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Sociedad

Aires de silencio

“...Casas mal aisladas para la cantidad de viento y el ruido. Mucho ruido continuo y molesto de los molinos, tambien ruido de los aviones… Las casas en sí son bastante modernas y muy bien decoradas. El tamaño y el jardin espectaculares. Una pena no haber podido disfrutarlo...” El párrafo corresponde al comentario de un cliente a través de Booking referido a una estancia en la isla de Tenerife cerca de un parque eólico. Ya se puede ofrecer el oro y el moro, dar el mejor de los servicios, disponer de las mejores instalaciones…; en el fondo lo que más apreciamos es la tranquilidad, el silencio, el bienestar…

Pongamos que esta familia se aloja en nuestra comarca tras la instalación de un centenar y medio de aerogeneradores en los alrededores de Sigüenza (¡Que duda cabe de que en principio se lo pensarían mucho, una vez sufrida la mencionada experiencia!). Si lo hicieran en el mismo Sigüenza quizás no apreciarían perturbaciones acústicas significativas procedentes de los parques eólicos. Sigüenza quedaría a unos tres kilómetros y medio del aerogenerador más próximo; y el ruido de fondo de la ciudad, superior al del entorno natural, enmascararía cualquier emisión procedente de aquellos. Pero no sería así en las pedanías —algunas de las cuales quedarían a apenas unos centenares de metros de las moles— ni en los pequeños municipios rurales enclavados entre bosques y montes, donde imperan la quietud y el silencio. Muchos hemos venido a vivir aquí por eso, muchos vienen buscando eso, y muchos habrán de venir sin duda buscando eso porque eso es uno de nuestros mejores patrimonios, y de lo que ya casi en ninguna parte queda.

Para la región que habitamos el ruido de fondo nocturno en zonas rurales aisladas es de 30 decibélios. Por encima de este valor cualquier ruido puede ser distinguido. El nivel de ruido de una turbina como las que se pretenden instalar en nuestro entorno (de 3,9 MW con un rotor de tres palas de 142 m de diámetro y una torre de 109 m de altura, equivalentes a un edificio de sesenta pisos) está comprendido, según su fabricante, entre 97 y 107 decibélios. Para entendernos: 120 decibélios es el nivel típico de un concierto de rock; y cuando suenan las campanas de la catedral de Sigüenza en la plaza del Ayuntamiento se alcanzan entre 70  y 80 decibélios.

El ruido se atenúa, sin embargo, con ladistancia. Según Emilio Mino Díaz, Ingeniero de Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Madrid y miembro de la Plataforma AMESAH (Afectados por los Macroproyectos Eólicos de la comarca de Sigüenza y Alto Henares), se calcula que a 650 metros de distancia de una turbina de este tipo el ruido que genera aún alcanzaría los 40 decibélios, diez veces más alto que el de fondo nocturno; y no es sino a partir de los 2.000 metros que empezaríamos a dejar de oirlo. Hay que tener en cuenta que estos cálculos se refieren a una sola turbina, y que cada turbina de una hilera podría añadir hasta tres decibelios más de presión sonora.

En la misma dirección apunta un estudio realizado en Nueva Zelanda y presentado en el IV Encuentro Internacional sobre Ruido de las Turbinas Eólicas, celebrado en Roma en 2011. “Durante la noche”, se dice en el informe, “los límites de ruido de la turbina eólica deben establecerse de manera conservadora para minimizar el daño; y, en base a las mediciones, se sugieren distancias de retranqueo superiores a dos kilómetros. La capacidad de oír permite a los humanos detectar amenazas en el entorno y comunicarse con los demás. Sin embargo, el sonido no deseado tiene la capacidad de evocar respuestas reflejas y emocionales y puede actuar como factor de estrés”.

En su estudio Guías para el ruido urbano, la OMS (Organización Mundial de la Salud) indica que los altos niveles de ruido pueden provocar deficiencia auditiva, trastornos del sueño y reposo; efectos psicofisiológicos sobre la salud mental y el rendimiento, efectos sobre el comportamiento e incluso problemas cardíacos.

En cuatro años, Kuo Jing-Shan, un ganadero del archipiélago taiwanés de Penghu, perdió más de 400 de sus 700 cabras. “Las cabras estaban flacas y no comían. Una noche fui hasta el aprisco y las encontré a todas despiertas, sin descanso”, relata. Al parecer, las cabras no conciliaban el sueño debido al ruido producido por las turbinas de ocho aerogenaradores gigantes de un parque eólico cercano a su zona de pastoreo. “Los ruidos anormales pueden afectar el crecimiento normal y las rutinas de alimentación de los animales y provocarles problemas de sueño”, explicó el inspector del Ministerio de Agricultura de Taiwan, Lu Ming-tseng, quien cree probable que las cabras murieran por falta de sueño causada por el ruido de las turbinas.

En la Partida de la Cerrada del pequeño municipio castellonense de Barracas “ya no cantan los grillos por el ruido y la sombra intermitente de las aspas te vuelve loco”, declaraba Luis Murría, uno de los vecinos. Desde que en 2008 instalaran a apenas 400 metros de su vivienda el Parque Eólico de Cerro de la Rajola su salud y la de su vecina Nieves Algué —los únicos que residen todo el año— no hizo más que deteriorarse. Luis comenzó a padecer alteraciones del sueño y a Nieves le detectaron un trastorno ansioso depresivo. “Me quería morir, ya no aguantaba a nadie, estaba irritable, me enfadaba por todo, los molinos eran una obsesión, solo hablaba de este tema, todo me molestaba, las relaciones con mi marido se deterioraron. El ruido de los molinos te enloquece; es un zumbido que se mete en la cabeza y no se va”, declaraba al diario El Mundo Nieves en 2014. A Luis le cambió el carácter, y comenzó a mostrarse más irritable con su familia; las discusiones con su mujer se multiplicaron. Ambos hubieron de recibir tratamiento médico-psiquiátrico durante siete años hasta que los tribunales reconocieron el daño y obligaron a desmontar los cinco aerogeneradores más próximos a sus residencias. Desde entonces Luis ha vuelto a dormir. “Ya no me duele nada. Por primera vez en siete años no me duele nada”. 

Lo mas duro para ambos ha sido, sin embargo, soportar los comentarios de los vecinos que, aún no viviendo en Barracas, les acusaban de “ir en contra del pueblo”. Como comentaba Vicente Useros en su artículo de El Mundo, “la instalación de parques eólicos ha sido un auténtico maná para muchos ayuntamientos, que reciben ingresos directos a través de impuestos —pagan IBI e IAE— y compensaciones ‘extra’ de las eólicas. El recorte que planea el Gobierno a las subvenciones a las eléctricas por este tipo de instalaciones tiene además inquietos a los alcaldes. Es la otra cara de lo eólico”.

Al margen de los ruidos audibles, los aerogeneradores producen infrasonidos, principalmente cuando la pala comprime el aire entre ella y la torre de sustentación. Según explica Emilio Mino, “los niveles de ruido con mas presión sonora son los de baja frecuencia e infrasonido, produciendo vibraciones y resonancias en habitaciones. Son los causantes del llamado ‘síndrome de la turbina eólica’; que provoca un sueño alterado, sensación de fatiga al levantarse por la mañana, y causa problemas de aprendizaje y rendimiento... Al final, algunas personas que vivían cerca de las turbinas han tenido que abandonar sus hogares”.

Los ruidos de baja frecuencia e infrasonidos se atenúan mucho menos que los de frecuencia media-alta con la distancia, por lo que tienen mayor alcance. Según un estudio realizado conjuntamente por el Laboratorio Nacional de Los Alamos y Sandia National Laboratories, en los Estados Unidos, el sonido de baja frecuencia de parques eólicos se puede detectar a decenas de kilómetros (90 km), cuando se dan las circunstancias atmosféricas adecuadas, típicamente por la noche en días tranquilos al formarse túneles acústicos de baja altitud, las llamadas guías de ondas troposféricas.

Otro estudio llevado a cabo recientemente y publicado en la revista de la Sociedad Acústica Australiana muestra efectos de la presión sonora procedente de aerogeneradores ubicados a dos kilómetros y medio de viviendas residenciales, tales como vibraciones, ruido de golpeteo, dificultades para el descanso nocturno, sueños extraños, percepción de zumbido o presión en los oídos. Los aislamientos acústicos son, además, mucho menos eficaces para este tipo de frecuencias.

Distancia de poblaciones a turbinas eólicas

Atenuación (dB)

Nivel de Ruido (dBA)

398 m (Algora, Laranueva)

64

43 dBA

632 m (Pozancos, Navalpotro, )

68

39 dBA

709 m (Renales)

69

38 dBA

795 m (Alboreca)

70

37 dBA

892 m (Valdealmendras)

71

36 dBA

1000 m (Riosalido, Torrecuadrada)

72

35 dBA

1600 m

76

31 dBA

2000 m

78

29 dBA

Distancias de poblaciones a turbinas eólicas

PROYECTO EÓLICO DE PIEDRABLANCA:  (En la provincia de Guadalajara, en su mayoría del municipio de Sigüenza): Ciudad de Sigüenza (3.1 KM), Horna (1.5 KM), Mojares (0.6 KM), Cubilla (4.4 KM), Guijosa (3.6 KM), Alcuneza (1.4 KM), Alboreca (0.8 KM), Olmedillas (1.1 KM), Ures (2.1 KM), Pozancos (0.6 KM), Matas (Despoblado, 1.4 KM), Palazuelos (4.2KM), Carabias (6.2 KM), Riosalido (1 KM), Bujalcayado (3.4 KM), La Olmeda de Jadraque (5.4 KM), Villacorza (2.3 KM), Torre de Valdealmendras (1.5 KM), Valdealmendras (0.9 KM), IMÓN (5.6 KM), La Barbolla (4.6 KM), Riba de Santiuste (5.6 KM), Querencia (3.2 KM), Tobes 2.3 KM), Sienes (2.8 KM). 

En la provincia de Soria: Torrecilla del Ducado (3 KM), Conquezuela (3.5 KM), La Ventosa del Ducado (2.5 KM), Ambrona (4 KM).

PROYECTO EÓLICO DE LA SIERREZUELA: Huérmeces del Cerro (1.6 KM), Viana de Jadraque (2.3 KM), Baides (1.7 KM); Cendejas de la Torre (3.5 KM), Cendejas de Enmedio (4.8 KM), Cendejas del Padrastro (4.8 KM), Nedredo (1.3 KM), Angón (3.1 KM).

PROYECTO EÓLICO DE LOS CASTILLARES: Algora (0.4 KM), Torremocha del Campo (2.3 KM), La Torresaviñán (4.4 KM), La Fuensaviñán (4.3 KM), Navalpotro (2 KM), El Sotillo (3.5 KM), Las Inviernas (5.6 KM), Mirabueno (3.6 KM), Aragosa (3.4 KM)

PROYECTO EÓLICO DE LOS CAVEROS: La Fuensaviñán (1.9 KM), Tortonda (4.2 KM), Laranueva (0.5 KM), Renales (0.7 KM), Torrecuadrada de los Valles (1 KM), El Sotillo (4.9 KM), Navalpotro (0.6 KM), Torremocha del Campo (4.8 KM), La Torresaviñán (4 KM)

 

Juan de Ures

miembro de AMESAH

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