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Opinión

Leyendas negras, doradas y nubarrones en el horizonte

Hace unos meses, en junio pasado, se celebraron las jornadas “Españoles de ambos hemisferios. Leyenda Negra: olvidos, símbolos e imagen”. Y creo que fue una gran idea. Aunque esa buena idea no debería quedarse ahí. Debería crecer y mutar. ¿Cómo?, ante todo con cuidado. Me explico: dos riesgos muy grandes que tiene la continuación son, por una parte, caer (seguir en algunos casos) en un pozo de pesimismo. Por otro, construir un relato, igual de grande y fantasioso, pero en sentido contrario: una leyenda rosa, dorada o del color que se quiera. Propaganda contra propaganda, falsedad frente a falsedad.

El hecho de que el tema esté tan vivo ha supuesto una sorpresa para muchas personas (historiadores en su mayoría) que daban por liquidado el caso en documentos de diferente tipo. Lo cual nos hace reflexionar, una vez más, sobre el conocimiento que la sociedad en general tiene sobre el trabajo de los académicos, de los estudiosos en general. La constatación, una vez más, de que vivimos en compartimentos estancos y que el trabajo de muchos, pagado a menudo con dinero de todos, no es conocido y usado, aprovechado, por la sociedad, no consuela por mucho que sea lo más habitual. Y este es un comportamiento extendido, con matices locales, a lo largo y a lo ancho del planeta. Diseminar, divulgar, el conocimiento es una tarea que, cada vez más importante, no debería tener medida. Es cierto que la fuente de conocimientos es más caudalosa y accesible que nunca antes en la historia. Pero sigue habiendo zonas oscuras que, como en este caso, tocan resquemores muy hondos que salen a la superficie rascando muy poco.

Como decía, entre historiadores (de diferentes orígenes) desde hace décadas se ha, podríamos decir, cartografiado el origen y desarrollo de las diferentes acciones de lo que, en conjunto, se bautizó como Leyenda Negra. El problema principal es que ese conocimiento no ha empapado a las personas corrientes que es tanto como decir las sociedades. En ese ámbito, digamos de “andar por casa”, las explicaciones eruditas no se conocen y los estereotipos (heredados durante generaciones) mandan.

Nos encontramos en un momento en el que la difusión de mensajes de todo tipo es abrumadora por la cantidad y continua por la cadencia. Nadie debería sorprenderse de que esa muralla de palabras no sea un ejemplo ni de sensatez ni de conocimiento contrastado. Ante cualquier asunto la mayor parte de las respuestas serán improvisadas, sentimentales, estereotipadas y, por todo lo anterior, huecas. Y si se puede poner un dibujito, mejor.

Caricatura del año 1874 (De La Gráfica Política del 98)

¿Por qué, entonces, es importante hablar ahora, con conocimiento, de la Leyenda Negra? Porque, mucho tiempo después de su creación, vivió una resurrección que es la que, con vueltas y revueltas, ha llegado a manifestarse en nuestros días. En el siglo XIX se crean en Europa los que conocemos todavía como Estados Nación. En algunos casos son continuación de viejos reinos (y pudieron seguir siendo gobernados por casas reales que ya estaban allí), en otros fueron sustituidos o creados por la unión de territorios. En todos los casos se produjo un proceso de creación (normalmente se presenta como un descubrimiento de las raíces ocultas) de un imaginario colectivo que diera sentido, sustrato ideológico, cultural y sentimental al artefacto político creado. Ese es el origen de los mitos fundacionales de los Estados Nación que conocemos. Y de las denominadas Naciones sin Estado, que en Europa siguen apareciendo. Revisar las obras de los apóstoles de todas esas entidades, tengan representación en la ONU o aspiren a tenerla, es una tarea interesante. Muchísimo más increíble que la colección completa de la editorial Marvel y, por supuesto, más aburrida. Es verdad que, en el caso de Marvel, tratamos con profesionales y en el otro, por lo general aunque no siempre, no.

Esa construcción de los pasados legendarios en España coincide con un siglo devastador en lo político y social. Una de las consecuencias, por razones que no caben aquí pero que sería interesante revisar, es la asunción general de que la imagen de España que los demás proyectan, mientras crean su pasado idílico, es cierta. Décadas de inestabilidad y desastres no hacen más que reforzar el estereotipo. Hasta la entrada en la Unión Europea que, parecía, iba a normalizar la situación. Pero llegó la crisis, algunos intereses crearon el grupo de estados miembro de la Unión bautizados como PIGS, y empezaron a chorrear los estereotipos y prejuicios. Si a eso se une la ola de racismo pueblerino que aparece por todos los rincones de Europa, comunitaria y de fuera, la ciénaga de orgullosa ignorancia sólo puede crecer. Nunca es esa una buena noticia, pero en estos tiempos lo que está en juego es la supervivencia de Europa frente a gigantes que pueden hacer que desaparezca de un papirotazo. En términos, deseo, figurados porque siempre les vendrá bien a los USA, Rusia y China tener un Parque Temático Cultural auténtico, sin tener que construirlo otra vez, con lo que costó después de la II Guerra Mundial. Desde luego Europa ya representa bastante menos de lo que, una vez más, la creencia popular da por supuesto.

En este ambiente, a mediados del mes de noviembre de 2019, los resultados de las elecciones generales en España ofrecen un panorama que reconocería un político de mediados del siglo XIX. Sólo falta el Cantón de Cartagena. Pero sólo hay que esperar un rato para que aparezca. Aún así, es conveniente recordar que, a diferencia de lo que se llevaba entonces, ahora la Historia es más una interpretación del devenir humano, para aprender de ello, no nos olvidemos, y menos una lista de efemérides. Por lo menos podemos intentar explicarnos cómo hemos llegado hasta aquí.

Artículo del suplemento de otoño de Sigüenza Universitaria en La Plazuela