Un sueño posible, Sigüenza ciudad Patrimonio Mundial

En 17 de enero del 2020, en el Salón de doña Blanca del Castillo-Parador de Sigüenza, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, en el marco de la presentación de los eventos del IX Centenario de la Reconquista de Sigüenza, que se celebrará en 2024, anunció que la Junta apoyaba la candidatura de Sigüenza a ciudad Patrimonio Mundial. Dejando bien claro desde ese primero momento que era un proyecto a largo plazo que necesitaba el apoyo de todos, Junta, Diputación provincial, Ayuntamiento de Sigüenza, Obispado y Cabildo catedralicio, Fundaciones, Asociaciones, y, en definitiva, de todos los seguntinos de nacimiento o de corazón.

En los primeros días después de anuncio se fue tomando clara conciencia de lo que significaba este reto, que por muy difícil que pudiera parecer no era imposible. Y muchos empezaron a creer que el pasado de su ciudad podía ser el impulso de su futuro, siguiendo el lema del Año Europeo del Patrimonio, celebrado en 2018, “Nuestro patrimonio, donde el pasado se encuentra con el futuro”.

Y fue en la Feria Internacional de Turismo de aquel 2020, y en concreto en el día de la provincia de Guadalajara, cuando enuncié los motivos principales por los que Sigüenza podía aspirar a ser Patrimonio Mundial. Motivos sobre los que quiero profundizar en este momento.

En primer lugar, Sigüenza puede lograrlo por su rico y variado patrimonio histórico-artístico y urbanístico.

Recordemos que en 1965 Sigüenza fue declarada Conjunto Histórico Artístico, valorándose entonces no solo sus más de dos mil años de existencia como ciudad, sino también las huellas que esos siglos de historia habían dejado en ella desde el punto de vista del patrimonio monumental. En primer lugar, una catedral, de la que luego hablaremos más detalladamente, y en segundo, un castillo cuyo origen se remonta a época celtibérica y que fue sucesivamente atalaya romana y visigoda, alcazaba islámica y palacio episcopal. Y que tras el impacto destructivo que en sus dependencias tuvieron las Guerras de la Independencia, las Carlistas y la Guerra civil, fue restaurado como Parador de Turismo en la década de los años 70 del siglo XX.

Además, nuestra ciudad es poseedora de dos iglesias románicas que se alzaron en el corazón de la Sigüenza medieval, la de San Vicente en la Travesaña Alta y la de Santiago en la calle Mayor. Esta última en breve se convertirá en Centro de Interpretación del Románico de la provincia de Guadalajara, gracias al convenio que se firmó entre el Cabildo, su propietario, y el Ayuntamiento y al que más tarde este último suscribió con la Asociación de Amigos de la Iglesia de Santiago. Una vez terminadas las obras de su restauración, recordemos que fue medio destruida en la Guerra Civil, no solo podremos conocer mucho mejor nuestro particular arte románico, sino también los vestigios de la ciudad de Sigüenza anterior al siglo XII que han aparecido en el subsuelo de su nave.

También podríamos citar una centena de casas medievales, entre las que destaca la Casa del Doncel, personaje clave del que hablaremos más tarde. Un palacio gótico convertido hoy día en sede de los Cursos de extensión universitaria de la Universidad de Alcalá de Henares y de varios museos municipales. Y enumerar decenas de casonas de los siglos XVI al XIX; ermitas y conventos renacentistas, barrocos y neoclásicos, y diversos edificios municipales, como el antiguo Ayuntamiento alzado en la Plazuela de la Cárcel o el Pósito de la Harina, hoy convertidos en sendos centros culturales. Sin olvidarnos del Hospicio, actual Colegio de la Sagrada Familia y del Hospital de San Mateo, rehabilitado como Residencia de la Tercera Edad y, sobre todo, del antiguo edificio de la Universidad seguntina, el actual palacio del obispo.

Hace unos años, en el marco de la celebración del V Centenario de del fallecimiento del Cardenal Cisneros, una gran exposición en el Museo Diocesano de Arte Antiguo de Sigüenza puso en valor la importancia de su figura en la Sigüenza de finales del siglo XV, cuando fue provisor del Cardenal Mendoza, entonces el obispo y señor de la ciudad, e impulsor junto al arcediano Juan López de Medina y al propio obispo de la Universidad seguntina, modelo para su futura Universidad de Alcalá de Henares. Este pasado universitario de Sigüenza es otra de las fortalezas de su candidatura.

Pero Sigüenza es ante todo una ciudad episcopal, y su catedral su monumento más significativo. Una catedral que recientemente ha celebrado los 850 años de su consagración con un Año jubilar, y que es un verdadero libro de arte. Lo es porque en ella podemos estudiar todos los estilos arquitectónicos desde el Románico al Barroco. Compendio artístico que ha quedado reflejados en las tres maquetas que hoy se exhiben en el citado Museo Diocesano, y que se crearon para ilustrar la evolución de la fábrica catedralicia mostrada en las tres exposiciones que se celebraron en dicho museo con motivo del año jubilar.

Una catedral en la que podemos admirar una joya, que por sí misma podría haber sido en otro momento el motivo por el que nuestra ciudad hubiese logrado la declaración de Patrimonio Mundial, me refiero a la escultura funeraria gótica de Martín Vázquez de Arce, El Doncel. Una escultura en la que este Comendador de la orden de Santiago se nos muestra recostado leyendo eternamente un libro, como modelo excepcional de un hombre de armas que a la vez se había formado como humanista en el palacio del Infantado, la corte de los Mendoza en Guadalajara. No en vano los seguntinos de 1965 eligieron como nombre geo turístico de Sigüenza el de “Ciudad del Doncel”. Ya que este Doncel era desde hacía mucho tiempo su símbolo más representativo.

Pero no es esta escultura magníficamente elaborada en alabastro por el maestro Sebastián de Toledo, como se puede deducir de las últimas investigaciones llevadas a cabo, la única maravilla artística de la catedral. Pues adornan sus naves y las pandas de su claustro capillas góticas, renacentistas y barrocas; y son altares y retablos magníficos de estos tres estilos los que la visten artísticamente, como por ejemplo el Altar de Santa Librada, anexo al mausoleo del obispo Fadrique de Portugal, que lo regaló a su catedral para ser digno marco de la urna en la que guardan las reliquias de la santa. Reliquias que el primer obispo seguntino tras la Reconquista de la ciudad, Bernardo de Agén, trajo de Saint-Livrade-sur-Lot (Francia) para fundamentar la actual catedral. Altar y mausoleo obra de Francisco de Covarrubias. El mismo autor de la Sacristía Mayor o de las Cabezas, otra de las obras excepcionales de la catedral, donde también trabajó el maestro seguntino Martín de Vandoma, el mismo que talló el púlpito manierista del Evangelio ubicado en el crucero catedralicio.

Y qué decir del Coro y del púlpito de la Epístola que el Cardenal Mendoza regaló a su Cabildo a fines del siglo XV, y del retablo Mayor obra de Girarlo de Merlo, y del Altar de la Virgen de la Mayor, talla románica que en su día también trajo a la ciudad el citado D. Bernardo de Agén. Y de La Anunciación de El Greco que hoy podemos admirar en la capilla de la Concepción del claustro; y de los 16 tapices flamencos que fueron restaurados recientemente por la Fábrica Nacional de Tapices y hoy se exhiben en sendas salas de dicho claustro, ocho de los mismos dedicado a “Las Alegorías de Palas Atenea” y los otros ocho a la “Historia de Rómulo y Remo.

Pero no solo por estas obras excepcionales que custodia la catedral podría Sigüenza ser Patrimonio de la Humanidad, sino también por ser igualmente un libro abierto de la historia del urbanismo. Recordemos que conserva gran parte de sus dos murallas medievales y de su recinto renacentista, y que en los pocos metros que distan entre su Alameda y su castillo se pueden estudiar las características del urbanismo medieval en sus Travesañas, del renacentista en la Plaza mayor, del barroco en la calle monumental donde se alzó su universidad, del ilustrado en el barrio de San Roque, del neoclásico en la citada Alameda y del contemporáneo en las nuevas urbanizaciones y barrios de chalet.

En la actualidad está en marcha el Plan Director de Murallas, que en unos años pretende rehabilitarlas y ponerlas en valor. También está a punto de aprobarse el Plan especial del casco histórico de Sigüenza, un plan necesario para proteger una parte esencial de su patrimonio urbanístico; y un proyecto específico centrado en el Parque de la Alameda.

En segundo lugar, Sigüenza puede lograrlo por su variadísimo patrimonio inmaterial.

Sigüenza es una ciudad que celebra sus fiestas como las celebraban sus mayores, y que logra en ellas una simbiosis perfecta entre lo popular y lo religioso, entre lo gastronómico y lo musical. Música, gastronomía, rituales, todos son ejemplos de patrimonio inmaterial y todos ellos en nuestra ciudad están presentes a lo largo del año.

Gastronómicamente hablando, quiero recordar a nuestras dos estrellas Michelin, los chefs de los restaurantes El Doncel y el Molino de Alcuneza, Enrique Pérez y Samuel Moreno. Ambos tienen a gala, como otros muchos restauradores seguntinos, seguir las recetas de sus abuelas, de las guisanderas que les enseñaron a utilizar los productos de la Tierra. Unos productos que están dando un sello de identidad muy especial a sus cocinas.

Y musicalmente hablando, Sigüenza es la ciudad de las mil músicas. Una ciudad que en las últimas décadas no solo celebra festivales musicales de todo tipo a lo largo del año, sino que ha recuperado la dulzaina, gracias sobre todo a José María Canfranc, que ha dado nombre al Festival anual dedicado a este tipo de música. Y también ha visto renacer de sus cenizas a la Banda Municipal, de la mano de su directora, Elisa Gómez. Además de contar con una Banda cofrade.

También, desde este mismo punto de vista del Patrimonio inmaterial, destacamos rituales recuperados tras cientos de años como el Descendimiento de la Cruz en Viernes Santo, colofón, junto a la procesión del Entierro, de la Semana Santa seguntina caracterizada por las procesiones cuyos Pasos portan los famosos “armaos”, los hermanos de carga de la Cofradía de la Vera Cruz y del Santo Sepulcro. Cofradía en la que desde hace muy pocos años participan también hermanas de carga.

Sin olvidarnos del trabajo de artesanos y artistas que tienen taller abierto en la ciudad o en sus pedanías, como por ejemplo el del cincelador Mariano Canfranc o el Alfar del Monte en Pozancos. Recordemos que la relación de Sigüenza con artistas de todo tipo ha sido y lo es en la actualidad muy intensa, celebrándose sobre todo en los meses de verano exposiciones y muestras muy diversas. Y organizándose en los últimos tiempos talleres donde aprender las diversas técnicas artísticas. Sin olvidarnos de los Concursos de Pintura Rápida y del Concurso que lleva el nombre de Fermín Santos, quien fuera nombrado Cronista Artístico de la Ciudad, padre de Raúl Santos y Antonio Santos Viana, que junto a él formaron parte del famoso “Trío de Color”, cuyas obras se exhibe en la actualidad en la Casa del Doncel, gracias la donación de la viuda de Antonio.

En esta misma Casa del Doncel podemos visitar el Museo dedicado a la fabricación de alfombras, cuyos fondos cedió la familia Toro, y uno de los museos más singulares de España, el Museo de la Guitarra Española y de la vihuela de mano, cuyo fondo principal lo cedió el famoso maestro violero José Luis Romanillos.

Y cómo no citar en este apartado a todos los que con su participación contribuyen a que otras muchas fiestas populares seguntinas sean inolvidables, tanto las Jornadas Medievales, que se celebran el segundo fin de semana del mes de julio, y en las que se recuerda el confinamiento de la reina doña Blanca de Borbón en nuestro castillo en el siglo XIV, como la fiesta de los Arcos de San Juan, cuando las calles y plazas de la ciudad se adornan de altares dedicados al santo coronados de arcos de ramas de chopo y cantueso cuajados de rosas. Sin olvidarnos de las fiestas patronales de agosto en honor a San Roque y la Virgen de la Mayor, que concluyen con la famosa Procesión de los faroles y se animan con las charangas de las peñas y los encierros y corridas de toros que acaban de cumplir 500 años de existencia.

Mención especial merecen las fiestas patronales en honor a San Vicente, una de las más queridas por los seguntinos, en las que se recuerda un hecho que ocurrió en 1124, el 22 de enero, festividad de dicho santo. Día en el que, según la tradición, al tercer asalto tropas castellanas al mando del obispo D. Bernardo de Agén tomaron el castillo seguntino. En el 2024 celebraremos, como antes se dijo, el IX Centenario de esta reconquista de la ciudad, un evento que ha sido declarado “Acontecimiento de Excepcional Interés Público' y con el que iniciaremos las actividades culturales vinculada a nuestra Candidatura a Patrimonio Mundial.

Y, en tercer lugar, Sigüenza puede lograrlo por su singular patrimonio natural y por el paisaje cultural del que forma parte.

Es nuestro patrimonio Natural una de las fortalezas de nuestra candidatura. Íntimamente unido, como veremos, al patrimonio cultural. No olvidemos que con la producción de las salinas de Imón se financió la construcción de nuestra catedral. Un patrimonio natural en el que se combina la naturaleza diseñada por el hombre, como ocurre en su Alameda, con la que nos ha regalado la geología, por ejemplo en el Barranco del Dulce. Unos alrededores de la ciudad en las que se alzan las 28 pedanías vinculadas a Sigüenza, ricas en castillos, en iglesias románicas y paisajes envidiables.

Así concluía mi intervención en la Feria Internacional de Turismo FITUR, pocos días después del anuncio de nuestra Candidatura. Nadie se imaginaba entonces que en pocas semanas no veríamos todos confinados a causa del COVID19. Muchos meses después, en septiembre, se pudo reunir por primera en el Parador el Consejo Rector de dicha Candidatura, y desde entonces se han llevado a cabo las gestiones precisas para alcanzar el primer objetivo del largo recorrido que nos queda por andar, formar parte de la Lista Indicativa española en la que se recogen todas las Candidaturas oficiales a Patrimonio Mundial.

Como consecuencia de todas estas gestiones, que han ido acercando el sueño de ser candidatos a Patrimonio Mundial a la realidad precisa para lograrlo, el pasado 23 de abril, en la segunda reunión del Consejo Rector, que de nuevo se celebró en el Parador, se anunció que presentaríamos nuestra candidatura a la categoría de Paisaje Cultural. Un Paisaje cultural que abarcaría desde la ciudad de Sigüenza a la villa de Atienza, y que incluiría entre otras las citadas salinas de Imón, las más antiguas salinas de interior de Europa. Un paisaje cuajado de pequeñas poblaciones, muchas de ellas Pedanías seguntinas, presididas por iglesias románicas, como la de Carabias o Pozancos, rodeadas de murallas como la villa de Palazuelos o poseedoras de castillos como el de Santiuste. Un paisaje salinero que ha cambiado muy poco desde la época medieval, gracias a un hecho que desde otro punto de vista podría haber sido negativo, la despoblación. Un paisaje que merece ser considerado de valor excepcional por la UNESCO.

Sigüenza sí, tiene por delante un larguísimo camino para lograr su sueño, pero cientos de razones para conseguirlo. Mientras llegamos a la meta os invitamos a volver a nuestra ciudad y a disfrutar intensamente de todo su patrimonio. Y a recorrer ese singular Paisaje cultural que preside y que pretendemos que sea declarado Patrimonio Mundial.

Pilar Martínez Taboada, Cronista Oficial de Sigüenza, Presidenta del Comité de Expertos de la Candidatura.

*Texto publicado en la revista Besana de la Casa Regional de Castilla- la Mancha en Madrid.

 

Comentarios  
#1 Fernando 02-09-2021 06:55
Buenos días:
Después de leer el artículo me gustaría señalar un detalle. En el título se identifica el objetivo de conseguir la declaración de Sigüenza ciudad Patrimonio Mundial. Sin embargo, en la conclusión, se lee: “el pasado 23 de abril, en la segunda reunión del Consejo Rector, que de nuevo se celebró en el Parador, se anunció que presentaríamos nuestra candidatura a la categoría de Paisaje Cultural. Un Paisaje cultural que abarcaría desde la ciudad de Sigüenza a la villa de Atienza”.
Me pregunto, entonces, si se trabaja con las miras puestas en una ciudad o en un territorio. Porque no es lo mismo.
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