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La concertista del estío

Finaliza el verano y con él desaparece de nuestros bosques uno de los sonidos que más identificamos con los días calurosos; nos cuenta José Antonio Muñoz Rojas en su libro Las cosas del campo que en verano: “El grillo recibe el canto de la cigarra y nunca se interrumpe el hilo de la continuada armonía”.

Preciosa descripción del sonido que llena nuestros campos en los días más calurosos, pero todo se acaba y con la llegada del mes septiembre en nuestros bosques cesa el estentóreo canto de la cigarra, también conocida como chicharra, y del grillo. Este mes damos protagonismo a la cigarra, fácil de oír, difícil de ver.

En la Península Ibérica habitan cinco especies de cigarras, pero nosotros nos vamos a centran en la que habita los bosques de nuestra comarca, Cicada orni. Su denominación proviene del latín “Cicada” que es el nombre que recibían en latín este tipo de insectos podemos traducirlo como “cigarra” y de “orni” que proviene del término latino “Orneus” que significa “de madera de olmo, fresno o quejigo”. Por lo tanto, podemos traducirlo como “Cigarra del olmo”.

La Cigarra es un insecto perteneciente a la familia Cicadidae. Posee un cuerpo robusto con combinaciones de distintos colores: amarillo, verde, naranja, rojo, negro y pardo. Tienen 4 alas, dos pequeñas posteriores que están ocultas y protegidas por las otras dos alas más grandes y visibles situadas en la parte delantera. Las alas son membranosas y translúcidas; la cabeza muestra ojos grandes compuestos muy prominentes separados hacia ambos lados y tres pequeños ojos simples, conocidos como ocelos, situados en la parte superior. Además, posee dos antenas muy cortas que le permiten captar todo lo que ocurre en su entorno más cercano.

Cigarra en el encinar de Sienes.

 

Las cigarras se alimentan de la savia de las plantas y para poder alimentarse han desarrollado un aparato bucal muy especializado que sstá formado por piezas bucales modificas llamadas estiletes. Al alimentarse exclusivamente de savia son animales preferentemente arborícolas, aunque también las podemos observar sobre plantas herbáceas.

Las cigarras son conocidas porque en los días de intenso calor del verano se puede escuchar el canto de las cigarras machos, llamando a las hembras para formar una pareja reproductiva. Los machos cantan principalmente para llamar a las hembras a formar parejas y para avisar de posibles peligros, aunque para nosotros es muy difícil distinguirlo son cantos distintos. Los únicos que cantan son los machos y en realidad no cantan, mas bien podemos decir que resuenan, ya que poseen un órgano productor de sonido, que se encuentra situado a cada lado en la base del abdomen. Ese órgano consta de membranas quitinosas llamadas timbales y de sacos con aire que funcionan como cajas de resonancia.

El canto es recibido por ambos sexos, machos y hembras, por medio de los órganos auditivos ubicados en el tórax y constituidos por tímpanos, como las hembras están pendientes de la llamada de los machos tienen los tímpanos más grandes para recibir mejor la señal acústica. Otra curiosidad del canto de las cigarras es que debido a la diferencia de presión que se produce en el órgano reproductor del sonido los machos pueden llegar a morir mientras cantan.

Es a finales de junio o primeros de julio, dependiendo de la climatología, cuando hacen su aparición las cigarras adultas y es en esos momentos de más calor cuando los machos comienzan su canto invitando a las hembras al apareamiento. Cuando las hembras escuchan la llamada se acercan a los machos y tiene lugar el cortejo en el que las cigarras se tocan y agarran mutuamente con sus patas de forma repetida y al final de este proceso se aparean en ese mismo lugar.

La hembra una vez fecundada perfora con su oviscapto, pieza especializada en la puesta de huevos que se encuentra al final del abdomen, la corteza de los brotes jóvenes del árbol y deposita unos 300 huevos. Al poco nacen larvas que inmediatamente se dirigen hacia el suelo, donde excavarán una galería con sus potentes patas delanteras adaptadas para esta misión. El desarrollo juvenil consta de cinco mudas o estadios ninfales, proceso que durará alrededor de cinco años. Cuando la ninfa cumple la quinta muda y las condiciones son favorables esta emerge del suelo y escala, siempre de noche, en busca un sitio protegido, comúnmente un tronco, donde se enganchará con sus patas y se preparará para su última fase vital en la cual mudará para dar paso a su fase de imago, también conocida como de adulto. Tras pasar el periodo reproductor y con la llegada de los primeros fríos las cigarras adultas mueren, esta fase de adulto dura entre 50 y 70 días aproximadamente.

Cigarra en el quejigar de Sigüenza

 

La cigarra es universalmente conocida por la fábula de “La Cigarra y la Hormiga”, atribuida al griego Esopo y recreada por el francés Jean de La Fontaine y en España por el alavés Félix María Samaniego.

La recreación de Samaniego nos cuenta la historia de esta forma:

“Cantando la Cigarra pasó el verano entero, sin hacer provisiones allá para el invierno; los fríos la obligaron a guardar el silencio y a acogerse al abrigo de su estrecho aposento. Viose desproveída del preciso sustento: sin mosca, sin gusano, sin trigo, sin centeno. Habitaba la Hormiga allí tabique en medio, y con mil expresiones de atención y respeto la dijo: «Doña Hormiga, pues que en vuestro granero sobran las provisiones para vuestro alimento, prestad alguna cosa con que viva este invierno esta triste Cigarra, que alegre en otro tiempo, nunca conoció el daño, nunca supo temerlo. No dudéis en prestarme; que fielmente prometo pagaros con ganancias, por el nombre que tengo.»

La codiciosa Hormiga respondió con denuedo, ocultando a la espalda las llaves del granero: «¡Yo prestar lo que gano con un trabajo inmenso! Dime, pues, holgazana ¿Qué has hecho en el buen tiempo?»

«Yo, dijo la Cigarra, a todo pasajero cantaba alegremente, sin cesar ni un momento.»

«¡Hola! ¿con que cantabas cuando yo andaba al remo? Pues ahora, que yo como, baila, pese a tu cuerpo.»”

Como se puede observar la fábula no tiene mucho que ver con la biología de la cigarra, pero es una fábula y su enseñanza es moral no biológica.

La Cigarra también es protagonistas de muchas canciones que recomiendo escuchar entre las que podemos destacar: “Como la Cigarra” de Maria Elena Walsh; el corrido mejicano “La Cigarra” de Raimundo Perez y Soto o “Canta Cigarra” de María Ostiz.

Federico García Lorca escribió a la Cigarra. Os dejo un pequeño fragmento del poema, pero os recomiendo que lo leáis entero porque es hermoso.

¡Cigarra!

Estrella sonora sobre los campos dormidos,

vieja amiga de las ranas y de los oscuros grillos,

tienes sepulcros de oro en los rayos tremolinos

del sol que dulce te hiere en la fuerza del Estío,

y el sol se lleva tu alma para hacerla luz.

 

Y para finalizar explicar porque la cigarra es conocida como “Chicharra”, esto es debido a que su canto se produce cuando la temperatura es más alta, es decir, cuando comúnmente decimos que “nos estamos achicharrando”.



El "cagamangos"

Con el protagonista de este mes terminamos la llamada trilogía de los pajaros reyes de la espesura; es posiblemente una de las aves que más acepta la presencia del ser humano y por ese motivo es conocida con muchos y diversos nombres, dependiendo de las distintas regiones de la Península Ibérica, como cagamangos, pipirroyo, txantxangorri, raitán, pichi, pelisque, paporrubio, etc., pero es conocida por todos los aficionados a las aves como petirrojo (Erithacus rubecula)
Joaquín Araujo en sus pequeños poemas llamados “Naturismos” nos describe a nuestro pequeño protagonista de la siguiente manera:

Pocas músicas como la suya,
capaz de calentar incluso el aire más frío.
En invierno estos pájaros crepitan.

El petirrojo es un pequeño pájaro de constitución rechoncha, en su plumaje destaca una amplia mancha anaranjada que se extiende por cara, garganta y pecho; en el resto del plumaje domina el color pardo del dorso y las alas junto con el color blanco sucio del vientre.

El petirrojo habitaba los bosques caducifolios húmedos europeos y con el paso del tiempo se ha adaptado de forma increíble a los cambios que el ser humano ha introducido en la naturaleza y, por este motivo, su hábitat se ha extendido a todo tipo de bosque, zonas cultivadas, parques y jardines; es decir, al igual que el gorrión común o la paloma cimarrona se ha acostumbrado a convivir con los seres humanos.

Petirrojo. Sigüenza.

Podemos observarlo habitualmente por el suelo en busca de insectos y en muchas ocasiones sube a las ramas altas de los árboles para emitir su canto.

Solemos observar a los petirrojos casi siempre solos, esto se debe a que ver a dos petirrojos juntos fuera de la época de celo, sólo puede ser motivo de una disputa inminente. De hecho, cuando finaliza la época de cría los miembros de la pareja se separan y tanto el macho como la hembra toman posesión de su territorio y lo defienden de forma muy agresiva de la que hasta hace poco era su pareja o sus crías. Por este motivo cuando llega el otoño son los petirrojos con sus cantos territoriales los que alegran los bosques, sotos y parques.

La fiereza con que defienden sus territorios es conocida desde tiempos remotos, ya en el siglo III a. C. el griego Zenódoto de Éfeso escribía: “Un único arbusto no alberga a dos petirrojos”, mostrando el carácter territorial de estas aves. Para comprobar este dicho el ornitólogo inglés David Lack realizo un experimento en el que construía un penacho de plumas rojas, lo sujetaba a un palo y lo acercaba a un lugar frecuentado por un petirrojo; el penacho sufría el ataque colérico del ave y el ataque no se detenía hasta acabar con el penacho desecho.

Muchos lectores os estaréis preguntando cómo si son tan territoriales pueden encontrar pareja para criar. Ocurre que para la formación de las parejas la hembra abandona su territorio y al principio permanece en el límite del territorio del macho, posada en algún arbusto o rama baja. En ese momento la hembra comienza a emitir un tímido gorgojeo, el macho contesta y realiza algunas posturas de intimidación, como haría con cualquier otro macho. Este proceso dura varios minutos, alternándose cantos y amenazas por parte de ambos, hasta que llega un momento en que el macho abandona su conducta agresiva y permite que la hembra entre en su territorio. Una vez que la pareja está formada, macho y hembra se desentienden el uno del otro durante varios días, en los que únicamente comparten territorio. Pasado esos días la hembra comienza a construir el nido y esa es la señal para iniciar las cópulas que continuaran hasta la puesta. Por lo general en nuestra comarca efectúan dos puestas, la incubación es exclusiva de la hembra y dura aproximadamente dos semanas. Durante todo el tiempo que la hembra permanece en el nido el macho alimenta a la hembra y a los pollos recién nacidos, ya que la hembra permanecerá en el nido un tiempo después de la eclosión para ofrecer protección y calor a sus crías recién nacidas. Pocos días después de la eclosión, ambos padres cuidan y alimentan a los pollos durante otras dos semanas. Es curioso que el macho sigue prestando atención a sus crías, aunque la hembra haya iniciado la segunda puesta.

Cría de petirrojo. Palazuelos.

Se trata de un ave típicamente insectívora, que consume hormigas, escarabajos y arañas. En otoño e invierno completa su dieta con frutos de zarza, saúcos, escaramujos, acebos, majuelos, etc., incluso puede alimentarse de bellotas partidas por trepadores azules, carboneros comunes o arrendajos. Como otras muchas especies insectívoras, este pájaro se está viendo afectado por la generalización de los tratamientos químicos en campos y huertos, así como por la deforestación.

Fue el naturalista sueco Carlos Linneo quien en el S. XVIII en su obra “Systema Naturae” lo definió como Motacilla rubecula, suponemos que por su forma de moverse, pero su clasificación definitiva llego en 1800 de la mano del naturalista francés George Cuvier que lo estableció dentro del género Erithacus dando lugar a su nombre actual, Erithacus rubecula. Su nombre latino proviene de Erithacus: “que mudan la forma y el color” y de Ruber: “rojo, bermejo, encendido”. Podemos por tanto decir que su nombre significa el que cambia de color al rojo, lo cual es cierto porque las crías son pardas moteadas y hasta la primera muda no aparece la conocida mancha anaranjada en el pecho de los petirrojos.

En Inglaterra, donde el petirrojo es considerado el pájaro nacional, es protagonista de un gran número de postales navideñas porque una tradición atávica entre las gentes marineras dice que cuando una persona veía un petirrojo cerca de su casa era señal de que en breve recibirían noticias de sus familiares embarcados allende los mares. Y por esta razón el petirrojo se convirtió en el “pájaro de las noticias” y quizás por este motivo los carteros británicos en la época victoriana llevaban un uniforme rojo y se los apodaba “Robin” que es el nombre del petirrojo en inglés.

El petirrojo es protagonista de una gran cantidad de leyendas de las cuales voy a destacar dos:

Entre los pueblos británicos existe la creencia de que el petirrojo es un pájaro piadoso porque cubre de hojas y musgo a los cadáveres no sepultados.

Y en Navarra existía la idea de que si en las noches de luna llena durante la época de cría del petirrojo, este se presentaba en la ventana de una casa era señal de que una desgracia iba a ocurrir a los miembros de esa casa o a sus familiares cercanos.

Pero supongo que alguno de los lectores se estará preguntando por que llaman al petirrojo “cagamangos”, la razón es porque como se ha acostumbrado a los humanos y frecuenta mucho los jardines y huertas normalmente toma como posadero los mangos de azadas, rastrillos y otras herramientas y como es normal en cualquier posadero estos mangos terminan manchados de los excrementos de estas graciosas avecillas.

Espero que disfrutéis de la presencia y el canto de este pequeño amigo tan próximo.

Texto y fotos: Javier Munilla

El Rey de las Aves

Cuando paseamos en primavera y verano por los bosques de nuestra comarca es casi seguro que nos pase desapercibido un pequeño pajarillo considerado el rey del bosque por muchos aficionados a las aves. En la Península Ibérica conviven dos especies muy similares de este rey: el reyezuelo sencillo (Regulus regulus) y el reyezuelo listado (Regulus ignicapilla).

Son las dos aves más pequeñas de Europa, junto con el chochín, con apenas 9  cm de longitud y unos 6 gramos de peso. Son tan pequeñas que apenas se dejan ver entre la espesura de nuestros bosques. Pero como sucede con todas las aves pequeñas son muy activas y si nos paramos un momento a observar atentamente en nuestro pinar, o en cualquiera de los bosques que disfrutamos en nuestra zona, es muy probable que observemos entre las copas de los árboles, buscando alimento incansablemente, a nuestros pequeños reyes.

Hoy nos centramos en la especie que más se puede observar en Sigüenza y alrededores, el reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) .En latín Regulus significa rey de un estado pequeño o reyezuelo e ignicapilla deriva del latín ignis que significa fuego y capillus que es pelo.

Lo que más destaca en el reyezuelo listado es el píleo negro de su cabeza (parte superior de la cabeza) surcado por unagran línea central de color naranja en los machos, mucho más pequeña y amarilla en las hembras. Esta franja sobre la cabeza le da a este pequeño pájaro la apariencia de portar una corona y de aquí proviene su nombre común de “reyezuelo”; los jóvenes no tienen el dibujo del píleo definido hasta la primera muda de plumaje que sucederá en el primer otoño de vida.

Además, en la cabeza destaca una ceja blanca y una lista ocular negra sobre el ojo negro, de donde proviene su denominación de “listado”, que crea un dibujo rayado muy contrastado.

Reyezuelo listado.

En febrero el macho comienza a marcar su territorio con su canto discreto para el oído humano, al contrario de nuestro protagonista del artículo del mes pasado.Durante estos días podemos ver a machos peleándose por el territorio y quizás sea el mejor momento para fotografiarlos porque estas absortos en el combate, pelean entre las ramas, bajan al suelo y permanecen un breve espacio de tiempo quietos, lo que concede al fotógrafo el tiempo necesario para disparar la cámara. Cuando llega marzo comienzan a emparejarse y a principios de abril comienza la época de reproducción. El cortejo es muy curioso porque muchas veces el macho confunde a la hembra con un macho rival e intenta expulsarla de su territorio, aunque en cuanto se da cuenta de su error se acerca a ella cantando y desplegando su llamativa cresta naranja mientras sacude todo el cuerpo en una especie de temblor.

Su alimentación se basa principalmente en polillas, orugas de lepidópteros, pulgones y arañas. Se calcula que un reyezuelo puede consumir tres millones y medio de huevos de insectos. Aun así, la especie no es estrictamente insectívora, sino que los frutos carnosos, bayas y semillas también forman una parte relativamente importante de su dieta. Como curiosidad reseñar que los reyezuelos son muy hábiles extrayendo insectos atrapados en las telarañas, aunque a veces esta práctica y su reducido tamaño ha hecho que algunos ejemplares han quedado atrapados en las telarañas y han encontrado la muerte por no poder desprenderse de ellas.

La historia de cómo el reyezuelo consiguió el “Rey de las Aves” y porque luce ese penacho de plumas coloridas en su cabeza, la podemos encontrar en una fábula de Esopo que es más o menos así:

“Cuenta una antigua leyenda, que hubo un tiempo en que las aves se encontraban disputándose el trono de las aves y como no llegaron a un acuerdo todos los pájaros se reunieron en una gran asamblea para elegir al que debía ser su monarca, tras muchas y complicadas discusiones, convinieron que aquel que volara más alto sería su rey. A la señal acordada todos se precipitaron a volar hacia el cielo. Muy pronto muchos los mejores voladores tomaron ventaja y progresivamente se fueron aclarando las posiciones. El Águila real ascendía segura, distanciando más y más al resto de las aves, y con ella, el pequeñísimo Reyezuelo que, aprovechándose de su pequeño tamaño y su astucia, antes de comenzar la competición se había escondido entre el plumaje del águila y viajaba sobre ella. Cuando al Águila real le abandonaron sus fuerzas; de su escondite entre las plumas de la cola del Águila real salió el Reyezuelo y se colocó sobre la cabeza del Águila. De esta manera consiguió ser el ave que más alto ascendió en la cúpula celeste y, por tanto, el Dios Sol coronó al Reyezuelo como “Rey de las Aves” estampando en su cabeza un rayo solar. Desde aquel momento lucen los reyezuelos sus doradas crestas, símbolo de su condición de soberano de todas las aves”.

El reyezuelo junto al petirrojo están relacionados con un rito sobre el ciclo anual. Según nos cuenta el naturalista británico George Graves (1784-1839), en los Reinos Antiguos cuando llegaba el fin de año capturaban un reyezuelo y un petirrojo y llevaban a cabo el siguiente ritual. Metían al reyezuelo en una urna de cristal y lo sacrificaban, mientras que al petirrojo lo subían al altar y lo liberaban. En este aciago rito al reyezuelo le tocaba representar el año que moría mientras que al petirrojo le toca representar el año que nacía.

Existía una curiosa tradición en Vilanova de Lourenza (Lugo) conocida como “La Caza del rey Charlo”, que consiste en la caza de un reyezuelo por parte de los vecinos del pueblo el día de Año Nuevo. Una vez capturado se le ataba a la punta de una vara y se llevaba en procesión al monasterio de San Salvador. Allí se entregaba el pequeño pájaro al abad del monasterio, este mandaba repartir vino y pan entre los asistentes, después de quitarle cuatro plumas al reyezuelo, lo liberaban. Tras la suelta del ave los presentes se dirigían a la Casa del Concejo para elegir a los cuatro candidatos a alcalde de localidad. Si por casualidad el día de Año Nuevo no se conseguía cazar al reyezuelo, el abad concedía una prórroga hasta el día de Reyes.

Para finalizar otro curioso rito que se realizaba sobre todo en pueblos de Francia. El ritual consistía en transportar al minúsculo reyezuelo en una jaula sobre un carro tirado por varias parejas de bueyes y después preparar un enorme banquete que se decía realizado con el cuerpo del ave. Algunos autores creen que este rito tiene que ver con la idea de que las apariencias engañan y que no debemos juzgar a personas o situaciones por su apariencia.

Texto y fotos: Javier Munilla

Curso de introducción a la botánica

La afición por el conocimiento botánico de las plantas silvestres es una tradición antigua que goza de numerosos adeptos en muchos países, singularmente entre los anglosajones, donde existe esa inusitada apreciación sensible por la naturaleza que desde pagos en uno o dos sentidos más áridos a menudo envidiamos sanamente. Es cierto que la afición por las aves es la reina entre los amantes de la naturaleza, tanto en el extranjero como en nuestro país. Pero la botánica entendida como afición, es decir, como actividad no profesional propia del tiempo libre, no es en absoluto un interés menor en ese colectivo, siendo quizá el segundo tras el de la, así llamada, ornitología. Añadiremos aquí una pequeña disgresión terminológica que conviene señalar de vez en cuando: la ornitología es una ciencia, pero el aficionado, que puede hacer ciencia sin duda y de elevada calidad si es un aficionado serio, en la mayor parte de las ocasiones lo que hace es simplemente, o nada menos que, disfrutar observando a los pequeños alados, sin más pretensiones que un goce esencialmente estético o, a veces, exploratorio.

Podemos citar aquí a Barnett Newman: “La estética es al arte lo que la ornitología es a los pájaros” (recogido por Fernando Zobel en su magnífica recopilación de citas sobre arte de 1974). Los ingleses, estrictos a menudo en estas cuestiones, distinguen perfectamente entre “ornithology” y “bird watching”. En España, haciendo gala de nuestro sentido del humor, se ha venido refiriendo a este colectivo como “pajarólogos” o incluso “pajarolocos”, apelativo simpático y muchas veces plenamente descriptivo.

Quizá no llegamos al nivel de “botanilocos” en España, pero poco a poco, en parte por las modas ambientalistas (que no “ecológicas”, y recordamos otra vez a Newmann), tan aireadas por no decir creadas por los medios, y en parte por evolución cultural de todas las sociedades, el interés por conocer con seriedad, es decir, con fundamento científico, el patrimonio silvestre se va extendiendo como mancha de aceite (despacio pero sin pausa) a cada vez más aspectos, incluido éste de la botánica. No hablamos aquí ni de la afición, que a veces puede ser muy técnica y pasional, por las macetas y la jardinería, ni del conocimiento práctico de unas cuantas plantas especialmente útiles, sabiduría común entre la gente del campo, que a menudo no tiene el interés o, mejor, la necesidad, de indagar cuestiones más formales de las ciencias de los vegetales. Aunque obviamente todos estos aspectos están relacionados. A lo que vamos es al estudio de las plantas como objeto propio de conocimiento, sin más derivaciones que las propias plantas en sí, por más que aquéllas puedan surgir a menudo casi inmediatamente. Añadiremos que, como solo lo que se conoce se aprecia, se puede afirmar que solo el saber arraigado en base sólida y objetiva, es decir, científica puede generar una apreciación robusta y más plena de cualquier aspecto de la naturaleza o, por qué no, de fuera de ella (es decir, de lo antrópico).

El curso de “Introducción a la botánica” realizado el fin de semana del 31 de mayo al 2 de junio, adscrito a la edición de este año de la “Primavera Universitaria” de Sigüenza, se diseñó y se impartió con un único propósito en mente, que no fue otro que el de divulgar. La cuál no es sino otra palabra para decir “fomentar la apreciación” de un objeto concreto de conocimiento: las plantas en este caso. La cuantiosa asistencia (65 inscritos) confirma que la tendencia al aumento del interés por las plantas en particular y por la naturaleza en general con el concurso de herramientas formales de conocimento del objeto de estudio es una tendencia que resulta ya imparable en nuestra sociedad. Los inscritos acudieron a pesar de haber sido “puente” en Castilla-La Mancha y de que la publicidad del curso se hizo por vías informales (whatsapp, facebook, algunos correos electrónicos y algunos carteles en las calles de Sigüenza), lo cuál no impidió que entre los interesados hubiera personas de toda la comarca, a quién en principio iba dirigido, y también de comarcas limítrofes, del resto de la provincia, de la capital provincial o de Madrid (ciudad y provincia).

En el curso se intentó, en primer lugar, dar unas bases generales sobre la clasificación de las plantas. Los vegetales en España constituyen un grupo muy numeroso, como corresponde a nuestra posición en uno de los llamados “hotspots” o centros de elevada biodiversidad del mundo, en concreto el situado en el Mediterráneo Occidental, coincidente con la Península Ibérica y áreas adyacentes. De las más de 6000 especies de plantas llamadas “superiores” (vasculares) presentes en la Península, un 25% de las cuáles, aproximadamente, son endémicas (exclusivas) de ella, contamos en la comarca de Sigüenza con unas 1200 (unas 2400 para el total provincial). Tan elevadas cifras de diversidad solo pueden ser abordadas, como es fácil imaginar, con una labor previa de sistematización.

Y de ahí la necesidad del enfoque científico formal, que incluye el uso de clasificaciones que permitan organizar todo ese enorme conjunto de elementos, así como los métodos necesarios para la labor botánica tal y como se desarrolla habitualmente en esta rama de la ciencia. En el curso se hizo una introducción somera a todos estos aspectos, pero sobre todo se intentó transmitir que solo usando las herramientas conceptuales correctas es posible llegar a un conocimiento profundo de la diversidad vegetal o de cualquier grupo amplio de organismos o del patrimonio natural en general. En todo caso, a los alumnos se les proporcionó la información básica para que, por sí mismos, pudieran profundizar por sus propios medios posteriormente al curso tanto en el conocimiento de los métodos de la ciencia botánica como en el de su objeto de estudio en sí.

Salida al campo camino al pinar de Sigüenza

Las mañanas del sábado y del domingo se realizaron sendas excursiones a dos parajes de los alrededores de Sigüenza (el Pinar, por la cuerda de la Fuente Picardas hasta fuente del Tejar, y el Río Dulce en la Cabrera). La asistencia a las excursiones fue cuantiosa, proxima al total de los inscritos el sábado y de cerca de la mitad el domingo. En ellas se fueron identificando las distintas especies vegetales presentes en cada uno de los itinerarios, aplicando siempre la terminología científica, única válida ante tal conjunto diverso de familias, géneros y especies. El número de especies identificadas en total pudo rondar el centenar, constituyendo estos “paseos botánicos” una introducción para “empezar a andar” en el conocimiento de la flora de la comarca y de la provincia. Se incidió en el reconocimiento en el campo de las familias de plantas, que resultan el esqueleto conceptual imprescindible para navegar por tan diverso grupo y que era uno de los objetivos de divulgación pretendidos en el momento en el que se diseñó el curso. Se confeccionaron materiales escritos originales (una introducción a la ciencia botánica y a las familias más importantes) y se contó con apoyo gráfico suficiente, todo lo cuál quedó a disposición de los inscritos.

Podemos estimar que se cumplió en este curso con los objetivos planteados, divulgación de la ciencia botánica y sentado de unas primeras bases para caminar con cimientos suficientes por ella. Uno de los mayores placeres del amante de la naturaleza, más allá del estético, es el de la exploración, tan caro a las sociedades altamente organizadas, tecnificadas y esencialmente urbanas de nuestro tiempo, en las que poco queda a la improvisación y en las que “explorar” suele suponer, como mucho, recorrer un camino previamente señalizado por otras personas en un entorno, por demás, de elevada belleza natural. La afición por el conocimiento sencillo, sin más pretensiones que abarcar una parte de su diversidad, de un grupo de organismos amplio y complejo como puede ser el de las plantas, brinda la oportunidad del descubrimiento de este placer tan olvidado. Encontrar lo que otros no han encontrado previamente en un lugar, una planta rara por ejemplo, de la que podemos conocer su nombre y su distribución conocida porque hemos adquirido las técnicas para ello, es una de las recompensas más notables que suele experimentar el aficionado a la naturaleza avanzado. Transmitir la posibilidad de descubrir este placer fue otro objetivo, no declarado abiertamente en este caso, cuando se diseñó el curso. Todo en aras de fomentar una apreciación cada vez más profunda de la naturaleza, es decir, de afianzar la necesidad de su conservación como patrimonio fundamental de nuestra sociedad.

El pequeño cantor

Comenzamos con un hermoso haiku de la artista Masako Takahashi dedicado a nuestro protagonista de este mes el “Chochín” (Troglodytes troglodytes).

El Chochín en un arbusto bajo;
apenas un puñado de pelusa...
hectáreas de canción.

El chochín es uno de los pájaros más pequeños de la avifauna ibérica. Mide entre 8 y 12 centímetros y pesa alrededor de 9 gramos. Su diminuto tamaño y el colorcastaño rojizo son rasgos inconfundibles para identificarlo.

Como casi todos los pájaros de tamaño pequeño, es muy inquieto y está en continuo movimiento. Cuando se excita suele sacudir y levantar su diminuta cola formando un ángulo de 90º, antes de desaparecer entre la densa vegetación.También lo podemos ver corriendo por el suelo como un ratón más que como un pájaro.

Troglodytes troglodytes, su nombre científico, significa “de las cavernas”, que puede estar relacionado por la costumbre de nuestro pequeño amigo de refugiarse y anidar en grietas u oquedades o también por la forma del nido.

Tiene como costumbre durante las noches ocultarse en cualquier grieta, agujero de las rocas, construcciones humanas, nidos viejos de golondrina o avión o, más corrientemente, en sus propios nidos donde ha criado el año anterior, en cajas nido o en la corteza desprendida de los árboles. Con frecuencia se juntan bastantes individuos para pernoctar unidos y se ha observado en repetidas ocasiones grupos de 30 a 40 chochines durmiendo juntos sobre todo en cajas nido. Un verdadero récord en estas concentraciones se observó en Gran Bretaña en un especialmente frío febrero de 1969, en una caja nido colocada en un jardín, se pudo contemplar la entrada de 61 chochines. Nos cuentan las crónicas que a partir de las 6 de la tarde comenzaban a llegar chochines desde todas las direcciones y en poco más de 15 minutos habían llenado la caja. Los últimos en llegar apenas podían entrar, este fenómeno ocurrió durante 15 días hasta que se produjo una subida de temperaturas y se dispersaron.

Chochín. La Cabrera.

Es una de las aves que nos regala su canto durante todo el año, solamente permanece callado durante la muda del plumaje, ya que es uno de los momentos donde se encuentra más a merced de sus predadores. Su voz es emitida con gran ímpetu en tono muy alto y puede escucharse a gran distancia. Podríamos describir su canto como un gorgojeo oscilante, agudo y rápido con notas muy claras y repetidas insistentemente. Durante ese trino llega a entonar hasta 36 notas diferentes por segundo, una velocidad que impide al oído y cerebro humanos percibir todos los matices de su bella tonada, pero no impide dejarnos embaucados cada vez que nos deleitamos con su melodía.

Suele oírse por dentro de la vegetación, aunque ocasionalmente podemos verlo y oírlo en una rama, sobre un poste o en alguna valla. La tradición popular dice que su mejor canto puede apreciarse en las épocas de frío y nieve, cosa que personalmente pongo en entredicho ya que el chochín como cualquier otra ave cantora reserva sus mejores gorjeos para la época de celo donde tiene que atraer a las hembras con su canto y sus dotes para la construcción.

La construcción de los nidos, porque construye varios en distintas ubicaciones, corresponde al macho en una larde de habilidad y trabajo duro, ya que cada nido supone cientos de viajes. Cuando están terminados será la hembra que escogerá uno de ellos después de inspeccionarlos detenidamente y comenzará a forrarlo por dentro con plumas e incluso pequeños trozos de papel. Al construir varios nidos puede darse la extraña situación de que un macho que sea habilidoso para la construcción de los nidos, se aparee con varias hembras que irán ocupando los distintos nidos.

Se alimenta fundamentalmente de insectos pequeños, larvas, arañas y pequeñas semillas.

En la Península Ibérica la población de estas aves es sedentaria, pudiendo producirse pequeñas migraciones locales en algunas zonas debido al frío, pero los individuos de Europa del Norte si realizan migraciones hacia el sur. La mayor migración conocida corresponde a un individuo anillado en la isla de Gotland (Suecia) en verano y que fue recuperado el invierno siguiente en la provincia de Granada, 2.800 Km al Sudoeste. Impresionante para una avecilla de 12 cm y 9 gramos de peso

Chochín. Pinar de Sigüenza.

El chochín está muy arraigado en las tradiciones de distintos países.

Cuenta Gayo Suetonio, historiador y biógrafo romano, en su obra “De Vitae Caesarum” que el día antes del asesinato de Julio César, en los “Idus de marzo” del año 44 a. C., un chochín con una rama de laurel volaba a hacia la Curia de Pompeyo, en la que accidentalmente se estaba reuniendo el Senado Romano ese mes. Este fue perseguido y desgarrado por otros pájaros de una arboleda cercana.Y ese fue un claro augurio del crimen de Julio Cesar, a manos de un grupo de senadores, en ese mismo lugar un día después.

En la mitología celta los druidas profetizaban el futuro gracias al canto del chochín. Por ese motivo fue llamada “Drui-den”, el ave de los druidas. De esta tradición es probable que provenga unacreencia gallega que dice: “Si oyes cantar a un chochín por tu izquierda tendrás próximamente malas noticias y si lo oyes por la derecha estas sean buenas”.

En Galicia y Asturias el chochín es un ave muy querida. En Vilar de Pousada (Lugo) cuenta la leyenda que el chochín junto a la golondrina fueron las aves que traían en su pico agua para apagar la hoguera donde estaban quemando a San Lorenzo. Y, por tanto, si alguien tocaba el nido o los pollos de este pájaro tendría un año de mala suerte y si alguien causaba la muerte de un chochín, tres años de desgracias. Por ese motivo cuando un adulto encontraba un nido de esta ave se lo mostraba a los niños para que ninguno osara cogerlo o molestar a los pájaros durante la cría.

Chochín. Alameda de Sigüenza.

Los chochines eran utilizados como amuletos en muchos lugares. Se creía que la pluma de un chochín era un amuleto contra el ahogamiento y contra el mal de ojo. En Galicia, cuando algún ganadero pensaba que su ganado estaba enfermando por un mal de ojo, se capturaba a un chochín vivo y se realiza con el ave la señal de la cruz sobre las personas y animales de la granja; después se liberaba al pajarillo para que regresara a su territorio

William Shakespeare nombra en numerosas ocasiones al chochín en sus obras.:

Espero que estas líneas ayuden a valorar nuestro patrimonio natural y en particular al pequeño chochín que siempre me invita a disfrutar de sus melodías en mis paseos.

Texto y fotos: Javier Munilla