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Salud

Primeros auxilios: convulsiones

Las convulsiones son contracciones bruscas, involuntarias y repetidas de algunos grupos musculares. Están provocadas por estímulos cerebrales anormales que se producen como consecuencia de lesiones cerebrales, enfermedades metabólicas, fiebre o algunas infecciones.

Las causas más frecuentes de una convulsión son la epilepsia, los traumatismos cráneo-encefálicos, las enfermedades cerebrales, las intoxicaciones, el alcoholismo, el abuso de las drogas, las hipoglucemias, algunas situaciones de ansiedad o estrés postraumático, la fiebre alta (40–41ºC) especialmente en niños, y también se producen en las temidas y antiguas enfermedades como la rabia o el tétanos.

Las convulsiones suelen provocar debilidad y pérdida de conciencia en la persona que las sufre. En personas que ya han tenido crisis convulsivas previamente, puede existir un “aviso” llamado aurea, donde la víctima siente olores o sabores unas décimas de segundo antes de ocurrir, pudiendo proferir un suspiro o grito, o realizar movimientos repetitivos raros como chuparse el labio, masticar o hacer ruidos. Existen un tipo de convulsiones llamadas “ausencias” donde la víctima se desconecta de la realidad y está con la mirada perdida unos minutos, que puede acompañarse o no de otros síntomas, y luego vuelve en sí.

Durante la convulsión puede producirse alguna o varias de las siguientes situaciones:

• Rigidez en los miembros y espalda (convulsión tónica).

• Movimientos que sacuden el cuerpo (convulsión tónico-clónica).

• Falta de respiración acompañada de labios morados.

• Mandíbula apretada, enrojecimiento de la cara y ojos desviados, fijos o en blanco.

• Incremento en la salivación (a veces sale en forma de espuma).

• Sangre en la boca (si se ha mordido la lengua).

• Pérdida del control de esfínteres (la víctima puede orinarse o defecar encima).
Tras la convulsión la recuperación de la consciencia se produce de forma progresiva y lenta dependiendo del origen de la misma, encontrándose el individuo desorientado.

Lo PRIMERO que debemos hacer:

• Guardar la calma y controlar la situación. Si advierte que la víctima va a padecer una crisis, evite que se caiga y ayúdele a tumbarse en el suelo. Para evitar que se lesione, retire cualquier objeto cercano con el que pueda hacerse daño.

• Si la causa de la convulsión puede estar relacionada con intoxicación por gases inhalados u otros tóxicos, compruebe que el lugar es seguro para usted y para víctima.

• Si ocurre en un lugar público, pida a los “espectadores” que no rodeen a la víctima.

• Afloje la ropa de la víctima y le coloque algo en la parte posterior de la cabeza para evitar que se lesione, como una almohada o una chaqueta enrollada.

• Si la víctima no respira o la respiración es ineficaz (bloqueos, escaso movimiento torácico o con poca frecuencia) realice reanimación cardiopulmonar.

• Busque si el individuo lleva una cadena o pulsera de alerta médica de epilepsia, diabetes, etc.

• Mida el tiempo que dura la convulsión, para poder informar al equipo sanitario si es necesario.

• Cuando los espasmos han cesado, limpie la espuma, vómitos o sangre de la boca para evitar que sea aspirada por la vía respiratoria. Colóquele en posición lateral de seguridad.

• Abrigue a la víctima.

• Al finalizar la convulsión, la víctima suele volver a respirar normalmente, siendo posible que se encuentre somnolienta y desorientada. Hay que dejarla descansar.

Lo que NUNCA debemos hacer:

• Sujetar a la víctima durante las contracciones musculares, ya que podemos producirle fracturas.

• Tratar de abrirle la boca, o meterle algún objeto en la misma. Podemos producirle una luxación del maxilar o que se trague el objeto introducido.

• Dar bebidas o alimentos cuando la víctima comience a recuperar la consciencia, por el riesgo de aspiración en vía aérea.

• En las convulsiones febriles de los niños, no enfríe demasiado rápido o bruscamente al niño y no le baje la temperatura por debajo de 37 º C.

Traslado al Centro Médico o pedir ayuda al 112 si:

• La convulsión dura más de 5 minutos.

• La persona tiene otra convulsión poco después de la primera.

• La persona se lesiona durante la convulsión.

• La convulsión se presenta cuando la persona está en el agua.

• La persona sufre alguna enfermedad como diabetes, enfermedad cardiaca o está embarazada.

• Si la recuperación de la conciencia cree que no es adecuada.

Todas las personas que padezcan de alguna enfermedad que pueda causarle convulsiones o desmayos deberían llevar una pulsera o cadena de alerta médica. Será de gran ayuda cuando surja un problema. Próximo mes: atragantamientos.

Recuerde guardar la calma.