El papel de la mujer en las vías pecuarias

IV Jornadas sobre Vías Pecuarias, centradas en la “Ganadería extensiva y mujeres, los lazos invisibles”. Con el apoyo explícito del Ayuntamiento de Sigüenza –algo muy de agradecer en los tiempos que corren– se celebraron el 22 y 23 de octubre en el Centro Cultural El Torreón de la ciudad, las IV Jornadas sobre Vías Pecuarias, centradas en esta ocasión en la “Ganadería extensiva y mujeres, los lazos invisibles”. El consistorio arropaba así la iniciativa de WWF (World Wildlife Fund) y Ecologistas en Acción, promotores del evento.

Abrió la mañana del sábado Cesar Gonzálo, a quien se presentaba como “estudioso de las vías pecuarias”, y resultó ser un sabio en la materia con más de 30 años de investigación a sus espaldas. “Las cosas empiezan a interesarme a partir de los 300 años de antigüedad”, comentó a La Plazuela. Como regalo nos dejó el trazado detallado de las huellas de la Mesta a su paso por Sigüenza entre un fluido aluvión de datos y relatos acerca de los tiempos en que se vivía con los pies posados en tierra y en comunión con el resto de la vida animal y vegetal.

Ana Sabaté, profesora titular de Geografía Humana en la Universidad Complutense de Madrid, puso de relieve los avatares, dificultades, riesgos e inseguridades –especial atención al ataque sexual– por los que han tenido que atravesar y aún soportan las mujeres en el mundo rural por el mero hecho de serlo; por su condición de madres y a causa del sometimiento al que han sido conducidas mediante la educación y la cultura machistas dominantes. “No siempre ni en todos los lugares es así”, señala Ana Sabaté. “En el Tibet más puro y en ciertos territorios de Asia Central, por ejemplo, las mujeres pueden tener varios maridos –que suelen ser hermanos entre sí– como manera de reforzar las relaciones sociales y la economía familiar en grupos humanos ligados al pastoreo y la transhumancia”. Otro ejemplo en la misma línea son los Wayúu, pastores seminómadas de la Guajira colombiana y venezolana, donde son las mujeres quienes llevan la voz cantante en una sociedad en la que se practica la poliginia.

Tras la pausa del almuerzo, Concha Salguero, de la Fundación Trashumancia y Naturaleza, que junto a otras cinco organizaciones de Grecia, Turquía, Líbano, Túnez y Suiza forman el Consorcio Mediterráneo para la Cultura y la Naturaleza, nos mostró, literalmente, la gran biodiversidad que cabe en un metro cuadrado de dehesa bien pastoreada. Concha se vino a Sigüenza con una reproducción en forma de alfombra de lana de un pedazo de dehesa con sus cuarenta plantas herbáceas incluidas. La obra, fruto de la colaboración con las laneras de DehesaLana en su taller de Hervás (Cáceres) y titulada “Un Metro Cuadrado” ha sido expuesta, entre otros lugares, en el Congreso Mundial de la Conservación de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) celebrado en Hawaii entre el 1 y el 10 de septiembre de este año.

Ya a la tarde, la Fundación Entretanto presentó el proyecto de Red de Mujeres Pastoras y Ganaderas, una red de redes que se extenderá por todo el país, cuya primera reunión oficial tendrá lugar en Madrid el próximo 18 de noviembre y cuyo fin es servir de apoyo a la ganadería extensiva. “No es fácil para las mujeres ejercer hoy día esta actividad. El ganado exige mucha atención, y a muchas de ellas les embarga un sentimiento de culpa por tener que abandonar la casa, los hijos, el marido, la gente, el ganado…”, nos comentaron representantes de la Fundación.

Concluyó la jornada en forma de mesa redonda y variopinta con la participación de Mónica y Fernando, una pareja joven, ambos técnicos forestales, instalada desde 2014 en Brieva de Cameros (La Rioja) con 500 ovejas y su pequeña hija, aún bebé, nacida en el entretanto. Junto a ellos, Juan Arenas, “Juanito”, presidente de la Agrupación de Ganaderos de la Sierra Norte de Guadalajara; y Rafa, al que llaman “El Pastor Proletario” por su procedencia del mundo sindical. Soluciones, pocas; conclusiones, muchas. Las más sonoras: la necesidad de conocer de verdad las cosas, y educar en ese conocimiento, como señaló Fernando. Mónica llamó la atención respecto a la conveniencia de que las mujeres dejen también hacer a los hombres las cosas que culturalmente se han tenido por reservadas o encargadas a ellas. Todos, en general, estuvimos de acuerdo en que somos rehenes de un sistema que responde tan solo a los intereses de unos pocos, y que entre ellos no se encuentra el mundo rural que habitamos. “Nos faltan mujeres, y sin mujeres no hay vida”, sentenció Juanito de corazón, y aquello sonaba como desde su pueblo, el vecino Cantalojas.

Pedro Vacas Moreno, escritor, investigador, etnógrafo y poeta de Bustares puso el colofón con su oda a “La Última Pastora”, dedicada a Goyita, la de Hiendelaencina. Salimos de El Torreón confiando en que aquello no hubiera sido una premonición y rogando para no empaparnos al día siguiente durante la ruta por la Cañada Real Soriana Oriental en busca de saberes y sorpresas.

Por la Mesta Seguntina

Partimos de Alcuneza pasadas las diez de la mañana. Remontada la ladera camino de Barbatona, Sigüenza se asomaba haciéndose hueco tras el Cerro del Otero. Por la cabeza rondaban los datos que Cesar había puesto el día anterior sobre la mesa. El Honrado Concejo de la Mesta, bajo tutela Real desde tiempos de Alfonso X, nos ha legado una red de vías pecuarias que cubren 400.000 ha. (casi el 1 por ciento de la superficie del territorio español) y suman 125.000 kilómetros de cañadas, cordeles, veredas, galianas y otras vías más estrechas que permitía la comunicación con las cañadas, abrevaderos, descansaderos, centros de esquileo, etc, a lo largo de un período histórico en que la lana se erigió en epicentro del comercio en Europa.

“Sigüenza constituía un centro de reunión importante de la zona norte dentro de la Mesta”, explica Cesar Gonzalo. “Las Asambleas eran por partidas de 300 a 400 hombres, en aquellos tiempos en que el cuerpo de la Hermandad seguntina lo formaban más de 3.000 miembros entre los que se encontraban todos los propietarios y pastores de ganado trashumante. Todos tenían voz y voto. La Vereda de Ganados separaba en su origen a las dos pueblas que en tiempos de la Reconquista formaban la ciudad: la Puebla Baja, en la vega del Henares, y la Puebla Alta, junto al Castillo. Venía por la carretera de Madrid, llamada de Masegoso, dejando a su derecha el Cerro de la Quebrada y los Llanillos de Sigüenza; y a su izquierda el carril del Pozuelo y los llanos del Rebollar; y seguía por otro lado entre el Cerro del Mirón y el de Valdecán y los Arroyuelos. Tenía un descansadero en los campos que son hoy Instituto de Enseñanza Media y otro en los terrenos ocupados actualmente por los jardines Capitol. Los beneficios obtenidos por el paso de ganados a través del Señorío de la Mitra seguntina debieron de ser cuantiosos, y una copiosa fuente de ingresos junto con los derechos sobre la sal y los diezmos del trigo”, continúa Cesar. “Se calcula que pastoreaban estas tierras unas 300.000 cabezas de ganado ovino, y tres de cada mil eran los derechos adquiridos que iban a parar a las arcas del Sr. Obispo y a la Mesa capitular del Cabildo”.

Queda la mirada entre fija y perdida, desparramada entre vega, cerro y paramera. Quisiera uno escuchar el eco de los cencerros, divisar las manchas de lana entre lomas y laderas, y aún abrirse paso entre ellas como antaño, como ayer… Se nos va yendo el ganado, y con él en parte la alegría. “Ya se van los pastores para Extremadura; ya se queda la sierra triste y oscura…”, dice la canción popular. Más luego regresaban, año tras año; pues estas son tierras de asado, de balido y lana, de pacer y de paciencia.

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