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Mirador celeste: fechas escritas en el cielo

¿Recuerdas qué estabas haciendo hoy hace 8 años? ¿Y hace 25 ó 67?... porque cuando ahora contemplas Sirio, Vega o Aldebarán las estás viendo como eran en aquellos momentos. 

Aún a la tremenda velocidad de 300 000 kilómetros por segundo, la luz de las estrellas tarda un tiempo en atravesar las fabulosas distancias que nos separan: 8 minutos desde el Sol, 4 años desde la siguiente estrella más próxima, 8 años desde Sirio, 25 desde Vega, 67 desde Aldebarán y unos cien mil años desde los puntos más lejanos de nuestra Galaxia.

En ese sentido, en una misma mirada al firmamento se funden y se confunden distintos momentos de la historia del universo. Cada objeto queda retratado en un instante diferente según su distancia a nosotros: ¡qué curiosa máquina del tiempo!, ¡qué psicodélico collage! Es como tener en el mismo cuadro al pintor rupestre de Altamira desayunando con Tutankamon y Julio César, mientras Cristóbal Colón y Neil Armstrong sobrevuelan un dinosaurio que se come a un trilobites. Alucinante.

Es asombroso pensar que, si alguien está ahora observando la Tierra desde algún planeta de Cor Caroli (110 años-luz), Izar (210), Betelgeuse (500), Rígel (900) o Deneb (2500), respectivamente puede estar viendo al Conde de Romanones sentado en la Alameda de Sigüenza, al Empecinado luchando contra las tropas napoleónicas en los cerros colindantes, al Cardenal Cisneros ejecutando la bula de Sixto IV por la que se aprueba la constitución de la universidad seguntina, a Don Bernardo de Agén reconquistando el castillo y edificando la catedral, o la vida de nuestros antepasados de la Segontia celtibérica. Pero aún hay más… si consigues ver Andrómeda (en una buena noche se puede llegar a divisar a simple vista), estarás viendo la galaxia vecina como era hace 2.5 millones de años, cuando en un recóndito punto azul de la nuestra aparecía el género Homo, primero como Homo Habilis, para luego evolucionar hasta lo que somos hoy.

Diciembre nos trae la constelación de Tauro y se lleva la del Escorpión; nos trae el solsticio de invierno y la lluvia de meteroros llamados Gemínidas (días 13 y 14 sobre todo) y se nos lleva esta sección de doce artículos que hemos dedicado al mirador celeste del Polvorín, inaugurado hace ahora un año –un año en el que, por cierto, nos ha llegado otra estrella Michelín. Enhorabuena a Samuel, Blanca, Juan y Toñi y feliz año a todos.

La seta de Santa Claus

Llega diciembre, el mes en que recibimos al invierno y la Navidad. Dentro de las tradiciones navideñas desde hace unas décadas en España las grandes empresas dedicadas al consumo han conseguido imponer muchas costumbres foráneas, sobre todo anglosajonas, como Halloween, Black Friday, Ciber Monday o Santa Claus.

Por este motivo el artículo de este mes se lo dedicamos a una seta, muy común en nuestros bosques, que está muy unida a la leyenda de Santa Claus.
Santa Claus, Papa Noel o San Nicolás son los distintos nombres por los que se conoce al personaje que según muchas culturas occidentales trae regalos a los niños en Navidad y que para poder transportar los regalos, los guarda en un saco mágico y los entrega montado en un trineo mágico, tirado por renos voladores. Y la seta que permanece unida a esta leyenda es la conocida Amanita muscaria.

La Amanita muscaria, comúnmente conocida como “seta de los enanitos”, es una seta tóxica con una cutícula, la piel del sombrero, de color rojo escarlata que con el tiempo se vuelve naranja parduzco, posee numerosas motas blancas que son los restos de la volva original y que en época de lluvias pueden desaparecer, así mismo la lluvia puede clarear la cutícula del rojo al naranja claro. El sombrero tiene los bordes estriados, con láminas blancas, su pie es blanco, con anillo amplio, colgante y persistente. La base del pie es claviforme, rodeado de una volva, blanca, fugaz, a manera de verrugas que componen círculos incompletos. Su carne es blanca, con tonos anaranjados cerca de la cutícula.

Es una seta tóxica porque contiene hemolisinas y dos tipos de venenos, muscarina y atropina. Produce el síndrome Micoatropínico, de propiedades neurotrópicas y alucinógenas.

La Amanita muscaria es una seta unida a infinidad de leyendas, mitos y usos desde tiempos ancestrales. Pero este mes contaremos las relacionadas con Santa Claus.

La historia comienza en Siberia y Laponia donde las Amanitas muscarias eran consumidas por los chamanes de algunas tribus. Estos chamanes secaban las setas al sol y una vez secas se las comían. Podían comérselas ya fuera solas o remojadas con agua, leche de reno o con el jugo de varias plantas dulces. Si se iban a comer solas se debían humedecer primero en la boca, o bien, una mujer no dejaba de ensalivarlo hasta formar una bolita que consumía el chaman.
Los chamanes tenían como principal función servir a su comunidad entrando en contacto con el mundo espiritual y poder sanar enfermedades, etc. Para lo que en muchas ocasiones ingerían amanitas al igual que usaban la percusión y el canto para entrar en trance. Pero no eran solamente los chamanes los únicos consumidores de estas setas dentro de la tribu, la Amanita muscaria también era ingerida por el resto de la tribu para conseguir una mayor capacidad de resistencia al trabajo físico y para complementar la dieta de la zona, muy baja en vitamina D, muy necesaria para mantener los huesos fuertes.

Por ese motivo una de las tareas de los chamanes era repartir las codiciadas setas por las tiendas de los miembros de la tribu colgando las amanitas en las tiendas a modo de regalos. Los chamanes suponemos que por experiencia transmitida a través de los tiempos sabían que muchos de los efectos negativos del uso de la amanita muscaria se compensaban consumiéndola seca, es por ello que los chamanes y miembros de la tribu, las secaban colgándolas de los pinos o dejándolas reposar cerca del fuego. Puede ser este el motivo de que en las culturas del Norte de Europa los arboles de navidad se decoren con figuras en forma de amanita muscaria.

Algunos estudios antropológicos, han teorizado que, en ocasiones, debido a las abundantes nevadas que dificultaban el acceso a las tiendas, los chamanes entraban por las chimeneas con su saco para repartir las amanitas y otras plantas medicinales. Con el paso de los años esta costumbre ha podido transformarse en la cultura popular dando lugar al mito de un personaje que trae regalos entrando por la chimenea, y dar así paso a la tradición de que Santa Claus entra por las chimeneas para dejar los regalos.

Además hay una interesante teoría sobre el origen de los renos voladores que proviene de la población aborigen Sami de la Laponia finlandesa, la población indígena más antigua de Europa. Los Sami son una tribu cuya principal actividad era el pastoreo y cría de renos, en los bosques del Círculo Polar Ártico crece la Amanita muscaria y se sabe que los renos las buscan y comen incluso buscándolas bajo la nieve durante los fríos días del otoño e invierno. A la Amanita muscaria por sus propiedades alucinógenas se le atribuye un vínculo mágico con los renos en Escandinavia, ya que es su comida favorita, y se sabe que desde tiempos remotos existe un estrecho vínculo entre la vida de los renos y el pueblo Sami. Antiguamente los chamanes sami solían alimentar a los renos con la Amanita muscaria para poder utilizar sus propiedades en los rituales adivinatorios. Se desconoce si la Amanita producía los mismos efectos en los renos que en los chamanes, en cualquier caso, los chamanes sabían que consumir las amanitas muscaria era muy peligroso y por este motivo se las daban de comer a los renos y después los pastores seguían a los renos para recolectar su orina, ya que el riñón del reno filtraba y separaba las sustancias toxicas del muscimol y el ácido iboténico que son las responsables del efecto psicotrópico y que posteriormente serían expulsadas a través de la orina. Una vez recolectada la orina del reno se utilizaba por los chamanes como alucinógeno para conseguir trances, experiencias espirituales y visiones en las que experimentaban estar volando o de que todo a su alrededor flotaba. Y de ahí se cree que nació la leyenda de los renos voladores de Santa Claus.

Una última coincidencia. Los colores de Santa Claus son el blanco y el rojo, que curiosamente son los colores de la Amanita muscaria. ¿Casualidad?

Para finalizar recordar que la Amanita muscaria es una seta altamente tóxica y en muchos casos su consumo puede provocar la muerte del consumidor.

Por lo tanto, recomiendo:

“NUNCA CONSUMIR AMANITA MUSCARIA”.

Texto y fotografias: Javier Munilla

La cicuta verde (Amanita Phalloides)

Las lluvias de octubre nos traen a nuestros bosques y montes las tan esperadas y deseadas setas. Y como va siendo habitual últimamente, por desgracia, ya tenemos los primeros casos de intoxicación por setas en la provincia y esperemos que este año no haya ningún fallecimiento por esta causa.

Por desgracia las estadísticas nos dicen que esto no va a ser así, por ejemplo el doctor Gonzalo Guerra Flecha, fundador y hepatólogo del Centro Médico-Quirúrgico de Enfermedades Digestivas, en unas declaraciones al periódico “Heraldo”, nos informa que cada año se producen en España unos 400 casos graves de intoxicaciones por consumo de setas tóxicas y por desgracia siempre se registra alguna muerte.

En el mismo sentido se expresa el botánico Ricardo Galán, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH), en declaraciones a la agencia EFE. Según Galán, en España cada año fallecen entre 1 y 3 personas a causa de la ingesta de setas. En estos últimos 8 años, desde 2010, han fallecido trece personas y un número parecido se ha librado por haberse sometido a trasplante hepático. En España hay alrededor de una treintena setas comunes tóxicas, de ellas algunas muy peligrosas para la salud.

Resulta que en la mayoría de las muertes que se producen en España en los últimos años está presente nuestra protagonista de este mes, la Amanita phalloides. Su nombre científico significa “seta en forma de falo” por la forma que tiene durante un tiempo de su vida, curiosamente un tiempo más bien corto, porque cuando alcanza su madurez tiene la típica forma de seta.

Hablar de la Amanita phalloides es hablar de peligro de muerte, ya que es una seta que causa una insuficiencia hepática severa y por tanto, requiere de un trasplante de hígado urgente. Es tan peligrosa porque unos pocos gramos ingeridos de esta seta pueden matar a una persona, debido a que esta especie, junto a algunas otras, posee venenos muy potentes y diversos que atacan con especial virulencia a las células del hígado. Por lo tanto, creo que es muy importante que sepamos distinguir esta seta de las demás, debido al espacio que disponemos en el periódico solamente daremos una somera descripción de la especie, por lo que recomiendo a los lectores se informen con más detalle consultando guías especializadas.

Las fases de formación de la Amanita Phalloides.

Para empezar, diremos que cuando esta en fase de formación su aspecto es de un pequeño huevo blanquecino, su siguiente estado es uno de los que puede llevar a mayor confusión y mayor riesgo porque que es muy parecido al de un champiñón cerrado, para más tarde ya en la madurez adquirir la típica forma de seta, con pie y sombrero. Una vez que el ejemplar se ha desarrollado el sombrero mide por lo general de 6 a 15 cm. de diámetro, es de coloración verde amarillenta, más olivacea y oscura hacia el centro, aunque como todas las setas después de las lluvias estos colores pueden clarearse, además hay una variedad que es totalmente blanca, la Amanita phalloides var. alba, aunque algunos autores la describen como otra especie, Amanita verna. Las láminas son de color blanco puro; el pie cilíndrico de color blanco a menudo jaspeado de un tono verdoso y ensanchando progresivamente hacia la base para terminar en un bulbo ovoidal, también posee un anillo blanco, persistente que cuelga a modo de falda y está estriado en su cara superior. A ras de suelo o enterada en él, observamos que posee una volva blanca sacciforme, en forma de saco, membranosa y amplia.  Su carne es blanca con olor semejante a las rosas que se torna desagradable en la vejez. 

La peligrosidad de esta seta se conoce desde tiempo remotos y ha sido utilizada con fines poco éticos desde la antigüedad, como ejemplos podemos citar el envenenamiento del emperador Claudio por su esposa Agripina mezclando esta especie de seta con otras de Amanita cesarea, para más datos sobre esta historia ver el artículo del mes de octubre del año pasado en este mismo periódico o en la web de La Plazuela.

O el caso del envenenamiento del archiduque Carlos de Austria, el cual tras comer un plato de setas salteadas experimentó una indigestión de la que moriría diez días después, por el tiempo transcurrido entre la ingestión del plato de seta y el fallecimiento parece más o menos claro que su muerte se debió a un envenenamiento por A. phalloides. La muerte del archiduque fue importante porque al morir sin descendencia masculina está fue el origen a la guerra de sucesión austriaca

Muchos os preguntareis como se sabe o se sospecha que las muertes de estas dos personas fueron causadas por el consumo de setas venenosas y fue otra la causa. Pues la respuesta nos la da la propia historia, en el caso de Claudio fue su sobrino Nerón, que accedió al trono gracias a la muerte de Claudio, el que tiempo después asistiendo a un banquete en el que la Amanita caesarea constituía el plato exquisito del día, y estando en posesión del secreto del asesinato de Claudio, oyó decir a uno de los comensales: "Las setas son manjar de dioses", a lo que Nerón contestó: "Si, ellas son las que han hecho de mi padre un Dios". Y en el caso del archiduque Carlos fue Voltaire, el que años después de la muerte del archiduque, escribió en su libro Mémoires (1759): “Este plato de setas cambió el destino de Europa”.

Para finalizar es importante saber que la única forma de distinguir una seta tóxica de otra seta es conociendo a la perfección cada una de las características de cada especie. Por lo tanto, no debemos arriesgarnos a recolectar y, por supuesto, a comer ninguna especie de setas que no conozcamos con absoluta seguridad. Porque recordar que:

“Hay seteros viejos y seteros osados, pero lo que no hay son seteros viejos y osados”

 

Quince faros en el océano celeste

Quienes han navegado por alta mar saben del poder subyugante de su inmensidad; quienes han regresado de una navegación espacial, aunque no haya sido más allá de esa chafarina que es la Luna, hablan de experiencia arrebatadora.

Los demás podemos sacrificar una porción de inmensidad a cambio de la seguridad y comodidad de la contemplación “desde la costa”, más asequible y que nos proporciona no poco deleite y paz. Si en tierra firme contamos con faros de una gran belleza, como pueden ser la Torre de Hércules, los de los cabos de Machichaco y de Palos en la península o los de Favàritx y el acantilado de La Entallada en sendos archipiélagos, en el firmamento nos podemos guiar por las estrellas más fulgurantes. Desde el mirador celeste se puede hacer un poco de navegación “de cabotaje astronómico” al amparo de los quince faros más brillantes de nuestro cielo seguntino. Son, por este orden: Sirio, Arturo, Vega, Rígel, Proción, Betelgeuse, Capella, Altair, Aldebarán, Espiga, Antares, Póllux, Fomalhaut, Deneb y Régulus.

Identificarlos significa poner puerto en 14 constelaciones diferentes: el Perro Mayor, el Boyero, la Lira, Orión (la única con dos representantes: Rígel y Betelgeuse), el Perro Menor, Auriga, el Águila, Tauro, Virgo, Escorpio, los Gemelos, los Peces Australes, el Cisne y el León, respectivamente. No es difícil aprendérselas porque 12 de estos faros están en asterismos (figuras) muy grandes y reconocibles que marcan las estaciones del año (3 en el triángulo de verano, 7 en los vértices y centro del hexágono de otoño-invierno y 2 en el diamante o rombo de primavera) y otros dos en conocidas figuras animales del zodíaco (León y Escorpión). El que queda, Fomalhaut, nos servirá para conocer una constelación exótica, los Peces Australes, en los límites del cielo visible desde Sigüenza, cual si fuera el Faro de Finisterre.

Esta lista de quince estrellas es la que resulta de eliminar de las 20 estrellas más brillantes de todo el cielo aquéllas que no se ven desde nuestras latitudes: Canopo, el pie y la rodilla del Centauro, Achernar y Mimosa (ésta última en la Cruz del Sur). Todas tienen brillos de “primera división” (primera magnitud) o incluso mayores (en esta “división de honor” juegan Sirio, Arturo, Vega, Rígel y Procyón). La mayoría son brillantes por estar relativamente cerca (decenas de años-luz) pero otras lo son a pesar de estar a centenares de años-luz (Espiga, Betelgeuse, Antares, Rígel) e incluso a miles de años-luz (Deneb), lo que indica su monstruosa potencia radiativa.

Una vez que uno tiene quince alfileres en un mapa, lo tiene prácticamente conquistado. Feliz singladura.

Mirador celeste: Cómo medir la calidad de la noche con la Osa Menor

El cielo encierra volúmenes de saberes prácticos fruto de la experiencia de muchas generaciones, patrimonio intangible transmitido sobre todo por pastores, agricultores o gente de campo en general. En torno a la Estrella Polar, en la parte más conocida del firmamento boreal, donde el mes pasado encontrábamos una brújula, un reloj o un calendario, se halla un instrumento útil para conocer la calidad de nuestras noches –si se pueden ver muchas estrellas o no– y así compararlas con las de otros lugares o con otras noches en el mismo sitio.

Ya en el siglo II a.C. Hiparco de Nicea clasificó las estrellas observables a simple vista en seis grupos según su brillo aparente. Estrellas como Betelgeuse, Aldebarán o Antares (ver “top-15” en el Mirador del Polvorín de Sigüenza) estarían en el primer grupo, la “primera división” estelar –existe incluso una “división de honor” de la que hablaremos el próximo mes. Por contra, las más tenues que se pueden ver a simple vista forman el sexto grupo o grupo de magnitud 6. A mayor número, menos brillante. Con unos prismáticos normales se ven estrellas de magnitud 10 y con un telescopio podremos alcanzar a ver estrellas aún más débiles o más distantes.

Curiosa y afortunadamente, de las seis magnitudes observables a simple vista, la Osa Menor, esa “sartén” más pequeña que la Osa Mayor y con “mango” soldado a la base, posee estrellas de los cuatro grupos intermedios, lo que la convierte en una excelente escala de brillo. Pongamos un ejemplo: si una noche somos capaces de ver su estrella más débil (ver diagrama: Anuar-al-farkadain, magnitud 5) es que la noche es muy buena: le pondremos una nota de al menos 5 sobre 6; si, por el contrario, sólo vemos Polaris y Kochab (magnitud 2), el cielo esa noche es de mala calidad, ya sea por nubosidad, polución o contaminación lumínica. Pruébenlo este mes.

Sabremos que estamos en octubre porque cuando el Sol, que está en Virgo, se pone, sale la constelación opuesta: Piscis. Este año aún tendremos cambio al horario de invierno (GMT-1); el debate está servido.