Un inquisidor en la Capilla del Doncel

A todo novelista que se precie, cuando tiene en sus manos la primera copia de su producto, le viene a la cabeza una genial idea que hubiera estado de gloria en su obra. Pues bien, a todo historiador, en el momento en que saca el libro, le sale algún dato nuevo, que no conocía.

Pues eso mismo me ha ocurrido cuando, al buscar cosas sobre otro personaje, me he topado, hoy 4 de noviembre, con un catálogo de documentos del monasterio cisterciense de Palazuelos, en Castilla y León.

Algún lío había en ese monasterio, y además un lío importante si la reina doña Juana I decide mandarles un visitador y un inquisidor. Pues eso hizo con un documento fechado en Logroño el 7 de Diciembre de 1512.

¿Y quién era ese señor? Preguntarán ustedes, pues nada más y nada menos que el prior de Osma, don Fernando Vázquez de Arce, creador de la capilla de El Doncel y allí enterrado en un magnífico sepulcro, tras morir como obispo de Canarias.

Sepulcro de Fernando Vázquez de Arce en la Capilla del Doncel.

O se la hiciera él o algún pariente, el caso es que invito a los lectores a contemplarla con frecuencia y con tranquilidad. Puedo asegurar que si la quitamos de Sigüenza y la ponemos en Roma o en Florencia, no desmerece en nada de los artistas locales. Y no hay que extrañarse pues don Fernando estuvo en Roma y conocía por lo menos algunas partes de Italia.

Pues bien, a este seguntino, la reina Juana le hizo un encargo y lo recomendó a todos los sirvientes de la Corona. Decía la reina en su documento:

“Sepades que el Rey, mi señor y padre, seyendo informado que en la Orden de San Bernaldo ay algunas casas e monasterios que tienen necesidad de ser visitados, e asy mismo se tiene sospecha de algunos delitos de herejía cometidos por algunas personas della, e viendo que cumplía asy al servicio de Dios he fecho oroveer de visistador e inquisidor de la dicha orden en estos mi reynos e señoríos a D. Fernando Vázquez de Arce, prior de Osma, de mi capilla para visitar los dichos monesterios e inquirir e saber la verdad de los dichos delitos de herejía, e, para mejor e más sin escándalo e secretamente faser lo susodicho, terná necesidad de favor e auxilio del mi brazo real, e es mi voluntad que le sea dado, porque vos mandamos todos e cada uno de vos que, cada e cuando por el dicho prior de Osma fueredes requerido, le dedes e fagades dar todo el favor e auxilio del mi braço real que os pidiere e hoviere menester, para que libremente e sin escándalo alguno pueda fazer e hexercer los dichos oficios de visitador e inquisidor de que asy lleva cargo”.

Si la reina Juana I estaba recluida en Tordesillas desde hacía tres años ¿Cómo iba a escribir desde Logroño?

Fernando II de Aragón, ya no era rey de Castilla, el trono era de Juana y de su hijo Carlos. Pero Fernando mandaba y tenía una cualidad de todo político: creer que los ciudadanos son tontos.

Por eso sale la carta desde Logroño. El poder lo tenía Fernando y a su lado estaban los servidores de Aragón y los servidores de Castilla, estos últimos para hacer lo que él dijera, fingiendo que la reina Juana estuviera detrás.

Rían con gusto, la política siempre ha sido igual.

El prior de Osma, o sea nuestro Vázquez de Arce, sepultado en la catedral, fue nombrado inquisidor, probablemente por indicación de Cisneros -otro inquisidor que paseó por la catedral, aunque todavía no lo fuera-. Nuestro personaje informó confidencialmente que el primer problema encontrado en la orden de la Observancia Cisterciense había sido el abad de La Espina, a quien había hecho detener de acuerdo con el reformador. Luego había tenido problemas en el monasterio de Valbuena donde habían elegido abad sin la presencia del reformador. Vázquez de Arce lo denunció ante el Consejo Real, pues era visitador real, aunque surgió la típica cuestión de competencias pues el procurador de la orden, que era el abad de Valdeiglesias se quejó de injerencias y el limosnero real de Juana I, monje cisterciense, insistió en el tema de la autonomía de la orden y de esa manera ganaron los cistercienses en el Consejo Real de Juana I, controlado por su padre y señor.

Y no se olviden, no cabe duda de que don Fernando sería una magnífica persona, pero entonces, como ahora, el servicio en política se paga: llegó a obispo.

 

Pedro A. Olea Álvarez

Sigüenza ,4 noviembre 2022

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