En la reciente reunión del Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco, reunido en la ciudad en Busán (Corea del Sur), la candidatura española de la Ribeira Sacra, que comenzó su andadura en 1996 y fue reconsiderada o aplazada en 2021, no fue aprobada, pero tampoco rechazada. Los representantes de los Estados que decidieron sobre ella tuvieron una amplia y enconada discusión. Estos Estados que debían votar acerca de su admisión o rechazo fueron Perú cuya posición fue determinante y favorable a la propuesta española-, Tanzania, Ucrania, Azerbaiyán, Bangladés, Kazajistán, República Checa, Suiza, Polonia, Armenia, Granada, Jamaica, Kenia, Kuwait, Líbano, Mongolia, Senegal, Tanzania, Togo, Turquía y Vietnam. En otras palabras, una representación amplia y variada donde los países europeos eran una minoría, e incluso dos de ellos fueron especialmente críticos. Durante el debate se aprobó una enmienda por la que el expediente de devolvía a España para que implementara la documentación presentada y completara diferentes aspectos, sin que esta decisión implicara retrotraer el procedimiento al inicio, lo que es una recomendación de remisión para su mejora.
Tanto para el Gobierno de España como para la Xunta de Galicia fue un jarro de agua helada, pues se lleva trabajando en esta candidatura desde 1996, si bien la resolución no implicaba un rechazo completo o la necesidad de rehacerla en su totalidad. Desde las instituciones gubernamentales se ha aceptado como mal menor esta decisión, a pesar de que habrá que esperar otro año para conocer el fallo definitivo.
Para quienes no conocen aquel territorio bañado por el río Sil, baste señalar que cuenta con un paisaje excepcional donde confluyen las provincias de Lugo y Orense, se han contabilizado más de ochenta monasterios y sus vinos se cosechan en las laderas, fundamentalmente luguesas, con peligrosas pendientes en lo que se ha dado en llamar viticultura heroica, con unos desniveles que obligan a subir las cestas mediante singulares mecanismos. En su territorio se levantan los paradores de San Estevo de Ribas de Sil y de Monforte de Lemos, y existen poblaciones como Castro Caldelas con su imponente castillo, numerosos miradores desde los que se aprecia su biodiversidad y una amplia y variada gama de alojamientos, o rutas fluviales, entre otros aspectos. De hecho, el informe de ICOMOS destacaba como aspecto positivo el buen desarrollo de la infraestructura turística y la variedad de actividades para quienes la visitan, pero al mismo tiempo advertía de la vulnerabilidad futura que el turismo podría representar, para lo cual debían adoptarse medidas que minimizaran o solucionaran este potencial problema (Evaluations of Nominations of Cultural and Mixed Properties,, págs. 319-329).
La decisión adoptada por el citado Comité de la UNESCO venía precedida de un informe negativo de ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios), cuyos representantes habían visitado previamente la Ribeira Sacra en el otoño de 2025, requisito no soslayable antes de ser sometida a votación la candidatura. El Ministerio de Cultura y la Xunta de Galicia mantuvieron la esperanza, como los más de veinte ayuntamientos y las dos diputaciones implicadas, aunque se empezaban a observar ciertas inquietudes, que tampoco eran nuevas. Desde ICOMOS se solicitó nueva documentación para completar su informe y valorar si se habían corregido algunos aspectos que ya se habían advertido cuatro años antes.
El informe destacaba, entre los aspectos positivos, el buen estado de conservación del paisaje cultural, las iniciativas de turismo sostenible y la estrecha relación histórica entre las comunidades locales, el agua y el entorno natural. Fortalezas que, sin embargo, matizó.
Desde la Consejería de Cultura de la Xunta de Galicia se defendían las singularidades de un territorio esculpido por el agua y sus distintos usos a lo largo de la historia. El propio titular de la Consejería mantuvo que “no se trata de defender un elemento concreto, sino un territorio, un paisaje y esa no es una propuesta a la que estén acostumbrados, supone un cambio de paradigma”, a lo que sumaba que a España y a Europa le resulta cada vez más difícil colocar sus candidaturas sobre las de otros continentes (La Voz de Galicia de 6 de marzo de 2026).
Desde ICOMOS se rechazó que los embalses construidos en los ríos Miño y Sil que surcan la comarca representen “una evolución orgánica y una continuidad” de los molinos tradicionales, pues no guardaban relación con las estructuras tradicionales (El País de 27 de julio de 2026). Este era uno de los motivos, y no el principal, en contra de su aprobación, pero tampoco es el que me interesa destacar.
El informe de ICOMOS resaltaba que el territorio de la Ribeira Sacra es “vulnerable a la despoblación”, además de poner en duda que cumpliera con los requisitos de “integridad y autenticidad” para ser considerado como valor universal excepcional (El País de 27 de julio de 2026). Adviértase el énfasis en ese carácter mundial y excepcional, en otras palabras, no considera que este territorio se haya consolidado como un “ejemplo excepcional” de asentamiento tradicional o uso de la tierra, representativo de una cultura o de interrelación entre la población y su medio ambiente, con independencia del reconocimiento de las huellas históricas y culturales que se han mantenido. Ampliando estos aspectos, se sostiene que este territorio “presenta una serie de características vernáculas que no son del todo infrecuentes en la región europea”, de modo que exigía “una investigación más exhaustiva” con el fin de resaltar si dicho paisaje cumplía con los requisitos exigidos para ser considerado como ejemplo sobresaliente. La despoblación, a mayores, “ha conllevado la pérdida de algunos elementos característicos, como las terrazas de cultivo”. Considera, a mayores, que, «dado el énfasis en el paisaje acuático y la cultura del agua, resulta preocupante que no se haya realizado un análisis claro del estado de conservación» de los elementos vinculados con ella, como los molinos o las obras hidráulicas tradicionales (La Voz de Galicia de 28 de julio de 2026). Cambiemos en este relato, por lo que nos atañe, molinos por salinas y valoremos si el aprovechamiento actual, donde aún se pueden explotar, es conciliable con las características tradicionales o al menos es una continuación de las prácticas seculares. A lo que podemos sumar en nuestra comarca la precariedad demográfica asimismo mencionada en el informe de la Ribeira Sacra.
El informe de ICOMOS exponía la necesidad de que las Administraciones españolas consideraran los posibles impactos del cambio climático, incluida la escasez de recursos hídricos y el mayor riesgo de incendios y fenómenos hidrológicos extremos. Un vistazo de 360º desde el entorno de los restos de las antiguas salinas de la Riba de Santiuste permite comprender esta aseveración por lo que nos concierne.
Como expone el repetido informe, en suma, no se ha demostrado ni justificado el valor universal excepcional argumentado en la candidatura, ni se pueden identificar los atributos de tal excepcionalidad ni se ha demostrado la autenticidad como exigen las Directrices de la Convención del Patrimonio Mundial.
Incluso, desde diferentes movimientos sociales, y algún que otro partido político, se puso de manifiesto que es necesario defender un patrimonio sociocultural y no una “marca turística”. La Federación de Asociaciones de la Ribeira Sacra, por ejemplo, alegó ante la UNESCO, entre otros aspectos, “la ausencia de espacios de escucha a las posiciones críticas, así como problemas relacionados con la despoblación, la pérdida de la actividad agrícola tradicional, las dificultades medioambientales y las carencias existentes en servicios públicos” (La FEARS cuestiona la candidatura de la Ribeira Sacra a Patrimonio Mundial tras el informe negativo del ICOMOS en RibeiraSacraXa).
Conocemos el dicho según el cual cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar, y no estaría de más aplicarlo a algún proyecto que nos concierne y, a la vista de lo acaecido este verano en pueblos cercanos y no tanto, todavía más.
Cuando un/a estudiante quiere superar una asignatura, y no sólo con buena nota, tiene que esforzarse en una preparación adecuada, porque no basta con echar muchas horas de estudio, sino hacerlo correctamente, y, por supuesto, no tratar de engañar a quienes pagan sus estudios. Hay frases muy bonitas, pero que no suponen llegar a alcanzar el resultado pretendido.
Cuando falta una visión de conjunto y plurianual que tenga en consideración aspectos de lo más variado, no sólo los históricos, arquitectónicos o etnográficos, es decir los culturales, sino carreteras en condiciones adecuadas de circulación y limpieza de cunetas, defensa del paisaje mediante elementos y trabajos que impidan los incendios o su propagación, servicios imprescindibles de todo tipo para la población residente, la estacional y la eventual, medidas para reparar o poner en valor edificios históricos o que están a la venta y que pueden servir para cubrir necesidades de los residentes, facilitar el asentamiento de población mediante la instalación de empresas o la recuperación de actividades agropecuarias que se están perdiendo, eliminar trabas a quienes desenvuelven estas actividades tradicionales, reducir la carga impositiva para hacer atractivo el asentamiento poblacional, entre otros; y mientras los más interesados en el proyecto -política o pecuniariamente- centran los objetivos anuales exclusivamente en tareas arqueológicas y audiovisuales, mal encaminados vamos. En fin, no se trata de gastar sino de invertir para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos que viven en un territorio y la protección de sus valores ambientales, porque todo lo demás vendrá, sin duda, por añadidura.
Hasta el momento, aunque me puedo equivocar, no he escuchado a cualquiera de los/as integrantes de cierto consejo rector hablar sobre propuestas de protección del paisaje que se pretende presentar como candidato a Patrimonio de la Humanidad. Tampoco me consta que ninguno/a de ellos/as haya recabado la opinión de quienes labran o pastorean -que son contados- en esta tierra para protegerla. Parece que no se ha aprendido de los incendios que han afectado a Guadalajara, desde el que perdieron la vida los integrantes del retén de Cogolludo al más reciente de la Sierra Norte. Por supuesto, tampoco de los que han afectado a las provincias de Madrid, Ávila o Zamora, entre otras. No escucharán ni una palabra sobre ello, pero sí de vanaglorias que, como no se atienda a las reclamaciones de agricultores y ganaderos, quedarán en nada. Podríamos hablar de los cauces del río Salado y del río Dulce, porque de su caudal nos costaría mucho.
Quizá convenga parar y reflexionar sobre lo que ha pasado con la candidatura de la Ribeira Sacra, ser autocrítico/a con lo que se está anunciando y eliminar esa autocomplacencia llena de nomenclatura vinculada al turismo, aunque el 2027 se acerca y existan intereses en continuar con ella desde cualquier ángulo político. En otras palabras, aceptar la realidad objetiva de un paisaje y de una población que requiere una mayor atención, porque de otro modo cualquier iniciativa de futuro probablemente esté condenada al fracaso.
La aprobación final de una candidatura a patrimonio mundial supone un ingente trabajo -primero de la propia población afectada que la sostendrá, y secundariamente de sus políticos sin distingo, de todas las administraciones públicas y una labor internacional que, en nuestro caso, está por descubrir- y un procedimiento cada vez más complejo en el que no cabe, como en un conocido cuento de antaño, hacerse ilusiones. Llevo más de treinta años trabajando en una ciudad cuya parte vieja es Patrimonio de la Humanidad y no todo es maravilloso, ni todo son derechos, ni beneficios, ni necesariamente financiación añadida, puesto que existen numerosas obligaciones y cargas que en nuestro caso no se están exponiendo, no sé si consciente o inconscientemente.
En fin, pido con sincera humildad reflexión, porque a Sigüenza le basta con ser Sigüenza, que ya es suficiente reconocimiento.
Pedro Ortego Gil
Mirador de Parada del Sil












