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El mes próximo se conmemora el centenario de la muerte de Franz Kafka. Murió de tuberculosis el 3 de junio de 1924. 

Es de sobra conocida la influencia de su obra en la literatura posterior. Quizá lo sean menos sus conflictivas relaciones amorosas, así como la difícil relación con su padre, que siempre fue tormentosa y marcó su vida. Puede hablarse de los efectos de una autoridad caprichosa o perversa, pero también de que fue el motor de su obra escrita. Según su editor, Kafka le habría confesado la intención de poner toda su obra bajo un solo título: Intento de escapar de la esfera paterna. Sin embargo, es ese padre el que hace posible y da sentido a su ser escritor. Sus cartas, sus diarios, su obra literaria, toda su creación, tienen un destinatario.

Franz Kafka.

Escribió “La carta al padre” en 1919, pero nunca llegó a las manos de éste. Fue entregada a la madre para que se la hiciera llegar, pero ella se la devolvió y el padre nunca llegó a leerla. Es un testimonio iluminador, en el que está presente el terror que siempre tuvo a contraer matrimonio. Kafka estuvo comprometido tres veces -dos de ellas con la misma mujer- y las tres veces rompió el compromiso.

Tuvo relaciones amorosas con diversas mujeres con las que acabaría rompiendo: Grete Bloch, Felice Bauer, Julie Wohryzek, Milena Jesenská. Y la que pasó con él sus últimos días hasta su muerte, Dora Diamant.

La carta parece un ajuste de cuentas con el padre, pero también un esbozo de pregunta y un acto de compasión con él. Por otra parte: ¿qué tuvo este padre que ver con lo que fue su problema esencial: su dificultad para establecer vínculos con una mujer? 

Muestra al padre del que habla como alguien que, más que guiarle, le exige. En la carta, Kafka le reprocha todas y cada una de las acciones que muestran un padre poderoso, tiránico, intolerante y exigente. Un padre cruel y arbitrario, pero también un padre afectuoso y tierno. Afirma sentirse feliz ante una sonrisa aprobatoria del padre, o ante su llanto por una enfermedad de la madre, o cuando estando enfermo Kafka, se asoma a su habitación y le saluda. 

¿Qué finalidad tenía esta extensa carta, que escribió a máquina, corrigiendo el borrador varias veces, como si de un escrito destinado a la posteridad se tratase? En ella, hace un repaso de su infancia y adolescencia, familia y amistades, del judaísmo, la escritura, el matrimonio, etc., siempre bajo la omnipresencia del padre. 

¿Por qué no le entregó directamente la carta?, ¿por qué la madre debía ser la intermediaria? 

Comienza diciendo que es un intento de contestar por escrito a la pregunta que el padre le había hecho de por qué le tenía miedo y sigue con una respuesta de cuarenta y cuatro páginas.

Kafka culparía al padre del fracaso en sus intentos de matrimonio. Hay un párrafo de la carta que llama la atención porque pareciera ser la razón de ella. Dice así: “...los proyectos de matrimonio fueron el intento más grandioso y esperanzado de salvación, aunque luego no fue menos grandioso el fracaso final. Dado que en este terreno todo me sale mal, temo que tampoco consiga hacerte entender estos intentos de matrimonio. Y sin embargo depende de ello el éxito de toda la carta”. 

Kafka había conocido a July Wohryzek en el otoño de 1918. Es su tercer compromiso y el que sería más breve. July era hija de un ayudante de sinagoga -una especie de sacristán- y el padre le habría reprochado la elección.

En noviembre de 1919, interrumpe el diario y escribe dos largas cartas. Una a la hermana de July, contándole las razones que le han inducido a renunciar al matrimonio y otra al padre.

“En este asunto del matrimonio confluyen al parecer dos cosas opuestas en mi relación contigo, y lo hacen con más intensidad que en cualquier otro terreno. Tendría una familia, que es lo más grande que, según tú, puede conseguirse, lo más grande que tú mismo has alcanzado; yo sería tu igual; todas las humillaciones y tiranías anteriores, eternamente renovadas, pasarían a la historia”. 

Sigue escribiendo: “… Concibes el fracaso de mi matrimonio como uno más en la lista de mis fracaso (...) no das la debida importancia al asunto. Me atrevo a decir que en toda tu vida te ha ocurrido nada de tanta importancia como la que ha tenido para mi ese intento de matrimonio”.

“No podías respetar mucho mi decisión después de romper dos veces mi compromiso con Felice y de haberlo reanudado otras dos veces, de haberos arrastrado a ti y a mi madre, hasta Berlín para el compromiso, y todo en vano” (Felice es la primera novia, de la que luego hablaremos).

“La idea fundamental de ambos intentos de matrimonio -sigue diciendo- era totalmente correcta: fundar una familia, independizarme” (...) ¿por qué entonces no me he casado?” “... al parecer soy intelectualmente incapaz para el matrimonio”. “... a partir del momento en que decido casarme, ya no puedo dormir, me arde la cabeza día y noche, mi vida ya no es vida, ando tambaleándome presa de la desesperación”. 

Después de cada uno de los tres compromisos de matrimonio, éstos son rotos por iniciativa suya. .

 El primero fue con Felice Bauer. La conoció, en 1912, en casa de su amigo y editor Max Brod. La relación que pudo establecer con ella, al igual que con las otras mujeres, fue casi exclusivamente epistolar. 

Felice vivía y trabajaba en Berlín y aunque sólo la separaba de Praga un viaje en tren de seis horas, los kilómetros eran una protección suficiente para Kafka. 

Durante los cinco años que mantuvieron correspondencia, el tiempo que pasaron juntos no sumó más que unas pocas semanas. A partir de las primeras cartas, él comenzó a hablarle de sus enfermedades y a dar miles de ejemplos de su falta de méritos, poniendo así distancia, mientras aún la cortejaba.

Anotó en su diario, que al verla pensó que era una criada, y que no sintió curiosidad por saber quién era. Anotó también, que al sentarse y mirarla, ya tenía un juicio inquebrantable. En mayo del año siguiente, Kafka es presentado a la familia Bauer. Las primeras crisis en la relación surgieron unos meses más tarde.

En Junio de 1914 fue el compromiso matrimonial, que se publicó en los periódicos de Praga. Al mes siguiente quedó roto. Recordando esto escribirá en su diario: “Me estremecí cuando vino a mí en la gran habitación, para recibir el beso de compromiso matrimonial. La expedición con mis padres rumbo al compromiso fue para mí una tortura en cada uno de sus pasos. Nada me intimidaba tanto como estar sólo con F. antes de la boda”. 

Mediando la distancia, sus sentimientos son otros, pues nada sostiene más el imaginario que la ausencia. 

En una de las muchas cartas que le escribiría, dice: “¡Qué discursos pronuncio para ti, acostado en la penumbra! ¡Cómo hablo silenciosamente conmigo mismo para mi destinataria más querida!”. 

En 1915 se reanudó la relación y en julio de 1917 tuvo lugar el nuevo compromiso oficial, que volverá a romperse ese verano, cuando Kafka enferma de tuberculosis. La enfermedad le permitió romper este segundo compromiso con Felice, que un año más tarde se casó con otro. Después del diagnóstico de tuberculosis, de su decisión de romper el compromiso y de su excedencia temporal, se trasladó al campo con una de sus hermanas. 

De las mujeres con las que Kafka se relacionó, Milena es la más conocida. Sobre todo porque dentro del género de la correspondencia amorosa editada, las cartas que le escribió quizá estén entre las más difundidas.

Milena Jesenská.

Kafka siempre escribió en alemán y Milena Jesenská era la traductora de su obra al checo. Cuando se conocieron, Milena estaba casada y Kafka, a su vez, estaba comprometido con July Wohryzek. Las circunstancias que rodeaban a Milena cuando iniciaron su relación venían acompañadas ya de algo de la imposibilidad. El “no podrá ser”, que ella misma le escribió. Su matrimonio, la distancia -Milena vivía entonces en Viena-. Todo eso está ahí,  al comienzo.

Mantuvieron una apasionada relación epistolar y unos breves pero complicados encuentros. No tuvieron que confrontar su amor en la realidad. Su amor vivió sólo en las cartas que Kafka le escribía a un apartado de correos de Viena y de las que no se conservan las respuestas. Ella será, por otra parte, la única mujer no judía de su vida.

Se enamoró de una imagen de Milena. En la segunda carta le escribe: “Advierto que no consigo recordar su rostro con detalle. Sólo recuerdo como se alejaba entre las mesitas del café; su figura, su vestido, todavía los veo”. 

Y en otro momento: "Difícilmente consigo un ratito para escribir a la verdadera Milena, ya que otra más verdadera aún, estuvo aquí conmigo todo el día, en la habitación, en el balcón, en las nubes”. 

Milena le habría pedido que se encontrasen en Viena. Hay un buen número de cartas dedicado a este ir, o no ir, a Viena: las posibilidades, las dudas, cómo ir, qué tren tomar, todas las dificultades y el conflicto que le crea. Todas son un testimonio desgarrador: “… mañana le escribiré nuevamente y le explicaré porque, dentro de lo que uno puede asegurar, no iré a Viena; y no me conformaré hasta que le oiga decir que tengo razón”. “No quiero ir a Viena (¡Milena, ayúdeme, comprenda más de lo que le digo!), no quiero ir porque no podría soportar la tensión mental. Estoy mentalmente enfermo; la enfermedad de los pulmones no es más que un desbordamiento de la enfermedad mental”. 

Finalmente, se encontraron en Viena en esta ocasión y se vieron alguna otra vez. Fue a raíz de uno de estos encuentros, en la ciudad de Gmünd, donde sitúo el enfriamiento de la relación. La Milena del principio, la del “no podrá ser”, se ha transformado, ahora su posición es otra, ella es una mujer que le desea y que después de este encuentro le escribirá y le hablará de la posibilidad de vivir juntos.

Franz Kafka, un año antes de morir, en 1923, escribió a Milena: “...lo peor es, sin embargo -ni yo me lo imaginaba-, que no puedo seguir escribiendo estas cartas, ni siquiera estas importantes cartas. Por favor no nos escribamos más”. “...esas cartas sólo son una tortura, nacen del tormento, incurable, y conducen al tormento, también incurable; ¿qué falta hacen en un invierno como éste? Callar es la única manera de vivir”. 

KAFKA, F

(1995). Diarios (1903-1923). Barcelona: Editorial Tusquets. 

(1995). Cartas a Milena. Madrid: Alianza Editorial.

(1996). Carta al padre. Barcelona: Editorial Lumen.

 

 

Viñeta

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