Diciembre, al dos de febrero, día de la Candelaria) y se desmonta, conservando algunos elementos, normalmente las figuras. Por tanto, no son belenes propiamente dichos las pinturas, retablos y otros elementos anclados a muros o suelo, además de las obras en piedra que resultaría muy difícil mover. Es cierto que existen belenes fijos en espacios interiores, como armarios, urnas u otros muebles, pero suelen ser de pequeño tamaño o realizados con la intención de evocar los belenes estacionales.

Aunque, oficialmente, la práctica de poner el belén nace con el milagro de San Francisco de Asís durante la noche de Navidad de 1223 en Greccio (Rieti, Italia), lo cierto es que es resultado de la evolución de costumbres más antiguas. Se pueden rastrear sus orígenes gracias a algunas prácticas visuales ya empleadas en la Edad Media, como el recurso de señalar los tiempos litúrgicos con alguna decoración específica cuyo significado fuera fácil de conocer entre los fieles. Así, unas espigas o un pan serían símbolo de la Eucaristía, una cuna vacía, o un bebedero de los animales en el establo, indicarían la inminente llegada de Jesús en el tiempo de Adviento. El envío a Roma de las reliquias consideradas el pesebre donde nació Jesús, convirtió a éstas en el símbolo de la Natividad.

Hubo un momento, cercano a la época de San Francisco, en que la Iglesia todavía prefería las representaciones de personajes sagrados en pintura, más versátil que la escultura, y más apta para glosar sus imágenes en los sermones. Además, el teatro servía de apoyo para hacer entender al Pueblo episodios clave de los Evangelios, normalmente ligados a la Natividad y la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Sin embargo, los abusos en las representaciones, a veces irreverentes, llevaron a su supresión como elemento didáctico. En consecuencia, los personajes, antaño vivos, fueron “petrificándose”, reflejados en figuras individuales caracterizadas por su aspecto, que eran identificadas por todos, y poco a poco, se fueron introduciendo en el interior de los templos donde, excepcionalmente, los días de Navidad, podrían verse unos montajes especiales que, en formato reducido, mostrarían en tres dimensiones las escenas pintadas en los retablos o adosadas a ellos.

Grupo de la Virgen de Revilla. Baltanás, Palencia, ss. XIII-XIV.

Es posible que una de las manifestaciones más tempranas de la escultura medieval, las imágenes de María- trono con su Hijo,se realizaran en parte para escenificar la propia Epifanía o Adoración de los Reyes.

Datadas a partir del siglo XIII, han sobrevivido algunas figuras principales del “Misterio”(María, Jesús y José, eventualmente buey y mula) en países como Italia o Polonia, aunque ya se encuentran muchas más realizadas a lo largo de los siglos XIV y XV, al añadirse los Reyes Magos, pastores y otros personajes que formaron parte de belenes parecidos a como hoy los conocemos, si bien aún restringidos a las iglesias, capillas y algunos oratorios eclesiásticos o privados.

Paralelamente a la aparición de las imágenes escultóricas independientes del “Misterio”, núcleo del belén, encontramos otras que, por su tamaño, asimismo parecen aptos para una representación dramatizada moviendo las figuras o, simplemente, cambiándo su lugar en el escenario de vez en cuando. En Francia se encuentran al menos dos grupos y en España he localizado otros dos que representan el episodio de la Huida a Egipto, tema que aparece en obras de teatro antiguas, como el Auto de la Huída a Egipto, interpretado en Zaragoza en 1487 ante los Reyes Católicos.

Básicamente, su estructura incluye a María a lomos de una mula, con Jesús en brazos, guiados por San José. Este pasaje se basa principalmente en los Evangelios apócrifos y se rodea de numerosas tradiciones y sucesos maravillosos, por lo que es especialmente apto para una representación teatral. Uno de los ejemplos españoles, conocido como la Virgen de Revilla, patrona de la localidad de Baltanás en Palencia, consiste en una imagen del siglo XIII a la que se añadieron los elementos escenográficos (un esquemático paisaje con una palmera y la mula) y la figura de San José, también antiguos.

La Virgen de Revilla con vestidos. Fuente: Wikipedia. Fundación Joaquín Díaz.

El conjunto fue robado por el conocido predador del Patrimonio Histórico español Erik el Belga, quien, ignorante de su verdadero valor o para descontextualizarla, vendió la imagen mariana como una más de tántas y se deshizo del resto, hoy reconstruido siguendo antiguas fotografías. La imagen original sería posteriormente recuperada, y como tal la exhibimos en la magna exposición “Oro, incienso y mirra”, celebrada en el edificio de Telefónica en Madrid el año 2000, con la correspondiente explicación de su azarosa historia y la importancia como ejemplo de figuras sueltas supervivientes de los belenes más antiguos.

En una fotografía anterior al robo se comprueba que los personajes- incluyendo la mula- se engalanaban con textiles, lo que implica marcar una diferencia entre el tiempo ordinario y el festivo, y este uso coincide con otra costumbre antigua, como era el caso del decano de los belenes españoles (que probablemente sea el más antiguo en uso de toda la Cristiandad), el llamado “Belén de Jesús” de Palma de Mallorca, cuyas figuras se adornaban con mantos, cuellos, puños, medias sayas y otras prendas ricamente bordadas al llegar el tiempo de Navidad.

El segundo ejemplo se conserva en el Museo Diocesano de Sigüenza, procedente de la provincia de Segovia, con sólo la figura de la Virgen con el Niño y la caballería, todo en una pieza.

Huída a Egipto. Museo Diocesano de Sigüenza. ss. XIII-XIV.

Aquí, Jesús porta un libro entre las manos, apareciendo de pie sobre las rodillas de su Madre, lo que remite a iconografías románicas y bizantinas. Por detalles de la vestimenta y la ejecución, puede situarse esta obra en el ámbito del románico tardío, ya con soluciones góticas. La cabeza de la Virgen, por sus rasgos, dimensiones en relación al canon del cuerpo y la presencia de una corona de tipo francés, tiene un aspecto más arcaico que la imagen de Baltanás, más cercana al románico que al gótico, por lo que quizás sea obra de finales del siglo XIII o comienzos del XIV. En todo caso, se trata de un ejemplo rarísimo de escultura móvil y que, al igual que el ejemplo mencionado, los Reyes Magos del museo Diocesano de Santillana del Mar en Cantabria, la Natividad de Jaca (Huesca), el “Misterio” del monasterio de Pedralbes (Barcelona) y algunas otras figuras sueltas en Aragón y Castilla, testimonian el paso del teatro al mundo del belén y su representación en figuras móviles, insertas en un escenario realizado para la ocasión.

Por ello, pensamos que ambas imágenes, de tamaño y disposición parecidas, podrían haberse empleado en pequeñas procesiones complementarias de algunas prácticas devocionales. De hecho, las “Posaditas” o “Jornaditas” son tradiciones que resurgen en la religiosidad popular a lo largo del tiempo, normalmente a causa de la difusión de algún texto piadoso, como la Mistica Ciudad de Dios de Sor María de Jesús de Ágreda..

En todo caso, ésta es una pequeña joya oculta, por la que vale la pena acercarse a un museo que, por cierto, guarda otras muchas sorpresas y algunas obras insignes relacionadas también con los nacimientos, como son los llamados “ grupos” de Cifuentes, exhibidos actualmente, de los que consta que, al menos uno, se utilizó en el belén parroquial hasta antes de la última guerra. Pero de ellos hablaremos otro día.

 

 

 

 



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