La Autopista de la Peste

Ideas para adecuar la nomenclatura de las calles de la ciudad a la nueva movilidad. Tras las últimas novedades en la circulación de Sigüenza creemos necesario un cambio de nomenclatura en los viarios de la ciudad. Resulta obsoleto hablar ya de calle San Roque en el llamado barrio ilustrado. Debido al intenso tráfico que soporta, debería pasar a denominarse Autopista de San Roque o para ser más directos: Autopista de la Peste, dada la proclividad del santo para el manejo de este mal.

Una medida para monetizar este viario sería establecer un peaje a la entrada en el antiguo fielato donde se cobraban los impuestos al acceder a la ciudad. Para hacer más fluida la circulación y que puedan adelantarse camiones y autobuses en una sana competición por la nueva autopista, proponemos que esta vía se amplíe con un tercer carril sacrificando una de las aceras. Pensamos que los pocos peatones que se aventuran a circular por ellas no echarán en falta una de ellas y de esta manera no entorpecerían con su lentitud y torpeza la circulación rodada.

Al mismo tiempo habría que llenar el vacío de plazas de aparcamiento que anteriormente ocupaban las aceras de esta vía, para ello se podría adaptar el Callejón de los Infantes a modo de boxes, convirtiendo el Palacio del mismo nombre en un parking de varias alturas.

Otra idea a estudiar sería organizar competiciones de Formula 1 en la susodicha Autopista de la Peste y convertirla en circuito en las más señaladas fechas conmemorativas. Se podría contar con el piloto Fernando Alonso nombrándolo hijo adoptivo, algo que propiciaría el consecuente tirón turístico para la ciudad.

La Autopista de San Roque o de la Peste.

Por otro lado el antiguo Paseo de la Alameda, de acuerdo con la concepción de Alameda del siglo XXII, debería convertirse en un verdadero Paseo Marítimo que hiciera juego con las láminas de agua para solaz de las avispas, que se han proyectado en el parque aledaño. Para ambientar con el paseo marítimo el enlosado del parque podría decorarse con motivos naúticos, adoptando una ejecución inclusiva: así deberían diseñarse figuras de pulpos y pulpas, medusas y medusos, besugos y besugas, conchas y conchos y caballitos y yegüítas de mar.

Otros cambios en el viario, de acuerdo con los tiempos que corren, serían cambiar el nombre a la calle Cardenal Mendoza, que todos se empeñan en llamar de Guadalajara, por el de calle de Toledo, por aquello de que en aquel viario suelen aparecer los coches oficiales de las autoridades manchegas cuando se dirigen a inaugurar atemporales eventos.

También sería un acierto la sustitución del nombre de la plaza Mayor por el de plaza de Vigo, en homenaje a la ciudad que, gracias a su iluminado alcalde, ha puesto en valor la contaminación lumínica. En el casco antiguo, la calle de Jesús con su postmoderno pavimento podría conservar su nombre añadiéndole solo unos signos de admiración, convirtiéndose en ¡Jesús, qué calle! para indicara el asombro de los viandantes ante la transformación sufrida en el antiguo firme medieval. La Travesaña Baja podría trocar, por analogía en su estado, su nombre por Travesaña de Belchite, en homenaje al pueblo que permanece en ruinas desde la guerra civil.

Por último se podría cambiar el nombre de calle Mavor por el de calle Más Mayor, siguiendo una tendencia político publicitaria hoy vigente, (Más Móvil, Más País...) dotándola de más anchura y convirtiéndola en una vía rápida que conectara con fluidez y la adecuada velocidad, la circulación entre la catedral y el castillo. Para ello sería imprescindible suprimir esas anticuadas aceras incompatibles con la movilidad. A los vecinos de la zona que, alegando vetustas costumbres, se resistieran a ser motorizados se les podría dar una paga o un subsidio de 200 euros para que dejaran de quejarse, abandonaran la ciudad y se desplazaran durante los meses turísticos a Marina d'Or u otros destinos similares dejando así paso libre a la necesaria remodelación integral del tráfico.

En cuanto a muchas otras calles de la ciudad se podría ahorrar en recursos y en imaginación, simplificando la nomenclatura, asignándose un número a las características de su pavimento, es decir pasarían a denominarse: calle del Asfalto 1, Avenida del Asfalto 2, Travesía del Asfalto 3 ... hasta agotar las existencias de este imprescindible elemento para dotar de temperatura a la ciudad y ganar las elecciones municipales.

Esta nueva nomenclatura dotaría a la ciudad de un aire de modernidad, semejante a la de Nueva York, con la proyección mediática que eso supondría de cara a ablandar a la Unesco en la proclamación urbi et orbi de lo que puede ser, parafraseando al manco de Lepanto refiriéndose a la gesta naútica contra el turco, "la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros".

 

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