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Las 1001 cartas de D. Pedro Moreno

Un hecho fortuito e inesperado puso en mis manos el archivo privado de D. Pedro Moreno y González del Campillo. Dicho archivo estaba a punto de desaparecer en un contenedor de escombros seguntino cuando alguien, con buen criterio y que sabe valorar las cosas que tienen valor (valga la redundancia), avisó a Miguel Muela por si le interesaban unos papeles y unos libros antiguos que había visto entre los escombros. Miguel no se lo pensó dos veces y recuperó todo lo que pudo. 

El trabajo que yo he realizado y que trataré de resumir en este artículo es el de dar a conocer el legado epistolar de D. Pedro, compuesto por las cartas y demás material gráfico que este señor recibió y conservó en Sigüenza entre los años 1902 y 1917, a las que se añaden las que recibió D. José Gamboa, marido de su sobrina, durante los años 1918 y 1919.

Las cartas dan testimonio de las vidas de quienes las escriben, nos hablan de sus necesidades, de sus sentimientos, de lo que les preocupa o les alegra, lo mismo nos hablan de la compra de unas sillas que del estado de salud de amigos y familiares, de los apuros y estrecheces económicas, la disconformidad con una herencia o los disgustos que a veces causan los hijos, todo lo que pasa por las vidas de sus autores y que reflejan el sentir y el devenir cotidiano de la sociedad española de esos años está comprendido en esta correspondencia epistolar. Este es el auténtico valor de esta correspondencia, que está llena de datos tanto humanos como económicos, anécdotas, vivencias, costumbres, modas. Todo lo que impregna la vida cotidiana circula por estos papeles.

Estos documentos recuperados están llenos de información relevante, no solo por lo que cuentan sino también por cómo lo cuentan. En estos tiempos actuales, en que las cartas como tales, han desaparecido sustituidas por el teléfono y sobre todo por los mensajes apresurados, cortos e inmediatos del correo electrónico, los Whatsapp o la algarabía de las redes sociales, resulta un auténtico placer leer textos reposados, bien redactados, gramaticalmente correctos, con buena ortografía, sin tachones ni borrones, hechos y rehechos en borradores consecutivos hasta llegar al texto definitivo de perfecta redacción y cuidada caligrafía, en los que se narra la vida tal y como acontece en el día a día, con sus alegrías y sufrimientos, con las preocupaciones y trabajos que a lo largo de 17 años ocuparon a sus remitentes. Es lo que se denomina intrahistoria lo que circula por esos escritos, esa pequeña historia familiar, anónima, cotidiana, alejada de la Historia con mayúsculas, de los grandes hechos históricos y de los grandes personajes que cambiaron el curso de la historia pero no por eso menos valiosa para entender nuestro pasado.

La información que este archivo acumula me ha permitido hacer un recorrido por lo que fue la vida cotidiana a lo largo de los primeros veinte años del S.XX tanto en Sigüenza como en el resto del país. A través de estas líneas trataré de describir algunos ejemplos de la variedad de asuntos que circulan a través de esta correspondencia epistolar.

La mayor parte de lo conservado se debe a las cartas escritas por los familiares de D. Pedro: madre, esposa, hermanos y sobrinos mayormente. Otras pertenecen a sus administradores en Cervera, a personas que estaban o habían estado a su servicio, y muchas a sus amistades, proveedores y clientes.

Un número importante de los documentos del archivo son aquellos que se refieren a los aspectos relativos al patrimonio familiar del dueño del archivo, pues D. Pedro, aunque vive en Sigüenza, tiene propiedades familiares en Cervera del Rio Alhama (Logroño), donde es dueño de viñas, olivos y frutales de las que sus administradores y familiares le mantienen puntualmente informado. Otro buen número de cartas tratan de asuntos relacionados con la política, ya que D. Pedro controlaba desde Sigüenza los procesos electorales, tanto los de esta ciudad, como los de Cervera y alrededores actuando como cacique del Conde de Romanones. También hay cartas sobre asuntos judiciales, o de meras ofertas comerciales. Otro capítulo importante pertenece a las cartas que recibe D. Pedro solicitándole favores y recomendaciones. En ellas a veces se solicita directamente su mediación ante Romanones para la concesión de algún favor o prebenda de la más variada índole: un destino en el trabajo, un ascenso, un cargo, una reducción de pena carcelaria, un traslado, un puesto mejor remunerado etc. 

D. Pedro Moreno no era seguntino, como he dicho anteriormente, era de Cervera del Río Alhama una pequeña localidad riojana y llegó a Sigüenza para ejercer como juez posiblemente sobre la década de los años setenta del S.XIX pues no tenemos ningún dato que nos aporte una fecha concreta. El caso es que aquí se estableció y vivió la última etapa de su vida como un seguntino más dedicado a los negocios y en contacto con sus gentes, integrado en su sociedad y relacionado con sus instituciones. La primera fábrica de electricidad seguntina la fundó D. Pedro con sus amigos y socios seguntinos I. Gil y M. Pastor.

El Conde de Romanones en Sigüenza, al pie del carruaje.

Compró una casa en el paseo de la Alameda nº 14, donde vivía con una sobrina que adoptó, ya que él no tenía hijos. En1903 vende una parte de esa casa a D. Álvaro de Figueroa, Conde de Romanones con quien mantendrá en adelante una profunda amistad hasta el punto de que terminó emparentando con él a través del matrimonio de su sobrina Matilde con José Gamboa ya que una hija de ambos, María, se casó con uno de los hijos de Romanones -Agustín de Figueroa, marqués de Santo Floro -.

De la gran amistad entre D. Pedro y Romanones da testimonio esta carta escrita por la esposa del Conde a D. Pedro donde esta le expresa el sentimiento de soledad que la embarga debido al matrimonio de su hija “Nuestro buenísimo amigo: Muchísimo agradecimos a Vd su cariñosa carta y el telegrama el día de la boda de nuestra hija. Yo estoy sin sombra, no sé lo que me pasa, de gran consuelo me sirve la dicha de ella ¡quiera el cielo no retirársela nunca! Aquí me he venido muy necesitada de reponer fuerzas físicas y morales. Si Vd quiere venir a almorzar o a hacer noche ya sabe con el gusto que siempre le vemos, estaré hasta el próximo domingo que espero a Álvaro y Luisito (sus hijos) de vuelta de París donde marcharon al día siguiente por la mañanita. Así mi soledad era aún mayor pero las cosas se arreglaron así y no hay más remedio que tomarlas como vienen. Mi hermana, que se ha venido conmigo, es mi paño de lágrimas y como es tan buenísima es una compañía, para mí la mejor faltándome las otras. No tengo más afán que la llegada del cartero, en fin, que soy una suegra ridícula. Que se venga Vd por aquí y así elegimos los muebles y las camas para Sigüenza porque tengo aquí el almacén. Recuerdos a sus sobrinos y sabe es siempre su sincera amiga. La condesa de Romanones”.

Pero D. Pedro no era solo un buen amigo del Conde con el que ir de caza, afición que ambos compartían, sino que además era su cacique local para los asuntos electorales, velando siempre por los intereses de Romanones y del partido liberal. Un ejemplo de este compromiso lo tenemos en esta carta donde el Conde le dice a su amigo “Ruego a Vd que al procederse a la elección de compromisarios para la próxima elección de senadores, recaiga el nombramiento en personal de confianza y que esté dispuesto a seguir mis indicaciones.Estimaré este nuevo servicio como un muy especial favor, rogando me de aviso de la persona que sea designada”.

Otras veces D. Pedro actúa como intermediario entre personas que desean conseguir un favor o una prebenda y el Conde a quien se le supone la facultad de conseguirla. Son de una gran variedad las peticiones que aparecen en la documentación y proceden de cualquier persona: familiar, amigo, sirviente, subordinado etc. Desde pedir una reducción de condena a un preso hasta un ascenso, una subida de sueldo o la concesión de la plaza de maestrescuela para la catedral de Sigüenza, cualquier cosa se le pide al Conde a cambio de serle fiel y ponerse a su disposición siempre que se le necesitase. En esta carta se pide que se rebaje el servicio militar al hijo de una mujer por ser el que sostiene a la familia “hace unos días estuvo aquí la Dionisia de Barcones tía de Pascuala para ver si podías conseguir del Conde rebajaran del servicio a su hijo que era el que sostenía la casa con lo que ganaba, pues el padre tiene una amiga y se gasta con ella todo cuanto gana y el hijo como está sujeto no puede hacer nada y la pobre mujer está aburrida”.

Hay otra carta curiosa con este mismo asunto de recomendación para una maestra pidiéndole a Romanones que consiga la benevolencia de la profesora de pedagogía Dña. Carmen Oña, hacia una alumna de la Normal de Magisterio de Guadalajara que ha de examinarse con ella ya que según se rumorea esta profesora no siente simpatía por las estudiantes que se han educado con religiosas, como parece ser el caso de la muchacha “Querido Pepe: ayer estuvo Pilar a vernos y me dijo que tenía mucho miedo al examen de Pedagogía porque la profesora de esa asignatura, lleva fama de tratar peor a las que se educan con religiosas porque es de otras ideas y que le habían dicho que la recomendación del Conde era para ella de gran fuerza, así que haz el favor de interesar a Romanones para que recomiende bien a Pilar. Ya ves, tantas asignaturas como lleva y noto que le infunde pánico esta señora. Aparte va la nota y no dejes de hacerlo y mil gracias”.

Hay cartas narradas con infinita tristeza y desconsuelo como la que escribe Eusebio Casado desde Estriégana contándole a D. Pedro la muerte de su hijo “Quise escribirle el fallecimiento de mi querido hijo y de mucha pena y sentimiento no me ha sido posible, pida Vd a Dios que lo tenga en el cielo” no dice cómo ni porqué ha fallecido, tan solo tiene palabras para lamentarse de tanta desgracia y lo mal que lo está pasando, escribe según se le agolpan los sentimientos, con trazo inseguro, sin cuidar la ortografía ni la redacción, “nuestra situación es triste y desconsolada al ver que Dios nos ha llevado este hijo tan querido y tan bueno, toda nuestra alegría nos ha llevado y nos ha dejado envueltos en un triste llanto de tristeza, un hijo tan sano y tan ágil como estaba y ahora en cuatro días Dios se lo ha llevado, ay dios mío cuantos recuerdos nos deja ese buen hijo, cuanto gozaba él cuando venía D. Pedro, gustoso le acompañaba, ya se ha concluido para ti todo en este mundo hijo, tanto como tenías en la memoria a D. Pedro, Dios quiera viva muchos años para que ruegue por ti, Dios tenga en el cielo a mi hijo gozando a la vista de Dios”. No cabe más dolor y sentimiento en las palabras sencillas y espontáneas de este hombre que ha perdido a su hijo de manera inesperada y en plena juventud.

La llegada del ferrocarril a Sigüenza tuvo lugar en el año 1862 y es fácil suponer que este hecho fue transcendental para la vida seguntina. Gracias al tren las mercancías, las personas y las cartas llegaban con más rapidez y frecuencia, dando un impulso considerable a la vida y a la economía ciudadana. En la correspondencia hay múltiples referencias a este medio de transporte y comunicación. Las cartas iban y venían por tren, es frecuente leer “contesto a la tuya a vuelta de correo” o “termino ya porque quiero que salga la carta en el próximo correo”.

Es muy frecuente que con una diferencia de dos o tres días o a veces más tiempo, encontrar dos cartas con casi el mismo texto, precedido de un “te escribí en tal fecha, pero como no he recibido contestación no sé si la has recibido” y el remitente vuelve a contar el asunto de la carta anterior.

A veces se detectan irregularidades en el viaje “sin noticias de Vd hace mucho tiempo, me induce a creer que no llegaron a su poder ninguna de mis dos anteriores cartas”, lo mismo que las mercancías, que a veces sufrían percances, no llegaban a sus destinatarios o llegaban disminuidas o maltrechas, como se cuenta en dos cartas de Manuel González a D. Pedro sobre lo que pasó con una caja enviada desde Cervera a Sigüenza “recibo la carta suya y esperaba que me dijera que había recibido la caja que se facturó el día 3 por la noche y ya debía haberla recibido, al escribir esta estoy con aprensión si se habrá extraviado la carta con el talón, lleva dos docenas de morcillas y otras dos de chorizos que me dio Dña Adela y unos pocos pimientos asados, dígame si los ha recibido”. A su vez D. Pedro manda unos conejos a Manuel que parece tampoco llegaron “los conejos ya supe lo que sucedió, el mayoral dice que no recibió el talón y en la estación se perdieron, lo sentí mucho pues según me dijeron eran muy grandes, muchas gracias por haberse tomado la molestia de mandarlos, pero por el ferrocarril no hay nada seguro”. Parece que el administrador Manuel González no confiaba demasiado en este moderno medio de transporte y comunicación y no parece que le falte razón pues no es la única queja que aparece documentada. A finales de 1916 se facturó en Madrid un cajón de loza de 24 Kg de peso para Pepe Gamboa que nunca llegó a su destino.
Incluso ostras se mandan por el tren, como se dice en una carta enviada a Pepe Gamboa desde Zaragoza “dos letras para que mandéis a la estación mañana que os llevara el ordinario un cajoncito con ostras”. Uno de los trenes que circulaba por esa línea era el que llamaban “alta velocidad” y en él, el Marqués de Villabrágina (que era uno de los hijos de Romanones) manda unos cartuchos a Sigüenza y avisa a Pepe Gamboa para que se ocupe de recogerlos “Por conducto de uno de los empleados de los coches camas o por un revisor te envío los cien cartuchos que le prometí a Moreno. Envía a la estación a recogerlos y cuando el interesado vaya entrégaselos”.

D. Pedro tiene amigos importantes que ostentan los más variados cargos y que en función de sus obligaciones se ven expuestos a cambios de destino y de ciudad, como le ocurrió al matrimonio de Perfecto y María que en el año 1904 tuvieron que establecerse en Sevilla. Por la carta que ambos escriben a su amigo podemos conocer la impresión que les causó esta ciudad, lo extrañas que les resultaban algunas curiosas costumbres sevillanas en esa época, y cómo vivían estos señores lo que para ellos suponía casi un destierro: tener que residir lejos de la “Villa y Corte” como llaman frecuentemente a la capital del reino.

Perfecto le cuenta “en esta tierra no estamos mal, por más que de la realidad a lo que la fama pregona de ella, hay una enorme diferencia, y no en su favor”, es de suponer que Madrid y Sevilla eran dos ciudades bastante diferentes entre sí y seguramente esta última resultaba incómoda y exótica para ellos, pues continúa con la carta “María y el niño están buenos y algo aburridos porque por efecto de las lluvias apenas pueden salir de casa, aunque la temperatura la tenemos deliciosa”, parece que efectivamente, el clima es una de las cosas a favor de este lugar pues en otra carta comenta “tenemos un tiempo hermosísimo y dándonos la mejor de las vidas pues vamos al teatro todas las noches y yo no tengo más ocupación que ir un momento al Gobierno Militar por las mañanas” , Pero es María, la mujer de Perfecto la que se explaya a gusto contando las singularidades de la ciudad de la Giralda “nosotros estamos muy bien instalados en un hotel que está en la plaza mejor de aquí y toda ella llena de palmeras y naranjos. Tenemos un cuarto para dormir con dos camas bastante grande y con dos balcones hermosos y además un gabinetito bien arreglado con otro balcón, pero yo aún con todo esto y una temperatura tan agradable como la que tenemos me iría contenta a Madrid porque con aquello no tiene punto de comparación”, más adelante confiesa “por lo demás es muy bonito tiene cosas preciosas y me alegro mucho de haber venido por conocerlo, pero también me gustaría que después de conocido destinaran a Perfecto a otra parte. Yo tengo ya tres o cuatro amigas, de cumplido por supuesto, pero con las que se pasa bien el rato por lo animadas que son”.

En la citada carta hay también un apartado que escribe otro amigo, Ceferino, que por lo visto también vive en Sevilla y que parece que tiene una opinión algo diferente de esta tierra, porque dice así “amigo Moreno: usted que es rico, sin obligaciones y con poco que hacer bien puede venirse por aquí a divertirse en la buena compañía del matrimonio Fuentes y la de su buen amigo. Esto es el paraíso, un día en esta bendita tierra equivale a toda una vida de placer, y ¡vaya unas cocineritas que se gastan por aquí! Ánimo, juéguese con Tomás e Ignacio el viajecito y a ver Sevilla”.

La carreterilla del Conde.

Cualquier seguntino sabe cuál es y donde está ubicada la carreterilla del Conde, todos saben que se llama así a la “carreterilla” que va de la urbanización de Las Malvinas al pinar, justo hasta el cruce donde arranca el camino que va a Barbatona. Se llama del conde y eso también es sabido, porque la mandó hacer el Conde de Romanones, aunque debería llamarse carreterilla de la Condesa puesto que Romanones la mandó hacer para dar gusto a su señora que era la que quería pasear con el coche de caballos por esa parte del pinar.

En una carta fechada en 1904 tenemos la primera noticia del deseo de la Condesa de que se haga lo que ella llama “su caminito al pinar”, en dicha carta le pregunta a D. Pedro “¿y mi caminito al pinar? Supongo que este Ayuntamiento lo habrá hecho a escape”. Pero las cosas de palacio van despacio y la influencia de Romanones en el ayuntamiento seguntino no parece que surtiera el efecto deseado por la condesa, pues dos años después volvemos a toparnos con el tema y es el mismísimo Conde el que escribe a su amigo Pedro “Dado el empeño que Casilda tiene en hacer el camino al pinar, he pensado en que como ahora en el verano los caminos se hacen buenos a costa de poco, si Vd pudiera prepararlo en forma de que pudiera subir el coche allí sin dificultad, gastando hasta 2000 pts quedaría Vd autorizado para hacer desde luego la obra, poniéndose “in continenti” a hacerla, pues luego en invierno, buscaríamos el medio de continuar construyendo la carretera, ya por cuenta del municipio, ya por cuenta de la Diputación Provincial”.

Y D. Pedro se pone manos a la obra inmediatamente porque cuatro días después de recibida la carta de Romanones, recibe otra del presidente de la Diputación “Del carril que me dice al pinar creo conveniente me diera más detalles, ya sabe el interés grandísimo que tendría en que se hiciera por complacer a la persona que me dice. Sabe que en atender sus indicaciones tiene gran interés su afectísimo amigo”. En el mes de julio parece que efectivamente se han puesto manos a la obra y así se lo dice D. Pedro a la Sra Condesa de Romanones “el camino sigue adelantando, pero hasta los primeros días de agosto no estará terminado”.

No hay más noticias sobre el carril de la condesa. No sabemos si se terminó realmente al mes siguiente o sufrió retraso alguno, pero la realidad es que ahí sigue todavía la carreterilla llevando de paseo al pinar a los seguntinos un siglo después.

María del Carmen Díaz Sanz