El órgano, alma sonora de toda la catedral

Los maestros organeros se refieren a los tubos de adorno que completan las grandes fachadas de los órganos barrocos con la expresión “tubos sin alma”; esos tubos no pueden emitir sonido porque les falta una pieza fundamental denominada alma. Permítaseme afirmar que una catedral sin órgano es un templo sin alma, solo para destacar el efecto que el sonido sobrecogedor y envolvente del órgano ejerce en el oyente.

Órgano mayor de la catedral (1946). Foto de Antonio López Negredo

La catedral de Sigüenza cuenta actualmente con dos órganos emplazados en el coro. El del evangelio, el órgano mayor, data de 1946. Intervino en su construcción el taller AMEZUA Y COMPAÑÍA de San Sebastián, sociedad constituida en febrero de 1912 por Aquilino Amezua (fallecido en octubre de ese mismo año cuando construía el órgano, predecesor del actual, que quedó inservible en 1936), Luciano Cauqual y Leocadio Galdós; este último fue quién dirigió el montaje del nuevo instrumento aquí, en Sigüenza. Los tubos procedían de la casa VIUDA DE A. ESTADELLA, de Barcelona. El coste fue de 58.800 pesetas y lo inauguró nada menos que Jesús Guridi. Era un órgano de dos teclados y pedalero con sistema de transmisión mixto: mecánico para los teclados y neumático para los registros. Nuestro órgano mayor sufrió una profunda transformación en 1988; la casa ORGAMUSIK llevó a cabo una de sus habituales intervenciones agresivas: nueva consola de transmisión eléctrica para un nuevo secreto de aglomerado con electroimanes.

En cuanto al órgano de la epístola o de San Pascual, ofrenda a la catedral de Gaudencio García y Felisa Hernando, fue construido en 2011 por el taller de organería ACITORES, de Torquemada. El artífice, Federico Acitores, contó todos los detalles de su magnífico trabajo en “Anales Seguntinos”. La sonoridad barroca de este órgano complementa la romántica del Amezua que tiene enfrente.

No tengo palabras para describir las sensaciones que viví al ver levantarse ante mí, pieza a pieza, esa compleja y maravillosa máquina que tuve el honor de inaugurar el 26 de noviembre del citado 2011 y que apostillé con un agradecido y emocionado “Te Deum, laudamus”.

 

Juan Antonio Marco Martínez

Canónigo organista de la catedral

 

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