Noche de silencio

¡Por favor, callaos! ¡Parad un momento y escuchad! Un jueves 24 de diciembre ellos también callaron y escucharon. Suena Bach en los altavoces. Los versos de Robert Bridges. "Hark, what peaceful music rings", dice el coro. ¡Escuchad! ¡Parad! El silencio debería ser declarado patrimonio de la Humanidad. La cacofonía es insoportable. ¡Callad! ¡Callad de una vez!

En una trinchera, una armónica entona el "Stille Nacht, heilige Nacht" de aquellos compositores austriacos de principios del XIX. En la otra responden acompañando con gaitas escocesas. Acaban entonando el "Adeste fidelis". Todos juntos.

¡Escuchad! Los jefes no están de acuerdo. No se puede ganar sin dividir. La división es el epítome de la modernidad. ¿Eso has aprendido, Hombre, en doscientos mil años de existencia sobre el planeta? ¡No has escuchado suficiente! ¡Para de una vez!

La tregua de Navidad de 1914. Soldados británicos y alemanes juntos.

Los ojos de Alfred Anderson, el último superviviente, vieron cosas extraordinarias. Presenció lo mejor y lo peor de esta lamentable y gloriosa especie en unos pocos meses en la segunda década del siglo. Falleció en Newtyle, Escocia, a los 109 años, en 2005. Le fue concedida una larga vida.

Suena ahora el "Away in a Manger". Canta el grupo Pentatonix. Son de Texas. ¿No los estáis oyendo? Tienen unas voces extraordinarias. Los grandes himnos anglosajones dedicados a esta época del año son de una belleza indiscutible.

Todo empezó mucho antes. Ya en noviembre hubo salidas de las trincheras a "tierra de nadie". El sentimiento en el frente era de "vive y deja vivir", nos cuenta algún testigo. Benedicto pidió el 7 de diciembre oficialmente a los gobiernos “que las armas callaran por lo menos una noche para que cantaran los ángeles”. Fue rechazado por ambas partes.

Los gobiernos. Los gobiernos. O los desgobiernos. "Divide et impera". Se sabe desde Roma. La manipulación del sentimiento de indignación, o si se quiere, de los peores sentimientos del animal humano. Para conseguir arrimar el agua a la sardina del que desea el poder, del que desea mantenerlo o expandirlo. Da para hacer varias tesis doctorales. No sé si ya habrá alguna hecha.

Soldados británicos y alemanes posan juntos durante la Tregua de Navidad de 1914.

"Corde natus ex parentis". Coro ortodoxo del monasterio de Valaam. Se atribuye el texto a Prudencio, romano tarraconense del siglo IV. Lengua universal, rusos cantando en latín. Como si el ruso no fuera suficiente en sus once husos horarios. Los coros masculinos de los monasterios ortodoxos de la gran, de la enorme madre Rusia, empequeñecen al escucharlos. Jamás olvidaré una mañana en la catedral de San Basilio de la Plaza Roja, con aquellas sencillas, rotundas, enormes cuatro voces a capella. Jamás.

Sembrar el odio es muy fácil. Lo difícil es luego escardarlo. Lo saben, lo saben de sobra. Incluso un joven Charles de Gaulle, el que fuera posteriormente el dirigiente más digno en dos siglos de historia europea, lo sabía. El mismo día que el Papa pedía paz, aunque fuera momentánea, siquiera para reflexionar un instante, repudió en los periódicos el deseo de los soldados franceses de fraternizar con el enemigo. El comandante Victor d'Urbal denució literalmente las "lamentables consecuencias" cuando los guerreros "se familiarizan con sus vecinos opuestos". Humanizar es lo contrario de guerrear. Poner cara y empatizar está contraindicado en tiempos de guerra. No somos Humanidad. Somos Belicidad.

Soldados británicos y alemanes intercambian sombreros. Impresión artística publicada en The Illustrated London News del 9 de enero de 1915

El "Be still my soul" es considerado el segundo himno nacional Finlandés. Eclipse 6 es un grupo especializado en el canto a capella. Esta media docena de hijos de las taigas nórdicas, con un amplio repertorio en canción cristiana, subliman lo que rozan con sus cuerdas vocales. El aparato fonador humano, qué cosa más grande. Grande es el ser humano cuando la belleza es el objetivo. ¡Escuchadlos! ¡Es sólo belleza! ¡Sólo belleza! ¡Callad!

Lo nacional. Himnos y banderas. El himno ruso es, musicalmente, uno de los más bellos y grandiosos del mundo. Lo hizo un soviético, hijo del totalitarismo. El ser humano se agrupa. Crea territorios exclusivos. Está en la naturaleza tribal de la especie, supongo. Cazadores y recolectores. Imagino que es inevitable. La nación, ese concepto que tanta grandeza y tanta desgracia ha traído. Nacionalismo significa excluir, por definición. Los políticos que lo promueven no son nacionalistas, son estatalistas. El nacionalismo es una excusa. Usan un sentimiento arraigado en el cerebro primitivo para sus fines de control. Para dividir o para expadir, que son dos caras de la misma moneda. En las pocas frases anteriores está la explicación primera a la mayor parte de la historia del mundo. Marx estaba equivocado con la lucha de clases. El motor de la historia es el odio programado hacia el semejante. La lucha entre distintos es solo el síntoma. El himno nacional más bello del mundo no es el ruso. Es el de Mongolia. El único himno pacifista del mundo. Quién se lo iba a decir a Genghis Khan. Escúchenlo.

Durante noviembre y diciembre hubo varios intercambios de cigarrillos, de pequeños presentes. Fotos de grupo con uniformes mezclados. Un soldado francés sacó su cuchillo, se acercó a un oficial alemán, le cortó dos botones de la casaca, se los guardó, y a continuación cortó dos de su propio uniforme y se los ofreció. La prensa recibió órdenes de no publicitar estos actos. Propaganda de guerra, nada ha cambiado en más de cien años. Pero trascendió en los países neutrales, empezando por Estados Unidos, que en ese momento todavía no había entrado en la guerra. Tras un primer artículo en "The New York Times", ante la potencia extraordinaria de los hechos, pronto se atrevieron a dar algunas pinceladas los periódicos ingleses, los franceses. No me ha dado tiempo a averiguar cómo se narró en España. Lo haré.

Vuelvo a Bach. El "Jesus bleibet meine Freude" está en la cumbre de la música de todos los tiempos. O al menos a mí me fascina. Lo hizo un alemán con letra de otro alemán. Jesús, alegría de los hombres. No hace falta ser creyente de un determinado credo para tener una excusa para escuchar. Aunque sólo se esté abrazando un simbolismo. No trae nada malo hacerlo, no puede hacer mal a nadie. Es imprescindible escuchar. No oír. Escuchar.

Foto de la Tregua de Navidad de 1914 en un diario británico.

Leyes de parte. Etiquetas. Los Hunos. Los Hotros. "No era esto", dijo Ortega. No, tampoco ahora, digo yo. Los mecanismos del poder son tan burdos que a menudo dan vergüenza ajena. Da para tesis doctoral, sin duda. Pero una sencillita. No merece mucho más. La cizaña al fin y al cabo se conoce desde los romanos, desde la Biblia. Nihil novum sub sole.

¡Parad ya, por favor! ¡Nos estáis volviendo locos! Conocemos los hechos grandiosos de la noche del jueves 24 al viernes 25 de diciembre de 1914 por algunos testigos de aquellas treguas espontáneas del sentido común. Alfred Anderson, escocés, el último superviviente de esos momentos, recuerda la mañana del 25 en una entrevista dada poco antes de fallecer. Transcribo:

"Recuerdo el silencio, el misterioso sonido del silencio. Solo los guardias estaban en servicio. Todos salimos de los edificios de la granja y nos quedamos escuchando y , por supuesto, pensando en la gente de mi país. Todo lo que había oído durante dos meses en las trincheras era el silbido, el crujido y el gemido de las balas en vuelo, el fuego de ametralladoras y voces alemanas distantes. Pero hubo silencio de muerte esa mañana, a lo largo de la tierra hasta donde alcanzaba la vista. Gritamos 'Feliz Navidad', aunque nadie se sintió feliz. El silencio terminó en la tarde y la matanza comenzó de nuevo. Fue una paz breve en una guerra terrible."

¡Malditas sean las guerras, malditos los que las hacen, los que las promueven, los que crean las condiciones para que sucedan, los que sabiendo que las están creando, miran para otro lado, los que se benefician de ellas, y sobre todo, por encima de todo, los que dividen y siembran el odio con cualquier excusa, en cualquier momento, por el mero deseo de poder! Perdón, es Noche de Paz, es la Sagrada, hermosa, imprescindible "Silent Night". Ha sido un exabrupto, intentaré que no vuelva a ocurrir. Somos humanos. Es imprescindible el silencio. Callemos. Callemos un momento para poder pensar...

En la Navidad siguiente, en 1915, apenas unos pocos soldados se atrevieron. Había órdenes expresas. A algún oficial le costó consejo de guerra. En la de 1916, solo hubo cacofonía de sables. Habían vencido.

 

Julio Álvarez, mañana del día de Nochebuena de 2022

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