La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (3). Colaboradores necesarios

Antes de narrar las aventuras de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna corresponde presentar a sus actores principales.

Al director de la expedición, Francisco Xavier Balmis, lo apoyaba el subdirector Josep Salvany i Lleopart (1778-1810), barcelonés de nacimiento, criado en Cervera, Lérida, y que pertenecía a la quinta generación de cirujanos de su familia. De vuelta a Barcelona, estudia latinidad y filosofía. En 1791 se matricula en el Real Colegio (militar) de Cirugía de Barcelona, y dos años después se licencia con nota de sobresaliente. A continuación entra como profesor ayudante de anatomía de aquella prestigiosa institución.

En 1794 Josep Salvany ingresa en el Ejército. Su primer destino fue el de cirujano interino del IV Batallón del Real Cuerpo de la Guardia Valona (una unidad de élite de la Infantería española, reclutada entre ciudadanos belgas católicos, creada en 1703 y disuelta en 1820). En junio de 1799, Salvany llega destinado como cirujano al III Batallón del Regimiento de Infantería Irlanda (regimiento de voluntarios católicos irlandeses jacobitas, creado en Francia en 1688, incorporado al Ejército español en 1714 y disuelto en 1818). Por las duras condiciones de estos destinos, Salvany, hombre de frágil salud, enfermó de tuberculosis.

Ya cirujano experto, Salvany fue nombrado Cirujano Real en 1803 y destinado al Real Sitio de Aranjuez. Inmediatamente es propuesto por la Junta de Cirujanos de Cámara como “vicedirector” de la Expedición Filantrópica. Balmis lo acepta a regañadientes. Eran de caracteres muy distintos; Balmis, persona decidida y directa, la máxima autoridad médica española en vacunación, no quiere a nadie que discuta sus decisiones; Josep Salvany, persona cariñosa y valiente, se une a la Expedición Filantrópica con 29 años, casado, con un hijo y enfermo, con la esperanza de que mejore su salud al calor caribeño.

La corbeta María Pita en una fotografía primitiva de unas décadas posteriores.

Fundamental en el desarrollo de la expedición fue la rectora de la Casa de Expósitos de La Coruña, Isabel Zendal Gómez. No se sabe el año exacto del nacimiento de Isabel, aunque sería alrededor de 1771. Nacida en la parroquia de Santa Marina de Parada del municipio de Órdenes en La Coruña, pertenecía a una familia muy pobre y probablemente se puso a servir en una casa pudiente de la capital. Madre soltera en julio de 1796, bautiza a su hijo con el nombre de Benito.

En abril de 1800 consigue el puesto de rectora de la Casa de Expósitos del Hospital de la Caridad de La Coruña. De carácter esmerado y sensible, desde el principio de su labor afronta arreglos y pequeñas reformas para mejorar las condiciones de vida de los niños.

En una época en la que no existían los anticonceptivos, muchos recién nacidos eran anónimamente “echados al torno” de la Casa de Expósitos. Los niños eran encomendados a amas de cría contratadas por unos exiguos 30 reales mensuales, y estas los devolvían al hospicio a los 3 años de edad; aunque, era bastante normal que se quedaran en la familia que los había criado, a cambio de una ayuda de 20 reales mensuales. Normalmente a los 7 años volvían a la casa de beneficencia para recibir una educación elemental y laboral. Salvo los que eran adoptados, de la inclusa salían al terminar sus estudios como aprendices en algún taller o de tambor del ejército, los niños; y a talleres de costura o a servir en una casa, las niñas.

Los expedicionarios partieron de Madrid alrededor del 15 de septiembre de 1803 con 10 niños del hospicio madrileño camino de La Coruña. Imaginemos a 10 hombres bajo disciplina militar, al cuidado de niños de 3 a 12 años encerrados en “modernas” diligencias, durante un “viaje rápido” de una semana por los infames caminos pedregosos de la época. Los niños llegarían exhaustos y los hombres histéricos.

Al llegar a La Coruña, Balmis se dirige a la Casa de Expósitos para alojar a los infantes. Allí encuentra a Isabel Zendal, una mujer humilde que se distinguía por su facilidad para tratar a los niños, que seguramente la adoraban, y cuidarlos con esmero maternal. Balmis enseguida comprendió que, si pretendía confinar a una veintena de niños en un pequeño barco durante dos meses, necesitaba a una mujer como ella. Le propone que los acompañe y solicita permiso para que se una a la Expedición Filantrópica. Una orden del rey Carlos IV la incorpora a la expedición con categoría y sueldo de enfermera. Desde ese momento se convirtió en la primera enfermera del mundo en misión internacional.

Para ilustrar la dureza de las condiciones del transporte de aquella época, diremos que de los 6 niños inoculados para llevar el fluido vacunal de Madrid a La Coruña, uno de ellos, Camilo Maldonado, de 12 años y natural de Guadalajara, murió en la ciudad de Lugo durante el viaje de vuelta.

Además de Salvany y Zendal, formaban parte de la expedición de Balmis dos cirujanos, el militar toledano de Sonseca, Manuel Julián García Grajales, titulado Cirujano-Médico por el Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos de Madrid, y Antonio Gutiérrez Robredo, hijo de un bordador de la Corte, que estudió también en el San Carlos, sirvió en el Ejército y era discípulo de Balmis en las lides vacunatorias; los practicantes Francisco Pastor Balmis, alicantino nacido en 1782, sobrino y discípulo del Director, y Rafael Lozano Pérez, del que solo sabemos que era cirujano y que previamente había practicado la inoculación; y los enfermeros, Basilio Bolaños, Pedro Ortega y un jovencísimo Antonio Pastor Balmis, hermano menor de Francisco y nacido en 1791; amén de la propia Isabel Zendal, que también tenía esta categoría. A estos hay que añadir al secretario Ángel Crespo, al oficial de la Armada y vizcaíno de Somorrostro, Pedro del Barco y España, que comandaba la nave y a los 21 niños que transportaron el fluido vacunal desde La Coruña hasta Puerto Rico.

Estos niños de entre 2 y 9 años procedían de tres instituciones diferentes, los 4 de la Casa de los Desamparados de Madrid que no habían sido inoculados en el viaje hasta el puerto gallego, 11 de la Casa de Expósitos de La Coruña y, como no fueron suficientes, 5 del Hospital Real (hoy parador de turismo) de Santiago de Compostela; así como Benito Zendal, hijo de Isabel.

Todos juntos partieron de La Coruña a bordo de la corbeta María Pita un miércoles 30 de noviembre de 1803 rumbo a las Islas Canarias… pero esa historia la contaremos en el próximo número.

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