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Salud

Primeros auxilios: Crisis de ansiedad

La ansiedad es una respuesta natural del organismo ante situaciones que son percibidas como un riesgo o un peligro. Es un mecanismo de defensa de anticipación que proporciona cierta preparación para que nuestro cuerpo y nuestra mente respondan rápida y eficazmente ante una situación de tensión o amenaza, ya sea atacando, luchando o huyendo. Cuando percibimos una señal de peligro se produce un estado fisiológico de ansiedad, produciéndose un aumento de los niveles de adrenalina y noradrenalina, lo que incrementa el nivel de alerta, la frecuencia respiratoria, el ritmo cardiaco y el tono muscular, mejorando así el rendimiento y la posibilidad de hacer frente a una situación de riesgo, huir de ella, o adaptarse a las circunstancias si es necesario.

Pero en ocasiones, nuestro cerebro interpreta algunas situaciones cotidianas (laborales, familiares o personales) como peligrosas activando todo el sistema de defensa natural, aunque en realidad no existen evidencias claras de una amenaza real. Cuando el nivel de la ansiedad rebasa ciertos límites, aparece un deterioro de la actividad cotidiana, disminuyendo la capacidad de reacción para hacer frente la realidad. La superación de la capacidad de respuesta de nuestro organismo del nivel de ansiedad puede comprometer seriamente nuestra salud física, mental y emocional, haciendo que nos sintamos bloqueados e incapaces de enfrentarnos con la situación percibida como problema.

Una crisis de ansiedad aunque no suele poner en riesgo la salud, genera una situación de angustia, miedo o pánico para quien la sufre y para los que le rodea. Suele producir síntomas y signos muy aparatosos, que pueden hacer pensar que se está produciendo un infarto, una hipoglucemia o una convulsión. Hay que sospechar que se trata de una crisis de ansiedad cuando aparecen cuatro o más de los siguientes síntomas:

1. Palpitaciones o aumento de la frecuencia cardiaca sin motivo aparente. Se siente que el corazón se le sale del pecho.
2. Sensación de ahogo, con respiraciones muy rápidas y superficiales. Se siente que le falta el aire.
3. Opresión en el pecho.
4. Miedo y pánico. Siente que su cuerpo no le responde y que va a desvanecerse o morirse.
5. Sudoración y escalofríos.
6. Temblores que no puede controlar. En ocasiones puede haber un balbuceo que no conseguimos entender.
7. Náuseas y molestias abdominales.
8. Mareo o incluso desmayo. Suele ser rara la pérdida total de conciencia pero es posible.
9. Sensación de que todo a su alrededor es irreal.
10. Entumecimiento u hormigueo en brazos y piernas, pudiendo ser incapaz de sostenerse de pie.

Lo PRIMERO que debemos hacer:

• Guardar la calma, no dejarse llevar por el miedo y tratar que esa persona comprenda nuestra intención y permita ayudarle. Tranquilice a la víctima indicándole que la situación se puede controlar si sigue nuestras instrucciones.
• Si el paciente o la familia no se lo permiten o están agresivos no se acerque. Hable con seguridad y de forma tranquila, y si su ofrecimiento no es bien recibido limítese a solicitar ayuda a los servicios de emergencia.
• Reduzca los estímulos estresantes a su alrededor. Evite que la gente se arremoline a su alrededor.
• Intentaremos que el sujeto deje de respirar de forma rápida y superficial (hiperventilación), ya que agrava la sintomatología y genera una mayor sensación de ahogo y de opresión en el pecho.
• Debemos conseguir que el sujeto realice respiraciones abdominales: inspirar tranquilamente durante tres o cuatro segundos, una pausa reteniendo el aire dentro y luego expirar también de forma muy lenta.
• Si al sujeto le es imposible dejar de respirar deprisa, podemos utilizar una bolsa para que respire dentro de ella

Lo que NUNCA debemos hacer:

• Alterar el estado emocional de la víctima con comentarios inapropiados sobre su estado o la situación que está ocurriendo.
• Gestos o lenguaje no verbal que puedan aumentar la crisis.
• Dar bebidas o alimentos excitantes (café, cola, chocolate, té, o bebidas energéticas). Pueden aumentar o desencadenar una nueva crisis ya que son estimulantes.
• Juzgar el porqué de la crisis de ansiedad de la víctima.
• Minusvalorar las emociones o los sentimientos desencadenantes de la crisis. Para el sujeto son lo suficientemente importantes como para que se encuentre en este estado.

Próximo mes: traumatismo cráneo encefálico
“Guardar la calma y respirar muy despacio”

Rita Rodríguez
Ilustración: Emil Nolde. S.María Egipciaca. Detalle