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Otro foro sin perspectiva de género

El pasado 13 de diciembre se celebró en el Parador de Sigüenza el “I Foro de Desarrollo Rural” con el objetivo de consensuar medidas para garantizar la supervivencia del medio rural y combatir la despoblación, convocado por las cinco asociaciones para el desarrollo rural que existen en la provincia de Guadalajara. Estas medidas se plasmarían en un documento denominado “Manifiesto de Sigüenza”.

La jornada se estructuró en cinco mesas (incluidas la de inauguración y la de clausura) en las que los ponentes tenían cinco minutos para realizar su análisis de la actual situación del medio rural y proponer las posibles soluciones.

Pese a que en varias intervenciones se resaltó la importancia de la mujer en el mundo rural bajo la idea general de que “la mujer es la clave del desarrollo en el mundo rural”, la perspectiva de género en este foro brilló por su ausencia y los hechos no acompañaron a las palabras:

– Solo hubo 4 mujeres ponentes en las mesas, de las casi 25 personas que pasaron por ellas.

– No hubo ninguna asociación ni federación de mujeres invitadas como ponentes.

– En el decálogo del “Manifiesto de Sigüenza” solo hay un punto referido a las mujeres, el 8º, que reivindica la cotitularidad de las explotaciones agrarias.

Reivindicación absolutamente legítima y necesaria pero insuficiente porque ignora la problemática de todas las mujeres del medio rural que no se dedican al ámbito agrario y las necesidades de las mujeres del ámbito agrario que no tengan que ver con su actividad laboral.

El Foro de desarrollo rural en el Parador de Sigüenza

Una vez más las mujeres fuimos ignoradas e invisibilizadas y esto es grave. Lo primero porque es fundamental el hecho de que el desarrollo rural pasa por el desarrollo de las mujeres. Una de las reivindicaciones feministas clásicas es la responsabilidad compartida de las tareas domesticas, de crianza y de cuidados de las personas mayores. Aún queda mucho por avanzar en este aspecto y en el medio rural son las mujeres las que asumen estas tareas de manera muy mayoritaria. Esto implica que donde estén las mujeres estarán las familias, por eso son las mujeres las que fijan la población al terreno. El ignorar a las mujeres como colectivo específico es un craso error desde un punto de vista de mera justicia, ya que no es legítimo ningunear a la mitad de la población, pero también desde un punto de vista estratégico, ¿en serio se pretende lograr algún éxito en desarrollo rural ignorando la perspectiva y problemática de la mitad de la población que es precisamente la que fija las residencias de las familias?

Pese a que en este foro se prescindió de las representantes de las mujeres, las asociaciones y federaciones de mujeres sí estuvieron allí, pero en el público, sin voz. Las mujeres no pueden tener mayor compromiso con el desarrollo rural y llevan muchos años trabajando por mejorarlo. El no haber podido escuchar lo que tienen que decir hace que este foro haya sido precario e incompleto. No obstante, sí fue un espacio de encuentro y diálogo en los momentos de descanso y eso fue muy positivo.

Por otro lado, en el avance de las sociedades de manera más justa y sostenible, las acciones que no fomentan el feminismo (recordatorio: feminismo=igualdad) fomentan el machismo. No vale que se hable del valor y la importancia de las mujeres y luego no se nos dé voz, ni representatividad, ni capacidad de decisión, ni puestos de poder. Sencillamente porque el mensaje queda muy claro: “En realidad no sois importantes porque con cuatro piropos solucionamos el tema, nos colgamos la medallita y no tenemos que tomarnos el esfuerzo de cambiar nuestros procesos de pensamiento, ni nuestros procedimientos de incorporación de personal, ni nuestras conductas, ni nada, solo un poco nuestros discursos”. No se me entienda mal, no veo en ello mala fe, sino falta de conciencia, formación y análisis en materia de igualdad de género.

En conclusión, con todo lo expuesto no pretendo minusvalorar la iniciativa de congregar a gente para hablar sobre el desarrollo del medio rural, pero sí ser crítica. Este primer foro ha sido un primer paso de una nueva iniciativa a sumar a las que se llevan haciendo desde hace años para reclamar mejoras para el medio rural y esto es positivo, interesante y loable. Pero no ha tenido la más mínima perspectiva de género y esto lo convierte en un primer paso incompleto y precario. Esto no le resta valor, simplemente se trata de una crítica constructiva de la que se pueda aprender y mejorar en futuras ediciones.

También hubiera sido interesante que hubiera habido espacios de debate real, mesas de trabajo y se hubiera propiciado la interrelación entre las asociaciones y colectivos asistentes no ponentes. Este foro creó un lugar de exposición de ideas de las personas conferenciantes que aportaron todo tipo de perspectivas, experiencias e ideas (desde las más obvias hasta las más interesantes), pero no fue un lugar para el diálogo, el intercambio y el trabajo. El manifiesto se trajo hecho, no se redactó en el foro, dado que no existió tiempo de debate, consenso y redacción del mismo.

Pese a todo, las mujeres sí estuvimos allí, nos encontramos, nos conocimos, nos indignamos, nos contamos nuestros proyectos, ilusiones y dificultades, y establecimos lazos para seguir trabajando y apoyándonos. Para este año solo nos queda pedir a los Reyes Magos un próximo foro con perspectiva de género y un 2019 lleno de feminismo.

¡Felices y feministas fiestas a todas y todos!

Invierno de niños y nostalgias

Los rayos de sol de aquel frío invierno eran incapaces de romper la gruesa capa de hielo que cubría el cauce del río, justo al lado del puente viejo. Los chavales lanzaban piedras gruesas desde arriba, pero apenas conseguían agrietar la superficie helada. Varios días después, las piedras seguían en el mismo sitio, formando parte del paisaje fluvial; incrustadas en el hielo hasta que terminaban cayendo al fondo del río, por la ley de la gravedad, algunas semanas más tarde.

En una de aquellas mañanas que las escarchas vestían de blanco, uno de los chavales se asomó al puente y observó en el fondo del río una mancha oscura en movimiento. La formaban centenares de peces, apretujados, protegiéndose de las heladas de los últimos días. El chaval no había visto nunca tantos peces juntos. Sin decir nada a nadie, volvió a casa, cogió un cubo de cinc y el retel más grande que tenía de pescar cangrejos, con su red metálica incluida, y comenzó a ver emocionado cómo lo llenaba una y otra vez de peces. Era algo sorprendente. En apenas media hora, había conseguido sacar de aquellas aguas heladas una hermosura de peces.

Orgulloso de su hazaña, con el cubo a rebosar, tenía prisa por llegar a casa y compartir la alegría con su madre. - “Mira, mira, lo que he pescado junto al puente”, gritaba, mientras la buena señora seguía sin comprender lo que estaba viendo. A partir de esa histórica y helada mañana de enero, cada vez que el muchacho escuchaba cantar el villancico de “Los peces en el río” se le venía a la cabeza la siguiente secuencia: el retel descendiendo al río, la dificultad para subirlo luego cargado y la contemplación de tantos peces revoloteando dentro del cubo de cinc.

Una historia como ésta parece imposible que pueda repetirse ahora. Por varias razones. En primer lugar, porque por aquel río apenas baja ya agua, en segundo lugar, porque la poca que baja se esconde entre juncos, aneas y carrizos, y en tercer lugar, porque los peces – como los cangrejos o las ranas – han desaparecido de nuestras cuencas fluviales.

Aquel mismo crío que lanzaba piedras contra el río helado y lograba capturar con el retel un cubo de peces en menos que canta un gallo, tenía un tío en el pueblo que repetía con mucha frecuencia expresiones como “bueno, hombre, bueno” y “hay que joderse”. Era un buen hombre, una bella persona, que perdió en la guerra a su hermano más pequeño y que, sin embargo, nunca tuvo gestos ni palabras de odio o rencor hacia quienes lucharon en el otro bando.

Además de trabajar de sol a sol en el campo, cosa muy habitual antes de que la agricultura se mecanizara, era un buen aficionado a la caza. Pero a la caza con perro, sin otras armas que la de la intuición y el conocimiento del terreno. Tenía dos “perrillas”, como él las llamaba, y le gustaba invitar a veces al sobrino a dar una vuelta por el monte, para que pudiera sorprenderse de la destreza y la habilidad que tenían aquellos dos pequeños animalitos para capturar al primer gazapo que se cruzara en su camino.

El chaval tuvo un buen maestro y se aficionó a la caza, primero con cepos y más tarde, cuando alcanzó la mayoría de edad, lo intentó con escopeta pero no tardó mucho en dejarlo. No tenía vocación y además al tío le preocupaba seriamente la mala puntería del muchacho, que en cualquier descuido podía poner en peligro la integridad física de sus dos “perrillas”. En más de una ocasión le pidió incluso no disparar, dejando que fueran los propios canes quienes persiguieran y capturaran al conejo o la liebre. Aquella dejación de funciones y la desconfianza provocaron la renuncia a la licencia de caza.

Antes de que el rapaz emigrara con la familia a la ciudad, apenas existía en el pueblo comunicación con el mundo exterior. Las noticias llegaban a través del cartero – cuando escribían los tíos y primos que vivían fuera – y de la radio. Recuerda el chaval como gran acontecimiento familiar, como lo sería después la aparición de las primeras televisiones y teléfonos de manivela, la presencia de un nuevo aparato de radio a pilas, con funda de cuero negro, encima de la mesa camilla. El artilugio, en el que era obligado escuchar “El Parte” de Radio Nacional, permanecer en silencio cuando hablaba el Papa y seguir en grupo las retransmisiones de los partidos de la Copa de Europa, que como ahora, casi siempre la ganaba el Real Madrid, se convirtió en el rey de la casa.

En los inviernos de nuestro joven protagonista también era muy celebrada la llegada de la matanza, con todo el ritual que acompañaba a la muerte y despiece del cerdo, así como a la elaboración de los chorizos y morcillas. El muchacho disfrutaba como un enano – que me perdone si hay algún enano que pueda sentirse ofendido – sentado junto a la lumbre, esperando que le cayera alguna castaña asada, algún somarro o un buen torreznillo. Al igual que disfrutaba luego con la familia – incluidos abuelos, tíos y primos – en largas sobremesas de parchís o baraja española.

Tenía además la suerte de que otro tío suyo era el dueño de la taberna, donde también se despachaban artículos de primera necesidad y era bastante fácil distraer algunas chucherías. Los Reyes Magos en aquella casa sin niños eran siempre generosos con los sobrinos.


Carta a los Reyes Magos

Una vez más, los Reyes Magos les traerán sus correspondientes regalos a algunos de los protagonistas de la política, la economía, la cultura, la sociedad y el deporte. Es probable que no todos queden satisfechos, pero hay que tener en cuenta las circunstancias en las que nos movemos. Aquí todos se retratan y cada cual se hace merecedor a su “regalito”. Y, además, no se admiten reclamaciones, ni devoluciones.

Felipe VI: No está el horno para bollos. Antes de que Pablo Iglesias declare de forma unilateral y por decreto la III República – lo de “real decreto” es otra anomalía del pasado – estaría bien que Sus Majestades de Oriente le llevaran a la Zarzuela un manual de supervivencia para tiempos revueltos.

Doña Letizia: Algunos trajes de gala, una cámara de fotos y mayor protagonismo en actos sociales e institucionales, antes de que los monopolice Begoña Gómez, la mujer del presidente Obama. Perdón, del presidente Sánchez.

Don Juan Carlos: La nueva Guía Michelin, con los mejores restaurantes españoles, y mesa reservada para disfrutar de la alta cocina en “El Doncel” de Sigüenza y “El Molino de Alcuneza”, premiados con una estrella.

Pedro Sánchez: La colección de la Revista “Viajar”, que ahora celebra su 40 aniversario, con el fin de que elija sus próximos destinos y los escenarios donde hacerse los posados.

Carmen Calvo: Un vídeo con las declaraciones de Pedro Sánchez en la oposición y en el Gobierno. A ver cuántas diferencias y contradicciones encuentra.

Pablo Casado: El diccionario VOX de la Lengua Española, para precisar mejor sus referencias al pasado y llamar por su nombre a quienes intentan robarle la cartera antes de que consolide su liderazgo. También un spray para eliminar a los inútiles e incompetentes que le rodean.

Albert Rivera: Más banderas españolas para colocar en plazas y balcones y unos dados para echar a suerte con quién pactará Ciudadanos después de las elecciones andaluzas y generales.

Pablo Iglesias: Unas tijeras de podar de dos manos, para recortar los setos del chalet de Galapagar y las cabezas discordantes de su partido. Para esto último, siempre contará con la inestimable ayuda de Pablo Echenique.

Manuela Carmena: Un patinete eléctrico para recorrer el Madrid Central junto a los candidatos al Ayuntamiento, con paradas obligatorias en Cibeles, Gran Vía, Callao y Plaza de España.

Íñigo Errejón: Nos pide que sus regalos se reenvíen a Venezuela para que los niños jueguen después del desayuno, la comida y la cena (tres comidas). También pide ayuda a los Reyes para combatir el consumismo y la obesidad en esta república bolivariana.

Quim Torra: Cualquier cosa que haga ruido – un tambor o una zambomba, por ejemplo – y algún libro que hable bien de España, a ser posible con lacito rojo y amarillo en la portada.

Carles Puigdemont: La versión original del bolero de Los Panchos,“Dicen que la distancia es el olvido”. Y Torra repitiendo el estribillo “pero yo seguiré siendo cautivo de los caprichos de tu corazón”.

Oriol Junqueras: Un juego de té y un amplio surtido de pastitas para hacer más amenas y agradables las reuniones con políticos, amigos y familiares que le visitan en su despacho de la prisión de Lledoners.

Josep Borrell: Resistencia para aguantar los insultos de los independentistas catalanes y una buena dosis de paciencia ante la falta de solidaridad y apoyo de Pedro Sánchez.

Ada Colau: Un belén como Dios manda, con el niño en el pesebre y al lado San José, la Virgen, la mula y el buey. De propina, un vídeo en HD del último desfile de las Fuerzas Armadas.

Susana Díaz: La historia de los últimos “cuarenta años” en Andalucía, donde se recuerden los éxitos logrados por sus gobiernos en estas cuatro décadas. Y las que vengan…

Artur Mas: Otra remesa de huchas – que no de urnas –, para recaudar los cinco millones de euros que le reclama el Tribunal de Cuentas en concepto de gastos ocasionados por la consulta ilegal del 9-N.

Gabriel Rufián: Una foto dedicada de Josep Borrell, sin escupitajos, un poco de serrín y algo de estiércol. Tampoco le vendría mal un manual de educación y buenas maneras.

Emiliano García-Page: Una estancia gratis de quince días en el futuro Parador de Molina de Aragón, si es que algún día se inaugura.

María Dolores de Cospedal: Una visita guiada por Castilla-La Mancha, para celebrar su despedida de la política en diferido.

José Luis R. Zapatero: Un apartamento en el centro de Caracas, en el que pueda recibir a sus amigos bolivarianos. Prohibida la visita de disidentes.

Mariano Rajoy: Dos pares de zapatillas de running y una bici. Si no es mucho pedir, también una placa con esta perla cultivada: “Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos mejor, mejor para mí el suyo, beneficio político”.

Sergio Ramos: Un carro ligerito y manejable para que tiren de él algunas de las nuevas “estrellas” madridistas.

Leo Messi: Los últimos mundiales de la selección argentina, comentados por Maradona cuando no esté bebido.

Fernando Alonso: El taller mecánico de Playmóbil y una buena caja de herramientas.

Rafa Nadal: ¡Vamos, Rafa, vamos! Como ya tiene de todo, el mejor regalo sería que le respetaran las lesiones y los envidiosos.

Luis Enrique: Una foto dedicada de Vicente del Bosque..., y otra de José Mourinho.

Amancio Ortega: Una pequeña ayuda para hacer frente a los gastos de la boda de su hija.

Donald Trump: Un libro de iniciación a la lectura.

Nicolás Maduro: Pide la mediación de sus majestades para que Pedro Sánchez visite cuanto antes Venezuela y pasee por el centro de Caracas en mangas de camisa.

Miguel Ángel Revilla: Un programa de televisión en el que reparta latas de anchoas y explique con detalle cómo ser presidente de Cantabria en varias legislaturas – modelo también incorporado por Sánchez al Gobierno de España – sin haber ganado nunca unas elecciones.

 

La Constitución fue pergeñada en parte en Sigüenza

A Jorge de Esteban, catedrático de derecho de la Complutense, se le apoda “octavo padre de la Constitución” por escribir un libro en 1973 que influyó en ella. En una entrevista para El Mundo ha dicho (1/12/2018): «Felipe González [...] me pidió que hiciera un proyecto, unas bases constitucionales. Tras los comicios, el partido se encomendó a Gregorio Peces Barba, que reunió en Sigüenza a varios juristas del partido [...]. [...] gran parte de lo que yo propuse pasó después al texto constitucional [...].»

Más allá de la anécdota, lo que sabemos, y esas palabras confirman, es que la Constitución del 78 no fue fruto de un proceso público en el que los ciudadanos, con libertad deliberativa, aportaran los detalles del nuevo poder que habría de constituirse tras el dictador. Ni siquiera se convocó asamblea constituyente, las elecciones de 1977 fueron a Cortes Generales, que luego se pusieron a redactar un texto sin expreso mandato del pueblo y sin su dirección. Pueblo al que se entregó el plato de lentejas ya cocinado, que tuvo que ingerir, antes de que se enfriara, en un plebiscito, jamás en un referendum si usamos bien el lenguaje ya que solo se ofreció en el menú el sí y el no, nunca varias opciones. El que hace la pregunta, como se sabe, manda, y la pregunta jamás se la hizo el pueblo a sí mismo. Esa es la cruda realidad: intento describir, no valorar.

Si queremos salir del actual estado de degradación institucional es necesario empezar a decir las cosas como son. La constitución de 1978 se pergeñó en los despachos, sin taquígrafos, bajo el control de poderes previamente constituidos y ajenos al ciudadano: los partidos y el rey. No hay constitución si no se constituye el poder de novo a partir del mandato colectivo de la nación. Si el texto es otorgado por un poder anterior, lo que hay es una ley fundamental dictada, una carta otorgada, jamás una constitución.

La apreciación dista de ser meramente académica. Porque cuando un poder se pone a sí mismo las normas, acaba siendo un poder no controlado. La democracia no es el “gobierno del pueblo”, el poder no está ni ha estado jamás en el pueblo. La democracia es el “control del poder por el pueblo”, que no es lo mismo. Y cuando la ley fundamental de un país se diseña sin dar la palabra en el proceso a aquél al que se quiere gobernar, resulta siempre un traje a medida. Un poder sin contrapesos. Solo hay que examinar mínimamente el sistema para verlo.

Los diputados no representan a los electores sino al jefe de su partido, que es quien los pone en las listas electorales y a quien, por tanto, se deben. El pago es nombrarlo presidente. Y el mecanismo de poder consiste, durante la legislatura, en votar lo que el jefe manda. Los falsos parlamentarios no parlamentan nada: llegan al hemiciclo con el voto en la mano, haciendo luego un teatrillo para cubrir el expediente. Todo funcionaría igual sin diputados, asignando cuota de voto a los jefes de los partidos según sufragios recibidos en las urnas. Los falsos parlamentarios del sistema de partidos existen para dar apariencia electoral a los comicios y ser los empleados de las cúpulas: jamás representan los intereses de los votantes, sino los de las siglas.

Votamos siglas, no personas. No tenemos un representante de distrito que sea responsable, con nombre y apellidos, ante sus electores, como puede serlo un abogado de un cliente en un juicio, que pueda ser cesado en el mismo instante en que incumpla el mandato imperativo del elector, igual que cualquiera haría con su representante legal si no le satisface. Ni siquiera recordamos sus nombres, votamos listas en la práctica anónimas. Solo refrendamos facciones integradas en el estado según cuotas de poder que variamos ligeramente cada cuatro años. Incluso está prohibido el mandato imperativo en la constitución (art. 67), demostrándose que el principio de representación brilla por su ausencia. El resultado es que el legislativo no está, ni puede estar, controlado por el ciudadano, primer requisito para que haya democracia.

Pero es que, además, como el ejecutivo es nombrado por el legislativo, no hay separación de poderes. Desde Montesquieu se sabe que un poder fuerte (ejecutivo) no puede ser controlado más que por otro igual de fuerte y separado (cámara de representantes). Y si el ejecutivo es un poder descontrolado, fallamos en el segundo requisito para que haya democracia. Nos hartamos de leer en los medios “el gobierno aprobará la nueva ley de...”. El ejecutivo legisla, directamente (decretos) o mediante la disciplina de sus empleados en las cortes. Y lo puede hacer, de hecho lo hace, para ampliar sin límite el poder de los partidos, tejiendo un sistema en el que esas organizaciones opacas, ajenas al ciudadano, ocupan todos los estamentos de la vida pública (justicia, televisión, consejos escolares, rectorados, empresas públicas, miles de organismos, etc.) Lo sabían los revolucionarios franceses, aunque fueron incapaces de llevarlo a la práctica: un poder único que gobierna y legisla es un peligro. Siempre querrá más poder porque, simplemente, dispone de los mecanismos legales para acumularlo. El corolario es la corrupción como factor intrínseco al sistema.

La constitución del 78 nos trajo las libertades públicas –y gracias por los servicios prestados–, pero no la libertad política ciudadana, secuestrada por los partidos. Hay que jubilar el texto actual antes de que todo siga degradándose, y cuanto más tardemos, peor será. Necesitamos un sistema con representación del elector y separación de los poderes políticos. Además de la escrupulosa independencia de la justicia, tercera pata de una democracia digna. La democracia se basa en la desconfianza hacia el poder, que debe estar controlado, luego jamás podrá ser el poder el que diseñe el sistema, sino que tendrá que hacerlo la nación sin que intervenga nadie por encima de ella. Solo así lo que se diseñe tendrá la legitimidad que ahora se duda de lo de hace 40 años, con los consiguientes riesgos que estamos viendo y que, sin duda, irán a más. Los juristas solo tienen que mirar un poco fuera del antidemocrático paradigma de la oligarquía de partidos estatales: hay soluciones que ya han pasado con creces el filtro de la historia.

 

Consumo navideño

La navidad es una época muy especial del año pero no nos damos cuenta de la barbaridad de dinero que invertimos y la cantidad de cosas que consumimos en estas fechas, a pesar de que la mayoría de productos son más caros.

Meses antes empieza el bombardeo publicitario y los anuncios de juguetes se meten en las cabezas de los más pequeños/as.

Es la fecha del año en la que más gastos se producen y algunos de ellos no son necesarios.

Sobre este asunto queremos hablar en este artículo y por ello nos hemos planteado estas cuatro preguntas:
1. ¿Qué es lo mejor de la navidad?
Principalmente que te reúnes con tu familia y a todo el mundo le hace ilusión recibir regalos.

2. ¿Qué es lo peor de la navidad?
Que algunos niños/as por problemas económicos se quedan sin regalos y no pasan unas buenas navidades.
Además pensamos que los/as hermanos/as pequeños/as reciben más regalos que los mayores.

3. ¿Compramos demasiado en navidad?
En efecto, gastamos el dinero en cosas que no deberíamos y podríamos invertirlas en mejores causas. Por ejemplo, compramos tecnología año tras año y parte de ese dinero se podría destinar a organizaciones que ayuden a la infancia ya que el 31,3% de los/as niños/as en España están en riesgo de pobreza o exclusión social (Save the children).

4. ¿Comemos demasiado en navidad?
En estas fechas se come excesivamente y consumimos todos los productos de los que nos privamos el resto del año, alterando nuestra dieta habitual.
En conclusión pensamos que en estas fechas navideñas deberíamos pensar más en los/as demás y dar más oportunidades a las personas que lo necesitan.
Y tú, ¿vas a consumir estas navidades en función de tus necesidades reales o mediante la oportuna imposición de necesidades artificiales?

Nacho Caballero Albacete
María Rodríguez Sánchez
Ilustración: Susana Gómez Culebras