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“Adiós Segontia, adiós”

Sin lugar a duda el saludo que más nos gusta a los seres humanos, a los que realmente viven de forma plenamente humana, es el tan dicho “hasta luego”. Este saludo implica, de forma casi inconsciente, un volverse a ver en el trascurso de los días, los meses o los años. Por otra parte, el “adiós” supone, de forma totalmente implícita, un buen deseo, el ir con Dios, pero a su vez suena a despedida, a finalización, al eco de una hasta siempre.

Pues bien, queridos seguntinos, queridos lectores, el pasado 1 de mayo, Sigüenza, de forma sigilosa, decía un verdadero adiós a la empresa “Segontia, S.A.”. Dicho así, casi nadie puede localizar a qué me refiero pero dicho de la forma común seguramente todos caigamos a qué nos estamos refiriendo. El pasado día 1 de mayo se cerraba definitivamente la “fábrica de gaseosas de los Arjona”. Ahora todos con la imaginación hasta nos ubicamos en la calle Pío XII, número 12.

Con mucha seguridad al leer estas líneas nos viene a la mente la imagen de Carlos, “el Arjona” apoyado en la puerta, con su eternos cigarrillos, saludando a los viandantes, vecinos y todo aquel que por dicho lugar transitase. Ese Carlos inició lo que a día de hoy se conoce como un negocio familiar. Buen dato hubiese sido el poder decir cuántas gaseosas se han llenado en estos casi tres cuartos de siglo en dicho local. Pero ahora eso ya no importa porque “un grano hace granero” y botella a botella se ha asociado de forma perpetua el apellido Arjona a la gaseosa seguntina.

Carlos, emprendedor y amante de Sigüenza, no dudó en poner en marcha una idea heredada pero que, con el paso del tiempo, se fusionó a su nombre, a su persona y a la de su esposa, mi abuela, Angelita, que como mujer y madre, siempre estuvo al pie del cañón, y por ende a la de sus hijos (Mº Carmen, Ángel, Carlos y José Andrés) y nietos.

Carlos amaba Sigüenza hasta el punto que lo único que podía equipararse a su dedicación “gaseosera” fueron sus tiempos al servicio de la ciudad de Sigüenza, ya como concejal, ya como miembro de lista de partidos, ya como fuese, pero todo por Sigüenza. Muchos desasosiegos le producían ambas cosas pero con su carácter (por muchos conocido) consiguió consolidar un negocio que, desde siempre y por siempre, se ubicó en Sigüenza, facturó en Sigüenza y ha muerto en Sigüenza.

Tal afán por las gaseosas hizo que, por ósmosis, sus tres hijos varones, Ángel, Carlos y José Andrés quedasen “contagiados” por dicha dedicación. Ellos han sabido adaptarse a los tiempos, ampliando su venta por el corredor del Henares y también, junto a las gaseosas y sifones, poder distribuir marcas que complementasen, nunca sustituyesen, lo necesario para poder ir avanzando en el negocio. A ellos tres no sólo les suman las gaseosas envasadas sino también las cajas movidas y cargadas: aguas, cervezas, zumos,… pero por mucha vorágine que tuviesen en el corredor del Henares había un servicio primordial, principal, que había que cubrir y nunca olvidar: Sigüenza.

Sería insensato no reconocer que Sigüenza siempre ha tenido para ellos prioridad e prontitud en el reparto. Fuese la hora que fuese, el teléfono, primero fijo, luego móvil, siempre se ha cogido, se ha anotado el pedido y en el menor tiempo posible la mercancía estaba en el almacén que lo solicitase. Esta forma de trabajar, desde fuera y por cercanía, bien se puede decir que no era lucrativa sino apasionada por los seguntinos. Creo que, muchos, bien sabéis a lo que me refiero porque habéis sido vosotros quienes habéis experimentado esto en vuestros negocios, familias, o empresas.

Todo en la vida terrena tiene principio y fin y estas líneas son por eso, por el final de una empresa más que cesa en Sigüenza. Una empresa peculiar, familiar, que ha formado parte de la vida ordinaria de muchos de vosotros.

Pero creo, y lo sé muy bien, que este final no está lleno de nostalgias o miradas al pasado sino de un descanso “premerecido” (porque no es una jubilación sino una prejubilación de un par de años). Dicho descanso está lleno de agradecimiento a todos aquellos a los que esta empresa les ha dicho algo o mucho en su día a día.

No es momento de nombres de aquellos que han hecho de esta empresa “su” empresa mediante la opción principal por ella. Cada cliente sabe bien que puesto ha ocupado en el ranking de compradores de gaseosa o sifones auténticamente seguntinos. Dichos nombres quedan en la memoria y en el agradecimiento de los Arjona, de los hijos y nietos de Carlos ya que han sido muchos, otras veces no tantos, pero que algunos en un acto de amor hacia Sigüenza y a la familia han sido capaces de promocionarla hasta en Fitur.

A todos vosotros gracias por estar ahí, compradores fieles y pacientes, verdaderos clientes que no os habéis dejado seducir por la peligrosa tentación de la oferta y la demanda, sino que habéis optado por una gaseosa de sabor extraordinario, y en consecuencia y de forma indirecta, al comprarla habéis optado por Sigüenza.

Y las dudas en este momento son lógicas: y ¿por qué no seguir? La gran pregunta es ésta y quien busque razones, que salga a la calle mire y vea. Quizá Sigüenza sea el lugar más apasionante para emprender porque cautiva el corazón pero quizá es el lugar más duro para poder mantener una planta de producción sea de lo que sea. La erótica de lo barato y su “presunta” rentabilidad hace que muchas veces caigamos en su encanto olvidando lo nuestro, lo que nos define y marca, cosa que se entiende y se respeta pero que desde el realismo hace ver dicho fenómeno como el mejor acto para frenar, poner límite y cambiar de dirección.

Y junto a esta cuestión queda el “y ahora ¿qué?” Ahora, a Ángel, a Carlos y a José Andrés, les toca descansar en la preciosa edad del júbilo que por muchos es esperada, la jubilación. Mientras tanto, de forma sigilosa, muchas botellas vacías, muchos recuerdos, muchas vivencias, mucho trabajo, mucha dedicación que sigilosamente dormirán en sus corazones de esta Sigüenza suya y de todos.

Y mientras se disfruta de esto ya se puede decir “adiós Segontia, adiós”, “adiós gaseosa, adiós”.