Ante las imágenes en el hemiciclo cortesano, en el palacio de los oligarcas del régimen del 78, la casa de la Carrera de San Jerónimo, donde 350 empleados del jefe, de cada jefe, hacen lo que él les dice, jamás lo que los ciudadanos necesitamos o deseamos. Ante ese Estado de partidos allí presente, que son ellos, desconectado de la Nación no representada, que somos nosotros. Ante ese escenario que no sirve para transmitir ningún mandato ciudadano, sino para pastorearnos con el teatro diario de sus actuaciones. Ante el espectáculo de todos los cortesanos aplaudiendo con fruición tras el discurso de un Papa. Algo hay que decir.
Unánimes. Siete minutos, la ovación más larga en la historia reciente del consejo de oligarcas del régimen, dicen los altavoces juntalétricos, todos orgánicos a estas alturas.
No aplauden al Papa. Se aplauden a sí mismos. Incluso el que no ha aplaudido, no deja de aplaudir por él. Sino para él. Para el exclusivo beneficio de sus filiaciones. Porque todo es una simulación. Es propaganda para consumo del televidente y red-social-vidente. No hay un ápice de aprobación verdadera a lo que diga el Papa en ese atril. Todo lo que pasa en esa cámara ilegítima se reduce a una pose. A una sucesión de consignas.
Unánimes. Casi, porque uno, dicen en la red-social, no se levanta. Da igual, lo hace por lo mismo que los que aplauden como pinnípedos. Para transmitir una consigna. Para dar una pincelada más de propaganda. Todos al unísono, levantados o no.
En ese escenario donde se ha aplaudido con entusiasmo a delincuentes, en ese mismo teatro en el que unos se aplauden a otros, no por sus inexistentes méritos, sino por refrendar con mucho aparato y aspiraciones mediáticas una facción, en ese sitio del insulto rastrero y los colorines de equipo de fútbol, sitio tan menor, tan de andar por casa —la de ellos, no la nuestra—, en ese sitio, casi me atrevo a decir, tan paleto, se aplaude también al principal representante de la Cristiandad. Señor Papa, ¿cómo entra a ese juego de folloneros de baja estopa? ¿No sabe que en ese hemiciclo ilegítimo no está la nación, ni se la espera, no sabe que lo que hay ahí es “otra cosa”?
Bochornosa la apropiación politiquera del Obispo de Roma. No soy sospechoso de veleidades catolicistas, como no lo soy de adscripción socialista, ni liberal, ni comunista, ni fascista, ni feminista, ni anarquista, ni ecologista, ni animalista, ni machista, ni de derechas, ni de izquierdas, ni de centro, todo ello falso como un euro de madera, ni del partido A, B, C ó D. A estas alturas estamos ya más que vacunados contra los pastoreos faccionarios (es decir, fascionarios), al menos de los más comunes.
Bochornosa esa apropiación tendenciosa del heredero de Pablo (que no de Pedro). Tomo un fragmento de un discurso que cuadra en mi particular vendida de moto y, ¿ves?, dice lo que digo yo. Que es lo que dice tal o cuál partido. ¿De verdad, no damos para más? ¿Tenemos que reducir la realidad toda a un reparto por siglas de cada cosa que acontece? ¿No hay vida fuera de los equipitos, ridículos todos a estas alturas hasta el hastío?
Hace tiempo que este régimen, de diseño nefasto y resultados no por esperables menos nefastos, pasó del hurto político a los ciudadanos, seguido de la ineficacia supina consecuencia de la falta de límites y control al poder, al bochorno y a la vergüenza. Y como ellos lo saben, ellos, los que se apropian del Estado y lo modelan y lo utilizan para sus propios intereses, esos que ni nos representan porque no trabajan a nuestras órdenes ni tienen nada que ver con nada que se parezca a la realidad ciudadana, ese conjunto informe y pedestre que habita escaños aplaudidores, no pierden comba para darse un baño de pretendida legitimidad de cara a la galería. A eso se reduce el aplauso de ayer. Un síntoma más de lo que no es el régimen. Porque basta con ver actuar a los cortesanos, basta con cada palabra suya en cualquier situación o circunstancia, para, inmediatamente, entender con claridad inapelable que no es lo que están aparentando. Sino exactamente todo lo contrario. A eso se reducen todos los aplausos y cada una de la intervenciones en ese infamado lugar donde no se parlamenta nada, tan solo se hace pandillita. Sus pandillitas.
Julio Álvarez Jiménez, 9/6/2026












