La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (1). La viruela

El inicio de la campaña de vacunación mundial del Covid-19 parece un buen momento para recordar al grupo de sanitarios españoles que, hace poco más de 200 años, emprendió la primera campaña de vacunación de dimensiones planetarias, la de la viruela.

Esta enfermedad fue la mayor asesina de la historia*, ya desde el siglo II a. C. en China se sufrió una enfermedad que primero producía malestar general, vómitos o dolor lumbar y fiebre y, tras una decena de días, llenaba el cuerpo de pústulas, que secaban haciendo costras y caían dejando la piel marcada. Mataba a casi todos los bebés enfermos, diezmaba a los niños y terminaba con más de un tercio de todos los que la sufrían; aquellos que se salvaban, en muchas ocasiones, quedaban ciegos y casi todos con la piel marcada.

No había tratamiento (aún hoy no existe); no obstante, los chinos en el siglo III a. C. supieron descubrir que, machacando las costras de un enfermo y espolvoreándolas en la nariz de una persona sana, esta sufría la enfermedad de forma benigna y quedaba inmunizada. Los hindúes también aprendieron a usar esta técnica. El método de inoculación del virus de la viruela humana en sus formas más leves se conoce como variolización y era una técnica arriesgada, pues en algunos de los inoculados prendía gravemente la enfermedad.

La viruela irrumpió en América de forma involuntaria. Al parecer, un esclavo de los españoles fue el primer caso de una epidemia de viruela en el Caribe en 1518. Aunque algunos historiadores hablan de un millón de fallecidos, es claramente una exageración interesada, ya que estudios genéticos recientes calculan en aquella época la población total de las islas en solo 50.000 personas.

En los primeros años del siglo XVIII hasta tres médicos describieron la técnica de la variolización en los Philosophical Transactions, la publicación oficial de la Royal Society de Londres, dos italianos de oídas y un médico griego, Emmanuel Timoni, que relató sus experiencias en Estambul.

A su regreso a Gran Bretaña en 1722, tras una estancia en Estambul, donde conoció a Timoni, Lady Montagu encontró Londres sumido en una epidemia de viruela y propuso la variolización como solución. Comprobada previamente la técnica con varios condenados a muerte, fue, al cabo, adoptada incluso por la familia real.

Cuenta Voltaire que las mujeres circasianas inoculaban con una aguja el fluido del grano de un niño infectado en sus propios hijos para protegerles de la enfermedad, que mantenían activo el fluido pasando de un niño a otro trascurrido un tiempo de la inoculación, y que los turcos aprendieron de una concubina circasiana esta costumbre.

La viruela también se usó como arma biológica. Durante la Guerra franco-India (1754-1763) franceses y británicos luchaban por ampliar sus colonias americanas, pero no explorando nuevos territorios, sino a costa de las posesiones del otro. Los británicos, sus colonos y la confederación indígena iroquesa estaban siendo derrotados por los franceses, sus colonos y la gran mayoría de las tribus indígenas. El Ejército de su Majestad Británica regaló, a través de un comerciante, mantas de infectados de viruela a los indios de las tribus enemigas. El hecho está documentado; aunque hoy no se pueda saber la efectividad de la operación. La contienda terminó con la pérdida francesa de todas sus posesiones en el continente americano, Canadá y la Luisiana, quedándoles solo unas pocas islas.

En el siglo XVIII algunos cirujanos europeos practicaban la variolización (en España se hizo desde 1730) y en todas partes se produjo una agria disputa entre partidarios y detractores de esta práctica. Mientras esto se discutía, un cirujano rural inglés, Edward Jenner (1749-1823), observó que las mujeres que ordeñaban las vacas a veces se contagiaban de una enfermedad del ganado muy parecida a la humana, la Variola vacuna, que era benigna en los humanos, y que estas mujeres nunca enfermaban de la viruela.

En aquel tiempo, 1796, la ética no era tan estricta como la de hoy, por lo que Jenner, con la idea de probar su teoría, inoculó con la incisión de una lanceta a un niño el fluido de una pústula de una vaca para ver si enfermaba; tras pasar el chiquillo la enfermedad de forma leve, repitió la operación, pero esta vez con el fluido de un enfermo de viruela y comprobó que el chico no enfermó. Para las primeras vacunas Jenner utilizó varios virus de viruelas animales y, parece que el que utilizó de forma general fue el de la viruela equina, aunque fue el origen de la idea lo que dio nombre a la vacuna y a la técnica, la vacunación.

La viruela de la vaca o Los asombrosos efectos de la nueva inoculación de James Gillary, publicado por H. Humphrey, St. James’s Street, Londres, el 12 de junio de 1802. Como se ve, el miedo al progreso se daba entonces tanto como ahora.

El mismo año Jenner presentó su método en la Royal Society de Londres y fue rechazado, de modo que en 1798 escribió un artículo científico que se divulgó rápidamente y al poco llegó la técnica a Berlín, París y Viena, después a Ginebra y Boston. En diciembre de 1801, de París llegó el fluido a Puigcerdá de mano del doctor español Francisco Piguillem i Verdaguer.

La vacuna llegó a Madrid en abril de 1801 y al poco a Aranjuez. Amparo Donderis nos relató (La Plazuela, mayo 2017), que Sigüenza fue uno de los primeros lugares de España en donde se vacunó, el 21 de diciembre de ese mismo año, gracias al médico del cabildo Eutiquiano Martínez.

En ese tiempo, 1802, se desató una terrible pandemia de viruela en todo el planeta y el Virrey de Nueva Granada, Pedro Mendinueta, escribió a su rey natural, Carlos IV, pidiendo protección. El Consejo de Indias decidió entonces hacer una expedición que llevara la vacuna a las provincias de ultramar; pero existía un gran problema, era preciso atravesar el Atlántico, un viaje que en esa época duraba unos dos meses.

El fluido vacunal se conservaba un tiempo en un algodón impregnado del líquido de una pústula entre dos cristales sellados con cera, mantenido en una habitación oscura y fresca. Este sistema no era viable cuando se transportaba la vacuna a una gran distancia, por la duración del viaje y por los cambios de temperatura.

Quién y cómo se resolvió el problema es la historia que contaremos en los artículos de los próximos meses.

* Algunos genetistas modernos creen que el virus de la viruela se originó después de 1580. Si fuera el caso, las enfermedades anteriores a esa fecha identificadas históricamente como viruela serían de otra naturaleza; sin embrago, las técnicas inventadas para su prevención se usaron en la “viruela moderna”. Mientras la Ciencia encuentra una solución a la cuestión, nos ceñiremos a lo que se acepta históricamente en el día de hoy.

Luis Montalvo Guitart

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