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La gripe española y otras epidemias en La Plazuela

Ante la situación de alarma sanitaria con su reflejo en la situación de cuarentena que se vive en el país hay que decir que, aunque es una situación extrema que nunca ha sufrido nuestra generación, no se trata de un fenómeno nuevo ya que parecidas pandemias han asolado a la humanidad a lo largo de la historia. Recuperamos al respecto dos artículos publicados en La Plazuela que hacen referencia a otros episodios de igual o mayor virulencia.

El primer artículo, data de mayo de 2018, su autora es Amparo Donderis Guastavino, archivera de Sigüenza y se refiere a la incidencia de la mal llamada “gripe española” en Sigüenza y en otros pueblos de la provincia de Guadalajara.

https://laplazuela.net/index.php/dhistoria/11510-la-gripe-espanola-de-1912-en-guadalajara

El segundo artículo, data de septiembre de 2014, su autora es Rita Rodríguez, enfermera del Centro de Salud de Sigüenza, y se refiere a las grandes epidemias que ha sufrido la humanidad.

https://laplazuela.net/index.php/dciencia/9004-grandes-epidemias-de-la-humanidad

 

Apuntes de la historia de la miel (3)

En el mundo antiguo la miel de mejor calidad se destinaba a la alimentación, la de peor o menos purificada se usaba para medicina y otros usos, como los religiosos. En “La Iliada”, Aquiles llevó miel para enterrar a Patroclo, su amigo, y la diosa Thetis introdujo néctar y ambrosía en sus fosas nasales, al objeto de evitar la descomposición del cadáver. Los cadáveres de Héctor y Aquiles también fueron embalsamados con miel, así pudieron ser expuestos para su honra hasta nueve y diecisiete días, conservándose sin problemas hasta su incineración. Demócrito y Alejandro Magno fueron sepultados en miel pura. Dado su poder antiséptico los naturalistas griegos conservaban sus especímenes en miel. También utilizaban la cera para embadurnar a los cadáveres, evitando su corrupción. El veneno de las abejas ya era conocido en la antigüedad, así Hipócrates lo recomendaba como poderoso antirreumático.

En la España Romana la apicultura española fue muy influenciada por los conocimientos de los romanos, que habían adquirido de los griegos, y estos de los egipcios. Catón, Varrón, Columela, Plinio y Paladio fueron los que desarrollaron la técnica de la apicultura romana. Una causa muy importante para el desarrollo de la apicultura en esta época fue el Cristianismo, al llevar la cera virgen a los altares, lo que provocó una gran demanda de la misma. Se seguía ignorando que la miel se formaba a partir del néctar de las flores, los hispanorromanos creían que era un don del cielo, rocío del cielo, recogido por las abejas. Virgilio llama a la miel “aérea”, formada por “el rocío de los aires”. Los romanos llamaban al polvillo floral “pollen” que significa “flor de harina”.

Estatua de Columela. Plaza de las Flores, Cádiz.

Los alimentos más apreciados en esta época eran la carne, leche y miel. Los romanos importaban grandes cantidades de miel del Imperio, sobre todo de Creta, Chipre y principalmente de España. “Que la miel corra sobre tí” era el saludo entre los romanos para desearse prosperidad, enviándose como obsequio panales de miel. Las virtudes nutritivas de la miel fueron muy apreciadas por los romanos, figuraba en numerosos platos y no faltaba en ninguna mesa, entre los muchos productos que elaboraban con miel citaremos el que nos relata Columela, la “aloja”, que luego utilizaron los árabes y fue la bebida nacional en la época de los Austrias, así nos dice como se elaboraba: “Ha de hacerse agua de aloja con miel muy buena, la cual no se hace de un modo sólo. Algunas personas encierran durante algunos años agua de lluvia en unas vasijas y la tienen al raso en un sitio donde dé el sol después de haberla trasegado y haberla aclarado, mezclan un sextario de esta agua con una libra de miel. Sin embargo, algunos que quieren darle un gusto más áspero deslíen nueve onzas de miel en un sextario de agua, con esta porción llenan un frasco, lo tapan con yeso hasta el nacimiento de la canícula, lo dejan que esté cuarenta días al sol; y por último lo ponen en un sobrado donde llegue el humo”.

Luna de miel, costumbre de Roma que ha llegado hasta nuestros días, la madre de la recién casada llevaba por las mañanas, durante toda una fase lunar, una vasija con miel para que la tomaran los recién casados, como símbolo y remedio para obtener fortaleza y salud. Por ello el inicio de la vida matrimonial se conoce como “Luna de miel”. Citar a Lucius Iunius Moderatus Columela, nacido en Cádiz, en los primeros años del siglo I, superó con creces el saber agronómico de sus predecesores, siendo el mayor de los agrónomos de las letras clásicas.

Antonio Nicolás Ochaíta

Asociación de Amigos del Centro y Museo Apícola de Sigüenza

Curiosidades históricas

Unas cuchilladas después de misa. 

Juan de Arriba era criado del arcediano de Ayllón, y el 16 de Mayo de 1570 el alcalde mayor de Sigüenza, que era el doctor Peregrina dictó sentencia contra él.

Y es que el buen Arriba había salido al campo, con espada y rodela, al encuentro de Pedro de Ruesta, sobrino del arcediano, aunque tuvo que esperar porque estaba en misa en Ntra. Sra. de los Huertos.

La salida de misa debió ser interesante porque Arriba arremetió contra Ruesta tirándole diversas cuchilladas, que el otro debió esquivar. El hecho es que hubo escándalo, que el alcalde le siguió y le prendió, siendo lógicamente tema para toda la semana.

Santa María de los Huertos. Sigüenza.

Algo tenía que haber porque Ruesta fue requerido por las autoridades y no quiso poner denuncia. El caso es que el alguacil mayor le acusó de este delito y se sacaron los antecedentes, porque tenía otras dos sentencias de los años 67 y 69 condenándole a penas pecuniarias por las almas, y a destierro.

Nuevamente fue condenado a 1.000 mrs. más la espada y la rodela, con cinco años de destierro precisos, y pena de galeras por su eventual quebranto. Además le cayeron otros dos meses de destierro por cada una de las dos sentencias que tenía por cumplir.

Juan de Arriba se conformó con la sentencia y el 26 de Mayo salió para cumplirlo enviando razón de ello el escribano Cosme de Villaverde y más tarde el alcalde Peregrina escribió a Mateo Vázquez, secretario del cardenal Espinosa porque Arriba había pedido gracia y se quejaba de que no ejecutaba lo decretado algo que el alcalde afirmaba haber desconocido hasta el 13 de Julio y que el decreto anterior lo tenía el arcediano de Ayllón que, por descuido o por no querer, no se lo había entregado.
Volvía a contar el suceso afirmando que Arriba había ido con intención de matar al sobrino de su señor y que había un secreto referente a cierta mujer casada y que si había que hacerle merced hubiera sido mejor suspender el destierro en vez de levantarlo y que no tenía oficio ni beneficio ni deudos para pretender Arriba lo que pretendía.

El condenado, por su parte, tras haber cumplido casi dos años de destierro, justificaba la petición, diciendo que no hubo herida de ninguno de los dos y no se había querellado antes bien había rogado al alcalde que se inhibiese y que hacía más de un año que él y Ruesta eran amigos y se trataban por carta; añadía que si había aceptado la sentencia había sido en la seguridad de que el cardenal le habría levantado el destierro como muchas veces le había suplicado yendo incluso hasta Córdoba con este objeto y habiéndole hecho una última petición seis meses antes, tras lo cual pidió al secretario una relación del hecho, pues entre tanto había caído enfermo y había tenido que abandonar la corte y había gastado cuanto tenía y se apelaba al amor de Dios para el levantamiento del destierro. No parece que Mateo Vázquez estuviera por la labor después de las informaciones del alcalde, pues anotó “No ha lugar”.

Lo que sí está claro es que las comidillas de Sigüenza tenían variedad y frecuencia de argumentos. Mientras entre el alcalde y Vázquez se debatía el asunto del destierro llegó a Sigüenza un alguacil del Santo Oficio que llevaba dos presos desde Barcelona.

Debía ser uno de esos personajes muy seguros de sí porque el alcalde le ofreció la cárcel o prisiones para los presos, que el alguacil en causa no aceptó.

Uno de los dos se dio a la fuga*.
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*IVDJ, Envío 72, caja 98, t. II, n. 239-246.

 

 

Juego y jugadores en Sigüenza. 

No se trata del póker, ni de una película como El Golpe, ni se jugaba en el tren. Era en Sigüenza el jueves de comadres.

Ya sé que muchos de ustedes es la primera vez que ven esta fecha variable en el calendario, pero no es otra cosa que el actual jueves lardero –chorizo y huevo–.

Pues bien, el jueves de comadres un arquero de su majestad comenzó a jugar con otro a las Tablas, públicamente, al Sol (¿quizá fuera de la puerta del Sol?) y del juego de tablas pasaron a jugar con dos dados al momo sanz (que era también un tipo de juego de tablas) y apostando algunos de los circunstantes con la ocasión del tiempo, casi al fin del juego llegó Juan de Herrera y apostó y jugó tres o cuatro suertes por lo cual fue denunciado y preso al octavo día y hace muchos que lo está, condenado a doscientos ducados y cinco años de destierro del reino.

El padre del encausado, Alonso de Gamboa escribió al cardenal Espinosa –que para eso era el obispo de Sigüenza y el que mandaba en el reino– solicitando el perdón porque el juego había sido ocasionado por la fecha concreta, y había sido público, sin entender que se ofendía y pidiendo escribiese a uno de los alcaldes para que templase el rigor de la sentencia dada la larga prisión y el tanto gasto*.

El Juego de Tablas figura ya en el “Libro de ajedrez, dados y tablas” de Alfonso X. Se jugaba sobre un tablero dividido en cuatro cuadras de seis casillas cada una y con una franja central dividiendo las dos mitades del tablero. Para el juego se empleaban quince tablas o fichas redondas y dos o tres dados pues había una quincena de variedades, siempre según Alfonso X.

Vamos que ya entonces jugaban al backgammon y que el juego de Tablas es de los más antiguos de la humanidad que, por lo visto, requiere un gran sentido de la estrategia.

Otro que aparece jugando es Juan Yáñez de Valmaseda. Este señor era nada menos que el provisor –el que gobernaba la diócesis en nombre el cardenal Espinosa– y de él decía un informante anónimo, al mismo cardenal, que buscaba conversaciones con prebendados y se iba al campo con ellos muy de ordinario; también se descomponía frecuentemente jugando al Ruejo y tirando al canto o corriendo y justando, con una capa bajo el brazo y llevando a cabo otras liviandades de esas que no las haría un estudiante.

Pues el mismo informe no se para aquí y parece querer decir: “Quítelo usted porque es un tonto que no entiende nada, un ineficiente, un maleducado y uno que no sabe estar a la altura. Póngame en su lugar”.

Por eso decía también el autor que a Yáñez se le consideraba un hombre muy vulgar porque tenía mucha conversación con cantorcillos y gente de esta manera, dándoles orden en sus representaciones y músicas, preparándolos a ello, hasta ir de día, en persona, a la cantoría a verlos ensayar “y a ponerlos en los meneos que han de hacer”, o sea que también había actividades musicales en Sigüenza fuera del culto catedral.

El informante tenía que ser un quisquilloso pues ¿por qué no podría el buen Yáñez hablar con quien quisiera, pasear con quien le diera la gana o jugar un rato y distraerse con el canto y con la música? Siempre ha habido mojigatos.
Bueno pues estas breves noticiejas las he leído y copiado en el madrileño Instituto Valencia de Don Juan.
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* IVDJ, Envío 72, caja 98, t. II, n. 143.

 

Apuntes sobre la historia de la miel (2)

La Colonización griega de España dejó sus amplios conocimientos a los apicultores españoles, conocimientos que los griegos deben en su mayor parte a los trabajos de Aristóteles, quien pensaba que la miel cae del aire, como el rocío, a la hora que se elevan las estrellas y cuando el arco iris reposa sobre la tierra, las abejas recogen este rocío de miel. Ignoraban su origen. Aristóteles escribió mucho sobre las abejas en su obra zoológica, con observaciones bastante más exactas que las relativas al origen de la miel. La miel sigue siendo el edulcorante principal, se desconocía el azúcar. Los griegos afirmaban que la miel era el alimento ideal para vivir más años. Hipócrates, Galeno y otros médicos la recomendaban. Demócrito vivió 109 años, gran consumidor de miel, el poeta lírico Anacreonte vivió 105 años. Los atletas la tomaban como fuente de energía. Demócrito decía: “Emplead el aceite al exterior y la miel al interior”. En la “Ilíada” y la “Odisea” de Homero se cita la importancia de la miel, que formaba parte como principal ingrediente en todas las comidas. La ambrosía, alimento de los dioses, llevaba entre sus ingredientes polen y miel.

Ambrosía, la comida de los dioses en el Olimpo. (Nicola da Urbino 1530)

Jenofonte, en su “Anábasis”, narra la “Retirada de los Diez Mil”, regreso de los griegos a su tierra después de combatir en la batalla de Cunaxa (401 a.C.) cerca de Babilonia, luchando a favor de Ciro el Joven, quien disputaba el trono con Artajerjes II, su hermano. Ciro muere en la batalla y se produce la desbandada de su ejército, en su retirada llegaron a Trebisonda, en la actual Turquía, cerca del Mar Negro, allí en su búsqueda de comida encontraron un colmenar, donde tomaron con avidez sus panales, una o dos horas después de comer empezaron a comportarse como si hubieran perdido el juicio, sufrieron vómitos, diarreas y espasmos de modo que “los menos enfermos parecían borrachos y los demás furiosos y moribundos”, al cabo de varios días fueron recuperándose y pudieron seguir la marcha. La miel que habían consumido proviene de las flores de los rododendros, Rhododendrum ponticum y Azalea ponticum. Estas plantas producen un néctar que es tóxico para el hombre. Hay una confusión en cuanto a la toxicidad del néctar de los rododendros, la miel de los Rododendros de los Pirineos es apta para el consumo humano, la que es tóxica es la del Rododendro ponticum que se da en Asia, aunque a los dos o tres meses de cosechada pierde sus efectos tóxicos.

Busto de Aristóteles (Palazzo Altemps, Roma)

Pitágoras se alimentaba sólo de miel y pan, porque aumentaba la inteligencia y la longevidad. Entre las recetas culinarias que preparaban los griegos se encuentra el “Hyma”, que era un picadillo de carnes tiernas, queso rallado, cebolla, tomillo, pasas y vinagre, todo ello sazonado con miel. La “Hyposphagma” de Erasístrato, pasta de sangre, queso y miel, lo que sería como una morcilla de nuestras tierras. La “Oximiel” de los romanos se debe a los griegos, era una mezcla de miel y vinagre, se usaba en medicina y gastronomía. La “Hidromiel” se empezó a elaborar en Grecia, de allí pasó a Roma, donde se llamaba “Mulsa” o “Agua Mulsa”, sin fermentar, con dos partes de agua y una de miel, según Dioscórides, la tomaban los campesinos, y fermentada era un líquido alcohólico llamado “Methy”. Dioscórides utilizaba la miel mezclada con aceite como vomitivo contra los envenenamientos y para provocar la sudoración en las infecciones pulmonares.

Antonio Nicolás Ochaíta
Asociación de Amigos del Centro y Museo Apícola de Sigüenza

Entre Flandes y Sigüenza

Un obispo que no tuvo tiempo para nada

Fue un obispo casado, fue un obispo militar y era el almirante de Aragón, nacido además en la Alhambra de Granada porque era hijo del conde de Tendilla. Con la guerra tuvo que ver desde joven pues acompañó a su padre en la guerra de las Alpujarras, siendo cabo de infantería y de caballería. Se llamaba don Francisco de Mendoza y se casó en 1584 con doña María Ruiz de Liori Folch de Cardona Colón de Córdoba, marquesa de Guadalest y condesa de Montealegre, sucesora de Cristóbal de Córdoba, almirante de Aragón, por donde don Francisco vino en ser Almirante de Aragón; este matrimonio tuvo una hija que murió niña en 1590.
La duquesa, que ya había estado casada con el conde de Fuentes, murió en Calzada de Calatrava en 1591 pleiteando por el ducado de Veragua y los pleitos se llevaron grandes caudales contrayendo unas deudas que trajeron a mal traer a don Francisco hasta el final de sus días.

Llevó don Francisco su viudedad con gran espíritu cristiano, siendo de ejemplo en la corte. Felipe II le hizo de 1595 a 1598 mayordomo de la Casa de Borgoña y le ocupaba en Juntas de Gobierno, dada su prudencia. En 1595 le mandó el rey a Flandes como mayordomo mayor del archiduque Alberto, participando en la toma del fuerte de Montulin el 23 de Septiembre de 1597 con mil caballos ligeros, arcabuceros y los tercios de infantería del maestre de Campo Luis Velasco; se portó con bravura en  la jornada de Calais y poco después fue como embajador ante Rodolfo II. Llegó a Stiria y comenzó a preparar el casamiento de Felipe (III) con Margarita de Austria; luego fue a Viena, a Hungría y al Tirol a otros negocios con los archiduques Matías y Maximiliano; llegó a Augusta y recibió orden del rey de ir a Polonia para sacar de pila en nombre del rey a Catalina, hija de Segismundo y a tratar los negocios de la dieta que se había de celebrar en aquel reino, volviendo a la corte del emperador a comunicar con él toda una serie de temas. Regresó a Bruselas el 26 de Junio de 1598.

Retrato de Francisco de Mendoza, hecho cuando estaba cautivo en Flandes, en 1601. Autor anónimo. Rijksmuseum (Amsterdam).

En compañía del archiduque Alberto, de cuyo consejo de Guerra y Estado formó parte, salió en campaña cumpliendo con su cargo de capitán general de caballería; fue en socorro de Amiens y en la retirada resistió con su caballería al rey de Francia con reputación de nuestras armas. Puso sitió al fuerte de Montulin con mil caballos y seis mil infantes y en tres días obtuvo la rendición, lo reforzó y lo abasteció de todo lo necesario. Cuando se concertó la paz con Francia figuró entre los rehenes dados en garantía. Con ocasión del casamiento del archiduque con la infanta Isabel Clara Eugenia y volver a España el archiduque lo dejó como Capitán General de Ejército de Flandes en 1598 realizando una brillante campaña en la que destacan como hechos principales el paso del Rhin, la toma de Alpem, el castillo de Brouech, la ciudad de Rimberch, la villa de Emerich, la de Hanholt y el castillo de Schulenburg. A lo que hay que añadir la labor diplomática y administrativa. Después de aplastar a los regimientos de Zelanda y Escocia así como al escuadrón de los Frisones en la batalla de Nieuport el 2 de Julio de 1600, viendo derrotado el grueso del ejército del archiduque Alberto se mantuvo heroicamente para proteger la retirada del archiduque, hasta que herido y derribado del caballo cayó prisionero de los holandeses, permaneciendo así durante dos años y sin querer redimirse del cautiverio hasta no ver libres a todos sus oficiales y soldados pagando él los rescates, con lo que se vio arruinado.

Al cabo de nueve años, después de haber dado muestras de una austera administración, regresó a la península, pero el rey no le permitió acercarse a la Corte por lo que puso su residencia en Guadalajara al amparo de su hermano el duque del Infantado.

El jueves 21 de Mayo de 1609 por la mañana don Francisco fue arrestado en Guadalajara por el alcalde Silva de Torres acusado de traición por haber hecho llegar al rey el año anterior un memorial anónimo, firmado por “El deseoso inútil”, en San Lorenzo de El Escorial “condenando el gobierno que corría y que después aparecieron en las esquinas de este lugar [Madrid] ciertos papeles en conformidad con dicho memorial que se atribuye a él”. El pasquín en cuestión había sido colocado en la puerta norte del Alcázar madrileño, en la puerta de Guadalajara y en la Cárcel de corte.     

Y es que al volver de Flandes no recibió don Francisco las mercedes esperadas de Felipe III y se resistió a las negociaciones de la Tregua de los Doce Años, manifestando su oposición al duque de Lerma y teniendo una serie de incidentes con figuras cercanas al duque como Rodrigo Calderón y Pedro Franqueza.

En el proceso que siguió se le reprochaban sus acusaciones contra el duque de Lerma y sus aledaños políticos e incluso críticas a Felipe III, a quien habría acusado de ser “un pobrete” y de haber dado aliento, desde 1598, a la posibilidad de que los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia pudieran ocupar el trono ante una cercana muerte de Felipe III.

El duque de Lerma había sido muy criticado por el almirante Mendoza, que consideraba a su gobierno como corrupto, tiránico y sin otro fin que el enriquecimiento de los Sandoval (la familia de Lerma), todo ello en el continuo engaño del Rey. Le preguntaron si había dicho “muchas veces que el dicho Señor duque engañaba al rey a cada paso y que le divertía en pasatiempos para que no se hiciera capaz de negocios y con esto quedarse el señor Duque con el soberano y administración de esta monarquía”. De manera que el futuro obispo seguntino fue un claro opositor del duque de Lerma y de su privanza.

Don Francisco estuvo encerrado en el castillo de Santorcaz durante cuatro años para pasar luego otros cuatro en San Bartolomé de Lupiana y en San Francisco de Guadalajara gracias a las gestiones del duque del Infantado a cuyas expensas vivió el desgraciado almirante de Aragón durante casi veinte años. Por fin resultó absuelto con toda clase de pronunciamientos favorables.

A los 74 años se hizo sacerdote y en 1622, Felipe IV lo presentó para el obispado de Sigüenza, siendo consagrado en Madrid, el 23 de Octubre de 1622.

El 13 de Diciembre de 1622 para festejar la toma de posesión del nuevo obispo el ayuntamiento de Sigüenza acordó que se hicieran dos danzas, una de niños y otra de hombres y por la noche se corriese un novillo por las calles empezgado de jubillos en los cuernos y que al día siguiente se corrieran toros.

Se le esperaba en Sigüenza para Noviembre de 1622 y para la venida del obispo el cabildo del día 28 había mandado que todos los prebendados se hicieran la coronilla y se recortaran los bigotes.

Parece que el obispo había decidido vivir en Palazuelos, que era de los Mendoza, y por eso el cabildo mandó que se llevase allí la tapicería de la catedral, donada por don Fadrique de Portugal, para adornar los aposentos del almirante y obispo, pero no fue necesario porque estando en Madrid, en casa de su hermano el duque del Infantado, le sobrevinieron unas tercianas dobles y congojosas que le hicieron ver la proximidad de su muerte, hizo testamento, acomodó a sus criados, ordenó pagar sus deudas y mandó hacer un altar en la habitación donde guardaba cama, oyendo misa y comulgando todos los días y así devotamente murió el 1 de Marzo a las seis de la mañana de 1623, siendo enterrado en el colegio de la Compañía de Jesús en Alcalá de Henares.
Como obispo no tuvo tiempo para nada pero ya de por sí era un  personaje significativo desde el punto de vista militar, administrativo y político.

Dos seguntinos olvidados

Estamos tan acostumbrados a ver Sigüenza como una ciudad frailuna que frecuentemente nos olvidamos en la historia de personajes ciertamente interesantes, por eso quiero presentar a dos del siglo XVI, ambos nacidos en la ciudad, Domingo de Villaverde y Matías de Contreras ¿A que no han oído hablar nunca de ellos?

Ambos tuvieron importancia en la historia del dominio español en Flandes en tiempos de Felipe II, cuando el rey tenía puesta su confianza en Alejandro Farnesio que fue tercer duque de Parma, Piacenza y Castro, pero que también era sobrino de Felipe II y de don Juan de Austria, por eso estuvo en la batalla de Lepanto. Y es que era hijo de Octavio Farnesio y Margarita de Austria, hija ilegítima de Carlos V.

De manera que con esas raíces familiares no nos puede extrañar que fuera un notable militar que conocía la región al haber acompañado a su madre cuando fue nombrada gobernadora de los Países Bajos. En 1576 fue nombrado gobernador de Flandes don Juan de Austria y en 1577 fue enviado en su ayuda Alejandro Farnesio que, en Enero de 1578 ya ganó la batalla de Gembloux a los protestantes, y como en octubre de 1578 falleció don Juan de Austria, probablemente de tifus, fue Farnesio quien se ocupó de la lucha armada en Flandes.

Y aquí es donde entran los seguntinos. Hay un manuscrito en la Biblioteca Nacional de Madrid que se titula “Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese, por el capitán Alfonso Vázquez, Sargento Mayor de la milicia de Jaén y su distrito”; pues bien este militar, de alta graduación en esa época, nos informa de que

“El capitán y gobernador Domingo de Villaverde, natural de Sigüenza, hechura de Alexandro, bizarro capitán, temido en las ocasiones, osado en los peligros, peleó y trabajó más que otros y siempre dio muestras de muy gran soldado y animoso capitán”.

Recibe Domingo de Villaverde un elogio, de un compañero de alta graduación, del que solo quiero comentar la frase “hechura de Alejandro”, pues que se le consideraba en perfecta sintonía con uno de los mejores militares del siglo, algo que por sí mismo le abre la puerta de la historia, pero además los elogios que Alfonso Vázquez tributa al nuestro: bizarro, temido, osado y animoso, nos hacen entrever por qué lo consideraran hechura de Alejandro Farnesio.

De Matías de Contreras nos habla el mismo manuscrito esta vez con respecto a la administración de guerra, porque todo contribuye a la victoria o a la derrota. Se nos dice de él:

“Otros comisarios de muestras, y Oficiales de las Contadurías y Veedurías generales hubo que procedieron con grandísima limpieza y buen renombre, tan solamente que D. Diego de Ibarra escogió porque, como he referido, hasta que él fue a Flandes, vivieron algunos con mucho desorden y rotura, si bien hubo otros, como Matías de Contreras, natural de Sigüenza, y Melchor Espinosa, natural de Valladolid, y Juan Alonso de Molina, que hoy es Contador de las Galeras de España, que fueron muy honrados y limpios y merecieron por sus personas se les hiciese merced y favor.”

O sea que siempre ha habido gente honrada y gente ladrona en las administraciones y me alegra encontrar a un seguntino que en tiempo de guerra, tiempo propicio para todo desorden, gozara de tamaña fama de honradez y limpieza y encima fuera apreciado por los de arriba. Era honrado y lo parecía.
Comprendo que no son dos personajes de relevancia histórica nacional, pero cuando alguien se dedique a compilar una enciclopedia de personajes seguntinos, estos merecen estar y que se les recuerde, pues no debemos olvidar que recordar es vivir.

Pedro A. Olea
Sigüenza 2019