Lun04222019

Last updateLun, 22 Abr 2019 9am

Back Está aquí: Home dopnion

De Riofrío al Capital. Luchas NIMB y ética de Occidente

El 16 de septiembre aconteció en La Miñosa el encuentro “Espora”, impulsado por la asamblea Unión de Pela. Allí se inició un debate, inconcluso, cómo no, que me gustaría retomar en estas páginas, ampliándolo y profundizándolo hasta sus últimas consecuencias, que son muchas.

Se nos reprochaba (cordial y educadamente, que conste) a los integrantes de la asamblea Unión de Pela no estar comprometidos con las luchas en torno a la paralización de la macro-granja de cerdos en Riofrío. Lo cierto es que varias integrantes de la asamblea asistimos a las primeras reuniones. No podía ser de otra manera ya que compartimos la creencia en los impactos profundamente negativos que este tipo de instalaciones ocasionan en el medio ambiente, y de manera muy significativa en el medio en el que se asientan, en este caso Riofrío del Llano y alrededores.  Así que allí fuimos con nuestros planteamientos claros: “no” a las macro-granjas de cerdos.

En esas reuniones iniciales nos encontramos con una curiosa perspectiva. Lo que en ellas se planteaba era una negativa rotunda a la instalación de la macro-granja en Riofrío; pero sin cuestionar la macro-granja en sí como modelo de producción y las consecuencias que tal afirmación conlleva en los hábitos individuales de consumo. Una de nuestras intervenciones apuntó dos hechos importantes. En primer lugar que no sólo era cuestión de que no pusiesen la granja aquí, sino que esas granjas no deberían estar, si es que nos creemos nuestros propios argumentos, en ningún sitio. Si la granja genera malos olores, contaminación de aguas subterráneas, un volumen de purines difícil de gestionar de manera sostenible, y consume ingentes cantidades de agua... no la queremos en el término municipal de Riofrío ni en ningún otro. No queremos la granja en sí, esté donde esté. No queremos ese modelo de producción. Y en segundo lugar, como corolario a lo anterior, planteábamos que esas granjas existen porque luego venden la carne de cerdo a bajo precio en macro-tiendas. Y que si estamos contra las macro-granjas de cerdos (y lo estamos) no debemos seguir comprando los productos que generan, porque en último término que nosotras compremos es la razón de su existencia. En buena lógica, posicionarse contra las macro-granjas implica un cambio responsable en los hábitos de consumo.

Estos planteamientos fueron recogidos con frialdad y escepticismo por la mayoría de los asistentes. Se dijo que eso era mezclar las cosas y que había que centrarse en que no pusieran AQUÍ la granja. El sentir generalizado era un “aquí no”, mientras que nosotras (integrantes de asamblea Unión de Pela) planteábamos un “así no”. No entendíamos que se luchase por una causa sin asumir responsablemente lo que esa lucha implicaba en la vida diaria.

Posteriormente nuestros argumentos se apartaron definitivamente hasta el punto de que alguna reunión de la Plataforma contra la macro-granja ha acabado con una suculenta barbacoa... de carne barata de cerdo proveniente de alguna macro-granja, suponemos que lejana, para que no nos lleguen los olores a nosotros.

En el mundo anglosajón se ha acuñado un término para denominar esas luchas sociales que pretenden que los impactos ambientales generados por la industria no nos afecten directamente, pero que no cuestionan esas maneras de hacer las cosas siempre que los impactos recaigan en otros. Se denominan luchas NIMB, “Not In My Backyard”, traduciendo literalmente, “no en mi patio trasero”. Es un término verdaderamente certero. Los que siguen este planteamiento no cuestionan la acelerada producción de residuos a las que nos aboca la sociedad del ultraconsumo que padecemos, por ejemplo, pero lucharán a muerte si les quieren poner una incineradora al lado de casa; no intentan revertir el creciente consumo energético, pero de instalaciones de generación eléctrica en nuestro término municipal ni hablamos; no quieren dejar de comprar carne de cerdo tirada de precio en el Mercadona y nunca van a cuestionar el modelo que hace posible que esa carne esté ahí y esté a ese precio, pero consideran un ultraje la instalación de las granjas que hacen todo eso posible... en su patio trasero. Contraviniendo los principios éticos comunes a las religiones y  a los principios filosóficos más ilustrados, desde Jesús hasta Kant, pareciera que no nos importa que nuestro prójimo sufra aquello que no queremos para nosotros mismos. Las luchas NIMB son sencillamente una estafa ética. Es un “sálvese quien pueda” disfrazado de moralidad. No se lucha contra la causa de los problemas sino que se intenta librar uno de ellos endosándoselos al vecino. Lo explicaba maravillosamente Miguel Ángel del Olmo, miembro de la Plataforma Pueblos, Valle  y Salinas del Salado, en una entrevista reciente: “En Europa se hartaron de este tipo de negocio, lo trajeron a los países del sur [de Europa] y ahora las Comunidades Autónomas que lo padecen tratan de quitárselo de encima con legislaciones duras. Los proyectos emigran entonces a regiones que no les ponen impedimentos”. ¿Y adivinan ustedes dónde acabarán instaladas las macro-granjas de cerdos si logramos impedir que se instalen aquí? Pues sí, en algún país africano o asiático con pocos remilgos medioambientales. Y he aquí el núcleo de la cuestión. Veamos.

Poco podemos reprocharle a la lucha NIMB contra la macro-granja de Riofrío. En realidad todas vivimos en un proyecto de sociedad, si podemos llamarlo así, que es una gran hipocresía NIMB. Son nuestros modos de vida, conducidos inexorablemente por el modelo económico que nos gobierna, los que generan industrias nocivas cada vez más grandes, cada vez más numerosas y cada vez más lejos, para apartar de nuestra mirada sus deletéreas consecuencias. Lo queremos todo limpio, pero también queremos siempre más: más bienes, más dinero, más propiedades, más objetos y más barato. Y eso no es posible. Si tuviésemos en nuestro patio trasero las escandalosas consecuencias ambientales y políticas que nuestro modo de vida basado en el consumo acarrea para el planeta nos indignaríamos de tanta indignidad. Y eso podría ralentizar la máquina, y la economía no se lo puede permitir.

Nosotros, como buenos siervos, vamos desplazando las industrias más perniciosas desde el rico norte al pobre sur. Riofrío está en la ruta pero pronto el flujo histórico seguirá su curso. Y las granjas contaminantes se situarán finalmente en el mismo sitio en el que se encuentran las industrias más nocivas del planeta y los gigantescos vertederos de Occidente, a saber, en los países “en vías de desarrollo”, que por cierto llevan desarrollándose varias décadas pero siguen en el mismo sitio. De ese modo Occidente ya no sufrirá los efectos de la salvaje minería que posibilita nuestros juguetes tecnológicos, los mares esquilmados y contaminados que sustentan el pescado de nuestros platos y el trabajo en deplorables condiciones que permite los precios irrisorios de nuestros productos fabricados en el otro extremo del mundo. Ojos que no ven, corazón que no siente, como se suele decir. Sólo cuando la normalidad en el Tercer Mundo se asoma a nuestros patios traseros nos hacemos conscientes de las monstruosas consecuencias ambientales y políticas del modo de vida que seguimos. ¿Y ante tamaño desatino no tenemos más que decir que un “aquí no”? Es para preocuparse.

Decir “así no” implica comprometerse con los mercados locales, sostenibles y con bajo impacto ambiental. Es comprometerse con la reducción, el decrecimiento en casi todos los ámbitos bajo la premisa de que mucho es siempre demasiado y con poco debe ser suficiente. Es asumir que la felicidad no consiste en consumir de modo creciente y que cada artículo comprado conlleva una carga humana y ambiental que es imprescindible conocer; no podemos mirar hacia otro lado. Es, en definitiva, plantear una enmienda a la totalidad de esta fantasía milenarista en la que vivimos llamada capitalismo. Un sistema verdaderamente utópico, pues ostenta como premisa la necesidad de crecer siempre en un planeta irremediablemente finito. Y que se pone de perfil mientras se acumulan las consecuencias ambientales de su funcionamiento, desde la reducción drástica de la biodiversidad en los ecosistemas hasta el calentamiento global que ya estamos sufriendo en primera persona. ¿Hasta dónde llegará la degradación antes de la toma de conciencia de que es imprescindible vivir en equilibrio con la biosfera que nos acoge y de la que en último término dependemos como especie? ¿Cuándo nos daremos cuenta de que todo este tinglado criminal se basa en un mito, el del crecimiento acelerado y perpetuo, que nos llevará a la ruina ecológica en las próximas décadas? ¿Qué alternativas podemos poner sobre la mesa? En las respuestas a estas preguntas nos jugamos nuestro futuro y el de todas las personas que vengan después. Reflexiona, actúa, cultiva patatas por lo que pueda venir... Y, por favor, si no quieres macro-granjas de cerdos, empieza por dejar de consumir los productos envenenados que generan.

Sin tiempo para "aprender a aprender"

Una de las peores sensaciones que he llegado a tener es la de querer hacer algo, querer aprender, querer llevar a cabo un proyecto, querer escribir una canción, querer crear amistades, querer mantener las relaciones que ya tienes… y que todo eso se vea mermado por la falta de tiempo. Todos y todas la hemos padecido. Sin embargo, creo que es algo muy distinto cuando aún somos jóvenes y estamos en pleno desarrollo, más incluso cuando han aparecido unos nuevos factores, como la adicción a las nuevas tecnologías o las actividades extraescolares, que influyen tan negativamente en nosotros y nosotras.

No podemos negar que uno de los principales problemas reside en nuestra educación. Como adolescente español del siglo XXI puedo confirmar que existe un problema real  en el sistema educativo (y cualquiera que forme parte de él tendrá alguna queja que manifestar). Primero hablemos del temario que se imparte, el cual es imposible de dar en tan poco tiempo y, además, no está adaptado a nuestras necesidades.

Nos están convirtiendo en máquinas automáticas de memorizar, cuando lo que de verdad necesitamos es aprender a aprender.

Todo esto empeora cuando la metodología es anticuada e inútil. ¿De qué nos sirve hacer 30 ejercicios de 6 asignaturas diferentes en casa, si luego no entendemos por qué se hacen?

Me gusta comparar la forma de enseñar de algunos profesores como “un cubo lleno de conocimientos que arrojan a la pizarra de una forma tan brusca y descuidada que se resbalan y acaban en el suelo, derramados, inservibles, antes de que siquiera pudiéramos haberlos comprendido”. No desarrollamos adecuadamente nuestra creatividad ni todo nuestro potencial, y tampoco se cuenta nuestra experiencia previa, por lo que ocurre que a veces partimos desde cero (repitiendo mucho temario) o seguimos avanzando sin haber interiorizado los conocimientos básicos que nos habrían servido para poder entender lo nuevo.

Todo este problema en la educación, sumado al mal uso de las nuevas tecnologías y al número excesivo de actividades extraescolares, solo trae desgracias para nuestro desarrollo como personas. Esta es la razón por la cual la puntuación de España en el informe PISA es tan baja, y la misma por la que hay un porcentaje tan alto de abandono escolar. Queremos un sistema educativo adecuado a nosotros, la juventud, cuyas bases estén asentadas en el mundo moderno (con esto quiero decir que necesitamos una adecuada implementación de las nuevas tecnologías en el proceso de aprendizaje), con una metodología adaptada al estudiante de hoy, que permita desarrollar nuestras capacidades como ser humano, ya que actualmente no se potencian la creatividad ni el pensamiento propio, sino más bien que trabajemos como ovejitas en un rebaño, para hacer lo que haga el resto sin capacidad crítica para decidir si lo que hacemos está bien o no. Queremos crecer, aprender, vivir, pero necesitamos los medios adecuados.

A pesar de la extensión del tema, creo que he dejado clara mi postura (y la que tienen muchísimos estudiantes como yo) ante esta situación. Con esto llamo a la reflexión personal y a que nos planteemos de verdad si se está haciendo lo correcto.

Vivamos para aprender.

Nacho Caballero Albacete y Javier Rodrigo López.

Si quieres participar en el Espacio Joven de La Plazuela, dirígete al CIJ La Salamandra de Sigüenza

La (des)población y la agenda política

Es probable que una de las palabras más pronunciadas, y escritas, en el último año y medio en España haya sido “despoblación”. Desde conversaciones particulares a reuniones más formales de diverso carácter, raro era el día queuno no se tropezaba con el término. Se publicaron varios libros, de enfoque literario o periodístico, eso sí, que han sido ampliamente reseñados, comentados y vendidos. Incluso han dado pie para que sus autores sean llamados a intervenir en foros especializados sobre el tema.

Tan intensa y extensa presencia mediática ha reintroducido el asunto en la denominada “agenda política”. El 17 de enero, en la VI Conferencia de Presidentes, se creó el Comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico (R. D. 40/2017, de 27 de enero) y el pasado 5 de septiembre se celebró la tercera reunión del grupo creado para proveer de contenido a la estrategia que se pretende desarrollar de cara a dicho reto.No he encontrado detalles de los temas tratados en esas tres reuniones; ni orden del día ni actas posteriores. No sé si están disponibles, ni si lo estarán, o si se publicará un documento cuando eleven sus propuestas. En este momento, sin embargo, eso no me preocupa.

Sí me gustaría compartir mi inquietud sobre las razones que, según la letra del real decreto, justifican la existencia del Comisionado y de la denominada estrategia frente al reto demográfico. En el preámbulo de la citada norma se cita el “desequilibrio de la pirámide de población” como una justificación de lo pertinente que es la creación de dicho comisionado. Unas líneas más abajo aclara la dirección de dicho desequilibrio: se prevé una disminución de la población, hay un alto grado de envejecimiento, hay zonas del territorio poco habitadas… Más concretamente, en el primer artículo dice: Se crea el Comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico, al que corresponde la elaboración y el desarrollo de una estrategia nacional frente al reto demográfico y aquellas tareas que contribuyan a dar respuesta a la problemática del progresivo envejecimiento poblacional, del despoblamiento territorial y de los efectos de la población flotante. Vamos por partes.

Sería muy conveniente que quien inspiró el real decreto aclarara qué entiende por una pirámide equilibrada. Probablemente una en la que la base fuera muy amplia por la abundancia de nacimientos y la subsiguiente población infantil. Sin embargo, ese tipo de población corresponde a una sociedad que no es la europea y española actuales, y sería origen de otros inconvenientes, por lo menos, tan graves como los que se pretenden enfrentar con este real decreto. Por otro lado, al señalar, el “envejecimiento poblacional”, el “despoblamiento territorial” y, algo misterioso, “los efectos de la población flotante”, sin referirlos a unas circunstancias concretas (p. ej.: grupos de edad, lugares donde se presentan dichos problemas y población en conjunto), es no decir nada útil. Pero sí introducir ruido y confusión en el planteamiento de los verdaderos problemas. El error, en esta y otras aproximaciones al tema (en eso son iguales grupos que dicen afrontar el problema desde posiciones diferentes y aún enfrentadas), es suponer, contra toda evidencia, que la población es homogénea, en cuanto a su distribución por sexo y edad, y está equitativamente repartida por todo el territorio que se use de referencia. Da lo mismo si se trata de una ciudad, una provincia o un continente, se divide el número de habitantes por la extensión del espacio elegido y se obtiene una cifra. Después se decide si esos son muchos o pocos habitantes y ya está. Pero no es esa la forma de conocer y comprender cómo es una población concreta, cómo ha llegado ahí y qué hacer (si es que se puede hacer algo) después de comprender lo que está pasando.

Permítame, quien lea estas líneas, que cite a una autoridad en demografía, Julio Pérez Díaz, que deja claro el sinsentido de la propuesta1. Lo primero que le llama la atención es la mezcla, en tan poco espacio, de asuntos tan variopintos como los que aparecen en el citado artículo primero del real decreto. Lo cual hace que se pregunte por quién proporciona el marco teórico al gobierno en estos asuntos demográficos y concluya que los profesionales están ausentes de tan importante cometido. Apostilla sobre ese artículo: Cada punto de la trilogía es falaz, juntos son un monumento al sin sentido legislativo. Así que, una vez visto el vacío técnico de la norma legal, estaría bien saber la preparación de quienes forman el grupo de trabajo, y qué propondrán, si esas son las condiciones de partida.

Aunque reconozco que mi curiosidad por conocer los documentos que surjan de esas reuniones aumenta. Sobre todo por poder compararlos con las recomendaciones que, sobre despoblación, ya hicieron desde el Senado el pasado año 20152. Acerca del contenido de estos dos documentos, que tienen mucho material opinable, podremos hablar otro día. De todas formas, lo que de verdad es preocupante, por la gravedad del asunto y por la frecuencia con la que se presenta, es la conducta retratada por el profesor Pérez Díaz en la siguiente frase: Mal vamos si un problema real es erróneamente diagnosticado y se mezcla con cosas no relacionadas haciéndolo incomprensible. Efectivamente, muchos de los problemas que percibimos a nuestro alrededor, algunos de los cuales consideramos enquistados, incluso irresolubles, tienen su origen en un error de diagnóstico. Desde mi punto de vista, en los últimos tiempos, uno es el campeón indiscutible: el que se oculta tras el término “despoblación”.

1. https://apuntesdedemografia.com/2017/02/06/comisionado-frente-al-reto-demografico/

2. El informe de la Ponencia de estudio para la adopción de medidas en relación con la despoblación rural
   en España: https://www.senado.es/legis10/publicaciones/pdf/senado/bocg/BOCG_D_10_505_3392.PDF
   El de la Comisión Especial de Estudio sobre las medidas a desarrollar para evitar la despoblación de las zonas de
   montaña, aquí: https://www.senado.es/legis10/publicaciones/pdf/senado/bocg/BOCG_D_10_550_3678.PDF

Entre certezas y falsedades

Lo que antes llamábamos montajes o historias inventadas ahora lo denominamos con uno de los muchos anglicismos que nos invaden: “fakes”. Queda como más “cool”, pero no deja de ser lo mismo. Se trata de distorsionar la realidad, crear informaciones falsas y presentarlas como verdaderas, aprovechando las facilidades que ofrecen para ello Internet y las redes sociales.

El problema ya no es la proliferación de tantas falsedades, sino cómo evitar que se propaguen, incluso que se presenten como noticias reales informaciones manipuladas hábilmente para que sean reproducidas en los medios de información convencionales. Luchar contra los bulos y los rumores provoca, además, un estado de indefensión que desemboca en situaciones a veces rocambolescas.

Los avisos de que es un montaje –la palabra “fake” parece que le resta importancia al problema– puede evitar males mayores, sin embargo difícilmente consigue erradicar el daño ya ocasionado. Los controles tampoco están dando por el momento demasiados resultados, pues cualquiera es libre –con nombre falso  o usurpando la identidad de otra persona– de mentir y de alarmar sobre una realidad conflictiva, como la que estamos viviendo en Cataluña.

Por otra parte, la realidad actual, como es fácilmente constatable, pone en evidencia la labor clarificadora de los encargados de defender el buen uso del idioma. No hay más que darse una vuelta por Internet o hacer una pequeña escala en Twitter, Facebook para darse cuenta del mal uso del idioma y de la precariedad de recursos a la hora de exponer las opiniones y argumentos por parte de muchos usuarios. Comentar de oídas está incluso bien visto.

Pero lo realmente preocupante es la invasión de falsedades o informaciones tergiversadas que se “venden” como auténticas. En medio del caos, algunos aprovechan la oportunidad de atacar con mensajes inventados. Durante los incendios de Galicia, se dio como auténtica una información que adjudicaba a bomberos portugueses –que bastante tenían con sofocar el fuego dentro de su país– el trabajo que estaban haciendo los retenes y brigadas españoles.

Es cierto que esas informaciones fueron desmentidas, pero aun así todavía se sostiene la idea de que el Gobierno español no estuvo a la altura de las circunstancias, como sí lo habrían estado las autoridades portuguesas, que supuestamente habrían suplido el trabajo que aquí no se estaba haciendo.

Podría poner miles de ejemplos, pero no sé si merece la pena. Me voy a conformar con mencionar el extraño bulo que corrió el pasado verano, dentro del espacio geográfico de Paredes de Sigüenza, Barcones y aledaños. Se desató la alarma de que una pantera había hecho acto de presencia en medio de una rastrojera, como si alguien la hubiera traído en la maleta desde las sabanas de África. ¡Qué bonita historia para entretener a los vecinos de la comarca!

La persona que dijo haber visto a la pantera y que incluso de forma borrosa consiguió inmortalizarla en una foto –instantánea fotográfica que mostraba orgulloso mientras era entrevistado en una televisión local–, insistía en que él había conocido a muchos gatos en su vida, pero que el animal de cuatro patas que vio en los rastrojos era un felino demasiado grande. Mayor que un gato montés.

La historia de “la pantera” no parecía muy creíble, pero el miedo guarda la viña. Mucha gente acabó creyéndose la historia. Así, con este tipo de sucesos sin confirmar –o mejor dicho, con ese extraño avistamiento que corría de boca en  boca–, se construyó la antesala de la noticia. Una serpiente de verano para animar las tertulias.

Está claro que la pantera supuestamente avistada en los campos del norte de Guadalajara nunca debería de haber ocupado espacios destacados de televisiones, periódicos y radios locales. Pero los ocupó y se convirtió en la noticia más comentada entre la opinión pública durante aquellos días.

Les he contado esta historia, que por cierto nadie se molestó luego en desmentir, como podía haberles contado otras muchas que ocurren en las ciudades, aunque sus protagonistas suelen ser otro tipo de “animalitos”. Lo más próximo que recuerdo es el supuesto idilio de la presentadora y modelo Paula Vázquez y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. Aquí si se produjo el desmentido por una de las partes, pero el rumor siguió agrandándose y la presunta pareja fue objeto de críticas y bromas en las redes sociales.

Aunque hayan pasado ya casi veinte años –creo que fue en enero de 1990–, corrió el bulo de que la actriz y Miss Universo, Amparo Muñoz, estaba ingresada en el Hospital Clínico de Madrid, luchando contra los anticuerpos del Sida.

Lo había publicado un periódico madrileño. Me tocó indagar y hacer las correspondientes pesquisas para el semanario “Tribuna” en el que entonces trabajaba, recorrí el Hospital de arriba abajo, visité la planta de los enfermos de Sida hasta comprobar que la actriz no estaba ingresada en ese  centro hospitalario.

Años después la víctima de otro bulo muy parecido sería Miguel Bosé y anteriormente Camilo Sexto. En este país de cotillas este tipo de maldades se extienden como la pólvora. Nadie parece tener en cuenta el daño que se ocasiona a las víctimas. Y menos mal que Amparo Muñoz rentabilizó la historia y le vendió por unos cuantos millones al “Hola” la exclusiva de que estaba en perfecto estado de salud.

Pero como la mujer a la que un policía le había partido todos los dedos de la mano durante el referéndum ilegal de Barcelona del 1 de octubre, o como los más de ochocientos heridos en las calles de la Ciudad Condal, que no aparecieron nunca, o los fotomontajes de la represión policial –para ellos “represión franquista”– que se hacían y se siguen haciendo con imágenes de archivo.

Pasen y vean, el engaño está servido.

Calixto y la pasión catalana

Mi primo Calixto nunca fue para nosotros un “polaco”, ni un “catalino” cerrado y excluyente. Llegaba cada verano al pueblo de su mujer, Luisa, tan feliz y contento, dispuesto a disfrutar de sus vacaciones y receptivo a la hora de emprender su inmersión en la Castilla profunda, sin dejar por ello de sorprenderse de las tareas que algunos de sus parientes desarrollaban por esas fechas en el campo. Pintor de brocha gorda, orgulloso de sus raíces, amable y simpático, lo recuerdo siempre con su inconfundible acento catalán, empapelando las paredes de nuestra casa de la Plaza o retocando los marcos de algunas puertas.

Sólo en ocasiones, cuando le recordabas las seis Copas de Europa del Real Madrid de entonces, o lo mal que estaba el Barça, cambiaba el semblante, se le escapaba la palabra collons –pronúnciese  cuyons arrastrando la “s”, por favor– y se defendía echando mano de una lista bien aprendida de las “supuestas” ayudas que recibía el equipo blanco por ser el equipo del “régimen”. Culé hasta la médula, barcelonés de nacimiento y por vocación, Calixto era un ser entrañable y querido. Nuestro “catalán” de los veranos. Yerno de Maximina, había nacido en un barrio castizo y humilde de Barcelona, ciudad en la que conoció a Luisa, una hija de emigrantes, con la que se casó algo mayor y con la que no tuvo descendencia.

Supongo que el perfil de este hombre vuelve ahora a mi memoria de adolescente como si fuera una especie de bote salvavidas o como el alivio necesario para salir de la locura secesionista en la estamos. A Calixto le gustaba el pueblo. Le hacía gracia ver como mi padre le daba unos toquecitos con el dedo a la sandía, todavía agarrada a la mata, y le decía: “vamos a coger esta que ya está madura”. Mientras la abría por la mitad con una navaja cabritera, no le quitaba ojo y luego, cuando la ofrecía una raja, se inclinaba hacia adelante para no mancharse.

En la era, durante la trilla o mientras se aventaba la paja para separarla del grano, buscaba cualquier excusa para hacer los deberes y examinarse. Pese a las reticencias del patrón, intentaba poner a prueba sus habilidades con escasa fortuna. Era encomiable su predisposición, su fuerza de voluntad y sus enormes ganas de aprender, aunque los resultados no fueran los deseados. Calixto preguntaba una y otra vez si no sería mejor colocar los sacos de esta otra manera o qué sentido tenía madrugar tanto para ir a segar las cebadas o a acarrear paja. Escuchaba las explicaciones y después se quedaba pensativo, tratando de entenderlas y asimilarlas.

Pero, lo que más me gustaba de Calixto era su interés por aprender y sus ganas de participar e integrarse. Era un catalán aparentemente cerrado, pero simpático y deseoso de hacer amigos y de encontrar respuestas a cuestiones y preguntas que jamás se hubiera hecho de no haberse casado con Luisa, la hija mayor de Maximina. Si ella no hubiera aparecido en su vida quizás tampoco hubiera conocido nunca la dura realidad de un pueblo pequeño en plena meseta castellana.

En lo suyo, la pintura, era un maestro, un profesional serio y cualificado. Sin embargo,  aceptaba también de buen grado su papel de aprendiz en las tareas del campo. Sus veranos en Riba de Santiuste le permitieron conocer un mundo totalmente alejado del suyo, asimilar costumbres, pescar cangrejos con reteles y sorprenderse con historias que parecían increíbles en una España felizmente superada. A Calixto le acabó gustando el pueblo, aunque no llegara a explicarse muy bien cómo su familia política habría podido sobrevivir en casas sin baño ni agua corriente, compartiendo la vivienda con los animales.

Las sorpresas que le depararon a Calixto aquellas vacaciones en su provisional refugio castellano podrían equipararse a las que les deparaban a las familias de emigrantes castellanos que se trasladaron en los años cincuenta y sesenta a los extrarradios de Barcelona o a ciudades cercanas, como El Prat de Llobregat, Blanes, Canovellas, Hospitalet de Llobregat, Mataró o Manresa. A muchos de ellos les costó también integrarse, pero no había marcha atrás. Era cuestión de supervivencia. 

Dentro de este flujo migratorio en cualquiera de las dos direcciones, cuesta explicar y no digamos ya entender algunas de las cosas que están ocurriendo en Cataluña en estos momentos. Si el bueno de Calixto levantara la cabeza –pese a su pasión por los colores blaugranas, su defensa del idioma catalán o el respeto por algunas tradiciones como la sardana–, probablemente soltaría con toda su fuerza y con toda su alma un collons que se escucharía en toda la comarca. Luego, le pondría una vela a la virgen de “la moreneta” y seguidamente pediría explicaciones a quienes se pasan el ordenamiento jurídico por el arco del triunfo y a quienes están empeñados en destruir la convivencia y tirar por tierra lo construido durante siglos.

Los veranos de Calixto en un pequeño pueblo de Castilla le permitieron descubrir no sólo el alma castellana, sino la necesidad de aprender y compartir otras costumbres y otras culturas. Pero como decía Josep Plá, ahora otro facha denostado, “el catalán es un ser que se ha pasado la vida siendo un español 100% y le han dicho que tiene que hacer otra cosa”.

Pues ellos se lo pierden.