Del Baño de la Elefanta a la Radiación Cósmica

En el pasado mes de agosto la Agencia Estatal de Meteorología, AEMET, comenzó las obras de restauración de El Castillete, un antiguo edificio del parque del Retiro de Madrid, con el fin de alojar en él el futuro Museo de la Meteorología. Como es probable que muchos lectores no conozcan este edificio, que se encontraba en ruinas desde hace años, vamos a contar su curiosa historia y la de su entorno.

En el Madrid de 1774, Carlos III reunió una “colección de animales vivos” junto al Jardín Botánico, en la que hoy es la Cuesta Moyano, el segundo jardín zoológico de Europa después del de Viena. Cuando el espacio se quedó pequeño, la colección se desplazó al interior del Real Sitio del Buen Retiro, junto a la Puerta de Alcalá, y en 1830 terminó ubicándose en el sector noreste del parque, en el recinto que habrá quien recordará como la Casa de Fieras de su infancia.

Poco antes de 1846, al sur de aquel primitivo zoológico, se construyó un estanque para que tomaran baños algunos de los inquilinos de la Casa de Fieras, provisto de una rampa de acceso a fin de que los animales pudieran entrar y salir con facilidad. El pueblo de Madrid se acercaba a la alberca a observar los chapuzones de las bestias. Imaginamos a la popular elefanta Pizarro lanzando agua con la trompa sobre su lomo, barritando estruendosamente, e interactuando con el público; esta paquiderma se escapó una vez, sembrando el pánico de los madrileños, y no fue capturada hasta que entró en una panadería de la calle de Alcalá. No es de extrañar, pues, que las gentes de Madrid identificaran la piscina con el nombre de El Baño de la Elefanta.

La Casa de Fieras del Retiro cerró en 1972, cuando se inauguró el actual Zoo de Madrid en la Casa de Campo y las instalaciones en el parque fueron destruidas o remodeladas.


El Baño de la Elefanta en el año 1900 con el parque del Retiro nevado. Crédito de la imagen Antonio Cabañas Cámara

Por aquellos mismos años, en 1844 se comienzan a construir en España las tres líneas de telegrafía óptica que debían traer y llevar los mensajes oficiales del Gobierno por las rutas principales de la península: Madrid-Irún, Madrid-Valencia-Barcelona y Madrid-Sevilla-Cádiz.

La telegrafía óptica moderna, inventada en 1793 por el francés Claude Chappe (1763-1805), consistía en la construcción de torres a intervalos de unos 10 km, sobre las que se instalaban unos postes con elementos móviles para formar símbolos que representaban las letras y los números. A tan larga distancia era imposible ver “a ojo desnudo” los detalles del semáforo de la estación precedente, por consiguiente se hacía imprescindible la utilización de binoculares sin aberración cromática (desarrollados 50 años antes) sin los que este sistema de comunicación no hubiera podido existir. Las torres estaban servidas por el cuerpo de telegrafistas del estado que debía vigilar día y noche (por la noche se utilizaba un código de candiles) las estaciones anterior y posterior de su línea, para recibir mensajes en ambos sentidos y remitirlos a la siguiente.

En España se adoptó el sistema inventado por el coronel de Estado Mayor José María Mathé Aragua (1800-1875) y la torre cabecera de todas las líneas se situó en el edificio de Gobernación, en la Puerta del Sol de Madrid. Como la altura del Retiro impedía ver la segunda estación de la línea a Valencia en el Cerro Almodóvar, Vallecas, y la distancia de la Puerta del Sol a la segunda estación de la línea a Andalucía en el Cerro de los Ángeles, Getafe, era demasiado grande, en el año 1850 se decidió construir una intermedia en el extremo sureste de la ciudad, en el Real Sitio del Buen Retiro, que diera servicio a ambas líneas.

El lugar elegido fue el más alto de la zona sur del parque, precisamente junto al Baño de la Elefanta. Allí se construyó un edificio ornamental que no desmereciera al Real Sitio. Era una imitación de un castillo gótico medieval de planta cuadrada y esquinas rematadas por torres almenadas de planta circular. En su terraza se instalaron dos semáforos de telegrafía óptica, uno para cada línea. Este edificio tenía el nombre oficial del Telégrafo del Baño de la Elefanta y fue conocido popularmente como El Castillete.

España se había demorado mucho en adoptar un sistema de telegrafía óptica; de hecho, al poco de instalar sus líneas, hubo de abandonar el sistema para sustituirlo por la nueva telegrafía eléctrica del estadounidense Samuel Morse (1781-1872). El edificio del Telégrafo del Baño de la Elefanta pasó a ser, por poco tiempo, la Escuela Especial de Telegrafía Eléctrica y en 1874 sirvió de vértice geodésico para la triangulación del levantamiento del Mapa Nacional de España a escala 1:50.000.

Una consecuencia inesperada de la aparición de la telegrafía eléctrica fue la transformación radical de la meteorología. Hasta ese momento, los corresponsales meteorológicos enviaban por correo sus mediciones a alguna institución central, que las registraba y les daba un tratamiento puramente estadístico, ya que la capacidad de predicción meteorológica era inferior en días a la disponibilidad de los datos. Los únicos que hacían predicciones meteorológicas en esa época eran profanos que usaban la lógica, las costumbres y las artes adivinatorias (cabañuelas, almanaques…).

La aparición de la telegrafía eléctrica acortó de manera sustancial el tiempo de recepción de los datos, confiriendo sentido a hacer predicciones. En 1887 se creó el Instituto Central Meteorológico, ICM, con el objetivo de pronosticar, con los métodos matemáticos de entonces, el tiempo meteorológico. Un elemento fundamental para este cometido era el telégrafo, por lo cual, qué mejor lugar para alojar al nuevo instituto que el Telégrafo del Baño de la Elefanta, un edificio diseñado precisamente para este uso y dotado ya en ese tiempo del servicio de la telegrafía eléctrica. Hasta 1963 allí estuvo la sede central del Instituto Meteorológico Nacional, IMN, año en que se redujo a Centro Meteorológico Territorial de Castilla La Nueva.

En 1920 se instala en la azotea de El Castillete una antena de 20 m para recibir las comunicaciones meteorológicas del resto de servicios de meteorología de Europa y para comunicarse con el Centro de Telecomunicaciones de Carabanchel, encargado de la emisión de los radiogramas que enviaba a toda España la Sección de Predicción del servicio central meteorológico.


El Castillete, parque del Retiro, cerca del año 1900. Se advierten en la terraza varios elementos de observación meteorológica.

En 1934, el gran físico español Arturo Duperier, uno de los mayores expertos mundiales de la primera mitad del siglo XX en Radiación Cósmica (las partículas subatómicas que nos llegan del espacio exterior), instaló junto al Baño de la Elefanta un pedestal de cemento con una plataforma superior, todo ello rodeado de un jardincillo para aislarlo de influencias de los edificios y personas cercanos, donde emplazó sus aparatos de medida, efectuando las primeras observaciones de rayos cósmicos en España, investigación puntera en la física de aquel momento.

En apenas 50 m tenemos cinco ejemplos de la historia de la ciencia y la tecnología española: un vestigio de cómo se hacía Historia Natural, el Baño de la Elefanta, en el siglo XVIII; El Castillete, recuerdo de la ingeniería de las telecomunicaciones del mismo siglo, vértice geodésico del Instituto Geográfico y Estadístico del siglo XIX y el lugar donde comenzaron las predicciones meteorológicas españolas en ese mismo siglo; y un rastro de las investigaciones en física de partículas y astrofísica del siglo XX.

Si alguno de nuestros lectores quisiera contemplar hoy todas estas reliquias de la historia de nuestro país, puede acercarse al parque del Retiro, a poco más de 100 m de la Puerta del Niño Jesús, donde podrá ver El Castillete en plena restauración como museo de la meteorología (reforma que deja de lado su origen telegráfico y su uso geodésico), no alcanzará a ver el Baño de la Elefanta, porque fue enterrado por la municipalidad en el año 1965 (no obstante, se ha marcado en el suelo con ladrillos modernos su localización); y podrá contemplar el pedestal cósmico de Duperier y el jardincillo que lo circunda, pues ha sido reconstruido recientemente, después de que una excavadora del consistorio se los llevara por delante en el mes de diciembre del 2020.

El patrimonio histórico de España está constituido por sus antiguos castillos, palacios, catedrales, iglesias, museos, pinturas, esculturas, manuscritos, libros…; pero también por sus antiguos puentes, instalaciones hidráulicas, torres de telegrafía, casas de fieras, jardines botánicos, observatorios meteorológicos, hospitales, laboratorios, el instrumental de sus científicos y sus bibliotecas, fábricas, máquinas…

La Ciencia y la Tecnología también forman parte de la historia de España; aunque la historia de la Ciencia española sea menor que la de algunos países, es mayor que la de muchos otros, y no puede ser olvidada, ni mucho menos destruida.



Reconstrucción del pedestal de Arturo Duperier, donde se realizaron las primeras observaciones de la Radiación Cósmica de España. Fotografía del autor.


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