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¡De milagro!

Quiso la suerte que me pillara escuchando la emisora cuando Ángel Sánchez Manglano, locutor de Radio Clásica de RNE, pinchó tres piezas interpretadas por el guitarrista Jorge Orozco, todas ellas pertenecientes a Estanislao Marco Valls (discípulo de Francisco Tárrega); como hago muchas veces, escribí en un papel los títulos con el fin de ampliar más tarde la información; hago esto cuando lo que escucho me ha gustado y, como aficionado a la guitarra, luego busco partituras para ver si son asequibles a mi nivel. Así comenzó el encuentro con una bonita historia, de las que me gustan.

Jorge Orozco es concertista, psicólogo y profesor de guitarra en el conservatorio, sabía de la existencia de Estanislao Marco (1.873-1.954) y alguna de sus obras, por ejemplo “Guajiras” dedicada a su alumno Narciso Yepes cuando este tenía 14 años y que este, posteriormente incluyó en un CD. Un domingo del año 2000, Jorge acudió al rastro de Valencia y paseando entre los puestos se topó con la palabra guitarra en un papel tirado en el suelo, era papel pautado, un cuaderno de partituras (más de 100) manuscritas, originales firmados por el autor Estanislao Marco entre los años 1.901 y 1.954; consultó el precio con el dueño del puesto, a 20 duros las escritas, las editadas más caras, las compró y según le contó procedían de un contenedor de basura donde las había encontrado. Ese hallazgo supuso cuarenta obras originales y más de ciento veinte arreglos y transcripciones de otros autores, y fue el pistoletazo de salida para la búsqueda de familiares del autor (nietos); estos, tras mucho insistir Jorge, acabaron encontrando en casa de su padre (Manuel, hijo de Estanislao) una recóndita caja de cartón cerrada con una cinta, las memorias, recortes de prensa y todo el material aun perdido estaba allí.

Bueno pues gracias a todo ello hoy disponemos de cuatro CD y cuatro libros con las obras de este estupendo autor. Quien tenga interés en saber más puede encontrar interpretaciones de Jorge Orozco en YouTube, adquirir sus CD o los libros con los antecedentes, la biografía y las obras del autor.

No es la primera vez que se pierde el trabajo de un compositor una vez fallecido y resulta muy grato que resucite para quedarse. Muchas gracias Jorge Orozco.

Apuntes sobre la historia de la miel (1)

Las plantas con flores hacen su aparición en el Cretácico, desarrollándose y multiplicándose gracias a su asociación con los insectos. Las abejas fueron inicialmente avispas carnívoras, tras la aparición de las Fanerógamas cambian su sistema de alimentación, fue hace unos 100 millones de años cuando evolucionaron y aprendieron a alimentarse del polen y del néctar de las flores. Su vida de forma solitaria e individual se transforma en colonial y social en el Mioceno, mucho antes de la aparición del hombre en la Tierra. En las resinas fósiles de ámbar del Báltico aparece fosilizado un enjambre de abejas. Por tanto, cuando aparece el hombre, ya llevan las abejas millones de años produciendo miel, que es el único edulcorante puro y natural de que disponía el ser humano.

Melittosphex burmensis, la abeja fósil más antigua, en ámbar. Cretácico. Birmania, hace 100 millones de años.

En el Paleolítico, el hombre vive de lo que recoge de la naturaleza, caza y pesca, conoce las abejas y captura su miel. En la Cueva de la Araña, Bicorp (Valencia), se puede admirar la escena de la recolección de miel por un hombre y una mujer prehistóricos, en la parte superior se ve a una mujer que ha alcanzado el nido de abejas y recoge los panales de miel, portando una vasija en su mano derecha donde los guarda, a su alrededor revolotean las abejas, a mitad de la escala se halla un hombre que trepa por ella con otro recipiente. Fechado en la época del Mesolítico (10.000 a 6.000 años a.C.). En el Neolítico se fabricaba cerveza de escanda y de cebada, con levadura silvestre y miel. Las trepanaciones craneales que se practican durante la Edad del Bronce, sólo eran posibles por medio del propóleo de las abejas, debido a sus potentes principios analgésicos y antibióticos.

Cueva de la Araña, Bicorp (Valencia). Imagen idealizada.

En Egipto, según Heródoto, los animales que se ofrecían en sacrificio se rellenaban con un amasado de miel, harina, higos, pasas y plantas aromáticas. A las mujeres se les suministraba después del parto pan impregnado con miel, para favorecer la secreción de leche materna, y a los niños recién nacidos se les daba leche con miel. En un papiro egipcio se relata lo bueno que es tomar la miel con la leche: “…bebiéndola antes de salir el sol, y se sentirá una sensación divina en el corazón”. De aquí viene la costumbre que existía en España citada por Cervantes en “La Señora Cornelia” de poner un poco de miel en los labios de los recién nacidos: “Todo el tiempo en que esto pasó le entretuvo el ama en paladear al niño con miel”. La miel tiene propiedades y virtudes curativas que los egipcios transmitieron a otros países. En un papiro egipcio del año 1.550 a.C. sito en la Biblioteca Universitaria de Leipzig, se relatan los remedios que se usan contra las enfermedades, en los que figura la miel como principal principio activo, por ejemplo, para curar las heridas de las piernas se prepara un ungüento de sesos de angula mezclados con miel.

En el Palacio de Sardanápalo, Nínive, hay un bajorrelieve en el que se ve a una mujer como alimenta a un niño mediante una varilla que introduce en una botella de cuello largo, alimento formado por leche, miel y mantequilla, usado en esa época para alimentar a los niños. En España, la bebida preferida por los Celtíberos era vino mezclado con miel, así lo relata Diodoro de Sicilia: “Son esmerados en la elegancia y opulencia de la mesa, su comida es abundante y compuesta de carnes variadas, y como bebida toman vino con miel”. El pueblo Tartesso, localizado en el suroeste de la península ibérica, cuyo origen data del año 1.200 a.C., fue el primero que desarrolló la apicultura en la península. Marco Juniano Justino en sus “Epítome” nos dice: “Los bosques de los Tartessos fueron habitados por los Curetes, cuyo rey, el antiquísimo Gárgoris, fue el primero que descubrió el aprovechamiento de la miel”.

Antonio Nicolás Ochaíta
Asociación de Amigos del Centro y Museo Apícola de Sigüenza

El VIII Segontia Folk cumplió todas las expectativas

Cuando este año leí el programa me dije, ¡qué internacional!, sí, salvando las actuaciones en el Torreón, claro los nombres de los grupos ya de por sí, Bordó…, Kilema, Kumbakié, luego todo se fue aclarando. El primer concierto podríamos decir que fue un subidón para el público, y con esa marcha se sube hasta corriendo la calle mayor desde la plaza hasta el castillo de espaldas. La mañana del sábado no permitió la actuación al aire libre, habría sido más bonito aún, del Grupo de Bailes Regionales: Palacio de la Cotilla, de Guadalajara que mostraron mucho y bien de nuestra provincia. Otra cosa fue Kilema que no pudo ser, la mala suerte de un accidente de tráfico nos privó de su actuación, por suerte no fue con lesiones graves, y sin embargo no se canceló la cita porque los organizadores (en este caso Raúl Sales) consiguieron tener a otro grupo, y ¡menudo grupo!, en el escenario casi a la hora; fueron “Luciérnagas”, grupo español que resultó una maravilla.

Bordó Sárkány

La idea del cierre final con un espectáculo infantil, viene siendo resultona para la tarde del domingo y este año: KUMBAKIÉ ha sido de altura también. Creo que el festival está más que consolidado, y poco a poco atrae gente con ganas de buenos conciertos en fechas nada propicias meteorológicamente, acabábamos de salir de la famosa borrasca “Gloria” que no fue para nada bendita. En cuanto al Torreón solo pude acudir el domingo al vermú amenizado por la Concertina (grupazo), pero me contaron que Divertimento Folk estuvieron fenomenal la noche anterior; por cierto, la cortina para cierre de la escalera: ¡fenomenal!

Grupo de Bailes Regionales: Palacio de la Cotilla, de Guadalajara.

El festival ha terminado, esto ha querido ser un poco el reflejo de lo que hemos disfrutado, eso sí, bajo mi punto de vista. La organización ha sido perfecta y han cumplido con creces las expectativas, así que a seguir adelante y a pensar en el siguiente desde ya. Mi más sincera enhorabuena, gracias por el esfuerzo de todos y en particular a Raúl Sales y los que están en la sombra con el sonido como son Javier Villaverde y Fernando Álvarez. Hasta el año que viene.

Luciérganas.

Debo insistir: solicito para el Pósito, tras haber cumplido con creces sus primeros diez años de exhaustiva utilización, una reparación del suelo de su escenario, un telón que funcione, una ampliación de la escena, unas luces que no martiricen al público y un repaso general de butacas. Tómenme en serio, estos festivales y otros que se programan en el auditorio se lo merecen. Gracias.

Asociación Empresarios de Sigüenza

24 al 26 de enero de 2020.

 

Félix Badillo y Rodrigo. Un artista seguntino en la cuneta del anonimato

La memoria, por esencia y sin ser manipulada, es la que hace permanecer en el recuerdo individual o colectivo lo relevante de lo ocurrido. La memoria no puede ser tratado de nada ni ser sometida a interpretación alguna, es la que es. La memoria, al ser de algo, es inmanipulable, como ese “algo”, al fin de cuentas una realidad incontestable vetada a cualquier interpretación que distorsionaría esa realidad. Sigüenza goza de un glorioso pasado por su esplendor histórico, hoy aprovechado en una desenfrenada apuesta turística. En esa velocidad de vértigo se nos quedan legajos entre las tinieblas del pasado. Sombras que silencian hechos, acontecimientos, personajes y figuras que por sí mismas deberían tener la luz propia del reconocimiento y, desde luego, del recuerdo. A dónde vamos, Sancho, sin saber destino ni recordar el punto de partida.

Tienda de asilo del distrito de Palacio. Madrid (La ilustración Española y Americana, 1889).

Por un chivatazo de un buen amigo, docente él y hombre conciliador, Felipe Sanz, llegó a mis manos información sobre un pintor seguntino de primera línea, Félix Badillo y Rodrigo (Sigüenza, 1848 – Madrid, 1895), uno de esos artistas que en nuestra ciudad hubieran tenido una calle si no fuera porque nos sumergimos sin respirar en los Agén, los Mendoza, Cisneros, Vázquez de Arce, Santillana o Figueroa y que por su alta alcurnia propiciaron abundancia a este enclave de piedra rojiza y marchamo romano. Y de agradecer.

Me llama la atención que con tanta cultura archivada en los pliegos de las grandes familias nadie rescatara a ilustres artistas nacidos o vinculados estrechamente a Sigüenza. Hace años, María Antonia Velasco, Alicia Davara y Lorenzo de Grandes, se empeñaron en recuperar el talento de unos de los mejores artistas nacidos en nuestra ciudad durante el siglo XX, Francisco Santa Cruz; un inexplicable vacío era rellenado. El Arte, amigo Sancho, no es valorado en estas tierras. Acaso admirado pero sin advertir el esfuerzo y creatividad del autor. Somos testigos hieráticos sin inquietarnos el guión.

El hecho es que comencé a indagar sobre nuestro anónimo artista, como digo, nacido en Sigüenza en 1848. Cual fue mi sorpresa cuando comprobé que fue retratista real, de Alfonso XII, la reina Regente María Cristina y de su hijo el rey Alfonso XIII.

He de aclarar que desde Velázquez, la monarquía sufragó el arte español más cualificado hasta la primera República. El museo del Prado, del que ahora celebramos su bicentenario, es lo que es gracias al mecenazgo de la Corona española, con especial relevancia de María Isabel de Braganza, reina consorte de Fernando VII, quien, por su especial sensibilidad artística, compró y adquirió lo mejor del mercado europeo de su época, además de potenciar y proteger a lo más granado de los artistas nacionales. Siempre he dicho que España es una magnífica fábrica de artistas pero los españoles unos pésimos consumidores. Cosas veredes, amigo Sancho, que non crederes. 

Nuestro protagonista no sobrevivió al siglo XIX pues falleció en 1895 en Madrid. Joven, porque no cumplió los cincuenta. Sin embargo, y tras estudiar en Molina de Aragón y en el Instituto de Guadalajara, dejó su impronta artística siendo premiado en ese centro en 1868.

Por su talento marchó a Madrid y estudió en la Escuela Especial de Pintura siendo también copista en el Museo del Prado. Descubrió por entonces su inquietud por la litografía y los grabados en sus diferentes técnicas, muchos de una calidad sublime. También los compaginó con el dibujo, colaborando en distintas revistas de la época, especialmente en la de La Ilustración, fundada por Abelardo de Carlos –no confundir con el medio coetáneo del mismo nombre creado por Fernández de los Ríos-. Hizo sus pinitos, igualmente, con otras publicaciones de la provincia y otras de ámbito nacional. En 1877 la Diputación de Guadalajara le encargó un retrato del rey Alfonso XII. Entenderás mi complicidad con el artista, amigo Sancho.

He de advertir que la revista La Ilustración Española y Americana, nombre completo, nació al albur de otras publicaciones europeas, de las más vanguardistas en la órbita cultural y de ensayo, principalmente de la británica Illustrated London News o de sus versiones alemana, francesa o italiana, Die Illustrierte Zeitung, L’Illustration o Le Monde Ilustré y la Illustrazione Italiana, respectivamente. Sus temáticas eran costumbristas, lejos del fragor político de la época, e incluían secciones literarias, moda, críticas teatrales, ciencia o gastronomía, en definitiva, lo que pueden encontrar en el periódico que sujetan ahora sus manos. La sub leyenda de la revista rezaba “Periódico de ciencias, artes, literatura, industria y conocimientos útiles” y sorprende el elenco de ilustres escritores colaboradores, entre otros, Valle-Inclán, Unamuno, José Zorrilla, Juan Valera, Emilia Pardo Bazán o Leopoldo Alas “Clarín”, además de relevantes políticos como Emilio Castelar, Fernández de los Ríos o José Velarde. No iba a la zaga el lujoso ramillete de ilustradores y pintores como José Luis Pellicer, Alejandro Ferrant, Simonet, Juan Comba, Alfredo Perea o Domingo Muñoz Cuesta, ilustre cantera que avala la categoría del propio Badillo.

Retrato de Andrés Mellado y Fernández.

Por más que he indagado, no he encontrado dibujo o fotografía que nos plasmara el rostro de nuestro protagonista al que, por ende, no se le conoce autorretrato alguno. Y eso que lo practicó, el retrato, en múltiples versiones, destacando, además de la del óleo, las que hizo para xilografías o en acuarela y guache sobre oblea de hueso de vaca. Y en dimensiones especialmente reducidas, en torno a 5 x 4 centímetros, más propicias para coleccionistas o remates para relojes, polveras o colgantes de la época. Circulan en las casas de subastas numerosos “mini retratos” firmados por “F. Badillo” codiciados por caprichosos coleccionistas. Erróneamente, en ocasiones, adjudican su autoría a otro pintor sevillano, Francisco Badillo, cuando ni por estilo ni especialidad coinciden con la obra.

Quien nos ocupa pintó y dibujó retratos a múltiples personalidades de la época, especialmente mediante la técnica xilográfica. Sus periódicas colaboraciones en La Ilustración Española y Americana, extendió su obra figurativa a una buena parte del panorama público del momento. Caben destacar los que realizó al periodista, político y académico Andrés Mellado, Gaspar Núñez de Arce, poeta y político español y presidente de la Sociedad de escritores y artistas, Manuel Tamayo y Baus, dramaturgo, al ministro Ramón María Calatrava Peinado, al almirante Joaquín Gutiérrez de Rubalcava o al presidente de la I República, Nicolás Salmerón.

También realizó litografías de tamaño muy superior como las de los hermanos Carlos y Alfonso de Borbón o los líderes carlistas Castells, Dorregaray, Savalls y Velasco.

Sin menospreciar los encargos para obras de mayores dimensiones, principalmente de óleo sobre lienzo, como el ya comentado de Alfonso XII, un busto de la reina María de las Mercedes o el de Antonio Alcalá-Galiano, por entonces gobernador de nuestra provincia. Por ello le concedieron una medalla de plata en reconocimiento a su trayectoria. Que para mi quisiera los parabienes de los demás si en verdad me los merezco, querido Sancho, porque premiar y no premiar por los mismos méritos, agravio se me antoja.

De estilo claramente costumbrista y romántico, impregnado de la corriente histórica del momento y probablemente influido por pintores de la época y en ese estilo, como Madrazo, Pérez Villamil o Eduardo Rosales, la especialización depurada en otras técnicas de reproducción catapultan a Félix Badillo y Rodrigo a un nivel artístico singular y sin duda meritorio, y desde luego motivo de reconocimiento. Vale.

Emilio Fernández-Galiano

Sigüenza y su patrimonio rural: una asignatura pendiente

No cabe duda de que las intervenciones encaminadas a la revalorización del patrimonio histórico seguntino han sido numerosas a lo largo de los años que llevamos de este siglo, y ello contando con la crisis global que ha azotado a nuestro país en tiempos recientes.

Estas actuaciones han permitido poner de manifiesto aspectos patrimoniales del casco histórico de Sigüenza que estaban infravalorados, cuando no directamente en peligro de desaparición; consiguientemente se ha logrado un aumento de los atractivos que la ciudad ofrece a los visitantes de la ciudad y, obviamente, a la población misma de esta. Se han conseguido de hecho avances notables en el tratamiento de la imagen urbana mediante operaciones de pavimentación, iluminación y amueblamiento de los ámbitos públicos medievales, y se ha rehabilitado una parte considerable del parque edificado de los distintos sectores históricos que conforman la ciudad (aunque lamentablemente estas rehabilitaciones no siempre han contribuido a fijar una población permanente en estas zonas, tradicionalmente poco habitadas, puesto que a menudo estas viviendas rehabilitadas se destinan a segunda residencia o a uso turístico).  

En lo referente a los grandes hitos seguntinos, la Catedral y el Castillo, se han realizado numerosas intervenciones que han contribuido a mejorar sustancialmente su estado de conservación. Concretamente, en el conjunto catedralicio -el fantástico buque insignia del patrimonio cultural seguntino- se han ido realizando desde los últimos años del siglo pasado hasta nuestros días cuantiosas inversiones públicas estatales –y recientemente también algunos patrocinios efectuados por entidades culturales privadas- tendentes a solucionar serios problemas de índole conservativa, pero también de recuperación de su inestimable patrimonio contenido.

Fruto de ese afán ha sido la neutralización de los graves ataques ocasionados por la humedad sobre los componentes pétreos de la catedral, tanto arquitectónicos como escultóricos, y la consolidación de las fábricas que padecían un acusado estado de debilidad estructural y de pérdida de materia histórica. A partir de estas operaciones básicas iniciales ha sido posible después restaurar íntegramente algunos de los ámbitos más emblemáticos del conjunto catedralicio, como son la capilla de San Juan y Santa Catalina (o del Doncel), la capilla de la Concepción en el claustro, o el claustro mismo. También se han podido incorporar al conjunto catedralicio nuevos ámbitos “inéditos”, como son la denominada “cripta arqueológica” y las estancias románicas de la panda septentrional del claustro.

Las intervenciones en el patrimonio histórico seguntino no se han centrado solamente en los monumentos señeros y en el parque edificado o en la escena urbana, sino que ha alcanzado igualmente a otras edificaciones históricas que por su singularidad constituyen hitos destacados dentro del tejido urbano. Lo destacable de este grupo de intervenciones, que ha permitido incorporar al patrimonio cultural seguntino instalaciones de nuevo cuño como El Pósito o el centro cultural de El Torreón, es que su promoción no ha sido realizada por la administración central, sino que ha corrido a cargo de las entidades públicas locales con el Ayuntamiento a la cabeza.

En otros casos las actuaciones de recuperación de ese patrimonio han sido llevadas a cabo por entidades culturales públicas de ámbito provincial, como es el caso de la Casa-Palacio de los Arce y la Hospedería de la calle Mayor, ambas promovidas por la Universidad de Alcalá de Henares. En este sentido, resulta particularmente significativa y digna de mención la gran labor que están desarrollando las instituciones culturales privadas de ámbito local –incluidas las religiosas- con el objetivo de recuperar valiosos componentes del patrimonio seguntino, ya sea este de carácter mueble, como la magnífica colección catedralicia de tapices, ya sea de tipo inmueble, como la románica iglesia de Santiago. Algunas de las intervenciones antedichas no solamente tienen valor en sí mismas -en tanto que han permitido salvar y/o revalorizar valiosos componentes del patrimonio histórico seguntino-, sino que además han servido para dotar a la vida cultural de la ciudad de nuevos espacios donde poder desarrollar sus actividades.

Todo ello ha contribuido a que hayamos podido asistir a un auge de la vida cultural seguntina, la cual se manifiesta a lo largo de todo el año, y trasciende incluso la escala local.

Sin embargo, hay que indicar que junto con estos logros indudables coexisten también en Sigüenza situaciones que ensombrecen el panorama del patrimonio cultural seguntino, como son las “bolsas” de solares y edificios en ruina del casco histórico, o la preocupante deriva de las sedes de los antiguos seminarios de San Bartolomé y de San Antonio de Portacoeli. Sin olvidar el grado de obsolescencia que presenta el planeamiento vigente, que data de 1990, y cuyas limitaciones en lo referente a la regulación del Casco Histórico se han pretendido superar mediante la elaboración de un Plan Especial cuya tramitación se halla paralizada en la actualidad.

Pero si la ciudad presenta a día de hoy indudables carencias que requieren soluciones específicas, el verdadero gran problema del patrimonio histórico seguntino se sitúa en su término municipal, habida cuenta de la grave situación de abandono que ofrecen en su conjunto los componentes rurales del mismo.

A nivel urbanístico está cada vez más asumido el criterio consistente en concebir los asentamientos como una unidad inseparable del ámbito geográfico en que estos se insertan y del que dependen. En el caso particular del término municipal seguntino, este resulta ser además la herencia directa de la condición originaria de señorío eclesiástico del que participaba Sigüenza; consecuencia inmediata de esta condición fue –y aún lo es, siquiera a nivel histórico, cultural y emocional- la existencia de una intensa red de relaciones que unen el núcleo urbano principal con el alfoz que contribuía a darle el soporte económico necesario para su sustento y desarrollo.

Otro concepto cada vez más pujante en el ámbito disciplinar urbanístico -que viene igualmente a reforzar la idea de que un análisis del estado del patrimonio cultural seguntino ha de comprender de forma inequívoca el estado de su patrimonio rural- es el de “paisaje cultural”. Según este enfoque, el medio físico en el que se inserta todo asentamiento debe ser interpretado como el resultado de la interactuación de la actividad humana con la naturaleza preexistente, puesto que esta última ha sido “modelada” de manera sistemática por las sucesivas poblaciones que la han habitado.Consiguientemente, el paisaje es –entre otras muchas cosas- un gran documento donde han quedado registrados los efectos de la acción del hombre en el tiempo, y como tal ha de ser apreciado, interpretado y protegido.

Estas conceptos ayudan a comprender la importancia que posee desde el punto de vista cultural la preservación y estudio del patrimonio histórico presente en la totalidad del término municipal seguntino, cuyas manifestaciones se distribuyen a lo largo y ancho de las 28 pedanías que lo componen: se trata en efecto de unas expresiones culturales que son tan consustanciales al patrimonio seguntino como las ubicadas en su casco histórico, y que hay que preservar a toda costa, so pena de condenar a esta gran riqueza cultural a sufrir un menoscabo irreparable del que tendremos que rendir cuentas a las generaciones futuras.

Como es natural hay que establecer una relación directa entre el abandono de las pedanías por parte de sus pobladores motivado por causas de carácter socioeconómico enormemente poderosas, y el estado cada vez más precario de esas valiosas expresiones del patrimonio rural seguntino.

Es por ello que el reto ante el que nos hallamos requiere en primera instancia de una toma de conciencia de la gravedad de la situación y acto seguido, de la adopción de unas medidas extraordinarias e imaginativas que permitan, al menos, salvar los elementos más significativos.

Antigua iglesia de Matas

En los casos más dramáticos como el de las pedanías de Matas o Bujalcayado ya apenas si cabe asistir con el corazón encogido a un final anunciado e irremediable. De hecho, pocas experiencias hay más desoladoras que efectuar un paseo entre sus calles enmarcadas por edificaciones en ruina y cubiertas de maleza. Afortunadamente no todos las pedanías seguntinas presentan un estado tan grave, e incluso en algunos casos su estado se puede calificar como “saludable” gracias, en gran medida, a la voluntad de sus habitantes para conservar sus viviendas aunque solo sea como residencia veraniega, y para saber aprovechar las oportunidades ofrecidas por las circunstancias locales. No obstante, todos los asentamientos urbanos del alfoz seguntino requieren de ayudas e iniciativas en mayor o menor medida, si se pretende que estas pequeñas localidades puedan sobrevivir en unas condiciones dignas.

Ante la alarmante situación general que vive la “Sigüenza vaciada”, no hay más remedio que señalar algunos de los bienes de ésta a los que, en razón de su relevancia cultural y/o gravedad de su estado de conservación, habría que prestar atención de manera prioritaria según el criterio de quien suscribe estas líneas. Así, en lo referente a los grandes sistemas dotados de valor histórico-paisajístico, son precisamente los más sobresalientes del término los que presentan un riesgo mayor de deterioro, a saber: el conjunto fortificado de Palazuelos y el productivo de las salinas de Imón.

Muralla de Palazuelos.

En el caso de Palazuelos, se trata, como es sabido, de un conjunto defensivo ejecutado por la familia Mendoza en el siglo XIV, cuya divulgación y conocimiento no se corresponden en absoluto con lo completo de su morfología y lo rico de su poliorcética. A pesar de ello una parte importante de los lienzos conservados, así como algunas de sus torres y puertas, presentan graves problemas estructurales, amenazando incluso la ruina sectorial.

Es de lamentar, porque Palazuelos podría constituir un objetivo de primer orden si desde Sigüenza se gestionara adecuadamente la visita turística a su recinto fortificado y a su bello conjunto urbano, habida cuenta además de su cercanía y buena comunicación con el centro seguntino.

Pero si el estado de las murallas de Palazuelos ofrece preocupantes episodios, en el caso de las salinas de Imón el proceso de deterioro afecta a la totalidad del conjunto y alcanza ritmos exponenciales, como se puede comprobar comparando el estado actual del sistema con el ofrecido por la documentación del Plan Director que, por encargo de la Sociedad Salinas de Imón y la Olmeda, se redactó bajo mi dirección en el año 2008. En efecto, si para entonces una parte considerable de las instalaciones que constituyen el sistema dieciochesco de norias, recocederos y albercas de los distintos partidos se hallaban en estado de obsolescencia funcional, y los grandes almacenes  de San José y San Antonio presentaban ruinas sectoriales de importancia (el almacén de San Pablo ya había sufrido por aquel entonces el expolio de la impresionante carpintería de su cubierta), en la actualidad la ruina alcanza a la práctica totalidad de los componentes. En efecto, la falta de productividad ha llevado a la ruptura del equilibrio mantenido ancestralmente entre el medio ambiente y las instalaciones productivas salineras, generando un impresionante paisaje cultural de capital importancia. Como consecuencia, el deterioro de este paisaje salinero –el más notable del centro de la península ibérica- es tan acelerado, que en breve no constituirá cosa que un triste conjunto de restos arqueológicos.

Ruina de uno de los almacenes de las salinas de Imón.

Es bien conocida la relación histórica existente entre la concesión real de la explotación de estas salinas al obispado seguntino y el proceso la edificación de su catedral, por lo que el conocimiento de las salinas aporta igualmente de una de las claves que explican la prosperidad pasada de la comarca y –en buena medida- del señorío seguntino, con la insignia catedralicia a la cabeza. También en este caso unas fórmulas imaginativas de cooperación entre las administraciones públicas y la propiedad privada podrían ofrecer la posibilidad de recuperar siquiera parcialmente sus instalaciones, cuya musealización y explotación cultural sería factible imbricándola con el flujo de visitantes que acuden a Sigüenza, pero que se limitan en exclusividad a visitar la ciudad.  

Ermita de la Soledad de Horna.

En otros casos el deterioro afecta a elementos aislados, pero cuya pérdida supondría igualmente un importante menoscabo para el patrimonio cultural seguntino. En particular, valga como ejemplo la ermita de la Soledad en Horna, construida a mediados del siglo XVI y perteneciente a una tipología compositiva característica en razón de su portada geminada, la cual padece unos gravísimos daños estructurales generalizados que suponen un riesgo inminente de colapso, con la consiguiente pérdida de esta singular edificación perteneciente al patrimonio religioso seguntino, y altamente significativa para los vecinos de la pedanía en cuestión.

Puente romano de El Rebollar a la entrada de Sigüenza.

Otro exponente patrimonial cuyo deterioro se puede apreciar de año en año es el puente llamado de El Rebollar, el cual constituye nada menos que uno de los escasos ejemplos conservados de la ingeniería romana en Sigüenza, y que a pesar de ello apenas si es conocido por el gran público. Esta importantísima estructura viaria, destinada a salvar una pequeña vaguada existente en el lugar, está situada a la derecha de la carretera comarcal 304 en dirección a Sigüenza junto al punto kilométrico 34, y posee un solo ojo cubierto por una bóveda de gruesas losas de piedra.

Lamentablemente ya han empezado a derrumbarse algunas de las lajas que sostienen el tablero de la calzada, por lo que el resto de las piedras que conforman la bóveda irá cayendo así mismo de manera cada vez más acelerada debido a la pérdida de trabazón de las piezas que conforman la bóveda.

Los que ya tenemos cierta edad recordamos cómo la Torre de Séñigo, notable vestigio militar de la primera mitad del siglo XII que en los años `60 del siglo pasado aún estaba en pie, fue deteriorándose sin que nadie hiciera nada por evitarlo –salvo la colocación de unos insuficientes zunchos metálicos-, hasta que su último paño aún en pie se derrumbó definitivamente en el año 2002. Ojalá que no tengamos que lamentar más pérdidas como esa en el amenazado patrimonio rural seguntino.

José Juste Ballesta, doctor arquitecto
Co-redactor del Plan Director de la Catedral de Sigüenza