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Opinión

Sainete contra la despoblación: el decálogo de Sigüenza

La despoblación es ya un problema casi casi superado. El 13 de diciembre de 2018 se reunieron en la Ciudad del Doncel (permítanme que utilice su épica retórica) los más insignes prebostes locales, regionales, y de la Castilla toda. Sigüenza es atravesada por el camino del Cid (¡cómo no!) y seguro que sus valerosos efluvios han inspirado a las luminarias políticas para luchar contra un enemigo más insidioso que mil sarracenos: el despoblamiento rural que avanza, ajeno a declaraciones. Muchos desfilaron por la tribuna. Creo que había una mujer. Y tanto tanto tenían que decir que no permitieron ni palabra a las más de quinientas personas que por allí se acercaron, escuchando mudas la buena nueva. Alumbraron un pomposo decálogo, que es el objeto de este artículo. Concéntrense un momento (si quieren), y silencien diez minutos el móvil (si pueden) para asombrarse del más radical fracaso vestido de seda. Empezamos.

“Los Grupos de Desarrollo Rural de la provincia de Guadalajara conscientes de la situación crítica por la que atraviesan muchos territorios de España, en cuanto que están afectados muy seriamente por la despoblación, y en especial Guadalajara, en comarcas como el Señorío de Molina, la Sierra Norte y La Alcarria, han promovido el I Foro de Desarrollo Rural de la provincia de Guadalajara “Pueblos con Futuro”.”

De esta guisa comienza el salvífico manifiesto. Los Grupos de Desarrollo Rural son los encargados de distribuir los fondos europeos contra la despoblación, como ellos mismos afirman en el llamado “Manifiesto de Siguenza”:

“Los Grupos de Desarrollo Rural fueron reconocidos por la Unión Europea en los años noventa para gestionar los fondos destinados a mitigar el efecto de la despoblación.”

En román paladino son los que llevan treinta años tirando por la borda el dinero europeo contra la despoblación en la comarca. Durante treinta años sus medidas han fracasado estrepitosamente porque el problema rampante de la despoblación no ha hecho más que aumentar desde entonces. Son los que se han gastado el dinero de Europa durante decenas de años en arreglar lavaderos (¿para qué?), levantar frontones en pueblos vacíos, construir casas rurales sin pedir el empadronamiento a los propietarios, financiar captaciones de agua para cien personas en pueblos con cinco habitantes, pagar centros de interpretación turística para los visitantes durante tres meses y, en definitiva, promover sus dos recetas inanes contra la despoblación: desarrollo económico y turismo. Los más sabios entre los sabios dilucidan aún si lo uno traerá lo otro o lo otro lo uno, pero la terca realidad se presenta ante ellos dura como un témpano: sólo Sigüenza, laboratorio de sus desencaminadas políticas, epicentro turístico de la comarca, polígono industrial, villa milenaria, en la que no caben ya más restaurantes (estrellas Michelín incluídas)... ha perdido 530 habitantes en los últimos diez años. Treinta sólo en el último. Pero esa insignificancia, la realidad, no consigue arredrar los propósitos de nuestros lúcidos dirigentes.

Los mismos que porfían en el desarrollo empresarial como única solución ante el éxodo no durarían ni diez semanas en una empresa, pues sólo consiguen fracaso tras fracaso en su denodado objetivo. Henchidos, soberbios, impunes, brindan al sol con la insistencia en las mismas medidas que no han conseguido nada en treinta años. Sostenella y no enmendalla, en eso se nota que son buenos castellanos. Y tienen el descaro de presentar las mismas recetas fracasadas como la nueva lucha contra la despoblación, ante la mirada babeante de los flamantes candidatos a próceres. La pestilencia del hediondo pastel, la cruda realidad del show se hace patente con un sencillo ejemplo: José Manuel Latre firmó el documento como presidente de ADEL Sierra Norte, el Grupo de Acción Local de la Siera Norte, y luego lo validó como presidente de la Diputación Provincial de Guadalajara. Los trapos sucios se lavan en casa. Todavía le queda tiempo para ser alcalde de Sigüenza. Y luego dicen que en esta vida no hay tiempo para todo... Eso del nepotismo pasó a mejor vida, ¿para qué voy a nombrar a un familiar para un cargo institucional si puedo acumularlos yo mismo?. La inventiva castellana es insondable.

En el mejor párrafo del susodicho documento expresan su plan a la claras:

“Nuestra pretensión ha sido la de escuchar los problemas existentes para la implantación o el mantenimiento de la actividad empresarial, atender a sus propuestas para un mejor funcionamiento de nuestras organizaciones y elaborar unas conclusiones meditadas y realistas que haremos llegar a todas las Administraciones y empresas de servicios de nuestro territorio”.

Sin embargo, mientras la actividad empresarial sube, la población no deja de descender. Su miopía llega a tal grado que consideran una rebaja impositiva como un medio más eficaz para detener la sangría demográfica que un buen transporte público o el aumento del número de médicos rurales. Por cierto que de estos dos elementos, transporte y sanidad, no hay ninguna referencia en el engolado decálogo. Debe ser que no tienen nada que ver con la despoblación. Tampoco el gran problema de la vivienda rural, que se manifiesta en pueblos casi abandonados pero sin ninguna casa para comprar o alquiler. ¿Dónde quieren que vivan los supuestos repobladores?. Pues debajo de un puente, pero con 5G.

En el primer artículo del manifiesto “instan a la Administración General del Estado...”; en el segundo afirman que “tienen que promoverse por las Administraciones....”; en el tercero “que las Administraciones públicas establezcan...”; en el cuarto “se exige una redimensión....”; en el quinto
“el Foro reclama que se evite la compleja realidad del planeamiento urbanístico de los municipios pequeños mediante las correcciones normativas que permitan la instalación de empresas sin la necesidad de construir un polígono industrial.”

Y así todos los demás. Por lo visto la despoblación nunca es un problema que esté en tus propias manos, sino que depende de una instancia superior. Pensábamos que los que redactan, aprueban y firman el Manifiesto de Siguenza eran administración también. Pero no. La administración es un ente en las alturas ante el que ellos piden, solicitan, exigen, pero en ningún caso es un problema ante el que tengan ninguna responsabilidad. Resulta que el alcalde de Siguenza, presidente de la Diputación Provincial de Guadalajara y presidente de ADEL dice que la administración son otros, a los que exige medidas para acabar con la despoblación. Maneja un presupuesto de más de cinco millones de euros pero parece que de ahí nada se puede hacer contra la despoblación. Lo suyo no es hacer aquí y ahora, directamente, con todo ese dineral, sino pedir que otros hagan. Todo un estadista, como se dice ahora.

El quinto artículo, anteriormente expuesto, es revelador, pues manifiesta su desnorte: hace pocos años la solución era el polígono industrial; ahora es que las industrias se puedan establecer sin necesidad de polígono. Facilidades para la industria, subvenciones para el turismo, he aquí su receta mágica. Y como sabemos la magia opera en un plano superior de la realidad, y sus misterios no son accesibles al común de los mortales.

No pueden poner sobre la mesa ni siquiera un nuevo habitante producto de sus políticas. Sin embargo los movimientos sociales a los que desprecian consiguen fijar población a coste cero para el Estado. Los unos, responsables, sólo piden; los otros, perseguidos, sólo dan. Ujados, Santamera, Albendiego o Fraguas son municipios de la Sierra Norte que aumentan su población frente al éxodo generalizado. Su único secreto es acoger a colectivos de jóvenes que no comulgan con las ruedas de molino que reparte la Administración y que han comprendido que fijar población no depende de arreglar las carreteras o poner internet 5G, sino de arrimar el hombro aquí y ahora. Sin recursos, sin subvenciones de ningún tipo, felizmente austeros, estos colectivos, con el apoyo de la población local, sólo piden que se les deje en paz, precisamente para intervenir ante un problema social del que los políticos de turno sólo hablan para la galería. No les dejan participar, ni a ellos ni a nadie, en el rimbombante foro, y sus medios afines publican que “La población del medio rural alza su voz en Sigüenza para evitar que los pueblos se extingan.” (El digital de Castilla la Mancha 13/12/18). Parece que la población del medio rural se compone sólo de políticos, al menos la que merece la pena.

Su desverguenza llega a tal extremo que pretenden encarcelar a seis jóvenes por, en definitiva, reconstruir un pueblo abandonado que el Estado se empeñó en desalojar mediante extorsiones y arrasar mediante prácticas militares. Como Fraguas fueron cientos en Guadalajara. Ahora se llevan las manos a la cabeza por el despoblamiento rural. Ayer lo fomentaban. Y mañana lo fomentarán también, si eso les lleva a ganar las próximas elecciones. A personas que tienen como horizante vital sólo cuatro años, los que dura una legislatura, no se les puede convencer con argumentos elaborados. Por suerte hay gente que sabe que todos esos trepas y arribistas pasarán, y que el medio rural permanecerá, vivificado, precisamente como enmienda total a su mundo de precariedad, pantallas e hipocresía.