Arturo Duperier, otro científico español olvidado (y 2)

La violencia de la Guerra Civil impedía a Arturo Duperier proseguir sus investigaciones científicas y no tuvo más remedio que abandonar España (ver artículo anterior). Obtenido el permiso del Gobierno de la República para abandonar el territorio nacional se traslada a Londres, tras un breve paso por París. Allí comienza la etapa más fructífera de su vida científica. Conoce a Patrick Blackett, que investiga como él en la Radiación Cósmica en la Universidad de Mánchester, ciudad en la que se instala Duperier con su familia para colaborar con la institución académica.

En 1939, cuando la locura furiosa se volvió a extender por Europa, el Gobierno Británico llamó a Blackett a Londres para incorporarse al grupo de científicos que ayudarán en el “esfuerzo de guerra”. Duperier le acompaña a la capital británica, donde arranca su larga colaboración con el Imperial College. Es Londres el lugar en el que nacerá su segunda hija, a la que el matrimonio llamará María Eugenia, mismo nombre que la primera que falleció en España.

Duperier era un fino observador y sus mediciones fueron de gran ayuda en los estudios de la Radiación Cósmica, que era una especialidad que se encontraba en aquel momento en la frontera de la Ciencia.

Los rayos cósmicos son principalmente protones y partículas alfa (núcleos de hidrógeno) que bombardean las capas altas de la atmósfera. A esas alturas, chocan con los átomos y los núcleos de los gases atmosféricos y producen electrones libres y otras partículas que a su vez chocan con otros átomos, generando una cascada de partículas nuevas que serán las que alcancen la superficie terrestre. La mayor parte de estas últimas partículas son muones1.

El hijo de J. J. Thomson, el Profesor George Thomson (1892-1975), le cedió parte del espacio de su laboratorio en el Imperial College of Science and Technology. Duperier instaló en una pequeña habitación del último piso del edificio del Royal College of Science del sur de Kensington, un laboratorio electrónico original muy sensible y estable que detectaba, contaba y registraba los muones de alta energía. Con los datos de los rayos cósmicos, sumados a los datos meteorológicos obtenidos por radiosonda en la vertical del lugar, mediante complejos métodos estadísticos (de correlación múltiple), fue capaz de determinar la presión (100 heptoPascales, aproximadamente 16 km de altitud) a la que se producían esos muones y los factores de los que dependía la intensidad de su flujo sobre la superficie terrestre. Este estudio obligaba a manejar una gran cantidad de datos y Duperier, que era un experto calculista, fue pionero en la utilización de máquinas de calcular comerciales en la investigación de la Radiación Cósmica.

Ahora bien, Duperier también era un físico muy intuitivo y escribió un modelo teórico de las variaciones de la intensidad del flujo de Rayos Cósmicos que fue refinando a lo largo de su carrera científica conocido como “Modelo Duperier de la intensidad”.

Arturo Duperier llegó a ser un científico admirado en el mundo de los rayos cósmicos, tanto que el Consejo de la Physical Society le designó en 1945 para dictar la Conferencia Gutrie, una lección de física anual reservada a los más destacados físicos del Reino Unido. Ese mismo año dio una conferencia en la BBC para explicar a la audiencia hispanohablante en qué consistían las bombas de Hiroshima y Nagasaki, recién arrojadas sobre Japón.

Poco después la Embajada de EE.UU. en Londres le propuso dirigir el Observatorio Magnético que ese país poseía en Huancayo (Perú) desde 1922, del que se celebra este año su centenario. Arturo, tras pensarlo bastante, declinó la invitación. Lo que él realmente deseaba era contribuir al desarrollo de la Ciencia española.

Cuando se celebraron las seis primeras Conferencias Internacionales sobre Radiación Cósmica se contó con Arturo Duperier para presentar sendas contribuciones científicas, aunque a la última no pudo acudir, pues falleció unos meses antes.

A menudo hemos oído que en 1948, cuando se otorgó el Premio Nobel de Física a Patrick Blackett “por su desarrollo del método de la cámara de niebla creada por [Charles] Wilson y por sus descubrimientos en los campos de la física nuclear y sobre la radiación cósmica”, Duperier fue igualmente nominado y en última instancia se concedió injustamente el galardón a Blackett en solitario; sin embargo, las actas de la Fundación Nobel lo desmienten, pues Duperier no figura ningún año en ellas. Lo que sí se sabe es lo que su viuda relataba: que el Gobierno británico le ofreció la nacionalidad y que algunos científicos le indicaron que si la aceptaba, acrecentaría la probabilidad de alcanzar el importante premio, de ahí a estar nominado hay un trecho.

En el Reino Unido, a pesar de los servicios proporcionados a esa nación y su renombre internacional, Arturo seguía sin disfrutar de una plaza fija. No obstante, Duperier mantenía contactos en España y sus compañeros le invitaron a dar algunas conferencias en las Universidades de Sevilla, Salamanca, Santiago y Madrid, y en 1950 la embajada de España en Londres le comunica la invitación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para dictar un curso de Radiación Cósmica.

En 1951, Duperier sufrió un infarto de miocardio en Londres y su médico le prescribió reposo, que cumplió descansando unas semanas en Mallorca. A su regreso al Reino Unido retoma los contactos con la embajada con la intención ya definida de regresar a España, lo que no le fue nada fácil de lograr. Hubo una negociación con el Ministerio de Educación en la que se acordó la reincorporación a su cátedra y la creación de un laboratorio de Radiación Cósmica en la Universidad Central.

Testigos de la época han mencionado que un general y un físico ligados a la Junta de Energía Nuclear, recién creada en 1951, se negaban a aceptar su regreso y que tuviera un laboratorio independiente de la Junta. Aunque es fácil ver intenciones ideológicas, que sin duda estaban presentes dado su pasado republicano, es evidente la motivación corporativista y el miedo a quedar en evidencia ante los mayores conocimientos de Duperier.

El ministro de educación, Joaquín Ruiz-Jiménez, consultó directamente al General Franco, que le contestó: “¿Quién es el ministro de Educación, el general o Ud.?” Ruiz-Jiménez se salió con la suya y Duperier vino a España. Pero entonces empezaron sus problemas.

Recuperó su puesto de director de la sección de investigación en el Instituto Meteorológico Nacional y, como la cátedra de Geofísica estaba ocupada, se le prometió una cátedra nueva para él, la de Radiación Cósmica; sin embargo, esta cátedra no llegó nunca a ser una realidad.

Sus últimos años en la España de Franco fueron muy duros: disponía del bajo sueldo de simple profesor de la asignatura de Radiación Cósmica y hubo de solicitar impartir clases adicionales de Física General por las tardes en la especialidad de Geología; no se le reconoció el derecho a la vivienda de catedrático y debió residir en una casa modesta en el popular barrio de la Concepción, en la que fue vecino y amigo del dramaturgo Alfonso Sastre; y tampoco se le autorizó el uso de un coche, por lo que tenía que tomar cuatro veces al día autobús, metro y tranvía para llegar a la Facultad de Ciencias en la Ciudad Universitaria, un gran esfuerzo para un enfermo del corazón.

A petición de Blackett, el Imperial College le cedió los aparatos de su laboratorio londinense para que pudiera seguir investigando en su patria, aun así, la Facultad de Ciencias de la Universidad Complutense tardó cinco años en pagar los derechos de aduana, y en consecuencia no recibió el laboratorio hasta poco antes de su fallecimiento. E incluso entonces, permanecieron en los sótanos de la Facultad de Ciencias, dado que eran de una tensión eléctrica diferente a la española y necesitaban un ambiente de temperatura controlada.

Cuando Arturo Duperier falleció en 1959, los aparatos fueron devueltos al Imperial College y únicamente permanecen hoy en España los pocos que compró la Facultad de Ciencias para completar el laboratorio. Estos aparatos se encuentran hoy en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología de Alcobendas. Del mismo modo, se clausuró la asignatura de Radiación Cósmica que impartía, con lo que se frustró todo su esfuerzo por acrecentar la Ciencia española.


Equipo de conteo de rayos cósmicos que Duperier mandó comprar en 1957 para completar los aparatos cedidos por el Imperial College en 1953. Crédito: Álvaro Muñoz Guzmán. Equipamiento electrónico para el estudio de los rayos cósmicos. Museo Nacional de Ciencia y Tecnología. Inv. OD1995/031/0260. Depósito de la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad Complutense de Madrid.

Tras su fallecimiento se le concedió el Premio Juan March de Ciencia de 1959 a título póstumo para dotar a su viuda de un dinero para vivir (pues sus cotizaciones no el aseguraban una pensión), sus compañeros de la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad Complutense hicieron colocar una placa en su honor en una de las aulas principales del centro y sus vecinos del edificio del barrio de la Concepción colocaron otra en la fachada de la casa en la que vivió, ya que el Consistorio de la capital no consideró (ni aún hoy considera) concederle tal honor.

Placa conmemorativa de Arturo Duperier en la fachada de la casa en la que vivió, sufragada por sus propios vecinos. Crédito de la imagen: Dra. Emma Menéndez.

1 El muon es una partícula que tiene la carga del electrón y su mismo espín, ½; sin embargo, pesa 227 veces más que este.

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