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Bustares, la "Arquitectura dorada" hecha pueblo

Cuando se habla de la Sierra Norte de Guadalajara, a muchos nos viene a la cabeza la «Arquitectura Negra». Sin embargo, esta comarca ofrece una diversidad de posibilidades. Entre ellas, la «Arquitectura Dorada». La misma “constituye la gradación tipológica intermedia entre las edificaciones integrales de pizarra y otros ejemplos populares, como los de mamposterías y sillerías de caliza y arenisca de las serranías de Atienza y Sigüenza, o la de los entramados, piedra y barro de la cuenca del Henares”, aseguran Esther Alegre y Tomás Nieto.

Bustares.

De hecho, los municipios de esta nueva ruta se caracterizan por “la utilización masiva de los materiales locales, madera, barro, cuarcitas y pizarras, lo que da como resultado unas construcciones miméticas, confundidas con el terreno, integradas en un paisaje grandioso”. Un ejemplo de ello es Bustares, un pueblo ubicado en las faldas del Alto Rey.

De la mencionada población destaca su trama urbana, que tiene como centro neurálgico la plaza Mayor. Este espacio está presidido por la iglesia de San Lorenzo, del siglo XIII, en la que se distinguen restos románicos. Entre ellos, su portada: “se inscribe en un cuerpo saliente de sillares blancos y se resuelve con tres arquivoltas de medio punto, decoradas con bisel y cordoncillos, apoyadas en una cornisa que da paso a las columnas, formadas por capitel de decoración vegetal sobre fustes lisos”, describen Nieto y Alegre.

También de estructura románica es la espadaña triangular, que se alza sobre el muro de poniente del templo. Además, dentro de la parroquia se distinguen algunos elementos de gran interés, como la talla de la Virgen de la Trapa, realizada en alabastro y con más de dos siglos de historia. También se debe mencionar la cruz procesional, que se alza como una obra del siglo XVI tallada en plata. Incluso, algunos autores señalan que en esta iglesia pudo yacer el cuerpo de Juan José Arias de Saavedra, tutor de Jovellanos…

Además, a pocas manzanas del santuario está la fuente vieja, construida durante el reinado de Carlos IV. Todo este patrimonio habla de la historia del lugar. “La localidad perteneció a la tierra de Atienza, apareciendo en documentos del siglo XIII. Posteriormente, quedó inclusa en el Sesmo del Bornoba, del Común de Villa y Tierra de Jadraque, con el que pasó a manos de los Mendoza. Y en ellas estuvo hasta la abolición de los señoríos en 1812”, describen Antonio Herrera Casado, Luis Monje Arenas y José Antonio Alonso.

Pero lo realmente coqueto es el conjunto urbano bustareño. “La tipología de los edificios es de dos plantas y cámara bajo cubierta. Además, y como ocurre en otros núcleos de la zona, se observa una sustitución de la piedra original de las cubiertas por teja curva, manteniéndose la primera en los aleros y sobre los muros piñones”, explican los especialistas.

Sierra del Alto Rey.

Naturaleza en estado puro

Y si las calles de Bustares son dignas de visitar, no lo es menos el entorno natural que las rodea. Se trata de un ámbito de sierra, con jugosos prados, monte bajo –estepas y jaras, mayoritariamente– y bosques de robles y de carrascas. De hecho, “el nombre de la localidad viene de la palabra «bustar», que significa «lugar quemado» o sitio donde se quema leña para hacer carbón”, aseguran Herrera Casado, Monje Arenas y Alonso.

Pero si hay un accidente geográfico relevante en el municipio, ése es la sierra del Alto Rey. “Geológicamente, esta comarca presenta una fisionomía que se concretó hace 40 millones de años, a mediados de la Era Terciaria, cuando se produjo la aproximación del continente africano hacia el bloque euroasiático, provocando una compresión de masas continentales que dio origen a la «Orogénesis Alpina», causante de la elevación y formación de la mayoría de las cadenas montañosas europeas”, aseguran Antonio Herrera Casado, Luis Antonio González Espliego y Ángel Luis Toledano.

Justo en el pico más prominente de la sierra se emplaza una ermita que –según la tradición– fue levantada por los templarios. Sin embargo, este extremo no se ha podido confirmar. “La teoría más cierta, que explica la existencia de Santa Coloma de Albendiego y del santuario del Alto Rey, es la que se refiere a la construcción de ambos edificios por monjes de San Agustín”, confirman Herrera Casado, González Espliego y Toledano. Todo ello, hacia el siglo XII…

Ermita del Alto Rey.

Por tanto, desde antaño ha habido una gran devoción en el lugar. “Durante largas centurias, el pico más elevado de esta cordillera estuvo ocupado por una edificación. Es muy posible que existiera allí un lugar de culto de grupos más antiguos. Su auténtico origen, perdido en la noche de los tiempos, podría estar en las culturas de la Prehistoria”, señalan los expertos.

Sin embargo, el actual santuario del Alto Rey procede de 1785. “Se trata de una construcción sencilla y recia, de mampostería con sillares esquineros. Su aspecto externo ofrece una gran reciedumbre. La planta es de nave única, alargada, que se cubre por una bóveda semicircular, en forma de medio cañón, mientras que el presbiterio cuenta con una bóveda hemisférica por cubrición”. Además, se sabe que –en su día– también existió un pequeño monasterio en torno a dicho oratorio, formado por las celdas individuales y una sala capitular.

Asimismo, todavía se cuentan diferentes leyendas asociadas a este entorno. Por ejemplo, la que asegura que una madre, harta de las peleas de sus tres vástagos, les lanzó una maldición por la que los convertía en una tríada de montañas. Así se podrían ver, pero no escucharse. De esta manera habrían surgido el Ocejón, el Moncayo y el Alto Rey…

De igual forma, bajo la cumbre de esta última elevación existe una cueva de la que –según los relatos– manaba un aceite que servía para iluminar la ermita. Pero el mencionado recurso sólo podía ser recogido por los religiosos. Así, cuando un pastor tomó parte de este material para consumo propio, la grasa dejó de brotar, convirtiéndose en agua.

También existe un relato que asegura que –en una ocasión– los monjes quisieron zafarse de los rigores invernales del Alto Rey. Por ello, comenzaron a construir un edificio en la vertiente sur de la sierra, en lo que hoy sería el «Prado de Santa Coloma», cerca de Bustares. Sin embargo, lo que se levantaba por el día, se caía por la noche. Al final, pudieron terminar la obra y trasladaron allí las imágenes de los santos. Pero, a las pocas horas, las tallas aparecieron de nuevo en su emplazamiento original, en lo más elevado de la sierra…

Las fiestas

Empero, las tradiciones del lugar también son festivas. Y para muestra, la romería que tiene lugar en la cima de la sierra. Actualmente, se involucran siete localidades en su organización (Bustares, Albendiego, Aldeanueva de Atienza, Las Navas de Jadraque, Prádena de Atienza, El Ordial y Gascueña de Bornova). Sin embargo, esta unión no siempre ha sido así. Antes de la década de 1940 cada pueblo realizaba la tradición por su parte. Bustares, por ejemplo, lo hacía el 13 de junio, junto a Las Navas de Jadraque…

Pero tras unos sucesos naturales asociados a una tormenta, que afectaron a varias personas, los pueblos implicados decidieron convocar la romería de manera conjunta. Actualmente, las localidades participantes ascienden a la sierra el primer sábado de septiembre. Una vez en la cima realizan una procesión, una misa de campaña, diversos concursos tradicionales y una comida de hermandad.

Feria del libro de Bustares.

Una de las poblaciones más implicadas en esta romería es Bustares. Sin embargo, en este pueblo también existen otras celebraciones. Entre ellas, las fiestas patronales en honor a San Roque –a mediados del mes de agosto– o la Feria Internacional del Libro, que tiene lugar cada sábado santo y donde se congregan autores y editores del mundo. En la última edición llegaron representantes de España, México y Francia. Además, durante la iniciativa se programan actos relacionados con la literatura, la narración oral o la música.

Por tanto, la Serranía de Guadalajara y la «Arquitectura Dorada» deparan muchas sorpresas. También Bustares. Una riqueza que tiene que ver con el patrimonio monumental, la historia y el entorno natural. Pero –igualmente– con las leyendas, las tradiciones, la cultura y la literatura. Sin duda, unas buenas excusas para conocer la zona. ¡No te lo pierdas!

Julio Martínez

Bibliografía.

Alonso Ramos, José Antonio, Herrera Casado, Antonio, y Monje Arenas, Luis. La Sierra de Guadalajara, paso a paso. Guadalajara: Ediciones AACHE, 2012.

Herrera Casado, Antonio, Toledano Ibarra, Ángel Luis, y González Espliego, Luis Antonio. La Romería del Santo Alto Rey. Guadalajara: Ediciones AACHE, 2019.

Nieto Taberné, Tomás, y Alegre Carvajal, Esther. Guía de la Arquitectura Negra de Guadalajara. Guadalajara: Ediciones AACHE, 1998.