Natalia Krel-Boyko al piano en El Pósito de Sigüenza

Esta estupenda pianista afincada en Hamburgo, antigua alumna del gran maestro Brenno Ambrosini en la International A. Schnittke Academie, nos ofreció un conciertazo de piano sobre dos pilares: J. S. Bach y J. Brahms. La primera parte con la suite inglesa nº2 de Bach, fue un derroche de técnica de 22 minutos de duración, mostrando su gran dominio del instrumento; a mí no me caló tanto, sin embargo con otros que hablé luego no eran de la misma opinión, todo lo contrario; se ve que no estaba yo en la honda. Tras recoger una buena ovación nos ofreció una delicadísima pieza de Maurice Ravel, “Ondine” (ninfa del agua) del conjunto “Tesorero de la noche”, una refrescante y sutil obra que mostró la capacidad de la pianista para interpretar piezas tan dispares. Esta me encantó. Y cerró con otra obra de Bach: Preludio y fuga en la menor BWV 543 para órgano, transcrita por Franz Liszt para piano, con esta interpretación me recompuse un poco más. Con todo el mundo aplaudiendo y después de 40 minutos tan intensos el descanso se hizo necesario.

Natalia Krel en El Pósito.

La segunda parte era una sola pieza, nada menos que la Sonata para piano nº3 en Fa menor Op5 de J. Brahms. Como se puede apreciar por las obras presentadas el concierto fue muy ambicioso y de gran exigencia. Yo personalmente vi a Natalia más metida en la obra de Brahms que en la de Bach, cosas mías. Fueron 42 minutos muy intensos en los que a veces aparecían recuerdos de otros compositores; en el “allegro maestoso” primero, con su tema recurrente, pensé en Shostakovich, quien debió de fijarse en Brahms cuando compuso su sinfonía Leningrado, en otros movimientos había Beethoven, hasta algo de las danzas hungaras, curioso lo que es la música. La interpretación me pareció soberbia y los aplausos llegaron como truenos hasta arrancar una corta propina: “Estudio nº12 Op8” de A. Scriabin. Gracias Natalia y Bell’Arte por este concierto.

Nota.- Sigo solicitando para el Pósito, tras haber cumplido con creces más de diez años de exhaustiva utilización, un telón que funcione, una ampliación de la escena, unas luces que no martiricen al público y un repaso general de butacas. Ahora que parece que hay dinero para todo, es buen momento para obras.

 

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