Jue07182019

Last updateJue, 18 Jul 2019 5pm

Back Está aquí: Home dopnion

Sin tiempo para "aprender a aprender"

Una de las peores sensaciones que he llegado a tener es la de querer hacer algo, querer aprender, querer llevar a cabo un proyecto, querer escribir una canción, querer crear amistades, querer mantener las relaciones que ya tienes… y que todo eso se vea mermado por la falta de tiempo. Todos y todas la hemos padecido. Sin embargo, creo que es algo muy distinto cuando aún somos jóvenes y estamos en pleno desarrollo, más incluso cuando han aparecido unos nuevos factores, como la adicción a las nuevas tecnologías o las actividades extraescolares, que influyen tan negativamente en nosotros y nosotras.

No podemos negar que uno de los principales problemas reside en nuestra educación. Como adolescente español del siglo XXI puedo confirmar que existe un problema real  en el sistema educativo (y cualquiera que forme parte de él tendrá alguna queja que manifestar). Primero hablemos del temario que se imparte, el cual es imposible de dar en tan poco tiempo y, además, no está adaptado a nuestras necesidades.

Nos están convirtiendo en máquinas automáticas de memorizar, cuando lo que de verdad necesitamos es aprender a aprender.

Todo esto empeora cuando la metodología es anticuada e inútil. ¿De qué nos sirve hacer 30 ejercicios de 6 asignaturas diferentes en casa, si luego no entendemos por qué se hacen?

Me gusta comparar la forma de enseñar de algunos profesores como “un cubo lleno de conocimientos que arrojan a la pizarra de una forma tan brusca y descuidada que se resbalan y acaban en el suelo, derramados, inservibles, antes de que siquiera pudiéramos haberlos comprendido”. No desarrollamos adecuadamente nuestra creatividad ni todo nuestro potencial, y tampoco se cuenta nuestra experiencia previa, por lo que ocurre que a veces partimos desde cero (repitiendo mucho temario) o seguimos avanzando sin haber interiorizado los conocimientos básicos que nos habrían servido para poder entender lo nuevo.

Todo este problema en la educación, sumado al mal uso de las nuevas tecnologías y al número excesivo de actividades extraescolares, solo trae desgracias para nuestro desarrollo como personas. Esta es la razón por la cual la puntuación de España en el informe PISA es tan baja, y la misma por la que hay un porcentaje tan alto de abandono escolar. Queremos un sistema educativo adecuado a nosotros, la juventud, cuyas bases estén asentadas en el mundo moderno (con esto quiero decir que necesitamos una adecuada implementación de las nuevas tecnologías en el proceso de aprendizaje), con una metodología adaptada al estudiante de hoy, que permita desarrollar nuestras capacidades como ser humano, ya que actualmente no se potencian la creatividad ni el pensamiento propio, sino más bien que trabajemos como ovejitas en un rebaño, para hacer lo que haga el resto sin capacidad crítica para decidir si lo que hacemos está bien o no. Queremos crecer, aprender, vivir, pero necesitamos los medios adecuados.

A pesar de la extensión del tema, creo que he dejado clara mi postura (y la que tienen muchísimos estudiantes como yo) ante esta situación. Con esto llamo a la reflexión personal y a que nos planteemos de verdad si se está haciendo lo correcto.

Vivamos para aprender.

Nacho Caballero Albacete y Javier Rodrigo López.

Si quieres participar en el Espacio Joven de La Plazuela, dirígete al CIJ La Salamandra de Sigüenza

Entre certezas y falsedades

Lo que antes llamábamos montajes o historias inventadas ahora lo denominamos con uno de los muchos anglicismos que nos invaden: “fakes”. Queda como más “cool”, pero no deja de ser lo mismo. Se trata de distorsionar la realidad, crear informaciones falsas y presentarlas como verdaderas, aprovechando las facilidades que ofrecen para ello Internet y las redes sociales.

El problema ya no es la proliferación de tantas falsedades, sino cómo evitar que se propaguen, incluso que se presenten como noticias reales informaciones manipuladas hábilmente para que sean reproducidas en los medios de información convencionales. Luchar contra los bulos y los rumores provoca, además, un estado de indefensión que desemboca en situaciones a veces rocambolescas.

Los avisos de que es un montaje –la palabra “fake” parece que le resta importancia al problema– puede evitar males mayores, sin embargo difícilmente consigue erradicar el daño ya ocasionado. Los controles tampoco están dando por el momento demasiados resultados, pues cualquiera es libre –con nombre falso  o usurpando la identidad de otra persona– de mentir y de alarmar sobre una realidad conflictiva, como la que estamos viviendo en Cataluña.

Por otra parte, la realidad actual, como es fácilmente constatable, pone en evidencia la labor clarificadora de los encargados de defender el buen uso del idioma. No hay más que darse una vuelta por Internet o hacer una pequeña escala en Twitter, Facebook para darse cuenta del mal uso del idioma y de la precariedad de recursos a la hora de exponer las opiniones y argumentos por parte de muchos usuarios. Comentar de oídas está incluso bien visto.

Pero lo realmente preocupante es la invasión de falsedades o informaciones tergiversadas que se “venden” como auténticas. En medio del caos, algunos aprovechan la oportunidad de atacar con mensajes inventados. Durante los incendios de Galicia, se dio como auténtica una información que adjudicaba a bomberos portugueses –que bastante tenían con sofocar el fuego dentro de su país– el trabajo que estaban haciendo los retenes y brigadas españoles.

Es cierto que esas informaciones fueron desmentidas, pero aun así todavía se sostiene la idea de que el Gobierno español no estuvo a la altura de las circunstancias, como sí lo habrían estado las autoridades portuguesas, que supuestamente habrían suplido el trabajo que aquí no se estaba haciendo.

Podría poner miles de ejemplos, pero no sé si merece la pena. Me voy a conformar con mencionar el extraño bulo que corrió el pasado verano, dentro del espacio geográfico de Paredes de Sigüenza, Barcones y aledaños. Se desató la alarma de que una pantera había hecho acto de presencia en medio de una rastrojera, como si alguien la hubiera traído en la maleta desde las sabanas de África. ¡Qué bonita historia para entretener a los vecinos de la comarca!

La persona que dijo haber visto a la pantera y que incluso de forma borrosa consiguió inmortalizarla en una foto –instantánea fotográfica que mostraba orgulloso mientras era entrevistado en una televisión local–, insistía en que él había conocido a muchos gatos en su vida, pero que el animal de cuatro patas que vio en los rastrojos era un felino demasiado grande. Mayor que un gato montés.

La historia de “la pantera” no parecía muy creíble, pero el miedo guarda la viña. Mucha gente acabó creyéndose la historia. Así, con este tipo de sucesos sin confirmar –o mejor dicho, con ese extraño avistamiento que corría de boca en  boca–, se construyó la antesala de la noticia. Una serpiente de verano para animar las tertulias.

Está claro que la pantera supuestamente avistada en los campos del norte de Guadalajara nunca debería de haber ocupado espacios destacados de televisiones, periódicos y radios locales. Pero los ocupó y se convirtió en la noticia más comentada entre la opinión pública durante aquellos días.

Les he contado esta historia, que por cierto nadie se molestó luego en desmentir, como podía haberles contado otras muchas que ocurren en las ciudades, aunque sus protagonistas suelen ser otro tipo de “animalitos”. Lo más próximo que recuerdo es el supuesto idilio de la presentadora y modelo Paula Vázquez y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. Aquí si se produjo el desmentido por una de las partes, pero el rumor siguió agrandándose y la presunta pareja fue objeto de críticas y bromas en las redes sociales.

Aunque hayan pasado ya casi veinte años –creo que fue en enero de 1990–, corrió el bulo de que la actriz y Miss Universo, Amparo Muñoz, estaba ingresada en el Hospital Clínico de Madrid, luchando contra los anticuerpos del Sida.

Lo había publicado un periódico madrileño. Me tocó indagar y hacer las correspondientes pesquisas para el semanario “Tribuna” en el que entonces trabajaba, recorrí el Hospital de arriba abajo, visité la planta de los enfermos de Sida hasta comprobar que la actriz no estaba ingresada en ese  centro hospitalario.

Años después la víctima de otro bulo muy parecido sería Miguel Bosé y anteriormente Camilo Sexto. En este país de cotillas este tipo de maldades se extienden como la pólvora. Nadie parece tener en cuenta el daño que se ocasiona a las víctimas. Y menos mal que Amparo Muñoz rentabilizó la historia y le vendió por unos cuantos millones al “Hola” la exclusiva de que estaba en perfecto estado de salud.

Pero como la mujer a la que un policía le había partido todos los dedos de la mano durante el referéndum ilegal de Barcelona del 1 de octubre, o como los más de ochocientos heridos en las calles de la Ciudad Condal, que no aparecieron nunca, o los fotomontajes de la represión policial –para ellos “represión franquista”– que se hacían y se siguen haciendo con imágenes de archivo.

Pasen y vean, el engaño está servido.

Calixto y la pasión catalana

Mi primo Calixto nunca fue para nosotros un “polaco”, ni un “catalino” cerrado y excluyente. Llegaba cada verano al pueblo de su mujer, Luisa, tan feliz y contento, dispuesto a disfrutar de sus vacaciones y receptivo a la hora de emprender su inmersión en la Castilla profunda, sin dejar por ello de sorprenderse de las tareas que algunos de sus parientes desarrollaban por esas fechas en el campo. Pintor de brocha gorda, orgulloso de sus raíces, amable y simpático, lo recuerdo siempre con su inconfundible acento catalán, empapelando las paredes de nuestra casa de la Plaza o retocando los marcos de algunas puertas.

Sólo en ocasiones, cuando le recordabas las seis Copas de Europa del Real Madrid de entonces, o lo mal que estaba el Barça, cambiaba el semblante, se le escapaba la palabra collons –pronúnciese  cuyons arrastrando la “s”, por favor– y se defendía echando mano de una lista bien aprendida de las “supuestas” ayudas que recibía el equipo blanco por ser el equipo del “régimen”. Culé hasta la médula, barcelonés de nacimiento y por vocación, Calixto era un ser entrañable y querido. Nuestro “catalán” de los veranos. Yerno de Maximina, había nacido en un barrio castizo y humilde de Barcelona, ciudad en la que conoció a Luisa, una hija de emigrantes, con la que se casó algo mayor y con la que no tuvo descendencia.

Supongo que el perfil de este hombre vuelve ahora a mi memoria de adolescente como si fuera una especie de bote salvavidas o como el alivio necesario para salir de la locura secesionista en la estamos. A Calixto le gustaba el pueblo. Le hacía gracia ver como mi padre le daba unos toquecitos con el dedo a la sandía, todavía agarrada a la mata, y le decía: “vamos a coger esta que ya está madura”. Mientras la abría por la mitad con una navaja cabritera, no le quitaba ojo y luego, cuando la ofrecía una raja, se inclinaba hacia adelante para no mancharse.

En la era, durante la trilla o mientras se aventaba la paja para separarla del grano, buscaba cualquier excusa para hacer los deberes y examinarse. Pese a las reticencias del patrón, intentaba poner a prueba sus habilidades con escasa fortuna. Era encomiable su predisposición, su fuerza de voluntad y sus enormes ganas de aprender, aunque los resultados no fueran los deseados. Calixto preguntaba una y otra vez si no sería mejor colocar los sacos de esta otra manera o qué sentido tenía madrugar tanto para ir a segar las cebadas o a acarrear paja. Escuchaba las explicaciones y después se quedaba pensativo, tratando de entenderlas y asimilarlas.

Pero, lo que más me gustaba de Calixto era su interés por aprender y sus ganas de participar e integrarse. Era un catalán aparentemente cerrado, pero simpático y deseoso de hacer amigos y de encontrar respuestas a cuestiones y preguntas que jamás se hubiera hecho de no haberse casado con Luisa, la hija mayor de Maximina. Si ella no hubiera aparecido en su vida quizás tampoco hubiera conocido nunca la dura realidad de un pueblo pequeño en plena meseta castellana.

En lo suyo, la pintura, era un maestro, un profesional serio y cualificado. Sin embargo,  aceptaba también de buen grado su papel de aprendiz en las tareas del campo. Sus veranos en Riba de Santiuste le permitieron conocer un mundo totalmente alejado del suyo, asimilar costumbres, pescar cangrejos con reteles y sorprenderse con historias que parecían increíbles en una España felizmente superada. A Calixto le acabó gustando el pueblo, aunque no llegara a explicarse muy bien cómo su familia política habría podido sobrevivir en casas sin baño ni agua corriente, compartiendo la vivienda con los animales.

Las sorpresas que le depararon a Calixto aquellas vacaciones en su provisional refugio castellano podrían equipararse a las que les deparaban a las familias de emigrantes castellanos que se trasladaron en los años cincuenta y sesenta a los extrarradios de Barcelona o a ciudades cercanas, como El Prat de Llobregat, Blanes, Canovellas, Hospitalet de Llobregat, Mataró o Manresa. A muchos de ellos les costó también integrarse, pero no había marcha atrás. Era cuestión de supervivencia. 

Dentro de este flujo migratorio en cualquiera de las dos direcciones, cuesta explicar y no digamos ya entender algunas de las cosas que están ocurriendo en Cataluña en estos momentos. Si el bueno de Calixto levantara la cabeza –pese a su pasión por los colores blaugranas, su defensa del idioma catalán o el respeto por algunas tradiciones como la sardana–, probablemente soltaría con toda su fuerza y con toda su alma un collons que se escucharía en toda la comarca. Luego, le pondría una vela a la virgen de “la moreneta” y seguidamente pediría explicaciones a quienes se pasan el ordenamiento jurídico por el arco del triunfo y a quienes están empeñados en destruir la convivencia y tirar por tierra lo construido durante siglos.

Los veranos de Calixto en un pequeño pueblo de Castilla le permitieron descubrir no sólo el alma castellana, sino la necesidad de aprender y compartir otras costumbres y otras culturas. Pero como decía Josep Plá, ahora otro facha denostado, “el catalán es un ser que se ha pasado la vida siendo un español 100% y le han dicho que tiene que hacer otra cosa”.

Pues ellos se lo pierden.

La (des)población y la agenda política

Es probable que una de las palabras más pronunciadas, y escritas, en el último año y medio en España haya sido “despoblación”. Desde conversaciones particulares a reuniones más formales de diverso carácter, raro era el día queuno no se tropezaba con el término. Se publicaron varios libros, de enfoque literario o periodístico, eso sí, que han sido ampliamente reseñados, comentados y vendidos. Incluso han dado pie para que sus autores sean llamados a intervenir en foros especializados sobre el tema.

Tan intensa y extensa presencia mediática ha reintroducido el asunto en la denominada “agenda política”. El 17 de enero, en la VI Conferencia de Presidentes, se creó el Comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico (R. D. 40/2017, de 27 de enero) y el pasado 5 de septiembre se celebró la tercera reunión del grupo creado para proveer de contenido a la estrategia que se pretende desarrollar de cara a dicho reto.No he encontrado detalles de los temas tratados en esas tres reuniones; ni orden del día ni actas posteriores. No sé si están disponibles, ni si lo estarán, o si se publicará un documento cuando eleven sus propuestas. En este momento, sin embargo, eso no me preocupa.

Sí me gustaría compartir mi inquietud sobre las razones que, según la letra del real decreto, justifican la existencia del Comisionado y de la denominada estrategia frente al reto demográfico. En el preámbulo de la citada norma se cita el “desequilibrio de la pirámide de población” como una justificación de lo pertinente que es la creación de dicho comisionado. Unas líneas más abajo aclara la dirección de dicho desequilibrio: se prevé una disminución de la población, hay un alto grado de envejecimiento, hay zonas del territorio poco habitadas… Más concretamente, en el primer artículo dice: Se crea el Comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico, al que corresponde la elaboración y el desarrollo de una estrategia nacional frente al reto demográfico y aquellas tareas que contribuyan a dar respuesta a la problemática del progresivo envejecimiento poblacional, del despoblamiento territorial y de los efectos de la población flotante. Vamos por partes.

Sería muy conveniente que quien inspiró el real decreto aclarara qué entiende por una pirámide equilibrada. Probablemente una en la que la base fuera muy amplia por la abundancia de nacimientos y la subsiguiente población infantil. Sin embargo, ese tipo de población corresponde a una sociedad que no es la europea y española actuales, y sería origen de otros inconvenientes, por lo menos, tan graves como los que se pretenden enfrentar con este real decreto. Por otro lado, al señalar, el “envejecimiento poblacional”, el “despoblamiento territorial” y, algo misterioso, “los efectos de la población flotante”, sin referirlos a unas circunstancias concretas (p. ej.: grupos de edad, lugares donde se presentan dichos problemas y población en conjunto), es no decir nada útil. Pero sí introducir ruido y confusión en el planteamiento de los verdaderos problemas. El error, en esta y otras aproximaciones al tema (en eso son iguales grupos que dicen afrontar el problema desde posiciones diferentes y aún enfrentadas), es suponer, contra toda evidencia, que la población es homogénea, en cuanto a su distribución por sexo y edad, y está equitativamente repartida por todo el territorio que se use de referencia. Da lo mismo si se trata de una ciudad, una provincia o un continente, se divide el número de habitantes por la extensión del espacio elegido y se obtiene una cifra. Después se decide si esos son muchos o pocos habitantes y ya está. Pero no es esa la forma de conocer y comprender cómo es una población concreta, cómo ha llegado ahí y qué hacer (si es que se puede hacer algo) después de comprender lo que está pasando.

Permítame, quien lea estas líneas, que cite a una autoridad en demografía, Julio Pérez Díaz, que deja claro el sinsentido de la propuesta1. Lo primero que le llama la atención es la mezcla, en tan poco espacio, de asuntos tan variopintos como los que aparecen en el citado artículo primero del real decreto. Lo cual hace que se pregunte por quién proporciona el marco teórico al gobierno en estos asuntos demográficos y concluya que los profesionales están ausentes de tan importante cometido. Apostilla sobre ese artículo: Cada punto de la trilogía es falaz, juntos son un monumento al sin sentido legislativo. Así que, una vez visto el vacío técnico de la norma legal, estaría bien saber la preparación de quienes forman el grupo de trabajo, y qué propondrán, si esas son las condiciones de partida.

Aunque reconozco que mi curiosidad por conocer los documentos que surjan de esas reuniones aumenta. Sobre todo por poder compararlos con las recomendaciones que, sobre despoblación, ya hicieron desde el Senado el pasado año 20152. Acerca del contenido de estos dos documentos, que tienen mucho material opinable, podremos hablar otro día. De todas formas, lo que de verdad es preocupante, por la gravedad del asunto y por la frecuencia con la que se presenta, es la conducta retratada por el profesor Pérez Díaz en la siguiente frase: Mal vamos si un problema real es erróneamente diagnosticado y se mezcla con cosas no relacionadas haciéndolo incomprensible. Efectivamente, muchos de los problemas que percibimos a nuestro alrededor, algunos de los cuales consideramos enquistados, incluso irresolubles, tienen su origen en un error de diagnóstico. Desde mi punto de vista, en los últimos tiempos, uno es el campeón indiscutible: el que se oculta tras el término “despoblación”.

1. https://apuntesdedemografia.com/2017/02/06/comisionado-frente-al-reto-demografico/

2. El informe de la Ponencia de estudio para la adopción de medidas en relación con la despoblación rural
   en España: https://www.senado.es/legis10/publicaciones/pdf/senado/bocg/BOCG_D_10_505_3392.PDF
   El de la Comisión Especial de Estudio sobre las medidas a desarrollar para evitar la despoblación de las zonas de
   montaña, aquí: https://www.senado.es/legis10/publicaciones/pdf/senado/bocg/BOCG_D_10_550_3678.PDF

¿Hasta cuando?

Llevaba años pensando escribir este artículo, pero este agosto, después de visitar dos veces el cuartel de la Guardia Civil para interponer sendas denuncias, me he decidido: de este año no pasa. Me hierve la sangre, advierto.

Comenzaré explicando los motivos inmediatos de esta ira que me corroe. Miércoles, 16 de agosto, diez de la mañana: al salir de casa advierto que en la fachada sur de mi vivienda algún artista ha realizado una pintada en varios colores que ocupa dos de las paredes del patio anexo y cuyo significado he sido incapaz de descifrar. Me voy directamente al cuartel.

Jueves 17 de agosto, nueve y media de la mañana: me asomo al balcón y descubro que el mástil de hierro de una de las dos papeleras instaladas en un pequeño espacio de suelo municipal ha sido partido, la papelera ha desaparecido y su contenido esparcido por toda la calle. Me voy directamente al cuartel.
En ambos casos, ante la pregunta del agente “¿sospecha usted de alguien?” no he tenido el menor remilgo en contestar que yo no he visto nada pero que sospecho de los componentes de alguna de las peñas ubicadas en mi barrio; si los veo orinar en cualquier parte, hacer barbacoas en plena calle y vociferar como posesos a altas horas de la noche, los considero perfectamente capaces de ser autores de los hechos mencionados.

Jueves 17 de agosto, una y media de la tarde: me informa mi suegro que durante las fiestas han roto los espejos retrovisores de los coches estacionados en la calle Villegas. Otro clásico del verano. 

Viernes, 18 de agosto: a doscientos metros de mi casa, ante la puerta de una de las peñas, tirada en el suelo, descubro la papelera rota y robada llena de botellas de refresco vacías. Sospecha confirmada. Me voy directamente al cuartel.

Hasta aquí los hechos delictivos. Pasemos a otras consideraciones.

Las peñas. Quien conozca La Rioja, Navarra o el País Vasco sabrá que en esas tierras las peñas funcionan durante todo el año, tienen unos atractivos locales donde celebran certámenes gastronómicos, promueven actividades deportivas y culturales y organizan viajes y excursiones. Aquí, salvo honrosas excepciones, los locales parecen competir en fealdad, no disponen de servicios higiénicos –mucho menos para minusválidos– ni cocina equipada con los servicios que requiere un establecimiento de hostelería; su único objetivo parece ser armar mucho ruido a todas horas, especialmente durante la noche, ensuciar las calles con orines, vomitonas y bebidas derramadas y consumir alcohol masivamente. Me pregunto si es que durante todo el año no beben y esperan a estos días para saciarse o, por el contrario, es un hábito muy arraigado durante los fines de semana que alcanza su culmen en estas fechas festivas. En cualquier caso es un grave problema que apenas se ha abordado, ni en el seno de las familias, ni en los colegios ni desde el Ayuntamiento.

Continúo con las peñas. Todos los veranos escucho o leo en los medios de comunicación aquello de que “las peñas son el alma de las fiestas”. Discrepo radicalmente: la palabra ALMA, que procede del verbo latino alo, alere (alimentar, nutrir) significa “alimentador, nutricio”; por tanto, el alma de las fiestas somos los ciudadanos que con nuestros impuestos alimentamos el presupuesto municipal para estos festejos. A ver si nos aclaramos. Sinceramente, no le veo gran mérito a barrer un local –habitualmente cochambroso–, llenarlo de burdas pintadas, desfilar ebrios y vociferantes por las calles y acudir a contemplar por la tarde la ejecución pública de unas reses.

Supongo que a estas alturas del artículo más de uno estará diciendo: “Pues si no te gustan las fiestas, te largas; eres un bicho raro, un excéntrico y un snob”. Pero, ¿por qué me tengo yo que ir si vivo aquí, aquí están mi casa y mi familia y en Sigüenza se está divinamente en verano?
Los toros. No voy a entrar en el debate de si deben celebrarse o no festejos taurinos; a lo que voy es a su financiación: ¿por qué hemos de asumir todos los ciudadanos los gastos –los más abultados de todo el programa festivo– de unas celebraciones que no a todos les placen? Con el presupuesto de los toros podrían mejorarse –y mucho– las actuaciones musicales, las representaciones de teatro, las competiciones deportivas.... Quien quiera toros, que los pague.

Que una comisión de las peñas se constituya en empresa taurina, alquile la plaza al Ayuntamiento, organice los servicios sanitarios y de seguridad y asuma la responsabilidad de organizar el cartel. Y punto.

La cabalgata de fiestas. Nunca he entendido el derroche que suponen los desfiles, aunque debo reconocer que los hay muy vistosos. Pero organizar un desfile con carrozas supone dinero, tiempo y arte. Nada de eso se aprecia en el de aquí, que me parece, sencillamente, grotesco; un quiero y no puedo, una paletada.

La reina y sus damas. Me resulta sexista, desfasado y propio de los tiempos del tardofranquismo. Propongo sustituir el acto de presentación por un homenaje a las personas que más se hallan distinguido por una labor social, cultural o deportiva.

Las actuaciones musicales. Mientras toda España bulle de festivales de música, de cine, de teatro... que dejan sus buenos ingresos al municipio organizador, aquí seguimos con la charanga a todas horas y actuaciones de viejas glorias del siglo pasado. No estoy criticando a las charangas ni a las viejas glorias, lo que quiero decir es que podría haber actuaciones musicales de un nivel acorde con nuestra noble y distinguida ciudad.

Por todo lo expuesto, me pregunto, emulando a Cicerón: ¿Hasta cuándo la corporación municipal abusará de nuestra paciencia, del mal gusto y de nuestro dinero?

Lo mejor, sin duda, los fuegos artificiales; propongo espectáculos pirotécnicos para todas las noches de fiestas. Sin duda, son más baratos que los toros, más bellos y no se derrama sangre.

Sugiero a LA PLAZUELA la organización de un debate acerca de estos y otros aspectos en torno a las fiestas patronales en el que estuvieran representados las peñas, la corporación municipal y, por supuesto, cualquier ciudadano que lo desee. A su disposición queda la Ludoteca-Bar Arévacon para su celebración.

Dixi (he dicho)

Alberto Olmeda

Catedrático de Latín