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Opinión

¡Que nada cambie!

En la película “El Gatopardo”, que algunos consideran la cumbre del arte cinematográfico, se dice una frase que recuerdo pese a los cincuenta años trascurridos desde que la oí; hablando de la puesta a punto de la política el protagonista dice: “Es necesario estudiar qué cosas hay que cambiar para que nada cambie”. Ese era un príncipe al que le iba bien el antiguo régimen.

Creo que es el principio que se está aplicando en la política de este maltrecho país; la antigua elite conserva sus privilegios políticos y económicos, y la legislación que se está aprobando pretende inmortalizar esta situación. Por supuesto, este gobierno no parece tenerle la menor consideración al trabajo legislativo que está realizando: muchas leyes se modifican o matizan a las pocas horas de su aprobación. Por otra parte, las materias legisladas, se orientan a temas muy distintos de los que preocupan a la generalidad: la corrupción, por ejemplo, despierta poco interés en los altos medios a la altura normativa.

En la sección de justicia se legisla sobre el aborto, colocando a España a la cola de Europa, sin consideración ni respeto a las propias interesadas; además, se establecen unas tasas para el acceso a una justicia que hasta el momento no estaba reservada a los potentados.

En el ámbito de interior, se aumenta el control sobre la población dando poderes, discutibles incluso para la policía, a guardias jurados, estamento este último no legislado en cuanto a formación para obtener la acreditación.

En educación se establece nueva legislación contra el criterio de profesores, alumnos y responsables de los educandos.

Esta forma de llevar la cosa pública no es progreso ya que estas leyes no sobrevivirán a un gobierno responsable; es tirar balones fuera del campo en esta legislatura y hacer perder el tiempo a la próxima. En definitiva, hacer para que nada cambie.

Todo ello ataca la sensibilidad pública y de una u otra manera genera un malestar ciudadano que queda reflejado en movimientos en los que con frecuencia hay que lamentar víctimas. Como ejemplo de tales movimientos puede citarse el 15 M que, con ser un modelo de comportamiento ético y ciudadano, revela un profundo descontento en los ámbitos más concienciados de la ciudadanía.

Yo confieso mi adhesión a las doctrinas de aquel pensador que se llamó León Trotsky y a su teoría de la Revolución Permanente: de esta manera, creo que es necesario llegar a cualquier hito y superarlo abriendo camino al futuro.