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Naturaleza desde el confinamiento II: la luna de parasceve

“Mágica por el cielo la luna fulge, llena Luna de parasceve. Azahar, luna, música”.

“Desolación en la quimera”, de Luis Cernuda.

Naturaleza desde el confinamiento I

Hoy comenzamos una serie de artículos, con periodicidad semanal, que duraran hasta que termine nuestro confinamiento. Es la mejor forma que tenemos para poner nuestro pequeño granito de arena en hacer que estos días pasen lo más rápido posible y si de alguna forma conseguimos que cada día más personas se enamoren de la naturaleza y la protejan, eso que nos llevamos de esta experiencia.

Almendro en flor.

En estos artículos os voy a intentar mostrar los distintos sucesos que los amantes de la naturaleza solemos poder apreciar en esta época del año en nuestra comarca y que con gran tristeza este año no creo que podamos disfrutarlos.

En primer lugar, comentar que la pasada semana ha sido bastante cambiante climatológicamente hablando hemos pasamos de temperaturas máximas de 16’7º C el domingo 29, a la nieve y la lluvia con temperaturas máximas de 5’6º C del lunes, aunque a partir del miércoles las temperaturas se estabilizaron entre los -3º C y los 14º C.

Pero estos sucesos climatológicos, aunque duros para la vida silvestre, no consiguen paralizar las actividades que han comenzado en los distintos ecosistemas. Desde mi confinamiento y mirando los montes que rodean Sigüenza he podido observar que han empezado a florecer las primeras aliagas (Genista scorpius) y eso es señal de que muy pronto nuestros yermos y seco montes se vestirán de un intenso color amarillo y llenaran el ambiente con su característico aroma mientras que las laboriosas abejas zumbaran entre sus flores y recolectaran el polen y el néctar para realizar la excelente miel mientras polinizan las plantas. Que importantes son las abejas para la vida en nuestro planeta.

Almendro en flor. Detalle.

Justo antes del confinamiento pude observar que habían comenzado a florecer malvas, violetas, tomillos, hierba de campanario, diente de león y en las pequeñas charcas y en los ríos florecían los blancos ranúnculos. En algunos lugares de nuestra Sierra Norte, y del Alto Tajo, los tejos estarán engalanados con sus minúsculas flores blancas, mientras en el resto de la comarca los almendros, manzanos, ciruelos, cerezos y prunos ya florecidos estarán dejando unas bellísimas imágenes, si la nieve y las últimas heladas no han fastidiado las flores.

En las riberas de los ríos alisos, sauces y chopos estarán dejando ver sus primeros brotes y en los campos que están empezando a florecer ya habían aparecido las primeras mariposas entre las últimas que pude observar se encontraban la especies Blanca esbelta, Blanquiverdosa, Limonera, Sofia, Saltacercas y Arlequín. En esos mismos ríos comenzaran a verse los alevines de trucha nadando y a la flecha azul que es el martín pescador zambulléndose para intentar capturar alguno mientras los ánades azulones nadaran de cortejo entre las cañas; en las charcas comenzaran los cantos de las ranas y estarán depositados los cordones de las puestas de sapo común; de la misma manera las primeras lagartijas salidas de la hibernación estarán calentándose al sol en las paredes y rocas.

Mariposa arlequín.

Si observamos al cielo podemos ver los pasos de muchas aves migratorias que vienen a pasar el verano con nosotros, ya han llegado las golondrinas y casi seguro que también los alimoches. Anteriormente lo hicieron algunas currucas, como la zarcera, y los ruiseñores que ya he podido escuchar desde mi ventana en estas silenciosas noches. Así mismo, nos estamos perdiendo disfrutar de los mejores cantos de distintos machos, ataviados con sus mejores y más coloridas plumas, intentando atraer a las hembras. Machos de herrerillos, carboneros, currucas capirotadas, jilgueros, petirrojos, pinzones o los melodiosos mirlos; incluso echo de menos el insistente “bu,bu,bú…bu,bu,bú” de la abubilla o los zureos de palomas y tórtolas turcas.

En las paredes rocosas de Pelegrina, Aragosa, La Cabrera, Huermeces, Santamera y en otros muchos lugares más es probable que todavía estén incubando los buitres leonados, al mismo tiempo en muchos pueblos de la Sierra Norte comiencen a hacerlo las cigüeñas, mientras en otros acantilados los polluelos del búho real ya estén fuera del cascarón.

Corzo desde la ventana y primeras flores de las aliagas.

Si estuviéramos paseando por nuestros montes podríamos cruzarnos con las primeras camadas de conejos y con suerte con los combates de boxeo de nuestras liebres. Levantar a los corzos machos aun con la “borra” que cubre sus cuernos o sorprenderlos mientras se descorrea contra un majuelo o cualquier otro arbusto; también deberíamos andar con cuidado de no levantar a ninguna perdiz que ya estarán incubando su próxima generación de perdigones.

Y para terminar el artículo de esta semana, mucho me temo que este año no podremos saborear un delicioso plato de Setas de Marzo con almejas o unas truchas rellenas con ellas. Que le vamos hacer otro año será.

Espero que os haya gustado y la semana que viene os cuento más cosas que nos estamos perdiendo. Cuidaros y los que podáis, quedaros en casa porque es la forma más rápida de conseguir que pronto volvamos a salir de ella.


Escribano montesino

En muchas ocasiones cuando salgo a observar aves, tanto en espacios naturales como por dentro de nuestro pueblo, suelo encontrarme con algunas personas que se interesan por lo que estoy haciendo. Por lo general, cuando les digo que estoy observando los pájaros, sobre todo dentro de los pueblos, se sorprenden. En una ocasión mientras fotografiaba aves por la ronda seguntina, se me acercó una persona y me comentó: “Pero no te cansas de ver siempre gorriones, jilgueros, urracas y tordos”. Me hizo mucha gracia y comenzamos una entretenida conversación sobre la gran variedad de aves que podíamos observar allí mismo donde estábamos, entre los que se encontraban además de los que me había nombrado otros que esa persona desconocía hasta que existieran, tales como mitos, verderones, picapinos, pitos reales, pinzones, petirrojos, colirrojos, trepadores azules, agateadores comunes, abubillas, verdecillos, luganos, roqueros solitarios, aviones comunes, aviones roqueros, golondrinas, escribanos, etc. Y como podíamos observar unos u otros dependiendo de la época del año en que nos encontráramos.

Escribano montesino en El Atance.

Mientras hablábamos, en la rama de un sauco más o menos cercano, se posó un pajarillo del tamaño de un gorrión con los característicos colores pardos y grisáceos que poseen los gorriones. Mientras lo fotografiaba mi acompañante ocasional me comento, “Ves solo hay gorriones”. Mi respuesta fue “Espera un momento y ahora cuando acabe de fotografiarlo te muestro que lo que tu piensas que es un gorrión, en realidad es un precioso escribano montesino”. Al momento, nuestro pajarillo cambio de posadero alejándose y aproveche para mostrarle la fotografía. La verdad es que se sorprendió mucho y le pareció un pájaro precioso, asombrándole el bello dibujo de su cabeza y los distintos matices de su plumaje. Seguimos hablando sobre aves un rato más y después cada uno continuo su camino. Pero lo mejor es que alguna vez más me he vuelto a encontrar con esa persona y siempre que puede se une a mi paseo y va descubriendo cada día ese otro tesoro que poseemos en Sigüenza que son las distintas aves que nos rodean, su afición es cada día más grande y ya está pensando en comprarse unos prismáticos para poder observar mejor a los distintos pájaros que ve durante sus paseos. En homenaje a ese pajarillo que despertó la afición a la ornitología en esta persona, el artículo de este mes está dedicado al escribano montesino (Emberiza cia). 

Su nombre científico “Emberiza” proviene del antiguo germano emmeritz o embritz que es la palabra que designaba al escribano, y “cia” es como conocían comúnmente los genoveses a esta ave por el sonido de su grito de llamada.
Supongo que alguno de vosotros os preguntareis y porque le pusieron el nombre de “Escribano” a toda una familia de aves entre la que se encuentra la especie de hoy. El nombre de “Escribano” proviene del dibujo de los huevos de estas aves pues están surcados por líneas como las que realizaba un escribano para limpiar los restos de tinta de la pluma. Además, en castellano, se le bautizo como “montesino” por el hábitat donde vive.

El escribano montesino es un ave de tamaño parecido al gorrión común, pero con la cola más larga y su plumaje es pardo con franjas de color oscuro, lo que dificulta su observación debido al efecto de camuflaje que resulta de esta combinación de colores. Destaca su cabeza gris con tres bandas de color negro azabache en los machos, pardo negruzcas en las hembras.

Su hábitat característico son las laderas de montaña empinadas y pedregosas con zonas de vegetación herbácea, arbustos espinosos y árboles dispersos. En inviernodesciende hasta sotos fluviales, bosques abiertos con abundancia de sotobosque, matorrales, áreas cultivadas y pueblos donde puede vérsele en parques, jardines y zonas con árboles y arbustos.

Escribano montesino en Sigüenza.

La especie come, principalmente, semillas de gramíneas, así como yemas, brotes y frutos diversos. En primavera y verano incorpora a la dieta gran variedad de insectos y otros invertebrados que recoge del suelo y la vegetación baja. Como sucede en otras especies de aves mayoritariamente granívoras, los pollos son alimentados con invertebrados.

En el mes de febrero ya podemos observar a los machos de escribanos defendiendo su territorio de cría de otros machos a la espera de que las hembras empiecen a mostrarse receptivas para la cópula. El periodo reproductor suele comenzar a finales de abril. El nido se coloca, por lo general, cerca del suelo, habitualmente dentro de un arbusto, o árbol, denso y espinoso, o en el hueco de un muro entre vegetación tupida. La puesta es de tres a seis huevos que incubará la hembra entre doce y catorce días. La estancia de los pollos en el nido dura alrededor de dos semanas y son alimentados por ambos progenitores. Si la climatología y la cantidad de alimento disponible es favorable pueden tener una segunda puesta a primeros de junio.

A los aficionados a las aves les aconsejo que aprovechen este mes de febrero para observar a los escribanos porque en cuanto los árboles y arbustos comience a llenarse de hojas y los territorios de cría estén definidos se hará difícil poder observar a estos pequeños pájaros.

Texto y fotos: Javier Munilla
Foto un escribano montesino en El Atance;

La maldición camino del calvario

Este comienzo de la primavera está siendo muy especial debido al confinamiento por el COVID-19. Al mismo tiempo será probablemente la Semana Santa de más recogimiento que muchos hallamos vivido nunca. Y como estos días nuestra única ventana, y nunca mejor dicho, a la naturaleza son las ventanas de nuestras propias casas, os animo a que os asoméis por ellas y os aseguro que es muy probable que la mayoría de vosotros podréis, en algún momento del día, contemplar a la protagonista de este artículo.

Tórtolas turcas en la Alameda de Sigüenza

Pero antes de desvelar su nombre os quiere contar que existen muchas tradiciones o leyendas que atribuyen a ciertas aves el intento de aliviar el dolor de Jesucristo en la Cruz, entre ellas el jilguero y la golondrina. Pero hoy nuestra ave es protagonista de una leyenda que la vincula con el sufrimiento que padeció Jesús durante el “Viacrucis” camino del Calvario. Además, esta ave ha protagonizado también, y esto no es leyenda, uno de los sucesos ornitológicos más destacado durante el siglo XX, ya que siendo de costumbres sedentarias ha conseguido colonizar toda Europa desde su lugar de origen, Oriente Medio, en menos de 100 años.

Sin más dilación os presento a la Tórtola turca (Streptopelia decaocto), conocida también por Paloma de collar, como consecuencia de su nombre científico ya que Streptopelia provienen del griego “strepto” y significa: entrelazado o collar y “peleia” significa: paloma. Por tanto, la traducción seria paloma de collar en clara referencia al conjunto de plumas negro que adornan el cuello de esta ave; y decaocto es dieciocho en griego “deka” es diez y “okto” es ocho y este “apellido” hace referencia a la onomatopeya de su canto y origen de su leyenda. Creo que más o menos todos hemos escuchado alguna vez el “canto”, conocido por los ornitólogos como gorjeo, arrullo o​ zureo, de las palomas. Pues muchos ornitólogos afirman que la tórtola turca no canta si no que gime.

Dormidero de tórtolas turcas en Sigüenza.

Supongo que al igual que el mirlo, protagonista del mes pasado, la tórtola turca es muy conocida ya que es fácil observarla con frecuencia por los árboles, tejados y parques de Sigüenza o de cualquier pueblo de la Sierra Norte.

Como hemos comentado con anterioridad esta ave ha llegado a España procedente de Oriente Medio de forma natural y ha sabido adaptar sus hábitos de comportamiento y alimentación a sus nuevos lugares de residencia ya que en su área de distribución original se comporta como un ave típica de zonas abiertas, semiesteparias y con formaciones arbustivas dispersas, acacias o similares, en cambio las poblaciones establecidas en España y el resto de Europa ocupan ambientes urbanos, suburbanos y su entorno cercano, es decir, podemos observarla en jardines, arboledas, urbanizaciones, campos de cultivo, etc. Su alimentación es granívora, y consume principalmente granos de cereal, semillas de herbáceas y, en menor medida, partes verdes de plantas e invertebrados.

Tórtolas turcas en la Travesaña Baja de Sigüenza.

El periodo reproductor se extiende desde marzo a octubre dependiendo de las condiciones climatológicas y del alimento disponible. Si las condiciones son las adecuadas puede realizar entre tres y cuatro puestas al año. El cortejo del macho consiste en una exhibición de vuelo en la que realiza un ascenso rápido casi vertical seguido por un descenso planeando en círculos, manteniendo las alas bajo su cuerpo en forma de "V" invertida.

Nidifica en árboles, con propensión a los de hoja perenne sobre todo coníferas, o arbustos densos donde construye una somera plataforma rígida tan escasa de palos y tallos secos que cuesta entender como los huevos consiguen mantenerse sin caer al suelo. Fuera del periodo reproductor es un ave muy gregaria y pueden observarse grupos de varias decenas de individuos, posados incluso en un mismo árbol.

Veamos someramente como fue su conquista de Europa. Hasta mediados de los años treinta su población europea se circunscribe a Los Balcanes, entre 1940 y 1956 su población se va asentando en Europa central llegando a mediados de los años cincuenta a Dinamarca, Países Bajos y norte de Francia, desde donde dará el salto a Gran Bretaña asentándose en todas las islas británicas en 1965. Durante la década de los sesenta termina por colonizar todo el territorio francés. En España el primer ejemplar observado fue en 1960 en Asturias, pero era un ejemplar divagante. No fue hasta años después cuando se observa la primera pareja reproductora de tórtolas turcas en Santander en 1974 y fue durante la segunda mitad de la década de los setenta cuando se establecen poblaciones de tórtola turca a lo largo de toda la costa cantábrica, Galicia y Norte de Portugal. Durante la primera mitad de la década de los ochenta coloniza definitivamente toda la mitad norte de España (Castilla-León, Aragón, Madrid, Cataluña, Baleares y las provincias de Guadalajara, Cuenca y Castellón) y al acabar la década de los ochenta ya estaba asentada en casi todo el territorio de la Península Ibérica. En 1989 ya se localizaron ejemplares en Fuerteventura comenzando de esta forma su expansión por las Islas Canarias. Y así de vuelo corto en vuelo corta esta especie colonizó toda Europa.

Ha llegado el momento de desvelar la leyenda de la tórtola turca y el “Vía Crucis” de Jesucristo. Cuenta la leyenda que cuando Jesucristo subía al Calvario con la cruz a cuestas, un soldado romano, viéndole exhausto, se apiadó de Él. A la vera del camino estaba una vieja que vendía leche, en aquel momento el soldado romano fue y le preguntó que cuanto costaba una escudilla de leche. Ella le contestó que dieciocho monedas, pero el soldado no tenía más que diecisiete monedas. Así que trató de convencer a la mujer de que le diera una escudilla de leche para Jesús por las diecisiete monedas que tenía. Pero ella, codiciosa, no quiso bajar de las dieciocho monedas y el soldado no pudo calmar la sed de Jesús. Así que, cuando Cristo fue crucificado, la vieja quedó convertida en tórtola y condenada a repetir dekaocto, dekaocto (dieciocho, dieciocho) hasta el fin de sus días. Y Si alguna vez consiente en decir dekaepta (diecisiete) recobrará su forma humana. Pero si por terquedad, dice dekaennaea (diecinueve) entonces se acabará el mundo.

Y como yo no he oído a ninguna tórtola turca cantar “dekaennaea” estoy seguro que de la pandemia del coronavirus saldremos y volveremos a disfrutar de la familia, los amigos y, por supuesto, de la naturaleza que tanto nos ofrece.

 

En estos días de confinamiento desde “La Plazuela” intentaremos ayudar, dentro de nuestras posibilidades, al entretenimiento colectivo publicando artículos con periodicidad semanal hasta que vuelva la edición en papel. En mi caso como ya os podéis imaginar, escribiré de naturaleza.

Vista desde un balcón del interior de la calle San Roque de Sigüenza.

Mi idea es intentar mostraros desde algunas de las cosas que están sucediendo en nuestros bosques, campos, ríos, estanques, embalses, parques, jardines o huertas y que, por culpa del confinamiento debido al virus Covid-19, nos estamos perdiendo. De esta forma espero que el aislamiento se os haga más llevadero y os sirva para que la próxima primavera podáis disfrutar de estos espectaculares acontecimientos que nos brinda la madre naturaleza. Cuidaros y los que podías, porque no tenéis que ir a trabajar, quedaros en casa.

 

Lúgano, el pariente norteño del jilguero

Durante la Navidad las familias se reúnen y familiares que viven lejos regresan para compartir unos días con sus parientes. Pues algo parecido le ocurre a nuestro Jilguero (Carduelis carduelis) ya que durante estos días viene a visitarlo desde el norte de Europa, de paso migratorio al sur, su primo lejano el Lúgano (Spinus spinus).

Lo denominamos como su primo lejano porque en 1760 el zoólogo francés Jacques Brisson describió el género Carduelis, donde tradicionalmente se ha incluido al jilguero y al lúgano. Pero recientemente se ha propuesto la división de este género en tres: Spinus, Astragalinus y Sporagra. A nuestro protagonista se lo incluyó en el género Spinus, aunque muchos autores siguen incluyéndolo dentro del género Carduelis. Por lo tanto, etimológicamente su género proviene del latín spina que significa espina, astilla, espinoso. Probablemente el nombre científico de la especie viene definido por su costumbre de anidar entre las acículas de pinos y abetos que son arboles pinchudos.

El lúgano es un desconocido para la mayoría de las personas que lo suelen confundir con otras aves, para conocerlo un poco mejor podemos describirlo como un ave pequeña de unos 12 cm, de pico corto y fino, cola corta y escotada cuando está cerrada. Su coloración es de un tono verde amarillento que recuerda a verdecillos y verderones serranos. Pero los lúganos se identifican por sus manchas amarillas en alas y cola, y sus franjas amarillas en los “hombros” de las alas. Además, los machos tienen el capirote y la garganta negros, por lo que se aprecia un claro dimorfismo sexual. Su vuelo es rápido y notablemente ondulado y su bello canto es muy apreciado entre los aficionados a la canaricultura por los gorgojeos emitidos, la prolongación en el tiempo de sus vocalizaciones y ciertos tonos melódicos, lo cual no ayuda a la especie como veremos más adelante.

Estos días de invierno podemos observarlo en su paso migratorio mezclándose entre los bandos de jilgueros, pardillos, pinzones vulgares, verdecillos, verderones, etc. Pero, a diferencia de la mayoría de estos, el lúgano también busca alimento en las ramas de árboles de ribera, siendo común observarlo en alisos, olmos y abedules. En España, los lúganos llegan en otoño e invierno, proceden de casi toda Europa y en nuestra comarca es más fácil verlos en estas épocas navideñas cuando vuelan hacia el sur y también los podremos observar a su regreso al norte, en los meses de febrero y marzo.
El lúgano habita en todas las regiones de la Europa y también existe una población separada que se localiza en el oriente de Asia. En España, la especie cría en masas forestales de alta montaña dominadas por pinos, abetos y hayas, de manera regular en Los Pirineos y, más esporádicamente, en otros sistemas montañosos de la Cordillera Cantábrica, Sistema Ibérico y Sistema Central.

Lúgano hembra.

Se alimenta de semillas de pinos, alisos, abedules, olmos y diversas herbáceas, en el periodo reproductor completa su dieta consumiendo insectos. Inicia la reproducción en abril y puede tener dos polladas si la cosecha de semillas resulta generosa; pero si la cosecha escasea solo efectuará una puesta. En la época de cría es muy tímido, solitario y difícil de observar; por este motivo en Alemania existe una leyenda en la cual se otorga a los lúganos la facultad de guardar en su nido una piedra mágica que les convierte en invisibles.

Las principales amenazas que sufren los pequeños lúganos provienen de la agricultura intensiva y la caza con red o con liga para capturarlos y ser vendidos a los aficionados a la canaricultura por su canto y coloración, ya que es una especie que hibrida fácilmente con jilgueros y canarios.

Lúgano. Foto: Jacinto Lépez Beltrán.

Para finalizar contaros que en San Petersburgo hay una fuente, situada en el terraplén del río Fontanka, que posee una escultura que representa a un lúgano, conocida como “Chizhik Pyzhik”. La figura, a tamaño real, se instaló cerca del Jardín de Verano en 1994 en el lugar donde estaba situada la antigua Academia Legal Imperial, fundada en 1835. Se eligió al lúgano como figura protagonista de la fuente porque los estudiantes de la Academia llevaban uniformes verdes y amarillos que se asemejaban al plumaje de los lúganos, allí conocidos como “chizhik” (el nombre inglés del lúgano, siskin, tiene raices eslavas). La obra corresponde a Revaz Gabriadze, escultor, director de teatro y cine, dramaturgo, escritor y pintor georgiano y según palabras de su creador: “Chizhik Pyzhik ayuda a los estudiantes a superar infelices relaciones amorosas y moverse en transporte público sin tener billete”. Actualmente la tradición local sugiere que cualquiera que pueda arrojar una moneda para que caiga en la estatua sin caer al agua de la fuente, tendrá buena suerte. Cosa que no le ha sucedido a la figura del ave que ya ha sido robada varias veces. Después del último robo en 2002, el personal del Museo de Escultura Urbana realizó varias copias del diseño, que esta guardado en el propio museo, para poder reponer la escultura del pequeño lúgano.

Y desde estas páginas, desear un feliz y venturoso año 2020 a todos los lectores de “La Plazuela”.