Vitín, un cierto aroma a nardos

Habría muchas cosas que contar de mi amigo Víctor Antón Rodrigálvarez, Vitín, un figura, un casta, como le definió alguien. Y que cada uno dé a esta palabra el significado que prefiera. Parafraseando al Marqués de Bradomín, diría que era mujeriego, católico y sentimental, porque feo no, feo no era; en sus buenos tiempos, que obviamente no eran estos, fue uno de los hombres más guapos que he conocido fuera del celuloide. Por alguna misteriosa razón siempre me aguantó sin rechistar las muchas broncas que le eché, sobre todo últimamente, aunque hay que decir que con escaso éxito, nunca me hizo ni puto caso. Muchas cosas se podrían contar, buenas y menos buenas, como de todo el mundo por otra parte. Pero hoy solo voy a contar una, porque este es el recuerdo con el que quiero quedarme.

Vitín, desde muy joven, era uno de los cuatro porteadores -en la posición delantera derecha- de la carroza de la Virgen de la Mayor, la patrona de Sigüenza, en la Procesión de los Faroles, el broche de oro de las fiestas y casi el cierre del verano; lo tenía a gala y aunque se hundiera el mundo, aunque estuviera enfermo, jamás faltaba a esa cita; por encima del sol y de la luna él llevaba la carroza. Y después, al terminar la procesión, me regalaba un par de varas de nardos de las que adornaban a la Virgen, que yo al día siguiente depositaba sobre la piedra de Jaime.

Este año, por supuesto, cumplió como siempre, a pesar de que su salud estaba como estaba; la foto es de esa última procesión, a finales de agosto. No soy religiosa, pero me gusta ver pasar la Procesión de los Faroles, la he visto desde niña y este verano también estuve allí. Vitín, al pasar, me miró y me saludó con el pulgar hacia arriba; pero después me fui a Madrid y no pudo darme las flores como otras veces.

Pocos días más tarde, el 19 de septiembre, fui al cementerio como siempre en el aniversario de Jaime. Y sobre la sepultura de mi hijo me encontré dos varas de nardos ya un poco marchitas. No volví a verle, no pude darle las gracias. Ese mismo día regresé a Madrid.

El pasado 29 de septiembre, recibí un whatsapp de Piqui: Vitín había muerto. Tengo muchos recuerdos de Vitín y a partir de ahora todos ellos emanarán un cierto aroma a nardos.

Gracias, amigo. El año que viene le pediré un par de varas de nardos a quien te sustituya; una será para Jaime, como tú querías, y la otra para ti. Te lo has ganado.

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