La desaparición de los insectos o la sexta extinción masiva del planeta Tierra

Un estudio realizado en Gran Bretaña entre los años 2014 y 2021 mostró que el número de insectos había disminuido en un 65% en Inglaterra, 55% en Gales y 28% en Escocia. Otro estudio similar realizado en Dinamarca entre 1997 y 2017 reveló un descenso del 80% de las poblaciones de insectos en su territorio. Si a estos les unimos los últimos realizados en Alemania, EEUU, Costa Rica y Argentina, llegamos a la conclusión de que un 40% de los insectos del planeta esta en peligro de extinción en las próximas décadas según publica la revista “Biological Conservation”.

Para que nos hagamos una idea, los insectos están desapareciendo del planeta a una velocidad ocho veces mayor que la desaparición de reptiles, aves y mamíferos. Extrapolando los datos obtenidos en los estudios antes mencionados se estima que se produce un descenso al año del 2’5% de la población de insectos del planeta, lo que implica que si no actuamos pronto los insectos podrían desaparecer del planeta en un siglo aproximadamente. Y esto llevaría a un colapso catastrófico de los ecosistemas de La Tierra como indica el primer análisis científico global.

Mantis religiosa. Laguna de Somolinos.

En resumen, estamos a las puertas de la sexta extinción masiva de la historia de La Tierra y seguimos sin tomar conciencia de la situación.

Aclaremos conceptos, que algunos políticos y dirigentes mundiales no parecen entender. Una extinción masiva es un período de tiempo geológico en el que se extingue un alto porcentaje de la biodiversidad y de las distintas especies que habitan el planeta. Se considera que La Tierra ya ha experimentado cinco extinciones masivas, la última hace 65’5 millones de años y es conocida por ser la que extinguió a los dinosaurios.

¿Cuál es la diferencia fundamental entre las cinco anteriores y esta que estamos iniciando?

Las cinco primeras fueron causadas por fenómenos naturales y esta sexta puede ser producida por la actividad humana, debido al ilógico y egoísta uso de la tierra, el agua, la energía y el cambio climático que hemos originado.

Es conocido y por desgracia aceptado que en los últimos siglos se haya producido la extinción de muchas especies de animales, que al ser de animales de gran porte han sido fácilmente documentables, pero no fue hasta hace aproximadamente tres décadas que los científicos e investigadores pusieron su punto de vista en lo que ocurría con los animales más pequeños, entre los que se encuentran los insectos. Animales que además son fundamentales para el funcionamiento de los ecosistemas.

Y a la conclusión que se ha llegado durante estos últimos años es que debido a la influencia humana la tasa de extinción de topo tipo de especies se estima entre 1.000 y 10.000 veces más alta que la tasa que se produciría por extinción natural, es decir sin influencia humana. Y aunque tenemos que escuchar en los medios de comunicación a incultos e interesados políticos negacionistas y sus cuadrillas de palmeros que las extinciones son una parte normal del proceso evolutivo. Hay que indicar que las tasas actuales de disminución de las poblaciones y la extinción de especies son lo suficientemente altas como para amenazar las funciones ecológicas que sustentan la vida humana en La Tierra.

Según Robert Cowie, investigador de Ciencias y Tecnologías de los Océanos y La Tierra (SOEST) de la Universidad de Hawái en Manoa, «Las tasas de extinción de especies aumentaron drásticamente y la disminución de la abundancia de muchas poblaciones de animales y plantas está bien documentada, pero algunos niegan que estos fenómenos equivalgan a una extinción masiva. Esta negación se basa en una visión sesgada de la crisis que se centra en los mamíferos y las aves e ignora a los invertebrados, que por supuesto constituyen la gran mayoría de la biodiversidad. Incluir a los invertebrados fue clave para confirmar que efectivamente estamos presenciando el inicio de la sexta extinción masiva en la historia de La Tierra».

Mariposa Ninfa de los arroyos. Limenitis Reducta.

Y mucho de los lectores pensaran, dependiendo de la edad que tengan, esta extinción no creo que me pille porque esta va a tardar muchos años e incluso siglos en suceder. Es probable, pero si hacemos caso a Daniel Rothman, profesor de geofísica del Departamento de Ciencias Atmosféricas y Planetarias del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y a la fórmula matemática que ha creado, en la que relaciona el ritmo y la magnitud de los cambios en el ciclo del carbono con el ciclo natural de absorción de carbono por la atmósfera y los océanos, cuyo umbral de peligrosidad estudiado en las anteriores extinciones está estimado en 310.000 millones de toneladas de CO2. Entraremos en peligro, si seguimos al ritmo actual, en el año 2100. Es decir, quedan aproximadamente 78 años si no actuamos ya.

En ese momento el planeta volverá a pasar por un período que podría haber experimentado ya en las otras cinco extinciones anteriores. Eso sí, esta sería la primera vez en la que la humanidad podrá ser testigo de este suceso. Lo siento por las próximas generaciones.

Pero cuales son las causas que nos estan llevando a la desaparición como especie del planeta. Pues segun el estudio antes mencionado de la revista “Biological Conservation”, la agricultura intensiva es la causa principal del descenso de la cantidad de insectos, debido al uso de pesticidas. Según Mute Schimpf, responsable de alimentación y agricultura de la ONG Amigos de la Tierra, «Los pesticidas están barriendo las poblaciones de insectos y los ecosistemas por todo el mundo, y amenazando la producción de comida. Un puñado de corporaciones controlan la mayor parte del suministro de pesticidas y, si no se controlan, continuarán usando su inmensa influencia política».

Algo conocido por todos es que actualmente la mayoría de explotaciones agrícolas usan productos químicos como herbicidas, fungicidas y plaguicidas para aumentar sus producciones. Lo que no es tan conocido, porque nos lo ocultan, es que los insecticidas afectan a miles de especies totalmente inofensivas para los cultivos. Un claro ejemplo son los insecticidas neonicotinoides que están implicados en el descenso de las poblaciones de abejas a nivel mundial. Resumiendo, los plaguicidas pueden ser los causantes del descenso de una octava parte de las especies de insectos en la actualidad.

Francisco Sánchez-Bayo, investigador de la Universidad de Sídney, en Australia es claro en sus afirmaciones: «La causa principal del descenso de las poblaciones de insectos es la agricultura intensiva. Eso significa la eliminación de los árboles y arbustos que normalmente rodean los campos, entonces solo quedan planicies y campos desnudos que son tratados con fertilizantes y pesticidas. La agricultura intensiva a escala industrial es lo que está destruyendo los ecosistemas».

Chinche rayada. Graphosoma lineatum.

Según el Informe Planeta Vivo, el 30% de toda la tierra que sostiene la biodiversidad ha sido convertida para la producción de alimentos. La agricultura es responsable del 80% de la deforestación global y representa el 70% del uso de agua dulce del planeta. Si añadimos que la producción y el consumo de alimentos no sostenibles contribuyen en gran medida a las emisiones de gases de efecto invernadero tenemos el coctel perfecto. Y si consideramos que según un artículo publicado en la revista “Nature” las tierras agrícolas tienen la mitad de ejemplares de insectos y un 25% menos de especies que las zonas de hábitat natural, el problema de la disminución de las poblaciones de insectos tiene un claro culpable y, por tanto, si seguimos utilizando plaguicidas, aunque suene muy catastrófico nos dirigimos de cabeza a la extinción total de los insectos.

Claro que también puede haber gente que opine que si desaparecen los insectos ya no tendremos mosquitos, ni tábanos, ni moscas perreras, … y no volveremos a sufrir sus dolorosos picotazos. Una ventaja.

Pero debemos aclarar que las consecuencias la pérdida de insectos serán catastróficas tanto para los ecosistemas del planeta como para la supervivencia de la humanidad. Como indica Dave Goulson de la Universidad de Sussex (Inglaterra): «Nos debería preocupar a todos, ya que los insectos son el corazón de toda cadena alimenticia, polinizan la mayoría de las plantas, mantienen el suelo saludable, reciclan nutrientes, controlan las pestes y muchas más cosas. Ya sea que los amemos o los odiemos, la realidad es que los humanos no podemos sobrevivir sin los insectos».

Además, no olvidemos otros servicios que proporcionan los insectos como son la eliminación de residuos, el reciclaje de nutrientes y que la falta de insectos perjudicaría a mamíferos, aves, anfibios y peces que se alimentan de ellos.

Pero no solo la agricultura intensiva es la causante del declive de las poblaciones de insectos, otras causas que amenazan las poblaciones de insectos son la desforestación, la urbanización que produce una gran contaminación lumínica, las especies invasoras y el cambio climático.

Pensemos en lo que ha ocurrido en las últimas décadas en la comarca seguntina. Si echamos la vista atrás muchos de los lectores de este artículo, sobre todo si son de generaciones nacidas antes del año 2000, recordaran la gran cantidad de tábanos que nos martirizaban en el pinar seguntino con sus dolorosos picotazos, la gran cantidad de abejas y avispas que podíamos observar cerca de cualquier fuente, que decir de la inmensidad de mariposas que podían agruparse en los prados floridos, montes o alrededor de los charcos, la gran variedad de libélulas y caballitos del diablo que podíamos observar en los cauces del Henares o el Dulce y en todas las charcas del pinar, y como disfrutábamos de niños poniendo el dedo a las mariquitas para que se subieran y corretearan en nuestra mano hasta que se marchaban volando, la espectacularidad de las mantis religiosas y su caníbal leyenda, los increíbles escarabajos rinoceronte que podías encontrar entre los pinos caídos del pinar y sin olvidarnos de las sonoras noches de verano amenizadas por los incansables grillos o como no añorar la bella experiencia estival de los paseos nocturnos por La Ronda o por las orillas del Henares entre los relucientes destellos verdes amarillentos de las luciérnagas. Pues todas estas cosas, las buenas y las malas, y muchas más se han perdido muchas generaciones en nuestra comarca porque estamos exterminando a los insectos.

Creo que está claro que si queremos dejar un planeta habitable para las próximas generaciones se necesita un cambio en la legislación mundial, nacional y local; políticas nuevas más interesadas en el medio ambiente y menos en enriquecer a unos pocos a costa de la salud del planeta y el futuro de esas próximas generaciones.

Y mientras esperamos que los dirigentes y nosotros los votantes tomemos conciencia y hagamos que entren en razón todos los políticos, cabría preguntarnos qué podemos hacer para contribuir a la salvación de los insectos a nivel local y particular.

Empezaremos por dejar ya las campañas de desinsectación en pueblos y ciudades, que además de inútiles y peligrosas para la salud son una gran pérdida de dinero que puede utilizarse en algo mejor seguro. Y a nivel individual como ciudadano del mundo, es muy importante reducir el uso de plaguicidas y herbicidas en los jardines, huertas y casas. Debemos plantearnos que nuestro jardín o huerta sea un área natural; se ha realizado una valoración en EEUU y se ha llegado a la conclusión de que, si todas las personas que allí tienen jardines ayudaran a transformarlos en áreas naturales, evitando usar plaguicidas y herbicidas, el hábitat favorable para los insectos podría aumentar en más de 1,6 millones de hectáreas solo en EEUU.

Otras medidas que podemos aplicar para ayudar a los insectos son sencillas: usar plantas autóctonas, limitar la iluminación exterior, que atrae y a menudo mata a los insectos nocturnos, y en otoño dejar ramitas en los jardines, parte de la tierra desnuda y no recoger las hojas antes de la llegada del duro invierno.

Me despido con la pregunta del millón:

¿Impedirán estos pequeños cambios individuales la extinción masiva de los insectos?

La respuesta es NO, se necesitan actuaciones urgentes a nivel global pero sí ayudaran a las poblaciones locales de insectos a mantenerse hasta que llegan las soluciones globales y aunque no lo crean todos estos pequeños cambios suman y ayudan.

Medítenlo y actúen en consecuencia. Gracias.

 

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