Campamento tauricida en Arbancón

Los niños y niñas nacen con empatía natural hacia los animales y son capaces de identificar el dolor y el sufrimiento independientemente de la especie que los esté padeciendo. Se puede afirmar por tanto que los niños perciben intuitivamente la sensorialidad animal, hasta que algunos adultos les enseñan lo contrario. Para que un niño acepte la lidia como algo moralmente aceptable, es necesario realizar sobre él un proceso de adoctrinamiento por el cual se le enseña que el principio de no violencia tiene excepciones, en este caso, los bóvidos.

Organizar UN CAMPAMENTO TAURINO, comienza con el proceso de eliminar esta empatía natural, hasta que el niño asimile como normal clavar banderillas y espadas en pequeños becerros y vaquillas. En estas escuelas los alumnos practican con jóvenes animales o muñecos que los imitan, asestándoles una y otra vez arpones y estoques hasta su muerte. El famoso niño torero “Michelito”, cuando tenía 10 años decía a menudo a su madre, refiriéndose a los pequeños becerros: “Ay, qué pena me da matarlos cuando son tan buenos”, siendo forzado a inhibir esa compasión natural y obligado a agredir al animal.

En las escuelas de tauromaquia, lo que se les inculca mediante este proceso de adoctrinamiento, es que la violencia tiene cabida por motivos de entretenimiento, tradición o aceptación social.

Esta inoculación de la tauropatía, es fuente de confusión extrapolable hacia otras formas de violencia: el bullying, el sexismo o la homofobia…

El prestigioso doctor en Psiquiatría J.P. Richier, señala el daño que los espectáculos tauricidas causan en la infancia, por cuanto “incitan y/o acostumbran a la violencia suponiendo un impacto en términos de fragilización del sentido moral y la perturbación de los valores. Y no se trata solo de la violencia observada, sino de la ejercida, ya que se les enseña a niños y adolescentes a infringir ellos mismos sufrimiento de manera gratuita. Esta es la influencia que ejercen los adultos sobre la construcción psíquica de los niños, incitándoles a poner en escena sus impulsos sádicos, en vez de ayudarles a canalizarlos de manera ética, ya sea por medio del arte o los deportes”.

La promoción institucional de este campamento tauricida en Arbancón en la provincia de Guadalajara, está dejando de lado el interés del menor, en favor de intereses empresariales de una minoría caciquil.

Los países firmantes de la Convención sobre los Derechos del Niño, entre ellos España, se comprometen a seguir las recomendaciones de este organismo, y conforme a este compromiso, España DEBE tomar medidas para alejar a los niños, niñas y adolescentes de la violencia de la tauromaquia por estar considerada como ‘’una de las peores formas de exposición a violencia infantil, y así tomar las medidas necesarias para protegerlos, en su calidad de espectadores o participantes y aumentar la toma conciencia sobre la violencia física y mental resultante de la tauromaquia y el impacto que genera en el desarrollo de los niños”

Amnistía Internacional por su parte, emitió desde su sede en Portugal un comunicado instando a los gobiernos de países taurinos a respetar esta Convención y la obligación de frenar la presencia y participación de menores en eventos de tauromaquia en Portugal. Una protección que sin embargo, no respetan nuestros gobernantes locales, que permiten que los niños y niñas acudan y participen de estos espectáculos, normalizando en ellos la violencia. Porque la tauromaquia es violencia.

El Defensor del Menor, evaluado por el Dr. Echeburúa, experto en violencia, también desaconseja que los menores sean testigos de maltrato a los animales por parte de adultos o adolescentes en fiestas populares. El informe dice textualmente "... otra cosa es el aprendizaje en el respeto creciente a los derechos de los animales que forma parte de una sociedad cada vez más evolucionada.”

Los recursos públicos y la protección de la infancia no son los únicos argumentos para rechazar este demencial campamento: el sufrimiento de los animales durante los festejos, sea con resultado o no de muerte, ha sido evidenciado científicamente por expertos veterinarios.

Queremos que en Guadalajara prime el interés del menor por encima de cualquier otro, y las recomendaciones de la máxima autoridad sobre derechos de la infancia, el Comité de los Derechos del Niño de la ONU (así como la de numerosos expertos en este campo), sean respetadas.

Una organización creciente por el respeto animal se muestra contraria a la celebración de un campamento de verano tauricida, ya que intoxica la psique de los niños rompiendo lazos de empatía fundamentales en nuestra especie, y que en su lugar, se destinen los mismos recursos públicos y promoción institucional en organizar actividades pedagógicas y lúdicas que favorezcan el sano desarrollo de la infancia.

Guadalajara Antitaurina

 

LIBROS A LA VENTA - ¡Novedad! - "Sigüenza, una larga historia", libro-cómic

Hoy han visitado este sitio: 30 // Ayer 322

Back to Top