Ni feo, ni católico, ni sentimental. Javier Krahe.

En 1970, en un programa musical nocturno de la por entonces mejor televisión de España, debutó una pareja de jóvenes a la guitarra que nos obsequiaron con el viejo tema San Francisco Bay Blues, tan grato a los gustosos del folk y músicas afines de la época. El joven dúo lo componían dos muchachos desconocidos para el gran público: Rosa León y Jorge Krahe. No recuerdo bien, pero creo que no volvieron a aparecer juntos en la gran pantalla. La primera terminó convirtiéndose en una figura de primera fila de lo que entonces se venía a llamar por algunos (la verdad, no sé muy bien por qué extraña razón) canción protesta. En realidad, cantaban música de escaso o ningún alcance comercial, en las que las letras, basadas muchas de ellas en poemas de autores más o menos consagrados o bien de cosecha propia, y que reflejaban las preocupaciones, compromisos o sinsabores de la juventud de la época, con marcado acento social. El segundo, Jorge, tuvo una trayectoria completamente diferente. De muy joven aprendió a tocar brillantemente la guitarra y a componer algunas melodías, algunas de cuyas letras le venían ofrecidas por la mano e imaginación de uno de sus hermanos mayores, Javier, y que cantaba a los amigos y a quien quisiera escucharlas. El fondo era irónico y la melodía, por entonces, recordaba a la de los cantautores franceses, al estilo George Brassens, que tanta trascendencia tendrá con el tiempo precisamente en las creaciones de su hermano.

Jorge Krahe y Rosa León. 1970.

En aquellos veranos a finales de los sesenta del pasado siglo, por las calles de Sigüenza era fácil encontrar a los dos hermanos Krahe mencionados, pues su familia había elegido esta ciudad como destino de vacaciones estivales. Recuerdo haber jugado de pareja de mus con el mayor, Javier, en alguna ocasión, y al bridge en alguna otra. Eran tiempos en que la cita de la gente joven era para darle a la baraja en los kioskos de la Alameda nada más terminar de comer, con la particularidad de tener que bajar a la carrera, pues a partir de las cuatro no había ni mesa ni con quién jugar. Nos conocíamos todos, y por eso, aunque el trato no fuera directo en el compadreo o cuadrilla, las parejas de juego se formaban universalmente, sin ningún tipo de pega. Por entonces ya Javier había terminado la letra de algunas canciones a las que Jorge dio vida musical, como El obseso sexual o Madrid al día, y que un buen día presentó en un recital en El Molino, inolvidable primer pub-sala de baile que hubo en Sigüenza. Estas canciones, junto a otras pocas, han permanecido inéditas ya que Javier no las grabó ni añadió a su repertorio en sus años de explosión artística. Jorge Krahe no logró la nombradía y reconocimiento de su hermano, en parte debido al estilo musical que desarrolló, cercano al blues, muy diferente y a años luz del que cultivó Javier, y a su prematura muerte en accidente en 1984 con apenas treinta y pocos años.

La impresión que tuve de Javier, por entonces, era la de un hombre muy correcto y serio, y por su forma de jugar al naipe y a través de la escasa conversación que se manejaba durante la partida, se le veía inteligente. Supe, uno o dos años después de aquellas partidas bajo la sombra del olmo del Triunfo, y por sus propias palabras en un fortuito encuentro en la calle de San Roque, que había dejado de estudiar y encontrado un trabajo. Perdí noción de su existencia algunos años, hasta que un día, en mi trabajo de asesor apareció una pequeña empresa de publicidad, Fontán y Cía, en la que figuraba como empleado un tal Javier Krahe Salas. Pasé un día por allí y confirmé que se trataba del antiguo veraneante seguntino, al que encontré algo mayor y cambiado, tal vez por la barba que exhibía y no le abandonó ya ningún día de su existencia. Me reconoció y estuvo francamente amable e interesado en saber de Sigüenza y de aquellos amigos o conocidos comunes. Al poco descubrí que compartía cartel con un tal Joaquín Sabina y el seguntino Alberto Pérez (cuya formación musical era superior a sus compañeros de grupo) en La Mandrágora, un pequeño local con música en el viejo Madrid, y que les acompañaba un éxito clamoroso tal vez aupado por el viento a favor de los tiempos de la Transición y el ansia de libertad del momento. Y supe que los textos cantados eran, en su mayoría, obra de Javier, que había desarrollado su talento para ello con matrícula de honor en todos aquellos años transcurridos desde sus primeras letras que pudimos escuchar por boca de su hermano Jorge en aquél recital de El Molino.

Entrevista a Javier Krahe. Años 90 del pasado siglo.

Aquel joven a quien creí serio y formal había dado lugar a un señor bohemio, irónico, cáustico, ácrata y, como vino a definirle algún periodista, “compositor irreverente y azote de biempensantes”. Todo sea bienvenido, aunque llegué a la conclusión de que o yo no le había conocido demasiado bien (cierto), o que llevaba el germen bien guardado dentro y dio rienda suelta según el paso de los años (posible). La última vez que pude hablar con él fue en una colosal entrevista que le hicimos en los años noventa, y cuando ya actuaba en solitario por diversas salas del país, un grupo de amigos que editábamos una revista como soporte a una sociedad de debates y conocimiento que manteníamos en el barrio de la Prosperidad de Madrid, al calor de la Librería El Buscón. En la entrevista hizo una visión global de su trayectoria artística, habló y habló sin parar durante más de tres horas de una infinidad de temas e incluso nos ofreció la primicia de la nueva canción que estaba pariendo en aquellos momentos y de la cual tenía claro por entonces tan sólo las dos primeras estrofas:

Pasó abril, pasó mayo

Y tú sin llamarme, putón malayo

Creo que esta canción no llegó nunca a buen puerto.

Ahora ha aparecido en el mercado esta biografía escrita por un declarado fan del cantante en que da un repaso a su figura, tanto en el campo privado como en el público, y que encantará a sus fans, amigos, simples conocidos y gustosos de su arte. El libro recorre su vida prácticamente desde la infancia hasta su fallecimiento en Zahara de los Atunes el 12 de julio de 2015. Su infancia en el colegio del Pilar de Madrid, sus veranos seguntinos, su estancia en Canadá y su regreso a España, dispuesto a dar rienda suelta a su talento como letrista, inspirado por su admiración a Georges Brassens y Leonard Cohen, a los que no es difícil reconocer en sus canciones, especialmente al francés. Y después el aprendizaje con la guitarra, el reconocimiento del público, las actuaciones en grupo y en solitario, los discos, el whisky y el tabaco y las vacaciones en la costa gaditana que finalmente le vio morir. Sin dejar de lado (diría que especialmente narrados), sus relaciones con los compañeros y otros artistas del mundillo y especialmente las polémicas, entre las que habría que destacar la que le trajo a mal traer con TVE y los ayuntamientos socialistas de la época tras dedicarle al entonces presidente Felipe González una divertida melodía recordandole sus promesas electorales incumplidas, especialmente la que se refería a retirar a España de la Otan. Aquél Cuervo Ingenuo que estrenó en un homenaje a Sabina le supuso un veto oficial a la mayor gloria de la mayoría absoluta. Hombre irreverente, descreído y reacio a las causas oficiales, su culto a la acracia no le impedía en absoluto conocer bien el mundo en que se movía e informarse de todo aquello que repercutía en la vida del ciudadano. De Haro, el autor, habla con familiares, amigos y colegas que le proporcionan una base muy clara para conocer al personaje, resultando un muy entretenido retrato del hombre, el personaje y el artista, sin olvidar una breve aunque generosa referencia a su hermano Jorge, en cuyo talento musical tal vez estuviera el origen de esta historia. Y vayan estas líneas como reconocimiento, homenaje y recuerdo a ambos chavales que seguro comparten todos aquellos que tuvimos el placer de conocerles y pudimos tratarlos en mayor o menor grado, y que en definitiva formaron parte de nuestras vidas.

Ni feo, ni católico, ni sentimental. Javier Krahe

Federico de Haro

Reservoir Books.

 

 



Piés de foto:

 

Javier: Javier Krahe, en sus años de veranos seguntinos

krahe: En una actuación 

Jorge: Jorge Krahe y Rosa León cantan en TVE



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