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El polvorín: un mirador para la contemplación y la reflexión

Pueden parecer no más que dos atriles y un poste con flechas pero esconden arcanos del tiempo y el espacio. Quizá sea por su ubicación junto al molino-polvorín, en ese altozano —arrabalero, casi pinariego— de vistas interminables desde el que nuestros antepasados domeñaron la física de los vientos y la química de la pólvora; desde el que podemos contemplar las huellas que las poderosas fuerzas geológicas y climáticas han dejado en nuestro territorio y la diversidad vegetal y animal resultante; desde el que podemos seguir la matemática precisión de los movimientos celestes.

O quizá sea simplemente porque en una sociedad ruidosa, miópica por emparedada, que parece haber perdido no sólo el norte sino todos los puntos cardinales, la contemplación silenciosa de un horizonte despejado debería ser un derecho. En el horizonte se dibuja nuestra historia: los diferentes asentamientos de nuestros ancestros, cómo se fue construyendo la ciudad, por dónde vino la invasión o el progreso. En él se aprecia el entorno que moldea nuestro carácter serrano: pinar, lastra, páramo, rebollar, ribera. Y en él experimentamos los ritmos naturales: el día y la noche, el mes, el ciclo anuo. Nos reencontramos, como el poverello de Asís, con el Hermano Sol y la Hermana Luna y ponemos nuestro reloj interno en hora.

Javier Bussons explica como utilizar el atril en el día de su inauguración.

Caminar, contemplar, reflexionar... es a lo que nos invita el mirador, placeres gratuitos para solaz de cuerpo, mente y espíritu: caminar hacia la Fuente Picardas, contemplar desde el polvorín los paisajes terrestre y celeste que nos rodean y, si apetece, picotear entre las numerosas semillas de reflexión escritas en los atriles.

En el dedicado a la observación diurna encontraremos, además de un tour 360º del horizonte seguntino, nuestras señas en el espacio sideral, 14000 millones de años de historia comprimidos en uno, cómo leer el paso de las horas y las estaciones en el Sol, las propiedades astronómicas de la catedral, recomendaciones para disfrutar en directo de la cartografía lunar, las lluvias de meteoritos o los sobrevuelos de la Estación Espacial Internacional así como un mensaje contra la contaminación lumínica. El panel dedicado a la observación nocturna, que incluye planisferio con máscara giratoria, nos ofrece varias rutas temáticas por la bóveda celeste (estacionales, circumpolar, la Vía Láctea, el zodíaco), invitándonos a buscar las 15 estrellas más brillantes o alguna estrella-fecha como Rígel cuya distancia (900 años-luz) nos hace verla como era cuando Don Bernardo de Agén reconquistaba el castillo. Unas pocas pistas bastan para aprender a usar la actual Estrella Polar (Polaris), la Osa Menor o las constelaciones como una brújula, un reloj o un calendario escritos en la noche.

Nos gustaría que estos atriles y este humilde poste sirvieran para suscitar momentos de gozosa contemplación, como el de esta imagen solsticial (22 de diciembre pasado) con el Sol saliendo bien lejos del punto cardinal Este marcado por la flecha que se ve de canto. Ya es invierno.

La Navidad y la naturaleza

Se acerca la Navidad, calles, tiendas y casas se engalanan con luces y adornos navideños. Es probablemente la época del año donde la naturaleza más se vincula con las tradiciones, porque muchos adornos navideños provienen de nuestros bosques. Y aunque gracias a la concienciación medioambiental la mayoría de estos adornos se compran en tiendas y viveros, sigue existiendo en muchos hogares la tradición de ir al campo a por ellos, sin ser conscientes del daño producido al medio natural. Además la mayoría de estas plantas están en peligro de extinción y están protegidas por la ley.

Las plantas que adornan la Navidad son principalmente:

Abetos o pinos, típico de culturas del Norte de Europa, fue introducido en España en 1870 y ya ha sido adoptado por casi todos los hogares españoles.

Acebo, con sus espinosas hojas de color verde intenso que contrastan con sus frutos de color rojo. Por tratarse de una especie protegida está prohibido recolectarla, pero además puede ser muy peligrosa, ya que sus frutos son tóxicos y se recomienda que no se pongan cerca de niños pequeños porque pueden llevárselos a la boca.

Muérdago, tradición escandinava, planta parásita de los pinos asociada a druidas y brujas, con la que preparaban  pócimas y hechizos de amor. Según la tradición disponer de unas ramas de muérdago trae la paz al hogar y el amor a las parejas.

En estado salvaje tanto los frutos del acebo como los del muérdago son muy importantes para la supervivencia en los meses de invierno de muchas especies animales, sobre todo aves, ya que son de los pocos frutos comestibles que pueden encontrar en invierno.

Flor de Pascua, no existe de forma silvestre en España por ser originaria de Méjico, sus hojas rojas dispuestas en forma de estrella son la clave para ser adorno navideño. Hay que manipularlas con cuidado ya que la savia, viscosa de color blanco, puede producir irritaciones en la piel.

Musgo, el que más sufre en nuestra comarca la recogida indiscriminada debido a la tradición navideña más arraigada en el sur de Europa, sobre todo en España e Italia, que se centra en los belenes. Para representar el paisaje del belén se utilizan distintos elementos vegetales, entre ellos el musgo, que al crecer pegados a las rocas es perfecto para simular prados y bordes de ríos en los belenes.

Musgo

En primer lugar puntualizar que la ciudad de Belén está situada en los montes de Judea, que es una región árida y montañosa que es considerada un desierto, lo lógico sería decorar el belén con arena y no con musgo. Pero la pregunta que debemos hacernos es:

¿Por qué no se debe coger musgo en el monte?

El musgo es uno de los primeros organismos que coloniza las rocas, pues al crecer sobre ellas modifican su superficie, formando un sustrato en el que pueden arraigar otras plantas de mayor tamaño. Cumple un papel irremplazable en el ecosistema ya que es capaz de retener hasta 20 veces su peso en agua y actúa como regulador hídrico, es decir, impide la erosión en tiempo de lluvias y libera humedad en tiempo seco; actúa como germinador de semillas de otras plantas; protege el suelo de la erosión y cuando se descompone, pasa a formar parte de él, enriqueciéndolo; y es el hogar de muchas especies de fauna, sobre todo invertebrados que son también muy útiles para la formación del suelo y como alimento de otras especies animales.

Como podéis ver el musgo juega un papel fundamental en la conservación entre otros ecosistemas de nuestro pinar y nuestros robledales y encinares. Para terminar con el tema del musgo lanzar un llamamiento a la conciencia de cada uno, para que por favor dejen el musgo es su sitio y si quieren belenes verdes que usen arena y la tiñan de color verde con colorantes.

Resaltar que la Consejería de Agricultura y Medio Ambiente de Castilla-La Mancha recuerda que no se puede ni debe cortar árboles, podar sus ramas y recoger musgos u otros elementos naturales de nuestros bosques y recomienda que se compren árboles procedentes de viveros, que puedan ser replantados al término de las fiestas navideñas. Asimismo, recuerda que existen numerosos adornos artificiales sustitutivos.

Feliz Navidad y próspero año 2018 a todos los lectores y personas que hacen posible “La Plazuela”.

Aproximación a las islas Galápagos

as Islas Galápagos son un archipiélago ubicado a más de 1.000 kilómetros de la costa de Ecuador, país del que dependen. Lo forman 13 grandes islas volcánicas, 6 islas más pequeñas en tamaño y se suman 107 rocas e islotes más. El archipiélago lo podrás encontrar siguiendo la Linea del Ecuador en el Oceano Pacífico.

Se cree que la actividad tectónica creó las primeras islas mientras que las últimas tienen un origen de hace solo 4000 años. La última erupción volcánica hay que retroceder sólo hasta el año 2005.

En 1953 las Islas Galápagos fueron declaradas Parque Nacional, y quedaron protegidas el 97% de la superficie terrestre. El resto del territorio es ocupado por pueblos y ciudades donde habitan un total de 20000 personas actualmente. Ya en 1986, el mar que rodea a las islas fue declarado reserva marina. En 1978 la UNESCO incluyó a las Islas Galápagos en la lista de Patrimonio de la Humanidad, y en diciembre del 2001 se amplió esta declaración para la reserva marina que rodeaba a las islas.

Las Islas Galápagos se las conoce por las especies endémicas de flora y fauna, y por los estudios del británico Charles Darwin al que ayudaron a crear su teoría de la evolución de las especies por la propia selección natural.

Tortugas gigantes

Las especies de animales más singulares son las tortugas gigantes, iguanas terrestres y marinas, pinzones, garzas y gavilanes, lobos marinos, tiburones azules y los únicos pingüinos que hay en el Hemisferio Norte. La flora tolera la salinidad, los ejemplares más significativos son cactus, arbustos, helechos y juncos, más de 350 endémicas. Para mantener la flora y la fauna es importante que respetemos ambas, sus flores, su hábitat, sus distancias, su alimentación…

Nuestro viaje fue después de unos días en Quito, y permanecimos en las islas una semana. En esta estancia estuvimos en 7 de las islas. Desde Puerto Ayora, en la Isla de Santa Cruz, contratamos las excursiones. Cada una de las islas está a dos horas aproximadamente en barco, y merece la pena hacer submarinismo y paseo en estas.

La araña que inventó un baile

Estamos en pleno otoño, las noches son más largas y se aproximan los meses más fríos, en estas circunstancias algunos animales silvestres se acercan a nuestros pueblos en busca de calor y alimento. Hoy hablaremos de una araña que empieza a buscar refugio en nuestros garajes y trasteros para beneficiarse del calor de nuestras casas. Aunque su hábitat natural son las zonas boscosas, praderas, montañas, montes pelados y humedales.

Nuestra protagonista es una tarántula, la mayor araña de Europa, conocida comúnmente como araña lobo (Lycosidae tarantula). Son animales muy singulares, excelentes corredoras y poseen una visión impecable aunque no pueden mover ninguno de sus ocho ojos, pero gracias a como están situados en su anatomía obtienen una visión periférica excelente para moverse por el entorno, atrapar sus presas y evitar depredadores. Su color puede ser desde pardo hasta gris oscuro y es muy común que tengan una mancha en forma de guitarra en el abdomen.

Araña lobo hembra

La hembra de la araña lobo vive la mayor parte de su vida en su cueva, desde la que caza agazapada en la entrada. Sin embargo, los machos recorren el territorio en busca de hembras y caza. Su alimentación es principalmente insectívora y sus técnicas de caza son muy variadas, puede perseguir a su presa o bien esperar su oportunidad emboscada preparada para abalanzarse sobre ella. La cueva es una galería vertical que puede llegar a una profundidad de 30 cm y su entrada suele estar forrada de hierbas y palitos unidos con seda, formando un pequeño embudo, la altura del embudo sirve al macho para evaluar la idoneidad de una hembra. Además les indica las probabilidades de ser devorado por la hembra después de la copula, puesto que cuanto más alta sea la protección, mejor alimentada está la araña y menos posibilidades hay de que esté hambrienta y así sobrevivir después del apareamiento.

Aunque venenosas, su veneno está diseñado para atacar a insectos y su picadura no suele ser más dolorosa que la de una abeja. Se sabe que la ulceración de piel que causa en los humanos se debe a la acción de las bacterias que infectan la herida. Por lo general, los síntomas más comunes de su picadura son ardor, picazón, y dolor moderado. Por lo que resulta curiosa la leyenda negra que existe sobre su picadura desde tiempos remotos.

Durante la Edad Media, se creía que para curarse de la “locura” que producía el veneno de la picadura de la araña lobo, había que bailar. En Italia de esta superstición nació el baile de la “Tarantela”. El erudito jesuita Athanasius Kircher en el siglo XVII nos cuenta que la “Tarantela” es un baile curativo y bailar la “Tarantela” salvaba la vida a los campesinos picados por la araña lobo, según el siguiente proceder. Una vez picado por la araña, se convocaba a los músicos del lugar para que acudieran a casa de esa persona. Este se tendía en su cama y a su lado los músicos empezaban a tocar, hasta que veían agitarse una mano o un pie del atarantado, entonces el enfermo se ponía en pie y bailaba, porque bailar le aliviaba el dolor. Si los músicos se detenían los dolores retornaban, debía bailar dos días seguidos, en el baile a veces imitaba los gestos de una araña o los aspavientos para alejarla, como es de suponer los músicos iban turnándose, y al final de esos dos días el enfermo acababa extenuado y curado.

En España hay una tradición parecida, pero para que la persona picada por la araña bailara se usaban algunos bailes populares, como jotas y fandangos, tocados a un ritmo más vivo de lo habitual. Como testimonio de esta superstición, en la zarzuela “La Tempranica” el gitanillo Grabié canta mientras baila un zapateado:

…Zerá que a mí me ha picao
la tarántula dañina,
y por eso me he quedao
más dergao que una sardina.
¡Te coman los mengues,
mardita la araña
que tié en la barriga
pintá una guitarra!
Bailando se cura tan jondo doló.
¡Ay! ¡Mal haya la araña que a mí
me picó…”

Otras curiosidades:

Al igual que los gatos, los ojos de la araña lobo son capaces de reflejar la luz en ambientes de poca iluminación; la velocidad de una araña lobo es de 2´16  Km/h y son capaces de correr distancias cortas sobre el agua.

Sol en el Toril

No es necesario viajar hasta Stonehenge o Chichén Itzá para celebrar rituales solares. Aquí mismo, en Sigüenza, podemos disfrutar de un asombroso espectáculo en la puesta de sol de los días que rondan los equinoccios.

Vemos el ocaso entre nuestros más emblemáticos monumentos gracias a la ampliación urbanística del cardenal Don Bernardino López de Carvajal que prolongó la alineación este-oeste de la Catedral con la calle Cardenal Mendoza. Así, desde el año 1500, se crea y queda definitivamente despejado un valle urbano que recorre sin trabas un cañón de luz en los equinoccios, cuando el sol se mete casi exactamente por el oeste geográfico.

En el atardecer sin una nube del 26 de septiembre fui a la puerta de la reja del Atrio buscando volver a asombrarme con el crepúsculo entre edificios y reflejado en el espejo del pavimento pulido de la calle Guadalajara. Al ver que el haz de luz dorada se prolongaba extramuros, con nervios anticipados ante la posibilidad de poder ver el sol a través de la Puerta del Toril, casi corrí hasta la curva del principio del Paseo de los Arcos. Y efectivamente, al girarme me deslumbró la esfera solar encajada exactamente en el medio punto del Arquillo. Increíble. Ahí estaba, incandescente, enmarcada por el contraluz de la galería de las casas del Cabildo. Y la cámara lo captó.

Queda anotado para volverlo a disfrutar en el futuro: cuatro días después del equinoccio de otoño (en 2017 se produjo el 22 de septiembre) en el atardecer, podemos celebrar la nueva estación con este milagro visual que aúna la belleza de nuestra ciudad con el magnífico esplendor del Astro Rey.

Foto 26 de septiembre de 2017 19:44 con una Tablet Samsung S2