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La hoja de parra

Paesa, el espía de las mil caras

PAESA, EL ESPÍA DE LAS MIL CARAS
Manuel Cerdán
Plaza y Janés

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, el Ebro por Zaragoza o el Bernesga por León, (pueden ustedes/vosotros añadir cuantos ejemplares de la hidrografía universal gusten, tanto da), la sempiterna editorial Plaza y Janés ha lanzado al mercado una reedición de este trabajo que el periodista Manuel Cerdán parió hará unos diez años, a rebufo del estreno (y su esperado éxito) de la película de Alberto Rodríguez El hombre de las mil caras, sobre las aventuras del ínclito Francisco Paesa, sibilino y retorcido personaje, protagonista de algunos de los episodios más lúgubres de nuestra reciente historia política. Oportuna reedición, puesto que la película (y sobre todo la publicidad y marketing que le acompaña) ha vuelto a traer al aventurero/traficante/espía a la primera línea del interés público. Será para que no hablemos de otras cosas que pueden dar dolor de cabeza a nuestros egregios dirigentes.

El caso es que el libro, interesante por la muestra pública de un sinuoso individuo al servicio de lo más recóndito de las alcantarillas del Estado, da la impresión que se queda corto en relación con las andanzas del personaje, limitándose a la exposición de su patriótica intervención en la captura y entrega del fugado Luis Roldán, aquel ejemplar director de la Benemérita. (Y de paso, aprovechar para apropiarse de todo aquél peculio que se llevó limpiamente a base de comisiones y fondos reservados…). Añadamos su intrépida actuación como espía endilgándole a la ETA un par de misiles SAM- 7…con trasmisores incorporados que facilitaron su seguimiento y la caída de la cooperativa Sokoa, en territorio francés, almacén del armamento de la panda que escondía abundante y considerable documentación.

Es en estos casos en los que el libro es más fiable por la documentación aportada y el análisis de la misma bien expuesto. La exposición del resto de las aventuras de nuestro héroe la encuentro falta de convicción para el lector, con escasa aportación de pruebas, por lo que habría que considerar la palabra del periodista como palabra de Dios, y la verdad, me parece complicado llegar a tal conclusión. Desde luego, la vida de Paesa resulta novelesca ciertamente: hablamos de un pícaro que consigue estafar a Francisco Macías, primer ministro de Guinea Ecuatorial tras la independencia, tomar la pelambrera al ministro Belloch, crear un banco inexistente en Suiza sin que las autoridades se den cuenta hasta que ya el caballero se ha forrado, traficar con armas burlando a grandes traficantes internacionales, engañar a la ETA, etc. Estas cualidades parece ser que le hacen meritorio para trabajar para los servicios secretos del Estado… en fin, una trayectoria ejemplar que merecía un estudio más profundo y más creíble. De todas formas, merece la pena su lectura para comprobar cómo este país sigue dando al mundo palpitantes criaturas y, tal vez, para echar un vistazo a cómo funcionaban las cosas por estos pagos hace unos años.