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Opinión

Por otra parte hay miles de inmigrantes en los CIEs

Tenemos un sueño. Que el desierto demográfico de las zonas rurales interiores de la provincia de Guadalajara se conviertan en un oasis demográfico, donde personas de diferentes nacionalidades, refugiadas de guerras, hambrunas, cambio climático etc. encuentren un lugar para poder vivir, acogidos por los lugareños como hermanos diversos de la gran familia humana única. Enriqueciéndose unos a otros, abriendo horizontes nuevos, paradigma del futuro. 

La despoblación en las autonomías del interior de la península es muy acusada. Del total de casi 47 millones de ciudadanos, solo 4,6 millones ocupan lo que equivale al 70% del territorio nacional. Esta despoblación preocupa a niveles gubernamentales.
Por otra parte hay miles de inmigrantes que pasan por los CIEs (centros de internamiento de extranjeros). Se trata de establecimientos públicos de carácter no penitenciario en los que son mantenidos bajo vigilancia policial, casi como si fueran delincuentes, y donde al final no se les plantea ninguna solución.

¿No sería posible buscar una solución inteligente en la que el dinero de las arcas del estado o de los gobiernos autónomos o provinciales se gastara de una forma más humana y constructiva que en los CIEs?

Hay ejemplos muy detallados de repoblaciones a lo largo de la historia. En el siglo XVII Prusia acogió a los hugonotes que huyeron de Francia, debido a la abolición en 1598 de la libertad de conciencia y de culto de los calvinistas, lo que provocó la emigración de decenas de miles de franceses. Por otra parte, tras la guerra de los Treinta Años grandes zonas del país, que entonces estaba formado por reinos y ducados autónomos, habían quedado devastadas. En 1685 se publicó el edicto de Potsdam, en que el príncipe Friedrich Wilhelm ofrecía buenas condiciones de asentamiento a los refugiados en el reino de Brandenburgo.

En el siglo XVIII había en Andalucía extensas zonas de terreno baldío debido tanto a la estructura latifundista como a la falta de brazos para trabajar las tierras. La idea de la colonización agrícola, hecha realidad en Prusia, fue aceptada en la provincia de Córdoba, que tenía ya un antecedente en el siglo XVI en Benamejí. En 1767 se publicó una Real Cédula, muy detallada e instructiva, a la que siguieron otras. Así se fundaron entonces, entre otras poblaciones, La Carlota y La Carolina.

Naturalmente cada momento histórico y cada situación son diferentes. Pero valgan estos casos mencionados como antecedentes y ejemplos de lo que es posible.

“Tenemos invierno demográfico y sin embargo nos cuesta recibir gente”, ha dicho hace poco Luis J. Argüello, secretario de la Conferencia Episcopal Española.

Japón se veía venir encima el problema de la falta de trabajadores hace décadas, pero no reaccionó hasta ahora, cuando el agua le ha llegado a los cuellos: El Parlamento de Japón ha votado recientemente a favor de la entrada de un número nunca antes visto de trabajadores inmigrantes: 300.000 en los próximos cinco años, a partir del próximo mes de abril.

En este momento y aquí en la provincia de Guadalajara, así como en otras, a la vez que se acoge a quienes necesitan ser recibidos, esto puede contribuir a que los pueblos no se extingan, a que los colegios sobrevivan, a que haya población que trabaja y que a la vez asegure el futuro de los que se van jubilando, etc.

Para esto solicitamos un requisito indispensable: que los alcaldes puedan acoger migrantes en los pueblos y aldeas sin necesidad de que tengan papeles al llegar, sino que los adquieran al cabo de un tiempo viendo una respuesta sincera por su parte.

A través de los Ayuntamientos, con apoyos de la Administración y de voluntariado habrá que fomentar el conocimiento intercultural e interreligioso mutuo, facilitar el aprendizaje del castellano para los que llegan y formación para el trabajo posible en la provincia, explorando cultivos alternativos etc.

Con tal fin será necesario crear un equipo interdisciplinar. Partimos de un sueño, pero conscientes de que, aunque el escenario no es sencillo, si se centran los esfuerzos, la generosidad de todos puede hacerlo real.