Donde fueres, haz lo que vieres

La lengua portuguesa, con la que compartimos un rico sustrato lingüístico, es una fuente inagotable de información para el estudioso del castellano, pues nos permite comparar la evolución paralela de dos lenguas muy cercanas: en qué puntos divergen, qué elementos tienen en común… Resulta muy curioso (aunque es inevitable), por ejemplo, que para los portugueses, el castellano suene a português antigo, y que para nosotros, el portugués tenga un fuerte regusto a castellano antiguo. No hay más que ver las haches que en portugués son efes (farinha, fada, ferro, fazer, formoso, fumo…), o las palabras que para nosotros han quedado relegadas a una connotación concreta (coloquial, arcaica, especializada…), como cão, calças y pescoço, que recuerdan a “can”, “calzas” y “pescuezo” aunque signifiquen “perro”, “pantalones” y “cuello”.

Pero el ejemplo del que quería hablar hoy no tiene que ver con el vocabulario, sino con los tiempos verbales. En castellano utilizamos a menudo el presente de subjuntivo a la hora de hablar de una situación hipotética relacionada con una acción futura: “tanto como puedas”, “en cuanto empiece”, “siempre que vengas”, “mientras esté”… Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que el castellano utilizaba el futuro de subjuntivo, que hoy en día tiene un deje quijotesco y ya no aparece en las conjugaciones de los verbos: “si quisieres”, “tanto como pudieres”, “en cuanto empezares”, “siempre que vinieres”, “mientras estuviere”. Es decir, que hemos eliminado un tiempo verbal y le hemos adjudicado su uso a otro tiempo. El matiz de futuro tiene que ser adivinado por el contexto. Y lo interesante es que en portugués, el futuro do conjuntivo se emplea, y mucho. Es perfectamente habitual decir se quiseres, tanto como puderes, sempre que vires o enquanto estiver.

Como vemos, en cada lengua algunos elementos evolucionan y otros permanecen fijos, pero casi nunca coinciden. Por eso, al estudiar ambas lenguas en conjunto, podemos aprender mucho sobre ese sustrato lingüístico común. Es algo similar a lo que ocurre al superponer dos hojas de papel, cada una de las cuales tiene un dibujo o un texto a medio hacer. Al mirarlas a contraluz descubrimos la imagen completa que, a menudo, resulta ser compleja y fascinante.

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