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El Secreto

¿Quién inventó el submarino? (9) Isaac Peral, solo ante la conspiración-II

El submarino Peral.

Entre el 7 de octubre de 1887 y el 8 de septiembre de 1888 se construye el submarino en el Arsenal de la Carraca en Cádiz.

La construcción no está exenta de incidentes, pues un día Zaharoff (recordemos, colaborador de Nordenfelt) visita el arsenal y alguien le permite inspeccionar el submarino en construcción. Se abre una investigación y se descubre que también lo vieron de cerca dos ingenieros ingleses de la compañía Thomson. El mismo día de la botadura del submarino, apareció rota una pala de una de las hélices del buque; aunque pudo ser reparado en poco tiempo con un repuesto.

Francisco Giráldez. Botadura del submarino Peral en el puerto de Cádiz el 8 de septiembre de 1888. Fuente: Wikipedea.

El submarino de Peral, medía 22 m de eslora, 2,87 de manga y 2,76 de altura, desplazaba sumergido 88 TM, estaba dotado de dos hélices, cada una movida por un motor eléctrico independiente, y la mayor parte de su casco estaba ocupado por las baterías para alimentarlos. La respiración cuando estaba sumergido se lograba con unos depósitos de aire comprimido. Contaba con una torreta óptica, un primitivo periscopio, que proyectaba la imagen exterior sobre la mesa de operaciones en el puesto de mando. La inmersión se producía por la entrada de agua en unos tanques que sumergían el submarino hasta la torreta, entonces dos hélices verticales, situadas a proa y a popa, impulsaban el submarino hasta la profundidad deseada, y el “aparato de profundidades” equilibraba automáticamente la inmersión, librando al submarino del peligro de hundirse de proa o de popa. Defecto que produjo muchos accidentes y muertes en modelos anteriores y posteriores al Peral.

El submarino realizó pruebas exhaustivas desde su botadura hasta el año 1890, entre las que se encontraban numerosas de estanqueidad, respiración y navegación, se realizaron pruebas de estabilidad en el disparo de torpedos en superficie y sumergido (un submarino de Nordenfelt, posterior al Peral, se hundió de popa al disparar un torpedo y perder peso en la proa).

El día 7 de junio de 1890 realiza una travesía de una hora sumergido, emergiendo en el punto previsto, que es considerada la primera de un submarino eléctrico plenamente operativo. Por las pruebas de combate se pide la Laureada de todos sus tripulantes. El Capitán General del departamento naval de Cádiz, Florencio Montojo y Trillo, nombra fiscal para la investigación de la concesión a Víctor Concas, quien emite un informe jurídico en el que acusa a Peral de poner en peligro a su tripulación y, sin tener ningún conocimiento científico ni técnico, de que el submarino era un ingenio sumamente peligroso, pidiendo, como conclusión, que no les sea concedido el reconocimiento.

La Junta Técnica encargada de las pruebas del submarino pronuncia por mayoría un informe favorable y recomienda realizar un nuevo submarino que corrija los inevitables defectos del  prototipo. Se emiten tres votos particulares al informe, entre los que destaca el del teniente de navío de 1ª clase, Francisco Chacón y Pery que recoge críticas infundadas, tergiversación de datos y las críticas del informe jurídico de Víctor Concas como si de un informe técnico se tratara.

A partir de aquí las cosas se precipitan, el nuevo Gobierno de Antonio Cánovas del Castillo, con el converso al Partido Conservador y ahora defensor de los grandes acorazados, José María Beránger como Ministro de Marina, convoca una Comisión Técnica que toma como base el voto particular de Chacón y Pery, falsea datos de las pruebas, desnaturaliza argumentos e informes y fuerza la conclusión de que el submarino es poco seguro, que ha sido construido sin conocimientos de ingeniería naval, lleno de defectos y sin uso claro como arma de guerra. Recomienda que se construya un nuevo submarino más pequeño, diseñado por Peral, pero sin que él dirija la construcción y sujeto en todas sus fases a la supervisión de la Comisión Técnica.

Peral acepta el encargo envenenado; pero pone condiciones, que la Comisión no admite y, como el ministerio continúa una campaña de prensa contra él, pide la licencia y redacta un manifiesto para explicar su opinión. Los periódicos principales no le publican el manifiesto, claramente presionados por el ministerio, y tiene que publicarlo a su costa en un periódico satírico republicano.

El final

En los últimos años de su vida crea una empresa de acumuladores eléctricos de su invención, y otra de instalaciones eléctricas, en una época en la que aún no hay redes eléctricas y los montajes tienen sus propias baterías.

Por otro lado, se presenta tres veces al Congreso de Diputados por el Puerto de Santa María, ganando la primera vez frente al hijo de Beránger, aunque no llega a tomar posesión del escaño, y perdiendo las dos siguientes a causa de maniobras fraudulentas.

Pronto el cáncer de piel vuelve a aparecer y su médico, el famoso Federico Rubio y Galí, le envía a Berlín para que le opere el Dr. Bergmann. La operación es un éxito, pero una cura mal hecha en el hospital, le produce una meningitis y fallece en Alemania el 22 de mayo de 1895 con solo 43 años de edad.

Epílogo

No cabe duda de que había varios grupos de la Armada y el Ministerio de Marina conspirando contra Peral y su submarino; además, había intereses industriales ingleses en su contra con métodos poco éticos; también se sabe que había un interés muy claro del Gobierno Británico para que no se desarrollaran los submarinos, arma que amenazaba su preponderancia en todos los océanos, en un momento en que las relaciones diplomáticas hispano–británicas eran excelentes y muchos de los buques de la flota española se compraban en Inglaterra. Diferentes grupos que, con distintos propósitos, tenían el mismo objetivo: acabar con el proyecto de Peral. Una comunidad de intereses que actuó unas veces de forma independiente y otras en clara colusión.
Agustín R. Rodríguez González, además, supone que la rapidez de la actuación a la llegada del Gobierno Conservador de Cánovas apunta directamente a este como inspirador del plan en su parte española. Es imposible que Beránger planeara y actuara de modo tan contundente sin contar con la anuencia, y quizá la orden directa, de su jefe el Presidente Cánovas.
Solo 3 años después del fallecimiento del inventor, se pudo comprobar el grave error cometido consistente en la ausencia de submarinos en los bloqueos de la flota de los EE.UU. a los puertos de Cavite y Santiago de Cuba.

Para saber más: Agustín Ramón Rodríguez González. Isaac Peral. Historia de una frustración. Grafite Ediciones, S.L. Baracaldo, 2007.

Luis Montalvo Guitart