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(entre 11 y 16 años)

Menos fanatismo y más tolerancia

Decía Julio Camba, con su habitual retranca gallega y la experiencia que le daba el haber sido corresponsal en diferentes países europeos y americanos, que “el español es poco amigo de pensar, pero si piensa no hay otro pensamiento más que el suyo”. Me gusta esta reflexión de Camba porque retrata con bastante acierto la impermeabilidad y la resistencia de los españoles al discurso y al pensamiento discordante. El poeta Antonio Machado, mucho antes de que Joan Manuel Serrat lo rescatara del olvido y Pedro Sánchez le rindiera homenaje en Colliure (Francia), tampoco iba desencaminado cuando en un poema de “Campos de Castilla” escribía lo siguiente: “De diez cabezas, nueve/embisten y una piensa/Nunca extrañéis que un bruto/se descuerne luchando por la idea”. Hablaba sin referirse en concreto a los españoles, pero estaba claro a quienes conocía más de cerca.

Nos cuesta aceptar que quizá el otro —ese que no piensa como tú y se empeña en llevarte la contraria—, también puede tener alguna vez razón. Aunque sea muy de vez en cuando. Somos tan intolerantes que en numerosas ocasiones ni tan siquiera nos tomamos la molestia de escuchar los argumentos del divergente. El rechazo es inmediato. Yo diría que hasta preventivo.

En la sociedad española se juega peligrosamente con el negro y el blanco. Con la derecha y eres un “facha” o con la izquierda y eres un “rojeras”. Cada día resulta más difícil encontrar otras tonalidades cromáticas. El insulto y la descalificación están dejando fuera del debate político y social a quienes tratan de defender sus posiciones con argumentos y razones de forma pacífica y mesurada. O estás conmigo o contra mí. No corren, efectivamente, buenos tiempos para la lírica, silenciada por la agresividad y una especie de crispación de carácter retroactivo. Se reabren heridas del pasado y se vuelve a la confrontación y a la amenaza dentro de esas dos Españas que tan bien nos retrató Antonio Machado y que ya creíamos superadas.

La convivencia entre españoles es la base de nuestra democracia y no puede seguir deteriorándose, echando por tierra los logros conseguidos en esta nueva etapa democrática. Sería como darles la razón a quienes defienden el afán autodestructivo de nuestro carácter colectivo.

Pero hay cosas que no son normales. Y bastante menos tolerables. Los independentistas, sin ir más lejos, ponen y quitan gobiernos, pasándose por el arco del triunfo la Constitución y la democracia. Y nadie defiende a quienes sufren dentro de ese mismo territorio la marginación y el odio de los que intentar romper la unidad de España. Ante este panorama, resulta verdaderamente difícil conjugar las palabras convivencia y tolerancia. Tampoco los líderes políticos son capaces de dejar a un lado sus diferencias y buscar puntos de encuentro para atajar los grandes asuntos de Estado. Y menos ahora, que estamos en vísperas de múltiples campañas electorales.

Resulta difícil recuperar la sensatez y la calma, cuando lo que se pretende realmente es la descalificación y hasta la caza del adversario, llamándole facha, traidor, mentiroso o indecente. Cada uno se lleva lo suyo. Nadie se salva. Nuestros políticos —para echar más leña al fuego— salen de casa por la mañana bien pertrechados de descalificaciones que lanzan a sus contrincantes a las primeras de cambio. Estamos, como escribía recientemente Raúl del Pozo en su columna de la contraportada de “El Mundo” en la riña, el rencor y la revancha. En “el viejo ácido nucleico celtíbero que se llama fanatismo”, decía textualmente el maestro.

Los tiempos cambian, las sociedades avanzan, pero el arraigado fanatismo sigue gozando de excelente salud entre nosotros. Además, se retroalimenta y recarga de odio y rencor en las redes sociales. La crítica me parece muy recomendable, pero siempre que esté argumentada, y teniendo muy en cuenta que los medios de comunicación y los periodistas jugamos un papel fiscalizador muy importante.

Mucho más discutible es la impermeabilidad y la intolerancia de quienes reciben esas críticas. Porque, como decía al inicio de este comentario, nos cuesta aceptar con naturalidad que pueda haber otra gente que defienda lo contrario de lo que nosotros pensamos. Es un problema que deberíamos de mirárnoslo, aunque solo sea para no ver enemigos —fachas, no fachas, rojos o allegados— por todos los lados.

Sainete contra la despoblación: el decálogo de Sigüenza

La despoblación es ya un problema casi casi superado. El 13 de diciembre de 2018 se reunieron en la Ciudad del Doncel (permítanme que utilice su épica retórica) los más insignes prebostes locales, regionales, y de la Castilla toda. Sigüenza es atravesada por el camino del Cid (¡cómo no!) y seguro que sus valerosos efluvios han inspirado a las luminarias políticas para luchar contra un enemigo más insidioso que mil sarracenos: el despoblamiento rural que avanza, ajeno a declaraciones. Muchos desfilaron por la tribuna. Creo que había una mujer. Y tanto tanto tenían que decir que no permitieron ni palabra a las más de quinientas personas que por allí se acercaron, escuchando mudas la buena nueva. Alumbraron un pomposo decálogo, que es el objeto de este artículo. Concéntrense un momento (si quieren), y silencien diez minutos el móvil (si pueden) para asombrarse del más radical fracaso vestido de seda. Empezamos.

“Los Grupos de Desarrollo Rural de la provincia de Guadalajara conscientes de la situación crítica por la que atraviesan muchos territorios de España, en cuanto que están afectados muy seriamente por la despoblación, y en especial Guadalajara, en comarcas como el Señorío de Molina, la Sierra Norte y La Alcarria, han promovido el I Foro de Desarrollo Rural de la provincia de Guadalajara “Pueblos con Futuro”.”

De esta guisa comienza el salvífico manifiesto. Los Grupos de Desarrollo Rural son los encargados de distribuir los fondos europeos contra la despoblación, como ellos mismos afirman en el llamado “Manifiesto de Siguenza”:

“Los Grupos de Desarrollo Rural fueron reconocidos por la Unión Europea en los años noventa para gestionar los fondos destinados a mitigar el efecto de la despoblación.”

En román paladino son los que llevan treinta años tirando por la borda el dinero europeo contra la despoblación en la comarca. Durante treinta años sus medidas han fracasado estrepitosamente porque el problema rampante de la despoblación no ha hecho más que aumentar desde entonces. Son los que se han gastado el dinero de Europa durante decenas de años en arreglar lavaderos (¿para qué?), levantar frontones en pueblos vacíos, construir casas rurales sin pedir el empadronamiento a los propietarios, financiar captaciones de agua para cien personas en pueblos con cinco habitantes, pagar centros de interpretación turística para los visitantes durante tres meses y, en definitiva, promover sus dos recetas inanes contra la despoblación: desarrollo económico y turismo. Los más sabios entre los sabios dilucidan aún si lo uno traerá lo otro o lo otro lo uno, pero la terca realidad se presenta ante ellos dura como un témpano: sólo Sigüenza, laboratorio de sus desencaminadas políticas, epicentro turístico de la comarca, polígono industrial, villa milenaria, en la que no caben ya más restaurantes (estrellas Michelín incluídas)... ha perdido 530 habitantes en los últimos diez años. Treinta sólo en el último. Pero esa insignificancia, la realidad, no consigue arredrar los propósitos de nuestros lúcidos dirigentes.

Los mismos que porfían en el desarrollo empresarial como única solución ante el éxodo no durarían ni diez semanas en una empresa, pues sólo consiguen fracaso tras fracaso en su denodado objetivo. Henchidos, soberbios, impunes, brindan al sol con la insistencia en las mismas medidas que no han conseguido nada en treinta años. Sostenella y no enmendalla, en eso se nota que son buenos castellanos. Y tienen el descaro de presentar las mismas recetas fracasadas como la nueva lucha contra la despoblación, ante la mirada babeante de los flamantes candidatos a próceres. La pestilencia del hediondo pastel, la cruda realidad del show se hace patente con un sencillo ejemplo: José Manuel Latre firmó el documento como presidente de ADEL Sierra Norte, el Grupo de Acción Local de la Siera Norte, y luego lo validó como presidente de la Diputación Provincial de Guadalajara. Los trapos sucios se lavan en casa. Todavía le queda tiempo para ser alcalde de Sigüenza. Y luego dicen que en esta vida no hay tiempo para todo... Eso del nepotismo pasó a mejor vida, ¿para qué voy a nombrar a un familiar para un cargo institucional si puedo acumularlos yo mismo?. La inventiva castellana es insondable.

En el mejor párrafo del susodicho documento expresan su plan a la claras:

“Nuestra pretensión ha sido la de escuchar los problemas existentes para la implantación o el mantenimiento de la actividad empresarial, atender a sus propuestas para un mejor funcionamiento de nuestras organizaciones y elaborar unas conclusiones meditadas y realistas que haremos llegar a todas las Administraciones y empresas de servicios de nuestro territorio”.

Sin embargo, mientras la actividad empresarial sube, la población no deja de descender. Su miopía llega a tal grado que consideran una rebaja impositiva como un medio más eficaz para detener la sangría demográfica que un buen transporte público o el aumento del número de médicos rurales. Por cierto que de estos dos elementos, transporte y sanidad, no hay ninguna referencia en el engolado decálogo. Debe ser que no tienen nada que ver con la despoblación. Tampoco el gran problema de la vivienda rural, que se manifiesta en pueblos casi abandonados pero sin ninguna casa para comprar o alquiler. ¿Dónde quieren que vivan los supuestos repobladores?. Pues debajo de un puente, pero con 5G.

En el primer artículo del manifiesto “instan a la Administración General del Estado...”; en el segundo afirman que “tienen que promoverse por las Administraciones....”; en el tercero “que las Administraciones públicas establezcan...”; en el cuarto “se exige una redimensión....”; en el quinto
“el Foro reclama que se evite la compleja realidad del planeamiento urbanístico de los municipios pequeños mediante las correcciones normativas que permitan la instalación de empresas sin la necesidad de construir un polígono industrial.”

Y así todos los demás. Por lo visto la despoblación nunca es un problema que esté en tus propias manos, sino que depende de una instancia superior. Pensábamos que los que redactan, aprueban y firman el Manifiesto de Siguenza eran administración también. Pero no. La administración es un ente en las alturas ante el que ellos piden, solicitan, exigen, pero en ningún caso es un problema ante el que tengan ninguna responsabilidad. Resulta que el alcalde de Siguenza, presidente de la Diputación Provincial de Guadalajara y presidente de ADEL dice que la administración son otros, a los que exige medidas para acabar con la despoblación. Maneja un presupuesto de más de cinco millones de euros pero parece que de ahí nada se puede hacer contra la despoblación. Lo suyo no es hacer aquí y ahora, directamente, con todo ese dineral, sino pedir que otros hagan. Todo un estadista, como se dice ahora.

El quinto artículo, anteriormente expuesto, es revelador, pues manifiesta su desnorte: hace pocos años la solución era el polígono industrial; ahora es que las industrias se puedan establecer sin necesidad de polígono. Facilidades para la industria, subvenciones para el turismo, he aquí su receta mágica. Y como sabemos la magia opera en un plano superior de la realidad, y sus misterios no son accesibles al común de los mortales.

No pueden poner sobre la mesa ni siquiera un nuevo habitante producto de sus políticas. Sin embargo los movimientos sociales a los que desprecian consiguen fijar población a coste cero para el Estado. Los unos, responsables, sólo piden; los otros, perseguidos, sólo dan. Ujados, Santamera, Albendiego o Fraguas son municipios de la Sierra Norte que aumentan su población frente al éxodo generalizado. Su único secreto es acoger a colectivos de jóvenes que no comulgan con las ruedas de molino que reparte la Administración y que han comprendido que fijar población no depende de arreglar las carreteras o poner internet 5G, sino de arrimar el hombro aquí y ahora. Sin recursos, sin subvenciones de ningún tipo, felizmente austeros, estos colectivos, con el apoyo de la población local, sólo piden que se les deje en paz, precisamente para intervenir ante un problema social del que los políticos de turno sólo hablan para la galería. No les dejan participar, ni a ellos ni a nadie, en el rimbombante foro, y sus medios afines publican que “La población del medio rural alza su voz en Sigüenza para evitar que los pueblos se extingan.” (El digital de Castilla la Mancha 13/12/18). Parece que la población del medio rural se compone sólo de políticos, al menos la que merece la pena.

Su desverguenza llega a tal extremo que pretenden encarcelar a seis jóvenes por, en definitiva, reconstruir un pueblo abandonado que el Estado se empeñó en desalojar mediante extorsiones y arrasar mediante prácticas militares. Como Fraguas fueron cientos en Guadalajara. Ahora se llevan las manos a la cabeza por el despoblamiento rural. Ayer lo fomentaban. Y mañana lo fomentarán también, si eso les lleva a ganar las próximas elecciones. A personas que tienen como horizante vital sólo cuatro años, los que dura una legislatura, no se les puede convencer con argumentos elaborados. Por suerte hay gente que sabe que todos esos trepas y arribistas pasarán, y que el medio rural permanecerá, vivificado, precisamente como enmienda total a su mundo de precariedad, pantallas e hipocresía.

La discriminación positiva no existe

En numerosas ocasiones, cuando se habla de cuestiones de género, de promoción de la mujer y de otros grupos desfavorecidos, como la población del entorno rural, se menciona la opción de aplicar medidas de “discriminación positiva” para tratar de paliar la situación de injusticia en la que se encuentran.
Se puede definir “discriminación” como: “Trato diferente y perjudicial que se da a una persona por motivos de raza, sexo, ideas políticas, religión, etc.”

Ahora veamos la situación de la mujer en diferentes ámbitos para ver quién está discriminado:
“22,86%* de brecha salarial”: El promover medidas para lograr que las mujeres cobren lo mismo que los hombres por el mismo trabajo ¿discrimina a alguien o es una medida para lograr un mundo más justo?

“69,3% de los que cobran el salario mínimo o menos son mujeres”: El promover medidas para que las mujeres no se vean obligadas a aceptar trabajos precarios ¿discrimina a alguien o es una medida para lograr un mundo más justo?

“73,8% de los contratos a tiempo parcial son para mujeres”: El promover medidas para que las mujeres puedan acceder a trabajos que le proporcionen independencia económica y realización personal ¿discrimina a alguien o es una medida para lograr un mundo más justo?

“37,95% de brecha en las pensiones de jubilación”: El promover medidas para que las mujeres jubiladas no se vean abocadas a la pobreza sin recursos ni oportunidades para revertir esa situación ¿discrimina a alguien o es una medida para lograr un mundo más justo?

Pero, por si quedan dudas, llevemos el ejemplo al extremo: supongamos, por un lado, una familia en la que las personas adultas no tienen empleo y tienen tres menores a su cargo; supongamos por otro lado otra familia de 5 miembros igualmente, con 6 millones de euros en el banco, 3 inmuebles en propiedad y 4 vehículos de alta gama. Supongamos que a la primera familia se le concede una ayuda de 100 €/mes para comprar alimentos, se les financia el pago de agua, luz y gas, y se incorpora a las personas adultas a programas de inserción laboral remunerados. Todas estas ayudas a la primera familia ¿suponen algún tipo de discriminación para la segunda? ¿habría que darle a la segunda familia 100€/mes también para no discriminarlos? No, ¿verdad? Es absolutamente ridículo.

Introducimos aquí el concepto de “equidad” que se puede definir como: “Cualidad que consiste en dar a cada uno lo que se merece en función de sus méritos o condiciones.” La justicia tiene que ver con la equidad, no con el reparto de recursos simétricos a colectivos desiguales.

Para quienes aún duden de la importancia y necesidad del lenguaje inclusivo, aquí tiene el perfecto ejemplo de lo potente que puede ser el lenguaje: Si en el ejemplo de las familias habláramos de discriminación positiva, estaríamos victimizando a la familia segunda (en situación de privilegio) y culpabilizando a la familia primera (en situación de necesidad).

No hablemos más de “discriminación positiva”. La discriminación positiva no existe porque ayudar a un colectivo desfavorecido, sea el que sea, no implica discriminación hacia nadie sino la búsqueda de un mundo mejor y más justo. El termino correcto es “medidas de acción positiva” o “acciones positivas” cuya definición es: “Medidas dirigidas a eliminar las desigualdades existentes contra grupos históricamente discriminados. Son medidas temporales con las que se pretende suprimir y compensar las desventajas existentes” y refleja más claramente su significado y connotaciones.

* EPA de cierre de 2017

¿No eres un poco pequeña para hablar de feminismo?

Hace unos días, vi en la televisión que, por fin, La Manada sería llevada a los tribunales y en seguida comenté en voz alta: “Ya era hora, llevamos dos años esperando para esto”. Una mujer que había a mi lado me dijo: “Niña, ¿no crees que eres muy pequeña para opinar de estos temas?” Disculpadme, pero no sabía que había una edad para tener sentido común. Esto me llevó a pensar en las cosas que tenemos que soportar las mujeres diariamente.

Desgraciadamente todos, o casi todos los días una mujer es hallada muerta o maltratada por su pareja o expareja. Muchas mujeres han desarrollado un miedo terrible a ir solas a casa por lo que pudiera pasar, por no hablar de los famosos “piropos” que sueltan por la calle algunos hombres.

Ayer mismo, María Herrejón, una youtuber, fue perseguida hasta su casa por un chico inglés. El chico le dijo que quería entrar con ella a su casa para tomar una copa, y obviamente ella dijo que no, le cerró la puerta del portal en las narices y subió a su casa. Ella misma lo contó a través de las redes sociales y dijo: “porque el niño este era un pánfilo, pero si llega a ser un chico un poco más peligroso, a lo mejor ahora no lo estaba contando” o “cuento esto por todas las mujeres que no lo pudieron contar. Por favor si alguna mujer os cuenta alguna cosa de este tipo, no la llaméis exagerada porque, creedme, no lo está siendo”. Mientras veía eso, tenía el corazón en un puño. Se me puso hasta mal cuerpo. Y ahora tengo parte del miedo del que hablaba al principio.

Ahora, quiero que reflexiones. Imagínate, ir con miedo a casa, tener que avisar a todos que has llegado bien, aunque solo hayas ido al chino de enfrente a comprar el pan, ir por la calle y que te griten comentarios sobre tu físico, buenos o malos, o incluso llevar el 112 marcado durante todo el camino para que, cuando notemos algo fuera de lo normal, llamar enseguida. ¿No mola nada verdad? Pues esto es lo muchas mujeres sufren a diario. Y muchos casos, no acaban nada bien.

Quiero acabar este artículo diciendo que ojalá, dentro de muy poco tiempo, esto no sea más que un horrible recuerdo.

Carolina Marina Ciriaco

Carolina tiene 13 años y reside en Mandayona.