El Patrimonio Natural de “El Paisaje Dulce y Salado de Sigüenza y Atienza”

El territorio que forma “El paisaje Dulce y Salado de Sigüenza y Atienza” es, sin lugar a dudas, uno de los espacios naturales más singulares y ricos en biodiversidad y diversidad geológica que podemos encontrar en la Península Ibérica.

Este espacio geológico, modelado por tres ríos, Dulce, Salado y Henares, y con una particular climatología da lugar a un conjunto diverso de hábitats de alto interés natural, patrimonial y cultural. Tanto es así que dentro de su perímetro podemos encontrarnos un parque natural, dos lugares de interés comunitario (LICs), dos zonas de especial protección de aves (ZEPAs) y ocho bienes de interés cultural (BICs).

La singularidad y riqueza natural de estos parajes es debida a los fenómenos kársticos que, a lo largo del tiempo, unidos a la erosión fluvial de los distintos ríos y arroyos han dado origen a cañones, cuevas, hoces, escarpes rocosos, cerros, montes, lagunas y distintos tipos de vegas, entre las que destacamos las halófilas (del griego halos=sal y filo=amante).

Riba de Santiuste

Los roquedos y laderas escarpadas de cañones y hoces que podemos encontrar en este espacio natural tienen un especial interés por sus comunidades rupícolas y subrupícolas que contienen, tanto animales como vegetales, y porqué en ellas anidan numerosas especies de aves muchas de ellas protegidas, entre las que podemos destacar halcón peregrino, águila real, alimoche o búho real. Las cuevas que se formaron gracias a la disolución de las rocas calizas son de capital importancia para las numerosas colonias de quirópteros (murciélagos), todos ellos especies protegidas.

Otra de las peculiaridades de este entorno natural son las vegas halófilas, donde la presencia de especies singulares como son Scorzonera parviflora y Glaux marítima, raras en el interior de la Península Ibérica, y los numerosos afloramientos de aguas salobres, que han sido utilizados desde tiempo muy remotos para la obtención de sal a través de las salinas. Salinas que son de un gran interés ecológico e importancia para la avifauna, ya que muchas especies las utilizan como territorio de cría, caza o descanso, como es el caso del aguilucho lagunero, chorlitejo chico, cigüeñuela común o distintas especies de anátidas.

Salinas de Bujalcayado

Si a todo lo anterior, unimos las distintas especies vegetales que forman bosques y matorrales, entre los que destacar la existencia de un matorral de sabina negra con boj de gran interés por tratarse de una localización aislada y separada de su área de distribución habitual, con el resto de especies de fauna. Podemos asegurar que estamos viviendo dentro de una joya de la naturaleza ibérica.

 

Javier Munilla
Naturalista

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