Vie07192019

Last updateJue, 18 Jul 2019 5pm

Back Está aquí: Home dopnion

Nomofobia

¡Hola queridos/as lectores/as! Un mes más, estamos aquí el equipo del Espacio Joven “la Plazuela” para hablar de un tema interesante: la nomofobia. ¿Y qué es eso? Os estaréis preguntando.

La nomofobia es una especie de miedo o fobia, como indica su nombre, hacia el hecho de estar sin teléfono móvil. Es, originariamente una expresión inglesa “no mobile-phone phobia”.

En Reino Unido se realizó un estudio en 2011con 2.163 personas y los resultados fueron que el 53% de los usuarios/as sufren un ataque de ansiedad cuando no encuentran el móvil, se quedan sin batería o no tienen cobertura.

La incomunicación nos puede llegar a producir una sensación de ansiedad que nos invade y nos hace desear intensamente el momento en que volvamos a estar conectados con nuestros teléfonos móviles.

Este tipo de adicción sin sustancia es más habitual en adolescentes, porque tenemos más necesidad de ser aceptados/as por los/as demás y estamos más familiarizados con las nuevas tecnologías. Además pasamos muchas horas conectados y desarrollamos nuestra identidad en las redes sociales (identidad digital).
Hay gente que no puede vivir sin su móvil. Algunas personas incluso pasan más de 5 horas seguidas conectadas a Internet. Pensareis que lo estamos exagerando, pero es la verdad, porque cuando estás con el móvil el tiempo pasa más rápido y no sabes lo que te pierdes al estar con él y eso es un problema. No decimos que esté mal usarlo pero con moderación y sólo cuando lo necesitas como para llamar y quedar, buscar información y cosas así, pero no para estar todo el día jugando y conectado a las redes sociales.

El juego que más adicción está creando es el Fortnite, seguido del Brawlstars entre otros. Una vez que “metes” dinero ya estás enganchado/a. Tenemos amigos que se han llegado a gastar 300 euros y lo que más nos impacta es que se sienten orgullosos de gastar el dinero en esas cosas.

Algunas personas piensan que no puedes sacar nada positivo de las nuevas tecnologías, pero... ¿realmente es así?

Nos referimos con nuevas tecnologías no sólo a teléfonos móviles sino a ordenadores, tablets...

A continuación, queremos ver el lado positivo de la tecnología si sabes usarla adecuadamente:

1. Puedes ser más sociable. Hablar con tus amigos, con tú familia…, pero nunca debes de dar tu número ni datos personales si no conoces a la persona, ya que puede ser algún fraude. ¡Cuida tú privacidad en Internet!

2. Puedes aprender. Realizar trabajos, mirar cosas que te interesen, buscar información, etc.

3. Mejora la calidad de vida. Gracias a esta necesidad se han inventado herramientas que mejoran aspectos fundamentales, como la salud, la industria y el comercio.

4. Las redes sociales. En primer lugar, fomentan la conexión entre personas de una forma más rápida y directa. Se han convertido en el espacio para generar interacción entre amigos/as y también entre empresarios/as y clientes. Eso sí, hay que saber utilizarlas correctamente.

5. Mejora la educación. Debido a que podemos usar las nuevas tecnologías para tomar apuntes, descargar libros, ver vídeos de algo que no hayas entendido al 100%..., etc.

Realmente vale la pena introducirlas para una nueva educación, en la cual estén implicadas, pero que tampoco se pierda el escribir y realizar apuntes y cosas al modo tradicional.

Algunos consejos para prevenir la adicción al móvil o nomofobia:
• No te obsesiones con conectarte a todas horas.
• Controla el tiempo que estás conectado/a.
• Sé consciente del número de veces que consultas tus aplicaciones.
• Antes de conectarte, piensa qué vas a hacer.
• Respeta horario de sueño, comida y obligaciones.
• Utiliza Internet como herramienta de ocio, pero márcate un horario.
• Busca alternativas a Internet para tu tiempo libre.
• Mientras estudias desconecta la mensajería y las redes sociales.
• Cuida tus relaciones sociales fuera de Internet.

Y si ya tienes un problema de adicción al móvil reconócelo, toma conciencia de las consecuencias, pide ayuda y déjate ayudar.

Creemos que la solución a éste y otros problemas asociados a las nuevas tecnologías es que recibamos una educación digital de calidad que nos ofrezca todas las ventajas y nos avise de los inconvenientes que nos podemos encontrar.

Adalia Gómez Merino.
María Rodríguez Sánchez
Nacho Caballero Albacete
Ilustración: Iuliana María Ciudin y Lucía Cortés Miguel

(El equipo Espacio Joven “La Plazuela” está formado por jóvenes de 12 a 16 años, si quieres formar parte pregunta en el CIJ “La Salamandra”. Ayto. Sigüenza)

Un año sin Trevijano

Se cumple un año del fallecimiento de Antonio García-Trevijano Forte (Alhama de Granada 18/07/1927 – Madrid, 28/02/2018), y es necesario recordarlo, primero por injustamente repudiado e ignorado durante buena parte de su vida, segundo porque solo él dio la explicación esencial a lo que nos pasa en este país y porque, por tanto, necesitamos sus ideas y propuestas, las cuáles sin duda le sobreviven y tarde o temprano triunfarán porque no puede ser de otro modo: el solo decía que el sol sale en verano mientras los demás hablan de lluvia. Fue hombre de cultura enciclopédica que supo unir todo ese saber profundo y meditado de las ideas de los grandes pensadores con las enseñanzas de su propia acción política, en la transición y el franquismo, del que terminó siendo el aglutinador de toda la oposición antes de que fuera traicionado por los aspirantes al nuevo poder. Creó un cuerpo teórico y práctico que trascenderá como uno de los pensamientos más brillantes y completos sobre lo político, con la virtud de ser plenamente aideológico, es decir, de verdadera ciencia política. En su obra, de profundidad inagotable en cada página, muestra los fundamentos de ese inasible concepto llamado democracia que, desde él, queda inequívocamente definido. En sus libros interpreta el significado político jamás explicado de hechos históricos como las revoluciones francesa y norteamericana, imprescindibles para entender dónde estamos y, sobre todo, dónde no estamos. Su extensa e intensa “Teoría pura de la república” es, seguramente, por el cambio de paradigma que supone al que lo estudia, el libro más importante que he leído en mi vida.

Trevijano, o mejor Don Antonio, como nos referimos a él todos los que en vida le respetamos aunque solo fuera por lo que nos enseñaba generosamente cada semana en sus programas grabados en plataformas de internet, fuera de los grandes medios, que lo silenciaban, él, digo, fue el primero que habló aquí públicamente de separación de poderes y el único que lo ha hecho en los correctos términos; nos enseñó que no es lo mismo representatividad, cosa imposible e innecesaria en un parlamento, que estar representados, cosa posible, necesaria e inexistente en España y en la mayor parte de Europa; nos enseñó a diferenciar entre nación y estado y nos mostró que sin ésta enfrente y atándolo corto no puede haber democracia; denunció hasta el último día que en España y en Europa el poder lo ostentan facciones y no representantes a las órdenes del elector, que nos gobierna una oligarquía de cúpulas de partidos de masas, es decir, identitarios, integrados en el estado, del que son dueños y tienen a su servicio; que el miedo a la libertad que impidió la ruptura democrática en el 78 es el que la sigue impidiendo hoy, mientras se nos mantiene en la confusión (“del error se sale, de la confusión no”) de que el remedio está en cambiar el collar al perro cada cuatro años en lugar de cambiar de perro, de una vez, por uno que nunca ha habido en España. Don Antonio fue el único antisistema que ha tenido Europa en los últimos 40 años, pero no un antisistema “echao al monte” y fuera de la sociedad, sino uno constructivo que defendía, no ya una simple opinión sobre lo mejor para su país, sino lo único bueno posible según un edificio teórico indestructible, un conocimiento fácil de enunciar pero no rápidamente fácil de asir por sus múltiples implicaciones, en todo caso al alcance de cualquiera dispuesto a hacer un pequeño esfuerzo. La instauración de un sistema inteligente de control del poder y de verdadera libertad política, y no solo un régimen con libertades públicas, que es la zanahoria que se nos concedió, nunca mejor dicho, en la transición y que, por supuesto, no es lo mismo.

Ciberseguridad

Han participado:

Iulia Ciudin
Darius Ciudin
Nacho Caballero
Adalia Gómez
María Rodríguez
(entre 11 y 16 años)

Por otra parte hay miles de inmigrantes en los CIEs

Tenemos un sueño. Que el desierto demográfico de las zonas rurales interiores de la provincia de Guadalajara se conviertan en un oasis demográfico, donde personas de diferentes nacionalidades, refugiadas de guerras, hambrunas, cambio climático etc. encuentren un lugar para poder vivir, acogidos por los lugareños como hermanos diversos de la gran familia humana única. Enriqueciéndose unos a otros, abriendo horizontes nuevos, paradigma del futuro. 

La despoblación en las autonomías del interior de la península es muy acusada. Del total de casi 47 millones de ciudadanos, solo 4,6 millones ocupan lo que equivale al 70% del territorio nacional. Esta despoblación preocupa a niveles gubernamentales.
Por otra parte hay miles de inmigrantes que pasan por los CIEs (centros de internamiento de extranjeros). Se trata de establecimientos públicos de carácter no penitenciario en los que son mantenidos bajo vigilancia policial, casi como si fueran delincuentes, y donde al final no se les plantea ninguna solución.

¿No sería posible buscar una solución inteligente en la que el dinero de las arcas del estado o de los gobiernos autónomos o provinciales se gastara de una forma más humana y constructiva que en los CIEs?

Hay ejemplos muy detallados de repoblaciones a lo largo de la historia. En el siglo XVII Prusia acogió a los hugonotes que huyeron de Francia, debido a la abolición en 1598 de la libertad de conciencia y de culto de los calvinistas, lo que provocó la emigración de decenas de miles de franceses. Por otra parte, tras la guerra de los Treinta Años grandes zonas del país, que entonces estaba formado por reinos y ducados autónomos, habían quedado devastadas. En 1685 se publicó el edicto de Potsdam, en que el príncipe Friedrich Wilhelm ofrecía buenas condiciones de asentamiento a los refugiados en el reino de Brandenburgo.

En el siglo XVIII había en Andalucía extensas zonas de terreno baldío debido tanto a la estructura latifundista como a la falta de brazos para trabajar las tierras. La idea de la colonización agrícola, hecha realidad en Prusia, fue aceptada en la provincia de Córdoba, que tenía ya un antecedente en el siglo XVI en Benamejí. En 1767 se publicó una Real Cédula, muy detallada e instructiva, a la que siguieron otras. Así se fundaron entonces, entre otras poblaciones, La Carlota y La Carolina.

Naturalmente cada momento histórico y cada situación son diferentes. Pero valgan estos casos mencionados como antecedentes y ejemplos de lo que es posible.

“Tenemos invierno demográfico y sin embargo nos cuesta recibir gente”, ha dicho hace poco Luis J. Argüello, secretario de la Conferencia Episcopal Española.

Japón se veía venir encima el problema de la falta de trabajadores hace décadas, pero no reaccionó hasta ahora, cuando el agua le ha llegado a los cuellos: El Parlamento de Japón ha votado recientemente a favor de la entrada de un número nunca antes visto de trabajadores inmigrantes: 300.000 en los próximos cinco años, a partir del próximo mes de abril.

En este momento y aquí en la provincia de Guadalajara, así como en otras, a la vez que se acoge a quienes necesitan ser recibidos, esto puede contribuir a que los pueblos no se extingan, a que los colegios sobrevivan, a que haya población que trabaja y que a la vez asegure el futuro de los que se van jubilando, etc.

Para esto solicitamos un requisito indispensable: que los alcaldes puedan acoger migrantes en los pueblos y aldeas sin necesidad de que tengan papeles al llegar, sino que los adquieran al cabo de un tiempo viendo una respuesta sincera por su parte.

A través de los Ayuntamientos, con apoyos de la Administración y de voluntariado habrá que fomentar el conocimiento intercultural e interreligioso mutuo, facilitar el aprendizaje del castellano para los que llegan y formación para el trabajo posible en la provincia, explorando cultivos alternativos etc.

Con tal fin será necesario crear un equipo interdisciplinar. Partimos de un sueño, pero conscientes de que, aunque el escenario no es sencillo, si se centran los esfuerzos, la generosidad de todos puede hacerlo real.

Menos fanatismo y más tolerancia

Decía Julio Camba, con su habitual retranca gallega y la experiencia que le daba el haber sido corresponsal en diferentes países europeos y americanos, que “el español es poco amigo de pensar, pero si piensa no hay otro pensamiento más que el suyo”. Me gusta esta reflexión de Camba porque retrata con bastante acierto la impermeabilidad y la resistencia de los españoles al discurso y al pensamiento discordante. El poeta Antonio Machado, mucho antes de que Joan Manuel Serrat lo rescatara del olvido y Pedro Sánchez le rindiera homenaje en Colliure (Francia), tampoco iba desencaminado cuando en un poema de “Campos de Castilla” escribía lo siguiente: “De diez cabezas, nueve/embisten y una piensa/Nunca extrañéis que un bruto/se descuerne luchando por la idea”. Hablaba sin referirse en concreto a los españoles, pero estaba claro a quienes conocía más de cerca.

Nos cuesta aceptar que quizá el otro —ese que no piensa como tú y se empeña en llevarte la contraria—, también puede tener alguna vez razón. Aunque sea muy de vez en cuando. Somos tan intolerantes que en numerosas ocasiones ni tan siquiera nos tomamos la molestia de escuchar los argumentos del divergente. El rechazo es inmediato. Yo diría que hasta preventivo.

En la sociedad española se juega peligrosamente con el negro y el blanco. Con la derecha y eres un “facha” o con la izquierda y eres un “rojeras”. Cada día resulta más difícil encontrar otras tonalidades cromáticas. El insulto y la descalificación están dejando fuera del debate político y social a quienes tratan de defender sus posiciones con argumentos y razones de forma pacífica y mesurada. O estás conmigo o contra mí. No corren, efectivamente, buenos tiempos para la lírica, silenciada por la agresividad y una especie de crispación de carácter retroactivo. Se reabren heridas del pasado y se vuelve a la confrontación y a la amenaza dentro de esas dos Españas que tan bien nos retrató Antonio Machado y que ya creíamos superadas.

La convivencia entre españoles es la base de nuestra democracia y no puede seguir deteriorándose, echando por tierra los logros conseguidos en esta nueva etapa democrática. Sería como darles la razón a quienes defienden el afán autodestructivo de nuestro carácter colectivo.

Pero hay cosas que no son normales. Y bastante menos tolerables. Los independentistas, sin ir más lejos, ponen y quitan gobiernos, pasándose por el arco del triunfo la Constitución y la democracia. Y nadie defiende a quienes sufren dentro de ese mismo territorio la marginación y el odio de los que intentar romper la unidad de España. Ante este panorama, resulta verdaderamente difícil conjugar las palabras convivencia y tolerancia. Tampoco los líderes políticos son capaces de dejar a un lado sus diferencias y buscar puntos de encuentro para atajar los grandes asuntos de Estado. Y menos ahora, que estamos en vísperas de múltiples campañas electorales.

Resulta difícil recuperar la sensatez y la calma, cuando lo que se pretende realmente es la descalificación y hasta la caza del adversario, llamándole facha, traidor, mentiroso o indecente. Cada uno se lleva lo suyo. Nadie se salva. Nuestros políticos —para echar más leña al fuego— salen de casa por la mañana bien pertrechados de descalificaciones que lanzan a sus contrincantes a las primeras de cambio. Estamos, como escribía recientemente Raúl del Pozo en su columna de la contraportada de “El Mundo” en la riña, el rencor y la revancha. En “el viejo ácido nucleico celtíbero que se llama fanatismo”, decía textualmente el maestro.

Los tiempos cambian, las sociedades avanzan, pero el arraigado fanatismo sigue gozando de excelente salud entre nosotros. Además, se retroalimenta y recarga de odio y rencor en las redes sociales. La crítica me parece muy recomendable, pero siempre que esté argumentada, y teniendo muy en cuenta que los medios de comunicación y los periodistas jugamos un papel fiscalizador muy importante.

Mucho más discutible es la impermeabilidad y la intolerancia de quienes reciben esas críticas. Porque, como decía al inicio de este comentario, nos cuesta aceptar con naturalidad que pueda haber otra gente que defienda lo contrario de lo que nosotros pensamos. Es un problema que deberíamos de mirárnoslo, aunque solo sea para no ver enemigos —fachas, no fachas, rojos o allegados— por todos los lados.