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Cuando la información importa menos que el titular

Lo apuntó Antonio Fernández-Galiano, presidente de Unidad Editorial, durante su intervención del pasado 18 de mayo en los Cursos de Periodismo de “Sigüenza Universitaria”: nos resulta difícil asimilar el cambio tan drástico que se está produciendo en la sociedad y, más concretamente, en los medios de comunicación. 

Lo emocional se impone a lo racional. Los grandes titulares dejan en segundo plano el análisis y la lectura sosegada de la información. “La cultura del clic, el resultado instantáneo —en opinión de Fernández-Galiano—, pueden resultar nefastos. Llevan al individuo a querer ocupar todo el espacio informativo, provocan ansiedad y exigen un contenido cada vez más ligero”. Coincido con él en los peligros de este fenómeno, donde prima el ingrediente emocional y se pone en duda el trabajo de los periodistas. Hay una pérdida de confianza de los ciudadanos en las instituciones y se acentúa el descrédito de la actividad política.

Debatir y analizar el papel de los medios de comunicación en la actual encrucijada —tanto de los medios provinciales como nacionales—, era el objetivo de los encuentros de esta VII edición de “Sigüenza Universitaria”. Escuchar a cualificados profesionales, que han trabajado muchos años en las redacciones de periódicos de referencia y que han vivido en sus propias carnes la crisis del sector y la reconversión provocada por la caída de las ventas y de la publicidad, nos ayuda a comprender por qué estamos donde estamos.

En la primera mesa redonda, compartida con Antonio del Abril, Evaristo Olcina y Pedro Villaverde —tres conocidos periodistas de Guadalajara, además de buenos amigos— se subrayó la importancia de la prensa provincial, de la  información de cercanía, aunque el soporte de papel tenga ahora que competir y “compartir” lectores con los periódicos online. 

Cada uno de ellos expuso sus opiniones sobre lo que pudo haber sido y no fue. Se recordó la presencia en Guadalajara de tres periódicos diarios —“Nueva Alcarria”, “La Tribuna” y “El Día”— y de otros tantos semanales —“Guadalajara DosMil”, “El Decano” o “Noticias de Guadalajara”— en la época del “boom del ladrillo”. Recordamos que la crisis de 2007 se llevó por delante a la mayoría de las citadas cabeceras, salvo “Nueva Alcarria”, aunque dejó de ser diario para pasar a ser bisemanal, y anotamos la recuperación de “La Tribuna” en versión semanal, después de algunos años ausente de los quioscos provinciales. También se valoró positivamente la importancia de mantener vivos algunos medios locales, como “La Plazuela”.  

Evaristo Olcina señaló un dato significativo: entre 2008 y 2015 desaparecieron 500 cabeceras de periódicos en España; mientras que Antonio del Abril recordó cómo los kioscos de prensa pasaron con la crisis de ser un excelente negocio familiar a convertirse en un problema. Hasta el punto de tener que echar el cierre muchos de ellos (7.000 kioscos desaparecidos en los últimos años, según apuntaba unos días después Antonio Fernández-Galiano).

Pero no todo está perdido. Pedro Villaverde se felicitó porque “Nueva Alcarria” sea en determinadas situaciones un remedio para el aislamiento rural. Todavía quedan pueblos en nuestra provincia —lo comentó una joven, residente en la Sierra Norte— que esperan como agua de mayo que les llegue un ejemplar del periódico, porque ni tienen Internet ni las comunicaciones les permiten viajar a los puntos de venta. 

La crisis se llevó por delante muchas páginas de periódico, pero abrió no pocas ventanas de Internet. El problema es que este trasvase de información a la red no siempre se realiza con la profesionalidad y el rigor que exige la tarea de contar lo que realmente está pasando. Fernández-Galiano, después de asumir los errores cometidos por los grandes grupos editoriales al llevar a cabo millonarias inversiones en la época de bonanza, destacó las malas prácticas periodísticas que se cuelan por las redes sociales, a la vez que explicaba “cómo la revolución tecnológica ha obligado a los editores a cambiar el modelo de negocio”. Como aspecto positivo de esta transformación, subrayó la posibilidad de ampliar la difusión y llegar “a un universo global de lectores”. “Un lector de ‘El Mundo’ —afirmó — puede estar en cualquier parte del planeta y la difusión online tiene ahora un peso más importante en la facturación publicitaria”. El 70% de los ingresos total del diario “Marca”, por ejemplo, llegan a través de sus ediciones online. 

Los cambios en el negocio han sido tan espectaculares que ya no puede hablarse de grandes campañas publicitarias en los medios nacionales. Las empresas más importantes, los bancos y la industria del automóvil han diversificado y recortado sus inversiones, a la vez que buscan nuevos modelos y soportes. “Planificar la inversión publicitaria —recordó el presidente de Unidad Editorial— ya no es tan sencillo. Además de los periódicos, están las redes sociales, los blogueros e influencers, nuevos formatos de promoción… Hay una gran fragmentación”.

Esto sólo es un retrato de un panorama que tendrá que clarificarse si queremos apostar por unos medios de comunicación solventes y fiables. En ellos nos jugamos todos muchos —no solo los periodistas—, pues sin periódicos no hay democracia, ni posibilidad de controlar a los gobiernos elegidos en las urnas.

Como dijo Javier Davara, maestro de futuros periodistas, en la segunda ponencia de los Cursos de esta primavera, “el periodismo tiene una función pública: la de informar a quienes lo necesitan, después de haber contrastado previamente esa información”. 

Sin embargo, querido Javier, algunos parece que todavía no se han enterado.

Javier del Castillo

Director de los Cursos de Periodismo “Sigüenza Universitaria”

 

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